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Etiqueta: suficiente

Cuatro lecciones que nos deja la serie «The Bear» para acabar con el hambre infantil

Ayo Edebiri, ganadora de los premios Emmy y Globo de Oro, en The Bear.

Elena Gaia, líder de la campaña SUFICIENTE de World Vision, reflexiona sobre cómo la serie «The Bear» nos enseña el poder de la comida nutritiva servida con amor y cuidado.

Los efectos del cambio climático agravan los conflictos y la crisis del hambre

Efectos del cambio climático en América Latina.

World Vision presenta el informe «Rising Storms» sobre los efectos del cambio climático a través de una encuesta realizada en nueve países

Incendios, pérdidas de cultivos y hambre se extienden por territorios Amazónicos

Sequía afecta a la Amazonía.

Más de 600.000 personas en Brasil y 200.000 en Perú sufren los efectos de la peor sequía en 127 años.

Mil millones de niñas y mujeres adolescentes sufren anemia: una tragedia nutricional que tiene solución

Niña recibe control de salud nutricional.

El presidente de World Vision dijo en una conferencia mundial que la nutrición de las adolescentes debe ser una prioridad en las políticas y programas nacionales e internacionales para eliminar la malnutrición para 2030.

Conflictos son la principal causa del hambre en todo el mundo, según el 45% de la población mundial

Suficiente, nueva campaña global de World Vision

Una nueva investigación de World Vision realizada por IPSOS relaciona los conflictos con el aumento de los niveles de hambre.

SUFICIENTE: Percepciones globales del hambre y malnutrición infantil

Principales hallazgos de la encuesta realizada por IPSOS para World Vision International sobre el hambre y la malnutrición infantil.

World Vision advierte de la inminente crisis alimentaria en la cuenca del Amazonas debido a El Niño

Vista aéra de casas en la amazonía brasileña.

Poblaciones amazónicas en Perú y Brasil sin capacidad para transportar agua y alimentos debido la sequía

“Me preocupan todos los riesgos que tenemos por la falta de agua”

Belén alza su voz ante los desafíos que enfrenta su familia y su comunidad por el irregular acceso al agua.

Sin agua y sin comida, cada día es un reto

Carlitos muestra su vivienda en Guatemala.

Los desafíos que enfrentan Carlitos y su familia para conseguir agua y alimentarse en el Corredor Seco Centroamericano.

World Vision promete 3.400 millones de dólares para hacer frente al aumento del hambre y la malnutrición infantil

World Vision lanza campaña global “Suficiente” con el hambre y la malnutrición.

En un acto paralelo a la celebración de la Asamblea General de la ONU, World Vision presentará la iniciativa “SUFICIENTE (Enough)”, cuyo objetivo es acabar con el hambre y la malnutrición infantil

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Otras noticias e historias

World Vision América Latina es una ONG que trabaja por servir y ayudar a las comunidades más vulnerables, enfocando nuestros esfuerzos en niñas, niños y adolescentes a través de diferentes proyectos.

Meliponicultura en la Amazonía: un modelo para combatir la pobreza y preservar el bosque

La Amazonía ecuatoriana, una región de inmensa biodiversidad pero afectada por una pobreza rural que supera el 60%, ha encontrado en la meliponicultura —la cría de abejas nativas sin aguijón (meliponas)— una poderosa herramienta de desarrollo sostenible y conservación.

World Vision, en alianza con jóvenes líderes como Jefferson y Aide del Hospital de Abejas Sin Aguijón (HASA), ha impulsado esta actividad que no solo protege especies vitales para la polinización, sino que ofrece una fuente de ingresos sostenible a más de 200 familias rurales.

Las abejas meliponas, al ser polinizadoras esenciales y producir miel con propiedades medicinales de alta demanda, atacan directamente la inseguridad alimentaria y generan recursos que las familias invierten en la nutrición, educación y salud infantil.

Esteban Lasso, director país de World Vision Ecuador, subraya que este enfoque trasciende el asistencialismo:

«La meliponicultura es un ejemplo perfecto: es técnicamente viable, económicamente rentable, culturalmente apropiada y ambientalmente sostenible. Asegura que los niños tengan acceso a nutrientes de alta calidad, al mismo tiempo que genera ingresos para sus familias.»

Este modelo demuestra que es posible generar desarrollo económico sin destruir el capital natural, promoviendo el cuidado y la regeneración del bosque.

Lea la nota completa y conozca cómo la meliponicultura está rompiendo el ciclo de la pobreza y regenerando la Amazonía ecuatoriana:

Meliponicultura en la Amazonía: un modelo para combatir la pobreza y preservar el bosque – Infobae

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EcoTernura: El Compromiso de World Vision para Proteger la Niñez y la Naturaleza

World Vision impulsa EcoTernura, una iniciativa que busca fomentar una participación activa de la niñez en la protección del medio ambiente. Este programa se fundamenta en la idea de que el cuidado del corazón es inseparable del cuidado de la Creación, promoviendo una relación de amor y respeto por todo lo creado.

La iniciativa, implementada en más de 10 países de Latinoamérica y el Caribe, busca proteger el desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes al asegurar entornos naturales saludables y promover prácticas de amor y reciprocidad con la naturaleza.

Según Griselma Granert, asesora regional de Niñez en Desarrollo para América Latina y el Caribe de World Vision, el programa se basa en una perspectiva teológica que considera el cuidado de la Creación como un «compromiso sagrado»:

«No se trata de sembrar árboles o reciclar, la iniciativa implica un compromiso que emana del corazón para cuidar y cultivar, más que como un mandato para ser ejecutado.»

El objetivo es claro: preparar a la niñez para que sea una generación transformadora que impulse la sostenibilidad, reconociendo el papel interdependiente de todas las formas de vida.

Vea la entrevista completa sobre la iniciativa EcoTernura y el compromiso de World Vision con la niñez y la naturaleza en la región:

World Vision – EcoTernura: Compromiso Sagrado que Emana del Corazón

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World Vision logra la cobertura universal de agua potable en municipio hondureño

World Vision ha anunciado un logro histórico en San Juan, Honduras: la cobertura universal de agua potable para el 100% de los hogares. Este municipio, ubicado en el vulnerable Corredor Seco Centroamericano, pasó de tener familias que caminaban más de una hora para obtener agua contaminada a contar con agua segura en sus viviendas.

El proyecto, desarrollado durante 15 años, benefició a más de 36.000 personas gracias a un modelo de inversión compartida: World Vision cubrió cerca del 30% del costo, las comunidades aportaron otro 30% en mano de obra y recursos, y el resto provino de gobiernos locales, sector privado y cooperación.

El acceso al agua ha sido un motor de desarrollo con un impacto transformador en la niñez y la economía local:

  • La desnutrición crónica infantil se desplomó del 34% a solo el 1%.

  • Se reporta cero mortalidad infantil en los últimos tres años en la zona.

  • Más de 2.100 niños y niñas fueron retirados del trabajo infantil y ahora asisten a centros de cuidado y estimulación temprana.

  • Se mejoraron 142 escuelas y se capacitó a más de 2.300 familias en prácticas agrícolas que han incrementado sus ingresos.

Jorge Galeano, director de World Vision para Centroamérica, destacó que el éxito se debe a la cohesión comunitaria y la articulación de actores, afirmando que este modelo es replicable en el resto del Corredor Seco.

Lea la nota completa sobre cómo World Vision transformó esta comunidad y el impacto en la niñez de Honduras aquí:

World Vision logra la cobertura universal de agua potable en municipio hondureño

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World Vision impulsa proyectos de agua y resiliencia en el Corredor Seco

World Vision está liderando una estrategia regional en el Corredor Seco Centroamericano (CSC), una de las zonas más vulnerables al cambio climático, donde el 60% de las familias vive en precariedad. El enfoque central de la organización es la integración de la voz de niños y adolescentes para impulsar iniciativas que buscan el acceso universal al agua, la restauración de ecosistemas y la creación de comunidades resilientes.

La campaña «Esperanza para el Corredor Seco» se cimentó en un proceso participativo donde más de 1.200 niños y adolescentes expresaron sus preocupaciones sobre la deforestación, la escasez de agua y la necesidad de educación ambiental. Jorge Galeano, director del Bloque Centroamérica de World Vision, enfatizó la importancia de honrar estas aportaciones: “No vamos a eliminar los huracanes o las sequías, pero lo que sí podemos hacer es preparar a las comunidades para ser resilientes”.

Un ejemplo notable del impacto de esta visión integral es San Juan, Intibucá, Honduras. Tras 15 años de acompañamiento de World Vision, la comunidad logró la cobertura universal de agua potable y saneamiento. Este éxito generó un «círculo virtuoso» que redujo drásticamente la desnutrición crónica infantil, disminuyó la mortalidad materna y permitió que más de 2.100 niños dejaran el trabajo infantil.

