40 días por la niñez: Ya sabemos lo que debemos hacer

Devocional 3

TEMA:

«¿Con qué me presentaré a adorar al Señor, Dios de las alturas? […]? Oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti» Miqueas insiste en el pecado social. La denuncia del profeta expone que las cláusulas de la alianza no amparan la violación de la justicia en las relaciones interpersonales. Dios se duele por las traiciones de su pueblo (6.3). Y sus quejas buscan el arrepentimiento de las personas. Pero ese arrepentimiento han de mostrarlo, más que en el culto, en un comportamiento moldeado por una ética correcta (6.8). ¿De qué le sirven al Señor los sacrificios y holocaustos, si la perversión del corazón sigue intacta? Todo lo que el Señor espera es la práctica de la justicia y la fidelidad a sus mandatos. Ya sabemos lo que debemos hacer. ¿Cómo vamos?

TEXTO:

Miqueas 6:6–8 (DHH) 6 ¿Con qué me presentaré a adorar al Señor, Dios de las alturas? ¿Me presentaré ante él con becerros de un año, para ofrecérselos en holocausto? 7 ¿Se alegrará el Señor, si le ofrezco mil carneros o diez mil ríos de aceite? ¿O si le ofrezco a mi hijo mayor en pago de mi rebelión y mi pecado? 8 El Señor ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios.

MEDITACIÓN:

El profeta confronta a su pueblo con preguntas que probablemente también nosotros nos las planteamos. Estos cuestionamientos se vinculan con la base de nuestra espiritualidad, es decir, nuestra relación con Dios. Vale señalar que esta relación no se entiende aislada de las relaciones interpersonales. Estas preguntas nos las formulamos todos: ¿Cuál es la mejor forma de presentarnos y acercarnos a Dios? ¿Cómo conseguimos agradar y complacerlo? ¿Será que lo único que lo alegra y lo complace es nuestra alabanza y adoración? ¿O será que nuestro culto debería ser la celebración de nuestros actos de servicio al prójimo que los presentamos como ofrendas? Ya sabemos lo que debemos hacer, ya sabemos lo que le agrada a él, pero, ¿por qué nos resulta tan difícil complacer a Dios y alegrar su corazón? ¿Por qué se nos dificulta practicar la justicia, actuar con misericordia y ser humildes? ¡Son siglos de injusticia! Tal injusticia la sostienen estructuras y sistemas políticos, sociales, económicos y religiosos que excluyen y deshumanizan al pueblo. Frente a este panorama, es sencillo caer en el pesimismo y fatalismo. Por ello la palabra profética resuena con especial pertinencia y urgencia: Ya sabemos lo que debemos hacer. ¿Cómo vamos?

ORACIÓN:

Señor, enséñanos a hacer justicia, a ser misericordiosos y a humillarnos delante de ti. Que, al vernos actuar así, las personas que sufren injusticias por la falta de misericordia de otros se sientan alentadas a vivir con esperanza. Amén. Autora: Nurys Lillieth López Aráuz, Nicaragua.

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