Un llamado especial

Trabajar en World Vision va más allá de asignaciones o actividades laborales, se trata de un llamado especial para servir a los más vulnerables.

Telma, facilitadora de desarrollo comunitario en Intibucá, Honduras, redescubrió su propósito al llegar a World Vision.

“Vivía pensando que deseaba cosas grandes”, expresa Telma. “No estaba conforme con lo que yo tenía porque siempre pensaba en tener una casa más grande o un carro. Creía que la felicidad era esa, pero al llegar a las comunidades a través de World Vision, entendí que la riqueza no está en lo material, sino en el interior, en lo espiritual. Al ver tanta pobreza y aun así ver a esos niños y niñas sonriendo, felices al lado de su mamá y su papá, pude entender que ellos eran felices sin tener ninguna de esas cosas materiales con las que yo soñaba”.

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En un año donde la COVID-19 dejó en cuarentena los planes de hondureñas y hondureños, al igual que al resto del mundo, Telma se vio en la necesidad de aprender a vivir entre medidas de bioseguridad, temores ante lo desconocido y muchos retos a los que tendría que enfrentarse.

“¡Me sentí frustrada!”, relata Telma. Se nos vino abajo todo lo que teníamos planeado en la programación. ¿Cómo iba a atender a mis comunidades? ¿Cómo iba a asistir a las familias? Realmente nadie estaba preparado, sentía frustración, miedo y ansiedad al inicio porque no sabía que era lo que venía.

Telma no era la única que se sentía así. Las familias que vivían en las comunidades que ella atendía también se encontraban preocupadas.

“Era angustiante cuando me llamaban las familias de mis comunidades”, comparte Telma. “Me contaban de las situaciones que estaban pasando. Las familias me decían: “Mi hija dio diagnóstico positivo, ¿qué hago?”

La COVID-19 no era el único problema al que se enfrentaban las familias de las comunidades que Telma atendía, sin embargo ella hizo lo que estaba en sus manos para ayudarles.

“Gracias a Dios a través de las intervenciones que hemos realizado, pudimos llegar a esas familias que no tenían nada para comer porque no podían salir.”, menciona Telma. “Habían cerrado las comunidades y ellos no podían ni salir caminando. Las familias no tenían nada para consumir. Eso me afectaba, uno se siente frustrado porque no sabe realmente que hacer en esos momentos.”

A pesar de haber perdido a su papá y de padecer una condición médica, Telma decidió dejar a un lado sus miedos y apoyar a las familias que más la necesitaban.

“Yo sufro de asma bronquial acompañada de una rinitis alérgica”, relata Telma. “Pero decidí armarme de valor. En esos momentos debemos sacar las fuerzas para decirle a las familias qué pueden hacer, para darles el mejor consejo o las palabras de aliento que sean necesarias. Debemos decirles que no se desmotiven que hay que seguir luchando por sus hijos, por sus hijas y que Dios va a proveer.”

Las circunstancias podrán cambiar con el tiempo para Telma, sin embargo su llamado está con los niños y niñas. Su propósito, empoderarlos a ellos y a sus comunidades para un futuro lleno de oportunidades.

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