World Vision subraya que la sostenibilidad de estas intervenciones depende de la corresponsabilidad entre comunidades, gobiernos locales y el sector privado. La meta es clara: transformar el CSC en un «corredor verde» donde los recursos se conviertan en una fuente de ingresos sostenibles para las familias.

Lea la nota completa de World Vision sobre sus proyectos de agua y resiliencia en el Corredor Seco aquí:

World Vision impulsa proyectos de agua y resiliencia en el Corredor Seco – Forbes Centroamérica

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América Latina registra más de 170.000 deportaciones

World Vision ha emitido una alerta crítica sobre el drástico aumento de retornos migratorios en América Latina y el Caribe, revelando que al menos 170.000 personas han sido deportadas entre enero y agosto de 2025. La organización humanitaria subraya que la vulnerabilidad de estas personas es más profunda que en años anteriores debido a la falta de sistemas de servicio en fronteras y países de acogida y retorno.

La crisis impacta de manera desproporcionada a la niñez. Según datos de World Vision y Unicef, el número de niños, niñas y adolescentes no acompañados ha alcanzado cifras récord, retornando muchos de ellos sin documentos, fuera de la escuela y con alto riesgo de separación familiar.

Fabiola Rueda, asesora de World Vision, advierte que los riesgos son innumerables, abarcando desde la falta de acceso a servicios básicos hasta la explotación y trata de personas.

La organización implementa su propuesta ‘Más allá de las fronteras’ para brindar asistencia básica, incluyendo alimentación, salud e integración familiar. Sin embargo, World Vision destaca que los presupuestos públicos son insuficientes y hace un llamado urgente al financiamiento para garantizar retornos dignos y programas de reintegración con enfoque en la niñez.

El director de la Respuesta a la Crisis Migratoria en América, Peter Gape, enfatiza la dificultad de estas familias, que a menudo regresan endeudadas y sin redes de apoyo, pues «volver no siempre significa regresar a casa».

Lea la nota completa de World Vision sobre esta grave situación y el llamado a la acción aquí:

América Latina registra más de 170.000 deportaciones, según organización humanitaria

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WORLD VISION LEVANTA LA VOZ POR HAITÍ

La organización, junto a otras instituciones, impulsa acciones para apoyar a la población haitiana, especialmente a madres y niños. No obstante, señala que se requiere más apoyo internacional.

La crisis humanitaria en la que está sumida Haití desde hace varios años ha provocado el desplazamiento forzado de 1,3 millones de personas y un incremento del 70% de las deportaciones desde la vecina República Dominicana. Mujeres embarazadas y otras con sus hijos recién nacidos destacan entre los afectados, mientras que la ola de violencia mantiene marca a toda una generación de infantes. Esto ha llevado a World Vision a hacer un llamado urgente a la comunidad internacional.

La organización, en colaboración con ONG locales y redes de fe, se ha dedicado a brindar ayuda de emergencia y apoyo psicosocial en puntos fronterizos clave con República Dominicana, así como a efectuar registros de nacimiento y servicios de protección infantil.

A la vez, entrega asistencia a familias desplazadas dentro de Haití y opera espacios amigables para la niñez –donde los pequeños encuentran seguridad, juego y aprendizaje en medio del caos– y da acompañamiento a mujeres embarazadas, mediante controles médicos y orientación legal para acceder a servicios.

En 2 años de acción humanitaria, World Vision ha brindado apoyo a más de 149.000 personas.

66.900 personas han recibido transferencias de efectivo para alimentación, refugio o atención médica. 8.890 niños y niñas han sido recibidos en nuestros espacios seguros. Más de 27.800 víctimas de violencia de género recibieron apoyo psicosocial.

En un reciente informe, la organización señala que la nación caribeña necesita más apoyo y subraya los riesgos crecientes para la niñez, enfrentada a problemas por el desplazamiento, el hambre, su condición de apátrida y, en muchos casos, por la separación familiar. Por ello, reitera a fundaciones, organismos de cooperación multilaterales y donantes privados a aumentar los fondos humanitarios para Haití y la respuesta en la frontera e insta a la comunidad internacional a priorizar los derechos de los migrantes y refugiados, a fin de garantizar su protección conforme al derecho internacional.

A su vez, World Vision clama por prevenir el reclutamiento y explotación de la niñez por el crimen organizado, a proveer servicios de salud, nutrición y apoyo psicosocial, para atender las graves secuelas que la violencia está dejando en la niñez haitiana.

 

Zozobra en escalada

 

La continua y sistemática deportación de personas altamente vulnerables desde República Dominicana, incluyendo mujeres embarazadas y enfantes, está ejerciendo una inmensa presión sobre los servicios humanitarios, de por sí saturados, en el lado haitiano. Solo en la primera mitad de este 2025 fueron deportados al menos 145.000 haitianos y haitianas; además, elevan la cifra de afectados a 200.000.

Para ponerle rostro a la tragedia, cita como ejemplo los casos de tres mujeres que viven con la incertidumbre de ser deportadas: Lillian, con tres meses de embarazo, quien ha estado bajo control prenatal por miedo a ser expulsada del país; Andreina, quien está en su tercer trimestre y se las ha arreglado para lograr algunos consultas privadas porque fue rechazada en hospitales públicos por falta de documentos; y Stephanie, quien escala muros y árboles para esquivar a las autoridades migratorias dominicanas al intentar vacunar a su hijo.

La organización humanitaria propone afrontar refugio y protección duraderos, la respuesta humanitaria segura y el compromiso sostenido de otros sectores para proteger a una generación marcada por la violencia y el temor. World Vision advierte que la emergencia humanitaria prolongada ha dejado a la niñez haitiana atrapada entre el fuego cruzado de las pandillas, el hambre y la falta de atención global, mientras que un nuevo informe, basado en los testimonios de 840 personas desplazadas (incluidos 271 niños, niñas y adolescentes), revela que la infancia en Haití está siendo sistemáticamente despojada de sus derechos más básicos.


La crisis que vive Haití impide que toda una generación de niños y niñas puedan hacer valer sus derechos básicos de alimentación, educación, protección y cuidado emocional.

Para ver la nota completa, visite Revista Summa Digital Edición 376.

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Reconstruyendo Caminos de Esperanza en el Catatumbo

En el municipio de Hacarí, en la región del Catatumbo, una zona profundamente impactada por el conflicto armado y la crisis humanitaria, la señora Albanedes vive una historia de valentía y superación. Ella es una mujer colombiana de 45 años, madre de dos hijos y quien también cuida de su madre de 84 años. Su vida ha estado marcada por el desplazamiento forzado y las amenazas que la obligaron a abandonar su hogar en abril de 2024.

 

Hacarí, como otros municipios del Catatumbo, enfrenta retos inmensos debido a la presencia de grupos armados ilegales o no estatales, el desplazamiento masivo y la precariedad económica. Las familias en esta región a menudo viven bajo constantes amenazas y con acceso limitado a servicios esenciales como salud, educación y alimentación. Esta situación se ve agravada por la falta de acompañamiento de las instituciones para atender las necesidades de las víctimas del conflicto.

 

Esta historia es un reflejo de esta realidad. Tras ser desplazada, declaró su situación ante el Ministerio Público, pero hasta hace poco no había recibido ningún tipo de ayuda. Sin ingresos para cubrir el arriendo y con recursos limitados para alimentar a su familia, su situación era crítica, al punto de que solo podían comer una o dos veces al día.

 

Sin embargo, el apoyo llegó cuando la Secretaria de Gobierno del municipio de Hacarí compartió los datos de contacto de Albanedes con el especialista jurídico de World Vision, a través del proyecto A Tu Lado, financiado por La Unión Europea y desarrollado en colaboración con HIAS, Profamilia y Aldeas Infantiles SOS.

 

Tras una entrevista inicial, el equipo del proyecto identificó sus necesidades urgentes y le brindó orientación jurídica sobre las rutas disponibles para las víctimas de violencias basadas en género y desplazamiento forzado. Además, se activó un fondo de emergencia que cubrió un mes de alojamiento y un kit de alimentación, lo que le permitió estabilizar temporalmente su situación  recibiendo asistencia humanitaria en salud y servicios de protección.

 

Gracias a esta intervención, Albanedes pudo trasladarse a la ciudad de Ocaña, en Norte de Santander, donde comenzó a trabajar en un restaurante. Este empleo le ha permitido cubrir las necesidades básicas de su familia, mientras sus hijos continúan con sus estudios en segundo y once grado. Aunque su situación ha mejorado, su sueño sigue siendo retornar a su amado municipio de Hacarí.

