Sueños que luchan contra la desnutrición

1 de cada 3 personas padecen inseguridad alimentaria en Venezuela

Danfred, de 12 años, y su hermana Jehisy, de 11 años, viven con su abuela Oly, de 69 años.  Desde recién nacidos han recibido el cuidado y la atención que una adulta mayor, pensionada y enferma puede brindar a sus nietos en el contexto de una economía implacable.

“A sus padres no les importaron,” dice Oly. “Los he criado desde que tenían meses y he tenido que luchar duro durante años, a través de la desnutrición de Danfred, solo para poner un pie delante del otro.”

La crisis económica se refleja en la gran mayoría de las familias venezolanas sin excluir a los hijos. En Venezuela, 1 de cada 3 personas padecen inseguridad alimentaria, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Danfred pesa sólo 22 kilos a los 12 años, un peso que corresponde a un niño de 7 años según estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su hermana y su abuela también tienen bajo peso.

Danfred junto a su familia

«Esto me ha afectado mucho emocionalmente y me deprimo», dice Oly:  “Le pido a Dios que supere este problema de desnutrición. La iglesia cristiana ha sido un gran apoyo.»

En Venezuela, casi un millón de niños  enfrentan la vida con miedo porque se han quedado sin el cuidado de sus padres. Un estudio realizado por la ONG Cecodap (organización venezolana que trabaja en la promoción y defensa de los derechos humanos de la niñez y adolescencia) y la encuestadora Datanálisis, señala que entre 930.020 y 943.117 niños y adolescentes ahora viven con sus abuelos, tíos, hermanos mayores o terceros, mientras sus padres han tenido que recurrir a la migración forzada intentando establecerse en otros países.

Mientras muchos niños dejados atrás, se desaniman y dejan de asistir a la escuela porque están desmotivados, afectados emocionalmente y no tienen un adulto que los apoye,   Danfred y Jehisy tienen suerte de tener a su abuela Oly, el deseo de vivir y lograr sus sueños. Hasta el momento que comenzó la cuarentena, les iban bien en la escuela y también entrenaban en la Orquesta Sinfónica Juvenil de Los Teques . La disciplina y la pasión de Danfred como mezzo-soprano lo han convertido en un miembro valioso del grupo.

“Amo lo que hago, dice Danfred: “Sueño con cantar en el coro Simón Bolívar de Venezuela y luego en el coro Internacional del maestro Gustavo Dudamel”.

Oly se ha agotado a sí misma y a invertido todos sus recursos para mantener a sus hijos e infundir buenos valores. Ella ha pasado muchos días sin comer para que los niños pudieran comer lo poco que tenían. En muchas ocasiones, casi se desmayó en la iglesia después de caminar varias millas desde su casa. Pero  dado que su iglesia unida conoce las necesidades de su familia, han podido ayudarlos con alimentos y otras necesidades y proporcionar una comunidad espiritualmente enriquecedora.

La crisis de salud de COVID-19 ha agravado la ya dolorosa crisis económica para Oly y los niños.  Si bien reciben porciones mensuales de alimentos, a menudo tienen que saltear comidas para estirar lo poco que tienen. Generalmente comen carbohidratos como harina, pasta, arroz y granos. A veces pueden comprar verduras y frutas a través de regalos o dinero que ganan mendigando.

Los niños también carecen de recursos para hacer la tarea, como internet, una computadora o teléfonos con WhatsApp. Esto significa que se están quedando atrás en el trabajo escolar durante la cuarentena.  La suspensión de clases también significa menos comida y una situación de angustia e impotencia que les genera estrés a todos. 

Los precios de los alimentos están subiendo a niveles insoportables. La escasez de agua impide las medidas de higiene necesarias. La falta de servicios públicos interrumpe los viajes y el transporte ponen a las personas en riesgo de problemas de salud. El aumento de la inflación también reduce la cantidad de alimentos que pueden comer en casa y el ingreso mensual de Oly es su pensión, equivalente a casi 3$,   lo cual no es suficiente para cubrir con gastos de salud, transporte y otras necesidades, como ropa y zapatos.

«Todos nos sentimos deprimidos,» dice Oly, quien dice que se refugia en las tareas diarias para evitar llorar frente a sus nietos. «Mantenemos la cuarentena, pero es difícil ver el peso que hemos perdido. Como los niños no van a la escuela, no pueden contar con una de sus comidas al día.»

Esta familia se encuentra entre el 7.9% (2.3 millones) de la población que experimenta una inseguridad alimentaria severa, según (PMA). Danfred y Oly perdieron 3 kilos cada uno durante un período reciente de 2 meses. Yehisy bajó 2 kilos durante ese período.

Oly llora cuando no puede conseguirles comida o suministros para estudiar. A veces lloran juntos, dice ella: “También tengo razones para ser feliz y le pido a Dios que no me abandone”

 A principios de mayo, Dios le mostró su ayuda a través de un kit de alimentos que el Centro Cristiano Los Teques y World Vision entregaron a su casa. Ella y los niños no habían comido proteínas en aproximadamente un año, dice ella:

«Es un regalo del cielo que nos ha permitido comer proteínas nuevamente después de tanto tiempo,» dice Oly. «Comemos principalmente harina, pero ahora he invertido esta ayuda en una dieta equilibrada que los niños necesitan.»

A pesar de sus circunstancias, Danfred y Yehisy son niños resistentes.  Ellos son conscientes de su realidad. Pero también son niños normales con pasatiempos y sueños. A Yehisy le gusta participar en la vida de la iglesia y le gustaría aprender a hacer postres durante la cuarentena. A Danfred le encanta cantar, ayudar a otros, leer la Biblia y hablar con Dios en oración.

A pesar de sus luchas durante la cuarentena, su fe sigue siendo fuerte.  Y es que se necesita la fortaleza de estos pequeños que sobreviven sonrientes soñando un futuro que en nuestro contexto venezolano se presenta cada vez más incierto.

Al culminar el beneficio que les da World Visión durante 3 meses, Danfred y Jehisy requerirán de más protección, de medios de subsistencia y asistencia alimentaria que les permitan continuar un crecimiento integral y el logro de muchos de sus sueños. Los cuales su abuela por su condición de adulta mayor, no podrá proporcionarles

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