 

El caso de Albanedes es un ejemplo del impacto transformador que puede tener una intervención oportuna y bien articulada. El proyecto “A Tu Lado”, al brindar asistencia humanitaria en salud, protección y apoyo psicosocial, ha salvado vidas y permitido a cientos de participantes recuperar su dignidad y reconstruir sus vidas en medio de la adversidad.

 

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El Sabor de la Esperanza: Moisés, una historia de resiliencia e inspiración

Moisés llegó a Ecuador en 2018, a los 23 años, buscando una vida mejor para él y su familia. Al principio, no tenía experiencia laboral ni la documentación necesaria para trabajar de manera formal en el país. Esta situación, también significó dejar atrás sus sueños de ser futbolista profesional, una meta que se había trazado desde que lo convocaron a las divisiones inferiores de la selección venezolana. La falta de oportunidades para continuar en su carrera deportiva y la necesidad de adaptarse rápidamente lo llevaron a encontrar un empleo en un restaurante, donde comenzó a aprender los fundamentos de la cocina.

Este trabajo, que en un principio parecía un paso en falso, resultó ser una bendición. Moisés adquirió valiosas habilidades y conocimientos en el sector gastronómico, lo que más tarde lo inspiró a abrir su propio negocio. Con sacrificio, ahorró un poco de dinero y decidió abrir un pequeño local de comida venezolana en Portoviejo. Lo llamó “Localito” porque era realmente pequeño.  Al principio, las ventas eran bajas porque la gastronomía venezolana no era tan conocida, pero con el tiempo, la calidad de su comida y la autenticidad de sus platos atrajeron a más clientes.

Sin embargo, la llegada de la pandemia cambió todo. Los restaurantes tuvieron que cerrar sus puertas y las ventas cayeron drásticamente. Moisés, sin embargo, no se dio por vencido. Decidió adaptarse a la situación, comenzando a ofrecer entregas a domicilio. Este cambio de estrategia permitió que su negocio siguiera en pie, aunque las dificultades persistían.

Tiempo después, una amiga de Moisés, Corina, quien participó en los talleres de emprendimiento de World Vision Ecuador lo invitó a unirse. Gracias a la insistencia y persistencia de su amiga participó en los talleres que ofrece la organización donde aprendió sobre las herramientas necesarias para mejorar la gestión de sus negocios, desde el manejo de las finanzas hasta las estrategias de crecimiento. «La verdad, no sabía hacer bien los cálculos, y administrar el dinero no era mi fortaleza», comenta Moisés. Sin embargo, al asistir a estos talleres, aprendió a estructurar mejor su negocio y a optimizar sus operaciones.

Motivado por sus nuevas habilidades y conocimiento, Moisés se animó a participar en un concurso de capital semilla organizado por World Vision. Este concurso es parte del proyecto VRF, el cual busca apoyar a los emprendedores migrantes y de comunidades de acogida que desean hacer crecer sus negocios, especialmente aquellos que enfrentan barreras debido a su estatus migratorio o falta de recursos.

Jordan, promotor de World Vision Ecuador, explica que cada año se realiza una convocatoria en la que emprendedores pueden presentar sus planes de negocio. «En la convocatoria que se presentó Moisés planificamos la participación de diez emprendedores, pero le dimos un giro al concurso porque había mucho potencial. Así que con los planes de negocios y las solicitudes que recibimos, fuimos dando el capital semilla conforme lo requería cada uno de los emprendedores seleccionados», comenta Jordan. De este modo, World Vision no solo selecciona a los emprendedores con mayor potencial, sino que también ajusta el apoyo financiero según las necesidades específicas de cada uno.

En esta convocatoria participaron 20 emprendedores, entre ellos Moisés, quienes fueron evaluados en base a su plan de negocios, su capacidad de implementación y el impacto que su emprendimiento podría tener en la comunidad. Moisés presentó un proyecto sólido y bien estructurado que combinaba su experiencia en la cocina con un enfoque innovador hacia la gastronomía venezolana y fue seleccionado para recibir el capital semilla.

Gracias a este apoyo financiero, Moisés pudo expandir su negocio, mejorar su infraestructura y aumentar su presencia digital. Además, durante este proceso, Moisés se asoció con Corina, la amiga que le presentó a World Vision, quién había comenzado su propio emprendimiento en el área de entregas a domicilio. Juntos, crearon un equipo que no solo ayudó a crecer sus respectivos negocios, sino que también da empleo a más de 10 personas, tanto migrantes como ecuatorianos.

La historia de Moisés es un claro ejemplo de cómo el acceso a recursos y el apoyo adecuado pueden cambiar el rumbo de un negocio, especialmente cuando se trata de emprendedores en situaciones vulnerables. A través de la convocatoria de capital semilla de World Vision, muchos otros emprendedores migrantes han tenido la oportunidad de presentar sus proyectos, recibir formación y, en muchos casos, acceder a los recursos necesarios para llevar sus ideas al siguiente nivel. “Algo muy importante es que, luego de recibir las capacitaciones y el capital semilla, el acompañamiento de World Vision ha sido vital para mi negocio y mi crecimiento personal. Les agradezco mucho por su apoyo y confianza”, concluye Moisés.

El éxito de Moisés no solo radica en lo que ha logrado para él, sino también en cómo ha logrado compartir la gastronomía venezolana con la comunidad ecuatoriana, crear empleo y aportar a la economía local. La historia de Moisés es un testimonio claro de la importancia del apoyo a los emprendedores migrantes, y cómo, con el respaldo adecuado, es posible transformar una adversidad en una oportunidad para el crecimiento y la inclusión socioeconómica.

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Carretilla de Esperanza: La Lucha por la Supervivencia y la Resiliencia

Fernanda despierta cada día con la incertidumbre pegada al pecho, pero sin permitir que el
miedo la detenga. Es madre, esposa y vendedora ambulante en la zona Fronteriza entre
República Dominicana y Haití, donde la falta de empleo y oportunidades ahogan a muchos.

Con su carretilla llena de ropa de segunda mano, recorre las calles bajo el sol abrasador con la esperanza de vender lo suficiente para llevar alimento a su hogar.

Algunos días son buenos, pero en su mayoría, vuelve a casa con los bolsillos casi vacíos, sin
haber conseguido siquiera para una botella de agua. Sin embargo, no se permite el lujo de rendirse. Sabe que su familia depende de su esfuerzo.

Su esposo solo consigue trabajo en tiempos de zafra, cuando la cosecha de arroz le permite
proveer momentáneamente. Pero fuera de esa temporada, la vida se vuelve aún más cuesta arriba. La escasez aprieta, le necesidad se presenta.

Fernanda es consciente de su realidad. No niega que hay días duros, pero los acepta con la
esperanza de que vendrán tiempos mejores. Mientras sus 4 hijos estudian, ella empuja su
carretilla con la determinación de quien sabe que no puede detenerse. Sueña con un pequeño establecimiento propio, con ver a sus hijos crecer sanos, con valores, con oportunidades que
a ella le fueron negadas.

Cada paso que da es un acto de resistencia, cada venta una pequeña victoria. Su carretilla no solo lleva ropa; carga también su esperanza, su lucha y el amor inmenso por su familia, que la mantiene de pie.

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Entre dos infiernos: violencia de pandillas y deportaciones forzadas

En la luz gris del amanecer, vinieron por Rosemerline. Una mujer embarazada de 24 años, frágil y olvidada en un mundo que alguna vez prometió refugio. Fue detenida. Sus captores no mostraron respeto por su humanidad, solo una eficiencia brutal para expulsarla. Un camión la llevó de regreso a Haití, como en una jaula, sofocante.

“Me llevaron a las 5 de la mañana”, susurró Rosemerline, con la voz temblorosa bajo el peso de una historia vieja y familiar. “Llegamos a la 1 de la tarde”. Nueve horas—apretados unos contra otros, sin espacio para respirar, sin espacio para moverse. Como si el tiempo se hubiera doblado sobre sí mismo, dibujando una línea continua entre el presente y los horrores del pasado. No había aire, ni agua, ni dignidad—solo cuerpos, apilados como carga, olvidados.

“No podía respirar”, dijo, con la voz quebrada. No hubo misericordia para las madres, ni consideración por la vida que crecía dentro de ella. En ese camión, no importaba si una mujer llevaba un bebé en el vientre o en los brazos—las familias eran separadas, despojadas de lo poco que les quedaba de humanidad.

“Te llevan tengas zapatos o no”, dijo. “Estés vestida o medio desnuda, no les importa.” Las palabras cayeron como piedras, pesadas y duras, resonando a través de los siglos. Mujeres, niños, hombres—descalzos, rotos, encadenados. Los captores de Rosemerline arrancaban personas de sus hogares, indiferentes a sus gritos, transportándolos como mercancía, como propiedad—ahora atrapados por cadenas invisibles de indiferencia y deshumanización.

Las carreteras de República Dominicana, sinuosas y rugosas, se convirtieron en el “pasaje medio” de Rosemerline—un calvario de dolor y pérdida. Las condiciones sufridas fueron una violación a los derechos humanos—una crueldad familiar, disfrazada con otro nombre. Al ser descargados, arrojados al costado, Rosemerline quedó enfrentando el amargo sabor del abandono, sus sueños magullados por la dureza de la realidad. Ella, como las mujeres y hombres antes que ella, como los 11,000 deportados esta semana, fue tratada como si no fuera plenamente humana—como si su existencia fuera una carga que debía ser descartada, sus sueños desechados junto con su dignidad.

Sin embargo, en medio de la desesperanza asfixiante, Rosemerline se aferra a la esperanza. Su espíritu, aunque golpeado, se niega a quebrarse. Habiendo estudiado artes culinarias, imagina un futuro donde pueda construir un negocio, donde sus manos puedan crear en lugar de estar atadas. Sus circunstancias son duras—su madre ha fallecido, su padre es ciego, sus hermanos están escondidos en las colinas, huyendo del asedio de las pandillas en Arcahaie. Pero incluso ahora, con el peso de sus luchas, Rosemerline sueña.

“Para quedarme en mi país, sueño con tener un negocio”, dice, sus palabras son una rebelión silenciosa contra las fuerzas que buscan desarraigar su vida. Planea terminar sus estudios de secundaria después de dar a luz, recuperar el futuro que le fue robado. Hace un llamado al gobierno haitiano, suplicando por un mundo donde los jóvenes puedan vivir con dignidad, donde el empleo y la seguridad les den razones para quedarse en casa, sin la vergüenza de la deportación pendiendo sobre sus cabezas.

Su fe, inquebrantable ante sus pruebas, la ancla en medio de la tormenta. “Recen para que los bandidos bajen las armas”, suplica, creyendo en el poder de la oración para mover montañas. “Dios lo puede todo. Cuando recen, pídanle a Dios que limpie nuestro país, que nos una.”

El viaje de Rosemerline es un espejo que refleja los horrores del pasado y las injusticias del presente. Mientras ella se aferra a la esperanza, se nos llama a actuar, para asegurar que su historia —y las de tantos otros— no se pierdan en la indiferencia de la historia.

World Vision se solidariza con Rosemerline y con los incontables atrapados entre dos infiernos: entre la violencia de las pandillas y la brutalidad de las deportaciones forzadas. Juntos, hacemos un llamado a la comunidad internacional, al gobierno haitiano y a la Iglesia a asumir el desafío. Es hora de romper las cadenas —las antiguas y las nuevas— y trabajar por un Haití donde cada vida sea tratada con la dignidad y el respeto que merece.

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Glenys, la cocinera y emprendedora venezolana que logró surgir en Cerro Chuño

Glenys García (42 años) es venezolana y llegó a Chile en noviembre del 2021 junto a su marido, tres hijos y una nieta. Con su familia arribó directamente al asentamiento irregular de Cerro Chuño en la comuna de Arica, en el norte del país, logrando contar con un espacio donde residir con los ahorros que tenían. Los dos hijos adolescentes entraron al colegio, y su hija más grande apoyaba en labores de cuidado.

Si bien su marido empezó trabajado en pequeñas labores de construcción, Gladys se dio cuenta que también era necesario que ella misma aportara a la economía del hogar, por lo tanto, cuando una vecina la motivó a vender desayunos para los vecinos de la población, ella se motivó. Utilizó los conocimientos que tenía sobre cocina y todo lo que le quedó de sus ahorros para construir un pequeño puesto de comida que inició con un toldo donde vendía desayunos con empanadas venezolanas.

Una vez que logró establecerse y comenzar con su emprendimiento, la vecina que inicialmente la había apoyado le solicitó irse del lugar, ya que ella también puso su propio negocio y no la quería cerca ya que le afectaba su clientela. Por lo que Gladys tuvo que buscar un lugar diferente donde pudiera continuar con su local de comida.

UN APOYO PARA CRECER

Fue en esos meses cuando se encontró con la organización internacional World Vision, quienes se encontraban apoyando líneas de emprendimiento. Al principio, fue beneficiaria de cash transfer para comprar mercadería para su negocio, luego recibió un taller de empoderamiento para emprendedoras, accedió a cursos de repostería y posteriormente la consideraron para un “capital semilla” recurso que utilizó para continuar comprando materia prima para su local de empanadas.

El impacto que ha tenido en su vida el apoyo de World Vision ha sido significativo en múltiples aspectos. Desde el ámbito económico, ha recibido el respaldo necesario para fortalecer su emprendimiento a través del “capital semilla”, y más allá de lo monetario, los conocimientos adquiridos en los talleres han sido una herramienta invaluable en su desarrollo personal y familiar, cuenta Glenys. Un ejemplo es el taller de empoderamiento que la ayudó a comprender y manejar mejor sus emociones y poder aplicarlo con sus propios hijos en el hogar. El curso de marketing, cuenta, la ayudó a fortalecer sus conocimientos y administrar mejor sus recursos.

Por otro lado, el poder participar en los talleres no solo le ha brindado herramientas y conocimientos valiosos, sino que también ha sido una puerta de entrada para su integración en la sociedad. A través de estos espacios ha tenido la oportunidad de conocer a personas solidarias y generosas que con su apoyo y buena voluntad han contribuido a su crecimiento y bienestar, ya que con estos encuentros y con la ayuda de WV ha podido crear una red de apoyo que le brinda confianza y seguridad. También al compartir su experiencia con otras personas en situaciones similares, ha creado lazos de amistad y colaboración que la motivan a seguir adelante y así mismo ir dando consejos o recomendaciones a quienes están en su misma situación.

UN EJEMPLO PARA OTRAS MUJERES

Glenys cuenta que una dificultad que ha tenido en su experiencia de migrar ha sido enfrentarse a la soledad en un país que no es el suyo, lo que se suma al deseo recurrente de regresar a su patria. Sin embargo, es consciente de que por ahora esa no es una opción, por lo que sigue adelante, adaptándose a su nueva realidad y buscando oportunidades para salir adelante junto a su familia.

Poco a poco, su emprendimiento ha ido creciendo con la ayuda no solo de World Vision, sino también de su marido y su familia. Con los recursos adquiridos, logró construir un pequeño local con material ligero, compró un horno, y ahora además de empanadas, vende pastelitos venezolanos, jugos naturales, y bebidas. Felizmente ha logrado reconocimiento entre sus vecinos y clientes. A través de su negocio, no solo ha logrado estabilidad y autonomía para ella y su familia, sino que también ha encontrado una manera de integrarse en su nuevo entorno, compartiendo su gastronomía y conectando con otras personas su cultura a través de la comida.

 

Con esfuerzo, valentía y mucho trabajo, Glenys transformó sus habilidades en la cocina en un emprendimiento. Aprendió, se adaptó, pidió ayuda cuando fue necesario y nunca dejó de creer en sí misma. Hoy, su negocio no solo es un éxito, sino que también es un ejemplo de inspiración para muchas otras mujeres que, como ella, buscan una oportunidad para salir adelante en un país desconocido y desafiante.

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Trayendo esperanza a Haití en tiempos de desesperanza

Haití ha estado experimentando un levantamiento violento desde febrero de 2024, cuando las bandas armadas comenzaron a atacar la capital, Puerto Príncipe. Como resultado, más de un millón de niños están fuera de la escuela. Más de 5.4 millones de personas sufren hambre debido al aumento drástico de los precios de los alimentos (por ejemplo, el precio del arroz ha aumentado un 75.5%). Más de un millón de personas han huido de sus hogares en busca de seguridad, y solo el 22% de los centros de salud en la capital funcionan parcialmente. Muchas embajadas, agencias y organizaciones no gubernamentales (ONG) han suspendido temporalmente sus operaciones. La situación es crítica, pero la Oficina Regional de América Latina y el Caribe (LACRO) no ha detenido sus actividades desde que la crisis se intensificó. En cambio, hemos adaptado continuamente nuestras operaciones para seguir atendiendo a los niños más vulnerables, mientras garantizamos la seguridad de nuestro personal.

En la capital, Puerto Príncipe, hemos colaborado con socios locales para asistir a mujeres que han sido víctimas de la violencia de las bandas. Trabajamos con mujeres como Ana*, de Carrefour-Feuilles, cuyo esposo fue quemado vivo mientras intentaba proteger a su familia cuando una banda atacó su hogar. También con Mama, de Cité Soleil, cuyo esposo murió por una bala perdida y luego quedó embarazada tras ser violada por tres hombres. Ana y Mama luchan por sobrevivir después de huir a campamentos empobrecidos para personas desplazadas internamente (IDP, por sus siglas en inglés).

Hemos acompañado a miles de familias desplazadas como las de Ana y Mama en su proceso de recuperación del trauma, brindándoles apoyo psicosocial y asistencia por un total de 1.4 millones de dólares en transferencias de efectivo multipropósito, para ayudarles a cubrir sus necesidades básicas diarias y apoyar su camino hacia la recuperación. Muchas mujeres han utilizado el dinero para alimentar a sus hijos y comenzar una nueva vida, estableciendo pequeños negocios que les proporcionan una fuente de ingresos estable.

Fuera de Puerto Príncipe, hemos logrado evitar la interrupción de todos nuestros programas de campo gracias a la preposición de capacidades ministeriales y recursos en puntos estratégicos antes de que la crisis estallara, cuando las tendencias de seguridad indicaban un posible deterioro en la capital. Nuestro efectivo monitoreo del contexto y años de experiencia en la gestión de crisis en contextos frágiles nos han permitido ajustar nuestras operaciones de manera preventiva, descentralizando algunas decisiones operativas y redirigiendo inventarios críticos. Las familias de los niños más vulnerables han reconocido nuestro trabajo de resiliencia económica, viendo un aumento promedio del 40% en sus ingresos familiares.

Nuestro monitoreo continuo indica que la crisis de las bandas continuará e incluso se intensificará en los próximos meses. Para asegurar que podamos seguir brindando esperanza e impacto en uno de los países más frágiles y vulnerables del mundo, seguimos adaptando nuestras operaciones, actualizando nuestros planes de continuidad operativa y contingencia de seguridad, y aprovechando nuestra presencia en toda la isla.

Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de las personas.

Por Julie Lee, Directora del Clúster del Caribe, LACRO Campaña: LACRO

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La Amazonía y la niñez en el centro de la lucha contra los plásticos

Este 5 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente bajo el lema “Sin contaminación por plásticos”. Y en ningún lugar este llamado cobra más urgencia que en la Amazonía, una región de vital importancia ecológica y hogar de millones de niñas, niños y adolescentes. A través de su iniciativa climática con enfoque en la niñez, World Vision hace un llamado a actuar con urgencia: proteger la Amazonía es proteger a la infancia.

Un ecosistema sofocado por el plástico

La Amazonía, que representa el 40% del territorio sudamericano, está hoy gravemente amenazada por la contaminación plástica. Se estima que cada año se vierten entre 8 y 12 millones de toneladas de plásticos a sus ríos, provenientes de desechos urbanos, bolsas, turismo descontrolado y residuos agrícolas. Estos plásticos tardan cientos de años en degradarse, liberando microplásticos que contaminan los suelos, los peces y, finalmente, a las personas.

Solo en Leticia (Colombia), se generan unas 700 toneladas de residuos al mes, de las cuales el 60% son plásticos, muy por encima del promedio nacional del 30%. De ese total, solo el 1.4% es reciclado. Una parte importante de estos desechos termina en el río Amazonas, uno de los más contaminados del planeta y responsable de verter plástico al océano Atlántico.

Niños y niñas: los más afectados

La contaminación plástica no solo daña ecosistemas, también pone en riesgo la salud de la población, especialmente la más joven. En Ecuador, un estudio de la Universidad Estatal Amazónica reveló la presencia de microplásticos en peces de río destinados al consumo humano, incluso dentro de áreas protegidas como el Parque Nacional Yasuní. Estas partículas pueden atravesar tejidos, alterar hormonas y poner en riesgo la salud a largo plazo.

Para las comunidades amazónicas, el río es una fuente de agua, alimentación y vida. Cuando el plástico entra en ese sistema, también entra en el cuerpo de los niños. Y eso es inaceptable.

50 años de avances… y deudas pendientes

Desde su creación en 1972, el Día Mundial del Medio Ambiente se ha convertido en una plataforma global para responder a la llamada triple crisis planetaria: calentamiento global, pérdida de biodiversidad y contaminación. Aunque se ha avanzado en conciencia pública y acuerdos internacionales, aún persisten desafíos: urbanización sin planificación, políticas lentas y escasa implementación local.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) recuerda que el 40% del plástico global es de un solo uso, que menos del 10% se recicla, y que más de 11 millones de toneladas terminan cada año en ríos, lagos y océanos.

La respuesta: transformar el sistema, proteger a la infancia

World Vision, a través de su Iniciativa Amazonas, trabaja para enfrentar esta crisis de manera estructural. La organización promueve acciones en gestión de residuos, protección de fuentes hídricas, educación ambiental y participación comunitaria en los países amazónicos.

La apuesta es clara: poner a la niñez en el centro de las soluciones climáticas. Escuchar sus voces, proteger su salud, garantizar su acceso a un ambiente sano y resiliente, y transformar las políticas públicas con datos, evidencia y participación local.

¿Qué podemos hacer?

El lema global del día mundial del medio ambiente de este año, invita a repensar nuestra relación con el plástico bajo cinco principios: rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y repensar. Pero más allá del comportamiento individual, se necesita acción colectiva:

  • Gobiernos que prioricen la gestión de residuos en la Amazonía.

  • Empresas que dejen atrás los plásticos de un solo uso.

  • Inversiones que fortalezcan el reciclaje y la economía circular.

  • Comunidades organizadas para proteger sus territorios.

Cuidar la Amazonía es cuidar a quienes la habitan

La Amazonía no es solo biodiversidad. Es hogar. Es futuro. Es infancia. Hoy, en el Día Mundial del Medio Ambiente, recordamos que la lucha contra el plástico es también una lucha por la salud, la dignidad y la esperanza de millones de niñas y niños amazónicos. No podemos dejar que su hogar se ahogue en plástico. El momento de actuar es ahora.

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Menstruación, inequidades y barreras

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Menstruar con dignidad aún es un privilegio para muchas niñas y adolescentes en América Latina. En Perú, por ejemplo, una de cada tres estudiantes falta al colegio durante su periodo; mientras que más de la mitad de estudiantes en Ecuador no ha recibido una clase sobre salud menstrual. Lejos de ser un tema privado o “íntimo”, estamos ante una muestra clara de desigualdad, que deriva en exclusión social. Hablar de menstruación, brindar información en los entornos más cercanos y garantizar acceso a productos adecuados no es –ni debe ser- un lujo: sino debe ser entendida como una condición básica que, unida al acceso a los servicios de salud, contribuyan al bienestar integral de niñas y adolescentes desde la perspectiva de los DDHH.  

Apenas 9 de 31 países de la región consideran los productos de gestión menstrual como artículos de primera necesidad, limitando el acceso principalmente a quienes viven en situación de pobreza y zonas rurales, que también enfrentan otros retos asociados como la falta de saneamiento adecuado: cerca de 106 millones de personas no cuenta con acceso a un baño digno en sus casas. La menstruación es un tema no solo a manejar en el ámbito privado, sino también de trabajarlo en la agenda educativa y de salud, y por tanto, en la esfera pública. 

Lejos de ser una experiencia natural, muchas veces se vive con temor, vergüenza o silencio. En el caso de Kiara, una adolescente de 17 años de Amazonía, su primer periodo fue “de todo un poco. Miedo más que nada”. Como ella, 10% de niñas y adolescentes en Perú pensaron que se habían hecho un daño grave y que incluso estaban muriendo. Muchas faltan a la escuela por miedo a mancharse, por dolor o simplemente por no saber cómo sobrellevar la menstruación. En países como Bolivia, más de la mitad de los adolescentes afirma no recibir ningún tipo de charla o educación sobre los cambios de la pubertad. Estas ausencias tienen efectos profundos: limitan su aprendizaje y lesionan su autoestima. 

El común de la región es que no hay políticas que garanticen el acceso gratuito a productos de gestión menstrual. En Chile, a modo de ejemplo, esto afecta principalmente a las personas de bajos recursos, dentro de las que se encuentran adolescentes migrantes, que recurren a opciones inseguras, exponiéndose a infecciones por no poder costear toallas higiénicas o copas menstruales. En campamentos o viviendas sin agua potable, algo tan natural como la menstruación se convierte en un desafío diario que atenta contra los derechos y dignidad de niñas y adolescentes. 

Hablar de menstruación en la esfera pública es urgente. Asegurar el acceso de productos de higiene menstrual a bajo costo o gratuito; capacitación docente sobre salud menstrual en las escuelas; y la mejora en el acceso a saneamiento en contextos de vulnerabilidad son pasos fundamentales para disminuir el estigma asociado a la menstruación y que requiere de la acción de los Estados. Si cada mes una niña falta a clases, si siente vergüenza o se enfrenta a burlas, le estamos diciendo que su cuerpo menstruante es el problema. 

El Día Mundial de la Higiene Menstrual (28 de mayo) es una oportunidad para poner este tema sobre la mesa y sobre las agendas de nuestros países, sin eufemismos ni tabúes. La menstruación no debe ser un motivo de exclusión, y hablar de ella no puede seguir siendo un privilegio de unas pocas. Menstruar no es un problema. Lo que lo es -y lo seguirá siendo- es la falta de políticas públicas educativas y de salud que la aborden desde una perspectiva de igualdad de género e inclusión social.
 

Cristina Carvallo 

Especialista de Género e Inclusión Social de World Vision Bloque Andino + Chile 

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Más que una comida: cómo la alimentación escolar está nutriendo futuros en América Latina

En aulas desde el Amazonas hasta los Andes, las comidas escolares están transformando vidas en silencio. Lo que comenzó como una intervención nutricional básica se ha convertido en un salvavidas esencial para millones de niñas, niños, familias y comunidades en toda América Latina—ayudándoles a permanecer en la escuela, mantenerse saludables y conservar la esperanza. A través de una red de programas nacionales y alianzas con la sociedad civil, incluidas aquellas lideradas por World Vision, la alimentación escolar es ahora un pilar de las políticas educativas y sociales en países como Venezuela, Brasil, Guatemala y Perú.

Los programas de alimentación escolar de World Vision aseguran que niñas y niños en comunidades vulnerables reciban la nutrición necesaria para tener éxito. Esta labor forma parte esencial de nuestra campaña global ENOUGH, que busca eliminar el hambre y la malnutrición infantil garantizando que cada niña y niño tenga acceso a los alimentos que necesita para desarrollar un cuerpo y mente saludables.

En Venezuela, World Vision, en alianza con el Programa Mundial de Alimentos (WFP), ha ampliado la alimentación escolar a 542 escuelas en cinco estados. El programa beneficia a más de 78,000 niñas y niños mediante una combinación de entregas de alimentos frescos, comidas en el lugar y suplementos fortificados como el Super Cereal. El impacto se ve no solo en la mejora de la nutrición, sino también en entornos escolares revitalizados. En Barinas, las comidas se preparan y sirven diariamente en escuelas como Don Rómulo Gallegos, mientras que mejoras en las cocinas, como en el CEI Josefa Camejo en Falcón, han contribuido a una mayor seguridad alimentaria y calidad de las comidas.

El programa de alimentación escolar de Brasil, conocido como PNAE (Programa Nacional de Alimentación Escolar), es uno de los más antiguos del mundo. Asegura que niñas y niños en la educación pública accedan a comidas que reflejen tanto sus necesidades nutricionales como sus preferencias culturales. World Vision Brasil ha centrado sus esfuerzos en la participación juvenil, apoyando el monitoreo y la incidencia liderada por adolescentes. En 2024, como parte de la iniciativa “Amplificando las Voces de la Niñez Digitalmente (ACVD)”, jóvenes redactaron una carta solicitando mayor transparencia en la entrega de alimentos escolares. Esta carta fue entregada directamente a funcionarios gubernamentales durante la Cumbre del G20 en Río de Janeiro, destacando la importancia de la participación juvenil en los servicios públicos.

El cambio de políticas ha sido clave en Guatemala. En 2017, el gobierno aprobó una Ley de Alimentación Escolar pionera, que fue fortalecida en 2021. Esta reforma incrementó el financiamiento diario por estudiante de Q4.00 a Q6.00 (aproximadamente de US$0.52 a US$0.78) y amplió la cobertura a 3.6 millones de niñas y niños, incluyendo niveles de educación inicial y secundaria básica. World Vision Guatemala desempeñó un papel clave en el proceso legislativo, brindando insumos durante los debates y abogando por una inversión sostenida en la nutrición infantil. Hoy, su trabajo también incluye la mejora de infraestructura de agua y saneamiento en escuelas, equipamiento de cocinas y talleres de preparación de alimentos para madres y padres con ingredientes locales.

En Perú, está ocurriendo otro tipo de transformación: una que pone a las niñas y niños en el centro de la política alimentaria. A través de una iniciativa de participación ciudadana llamada “Voz y Acción Ciudadana”, niñas, niños y adolescentes han sido capacitados para evaluar y proponer mejoras al programa nacional de alimentación escolar, ahora conocido como Wasi Mikuna. En 2024, esta movilización alcanzó a más de 21,000 estudiantes, madres, padres y docentes. Líderes juveniles organizaron consultas públicas, visitaron centros de almacenamiento y se reunieron con autoridades para compartir sus propuestas. Estos esfuerzos llevaron a un compromiso formal del gobierno para mejorar la capacitación de manipuladores de alimentos, aumentar la transparencia y desarrollar materiales comunicacionales adecuados para niñas y niños sobre los servicios nutricionales.

Todos estos programas comparten una visión: la alimentación escolar no se trata solo de calmar el hambre. Se trata de participación, dignidad, potencial e igualdad de oportunidades. Para muchas niñas y niños, la jornada escolar es el único momento del día en que pueden contar con una comida nutritiva. Para familias que enfrentan inflación, sequía o desplazamiento, esta certeza diaria representa un alivio tangible. Y para los gobiernos, la alimentación escolar ha demostrado ser una herramienta eficaz para mejorar los resultados educativos y, al mismo tiempo, fortalecer las economías locales mediante la compra de alimentos a pequeños productores y la generación de empleo en la cadena de suministro.

Sin embargo, el trabajo está lejos de haber terminado. En toda la región, los programas enfrentan desafíos, desde presupuestos insuficientes hasta dificultades logísticas en zonas remotas. El cambio climático, el aumento del costo de los alimentos y la inestabilidad política amenazan con revertir los avances logrados en la última década. En este contexto, el rol de los socios internacionales sigue siendo vital, no solo como implementadores, sino como defensores, conectores y amplificadores de las voces locales.

No es casualidad que gran parte del progreso en estos países haya ocurrido donde las niñas, niños y sus comunidades han estado directamente involucrados. Ya sea a través del monitoreo juvenil en Brasil y Perú, o mediante talleres de cocina dirigidos por madres y padres en Guatemala, estos programas tienen éxito porque se enraízan en la experiencia vivida de quienes los reciben.

Con la atención global puesta en la próxima Cumbre Mundial de Alimentación Escolar en Brasil este septiembre, existe una oportunidad —y una responsabilidad— de que donantes, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil reafirmen su compromiso con la alimentación escolar.

Asegurar que cada niña y niño tenga acceso a una comida escolar nutritiva no es caridad. Es una cuestión de justicia, equidad y política pública inteligente.

Porque al final, una comida escolar nunca es solo un plato de comida. Es un voto de confianza en el futuro de una niña o un niño.

Para más información, visita nuestro sitio sobre Alimentación Escolar: https://www.wvi.org/ENOUGH/school-meals

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Informe de situación: Esperanza Sin Fronteras, Octubre – Diciembre 2024

Informe Especial: Niñez Migrante en Riesgo – Respuesta Humanitaria en América Latina

Entre octubre y diciembre de 2024, América Latina vivió un incremento sostenido en los desplazamientos forzados, alcanzando más de 40 millones de personas migrantes en la región. Este fenómeno, impulsado por deportaciones masivas, violencia estructural y rutas cada vez más peligrosas, ha puesto en alerta a los sistemas de protección social. La niñez migrante —que representa hasta un 33% del total migrante— continúa enfrentando riesgos extremos como reclutamiento forzado, trata, desnutrición y exclusión educativa.

Este informe ofrece un análisis profundo sobre la respuesta humanitaria de World Vision a través del programa “Esperanza sin Fronteras”, desplegado en 8 países de América Latina, y presenta cifras impactantes sobre la atención brindada, los desafíos persistentes y las necesidades urgentes de financiamiento y coordinación regional.

¿Por qué leer este informe?

• +2.58 millones de personas migrantes y refugiadas han sido atendidas desde 2019.
• +134,000 atenciones realizadas solo en el último trimestre de 2024.
• Descripción detallada de la respuesta en protección infantil, salud, inclusión socioeconómica y seguridad alimentaria.
• Análisis de nuevas amenazas como el colapso de servicios básicos, militarización de fronteras y aumento de niñez no acompañada (hasta 500% en México).
• Rutas migratorias críticas: Colombia, Panamá, México, Ecuador, Perú y Brasil.
• Propuestas de acción y llamado urgente a donantes y gobiernos para sostener la ayuda.

Conoce cómo World Vision implementa espacios seguros, asistencia legal, transferencias monetarias y fortalecimiento comunitario, transformando realidades en medio de una de las mayores crisis migratorias del continente.

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Día de la Madre Tierra: Proteger la creación es proteger a la niñez

El vínculo entre justicia climática, fe y protección de la infancia en América Latina 

Cada 22 de abril, el mundo celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, una jornada que nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el planeta, denunciar los impactos de la crisis ambiental y promover un cambio profundo hacia una economía más justa, sostenible y respetuosa con la creación. 

En medio de sequías extremas, deforestación acelerada, contaminación de los ríos y desplazamientos forzados, la Madre Tierra nos lanza un grito urgente: la casa común está en peligro. Y aunque todas y todos sentimos sus efectos, hay una población especialmente vulnerable a esta crisis: los niños y niñas. 

Crisis climática y niñez: una emergencia silenciosa 

Según Naciones Unidas, más de un millón de especies están en peligro de extinción, y cada año perdemos 10 millones de hectáreas de bosques. Los impactos no son sólo ambientales, sino profundamente humanos. 

World Vision advierte que mil millones de niñas y niños viven en países en riesgo extremo por desastres ambientales. Estos fenómenos climáticos —sequías, huracanes, inundaciones— destruyen escuelas, contaminan fuentes de agua, arrasan cosechas y obligan a miles de familias a migrar. Entre 2016 y 2021, más de 43 millones de niños fueron desplazados por causas climáticas. 

Además, el cambio climático multiplica el hambre. Ya hay 148 millones de niñas y niños con desnutrición crónica en el mundo, y se estima que 80 millones de personas adicionales podrían pasar hambre hacia mediados de siglo si no actuamos. 

La Amazonía y el Corredor Seco: Territorios clave para la vida 

 World Vision trabaja en dos de los paisajes más afectados por el cambio climático en América Latina, donde la niñez se encuentra en situación de mayor vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos: la Amazonía y el Corredor Seco Centroamericano. 

Amazonía: el bioma sagrado que arde 

 La Iniciativa Climática Amazónica tiene como objetivo proteger a la niñez indígena, tradicional y originaria en países como Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Esta iniciativa se enfoca en garantizar el acceso de los niños y niñas a servicios vitales como el agua, en apoyar la restauración de ecosistemas degradados por parte de las comunidades locales y en promover sistemas agroalimentarios sostenibles y eficientes, que reduzcan la presión sobre el ecosistema. 

Colocando siempre en el centro las voces de la niñez y de las comunidades indígenas, tradicionales y locales, World Vision reconoce que solo poniendo a las personas —y en especial a los niños y niñas— como prioridad, es posible imaginar una Amazonía en pie. De esta manera, se busca preservar tanto las maravillas de la Creación de Dios como el futuro de cada niño que la habita. 

Corredor Seco: Esperanza y oportunidades para soñar en casa 

En Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, el Corredor Seco sufre una grave crisis hídrica y alimentaria que forza a las personas a dejar sus hogares en búsqueda de condiciones aptas para vivir. World Vision promueve la seguridad hídrica desde una visión de cuenca hídrica, la gestión y restauración de los recursos naturales como motor del desarrollo económico y el fortalecimiento de las capacidades de afrontar, resistir y reponerse a los eventos climáticos extremos para generar condiciones ideales para que cada niña y niño pueda tener oportunidades y esperanza en sus comunidades de origen.Las organizaciones basadas en la fe nos permite llegar donde nadie más llega y actuar donde se encuentran las personas con mayor vulnerabilidad en los rincones más profundos de Centro América. 

Ecoternura: cuando el cuidado de la creación nace del amor 

En este contexto, emerge un concepto transformador: ECOTERNURA. No se trata solo de reciclar o sembrar árboles. La ecoternura es un vínculo profundo de amor, respeto y reciprocidad entre la niñez y la naturaleza. Es un compromiso espiritual y comunitario que nace del asombro y la conexión sagrada con la creación de Dios. 

“El Señor Dios puso al hombre en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis 2:15).  

Desde esta mirada teológica, la naturaleza no es un recurso para explotar, sino un don sagrado que debe ser honrado. La niñez —con su curiosidad, ternura y sentido de justicia— se convierte en guardiana profética de la tierra. En cada juego en el bosque, en cada defensa del río limpio, niñas y niños plantan semillas de esperanza. 

La fe como motor de justicia climática 

Frente a esta crisis, la fe puede y debe ser un catalizador poderoso de acción ambiental. Las religiones del mundo comparten valores de cuidado, compasión y justicia. Desde el mandato bíblico de cuidar la creación (Génesis 1:28) hasta los principios de dharma, ahimsa y zakat, hay un llamado común: proteger la tierra es proteger la vida. 

World Vision trabaja con líderes religiosos de distintas confesiones para: 

  • Educar a las comunidades sobre justicia ambiental desde una base espiritual 
     
  • Movilizar recursos de fe, para restaurar ecosistemas 
     
  • Promover prácticas sostenibles en templos, parroquias y mezquitas 
     
  • Incidir en políticas públicas con una voz moral y profética 
     
  • Unir fuerzas interreligiosas en campañas como la coalición Faith for Earth de la ONU. 

Proteger a la Madre Tierra es amar a la niñez 

En este Día de la Madre Tierra, recordemos que el cuidado del planeta no es solo un tema ambiental, sino profundamente espiritual, ético y social. Si queremos que los niños y niñas crezcan con dignidad, salud y esperanza, necesitamos actuar ya. 

Desde la Amazonía hasta el Corredor Seco, desde las iglesias rurales hasta los centros urbanos, cada acción cuenta: sembrar un árbol, defender un río, enseñar a un niño sobre la belleza de la creación, alzar la voz por políticas justas. 

Porque al cuidar de la tierra, cuidamos del jardín que Dios nos confió y de la niñez que él ama profundamente. 

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Organizaciones de fe alzan la voz rumbo a la COP30: una oportunidad para poner a la infancia en el centro de la acción climática

Brasilia, marzo 2025 — En el camino hacia la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que se celebrará en noviembre de 2025 en Belém do Pará, Brasil, las organizaciones basadas en la fe han comenzado a movilizarse con fuerza para contribuir con propuestas claras y una voz ética ante la creciente emergencia climática. 

Más de 50 líderes religiosos, representantes ecuménicos, comunidades indígenas y expertos en clima se reunieron recientemente en Brasilia para reflexionar colectivamente y presentar el documento Un Llamado a la Acción rumbo a la COP30. Esta iniciativa constituye una señal clara del compromiso de las organizaciones de fe con la justicia climática y el bienestar de las comunidades más afectadas. 

World Vision fue parte activa de este encuentro, representada por Welinton Pereira, Director de Relaciones Institucionales y de Fe y Desarrollo de World Vision Brasil, como parte del trabajo que la organización impulsa a través de su en Acción Climática centrado en la niñez en América Latina y El Caribe. 

Fe, justicia climática y centralidad de la niñez 

El documento entregado a la ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva, hace un llamado urgente a los gobiernos para actuar frente a la crisis climática con base en cinco prioridades: 

  1. Financiamiento climático justo y no endeudador. 
     
  1. Implementación efectiva del Fondo de Pérdidas y Daños. 
     
  1. Transición energética justa hacia energías 100% renovables. 
     
  1. Apoyo a comunidades en adaptación climática. 
     
  1. Participación significativa de quienes más sufren los impactos: pueblos indígenas, mujeres, jóvenes, niños y defensores del medio ambiente. 

 

© Consejo Mundial de Iglesias

Estas prioridades están profundamente alineadas con los cuatro puntos de interés que World Vision ha definido de cara a la COP30: 

  1. Colocar a la infancia en el centro de la acción climática, promoviendo la actualización de las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDCs) que incorporen consultas y participación directa de niños, niñas y adolescentes. 
     
  1. Visibilizar el rol transformador de las organizaciones basadas en la fe en procesos de adaptación y mitigación frente al cambio climático. 
     
  1. Conectar la crisis climática con la lucha contra el hambre, mostrando cómo el deterioro ambiental incrementa la inseguridad alimentaria infantil. 
     
  1. Abogar por mecanismos de financiamiento climático más accesibles, equitativos y efectivos para las comunidades más vulnerables. 

Una esperanza activa en medio de la crisis 

Inspirado por convicciones espirituales compartidas, el llamado de las organizaciones de fe no es solo una denuncia, sino una esperanza activa y movilizadora. Como se expresa en el documento, “lloramos con los que lloran” (Romanos 12:15), pero también creemos que “la creación aguarda con ansias la revelación de los hijos de Dios” (Romanos 8:19-21). 

Desde World Vision reafirmamos nuestro compromiso con la justicia climática y trabajamos junto a comunidades, iglesias, niños y niñas en América Latina y el Caribe para garantizar que sus voces sean escuchadas en los espacios de decisión climática. 

La COP30 no es solo una cumbre más. Es una oportunidad para encender la llama de la justicia, con la infancia como protagonista y la fe como motor de cambio. 

© Consejo Mundial de Iglesias

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Menstruación, inequidades y barreras

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Menstruar con dignidad aún es un privilegio para muchas niñas y adolescentes en América Latina. En Perú, por ejemplo, una de cada tres estudiantes falta al colegio durante su periodo; mientras que más de la mitad de estudiantes en Ecuador no ha recibido una clase sobre salud menstrual. Lejos de ser un tema privado o “íntimo”, estamos ante una muestra clara de desigualdad, que deriva en exclusión social. Hablar de menstruación, brindar información en los entornos más cercanos y garantizar acceso a productos adecuados no es –ni debe ser- un lujo: sino debe ser entendida como una condición básica que, unida al acceso a los servicios de salud, contribuyan al bienestar integral de niñas y adolescentes desde la perspectiva de los DDHH.  

Apenas 9 de 31 países de la región consideran los productos de gestión menstrual como artículos de primera necesidad, limitando el acceso principalmente a quienes viven en situación de pobreza y zonas rurales, que también enfrentan otros retos asociados como la falta de saneamiento adecuado: cerca de 106 millones de personas no cuenta con acceso a un baño digno en sus casas. La menstruación es un tema no solo a manejar en el ámbito privado, sino también de trabajarlo en la agenda educativa y de salud, y por tanto, en la esfera pública. 

Lejos de ser una experiencia natural, muchas veces se vive con temor, vergüenza o silencio. En el caso de Kiara, una adolescente de 17 años de Amazonía, su primer periodo fue “de todo un poco. Miedo más que nada”. Como ella, 10% de niñas y adolescentes en Perú pensaron que se habían hecho un daño grave y que incluso estaban muriendo. Muchas faltan a la escuela por miedo a mancharse, por dolor o simplemente por no saber cómo sobrellevar la menstruación. En países como Bolivia, más de la mitad de los adolescentes afirma no recibir ningún tipo de charla o educación sobre los cambios de la pubertad. Estas ausencias tienen efectos profundos: limitan su aprendizaje y lesionan su autoestima. 

El común de la región es que no hay políticas que garanticen el acceso gratuito a productos de gestión menstrual. En Chile, a modo de ejemplo, esto afecta principalmente a las personas de bajos recursos, dentro de las que se encuentran adolescentes migrantes, que recurren a opciones inseguras, exponiéndose a infecciones por no poder costear toallas higiénicas o copas menstruales. En campamentos o viviendas sin agua potable, algo tan natural como la menstruación se convierte en un desafío diario que atenta contra los derechos y dignidad de niñas y adolescentes. 

Hablar de menstruación en la esfera pública es urgente. Asegurar el acceso de productos de higiene menstrual a bajo costo o gratuito; capacitación docente sobre salud menstrual en las escuelas; y la mejora en el acceso a saneamiento en contextos de vulnerabilidad son pasos fundamentales para disminuir el estigma asociado a la menstruación y que requiere de la acción de los Estados. Si cada mes una niña falta a clases, si siente vergüenza o se enfrenta a burlas, le estamos diciendo que su cuerpo menstruante es el problema. 

El Día Mundial de la Higiene Menstrual (28 de mayo) es una oportunidad para poner este tema sobre la mesa y sobre las agendas de nuestros países, sin eufemismos ni tabúes. La menstruación no debe ser un motivo de exclusión, y hablar de ella no puede seguir siendo un privilegio de unas pocas. Menstruar no es un problema. Lo que lo es -y lo seguirá siendo- es la falta de políticas públicas educativas y de salud que la aborden desde una perspectiva de igualdad de género e inclusión social.
 

Cristina Carvallo 

Especialista de Género e Inclusión Social de World Vision Bloque Andino + Chile 

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Cómo Judenie escapa de las sombras de la violencia

Wista, una madre de 47 años, y su hija Judenie, de 5, vivían con miedo constante tras el anuncio de un inminente ataque por parte de bandas locales. Wista, una comerciante a pequeña escala, se vio obligada a abandonar su medio de vida cuando las pandillas comenzaron a aterrorizar a su comunidad. A pesar de su conocimiento del negocio y su dedicación para mantener a su familia, no tuvo otra opción más que dejarlo todo atrás.

“Tenía un pequeño negocio que me dio World Vision. Pero cuando la gente decía que las pandillas tomarían la ciudad, me dio mucho miedo seguir. Las pandillas hicieron que fuera demasiado peligroso. No tuve opción, tuve que irme”, cuenta. El camino hacia un lugar seguro no fue fácil. A cada paso, el trayecto se volvía más peligroso. Wista y Judenie enfrentaron dificultades insoportables, pero su voluntad de sobrevivir las impulsó a seguir adelante.

Wista describe su difícil travesía: “El camino era duro. La niña caminó y caminó por millas, pero encontró fuerza en Dios para continuar. Yo sentía dolor. Cruzamos ríos en una pequeña canoa, y después seguimos a pie. Tomamos dos motocicletas, pero se accidentaron en el camino y casi chocamos contra las piedras. Todos los demás también tuvieron que caminar.”

Mientras viajaban, el corazón de Wista se llenaba de tristeza. El viaje parecía interminable, y a menudo sentía que no podía continuar. “Me sentía tan triste”, dice. “Quería acostarme entre los arbustos y dormir para siempre. Pero seguía pensando en mi hija y en la necesidad de protegerla.”

Tras una larga y agotadora caminata, finalmente llegaron a un refugio, pero la condición de Wista empeoró. No podía comer ni beber, y se sentía físicamente agotada por el estrés del viaje. “Cuando llegué al centro de refugiados, estaba con tanto dolor”, recuerda Wista. “Me dolía la cabeza, no podía comer. Ni siquiera podía beber agua. Dejé todo atrás en mi casa.”

La pequeña Judenie recuerda su escuela y a los amigos que tanto la extrañan. Sufrió al ver a su madre y a otros familiares tratando de esconderse entre los arbustos. Ella dice: “Estaba asustada y cansada, pero mamá dijo que teníamos que movernos.” “Solo quiero volver a mi escuela y jugar con mis amigos”, dice la hija de Wista.

Aunque escaparon de la violencia, Wista y Judenie quedaron marcadas por las cicatrices de su traumático viaje. Wista, aún lidiando con el impacto emocional y físico de la travesía, reflexiona sobre cómo afectó sus vidas. “Dejé todo atrás. Lo único que quería era proteger a mi hija y sobrevivir. Pero nunca imaginé lo duro que sería el camino.”

En su nuevo refugio, Wista y Judenie aún sienten el peso de todo lo que perdieron, pero se aferran a la esperanza de que, con el tiempo, podrán reconstruir sus vidas y salir adelante tras la devastación. La familia de Wista enfrentaba lo imposible, sobreviviendo a pesar de la violencia y del peligroso recorrido, en su búsqueda por un lugar seguro y una vida mejor, lejos de las pandillas que amenazaban con destruir su comunidad.

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Volver a abrazarlos: una historia de reunificación, dolor y esperanza

Volver a abrazarlos: una historia de reunificación, dolor y esperanza

Therese llegó a Colombia con el corazón encogido y una urgencia que ninguna madre debería enfrentar: reencontrarse con sus hijos menores, Kaosi y Aissatha, quienes estaban bajo custodia del Estado colombiano. Aunque su hogar está en São Paulo, Brasil, su viaje a Colombia fue abrupto. Vino desde Guinea, su país natal, tras recibir una noticia devastadora que cambió para siempre el rumbo de su familia. 

Meses atrás, Therese había viajado a Guinea por unos días para visitar a su madre enferma y nietos. Mientras tanto, su hija mayor, Sia Bah, tomó una decisión que marcó el destino de todos: salir de Brasil con sus hermanos menores, con la esperanza de llegar a Estados Unidos. Lo hizo sin autorización, sin documentación vigente, sin recursos y sin condiciones mínimas de protección. Su deseo era encontrar un lugar donde pudieran tener una vida mejor, pero eligió una de las rutas más peligrosas del continente. 

La familia llegó hasta Necoclí, en la costa caribeña de Colombia, uno de los últimos puntos antes de enfrentar el Tapón del Darién: una selva inhóspita, sin ley, donde cientos de personas han desaparecido. Fue ahí donde los planes se detuvieron. Sia Bah, se enteró que estaba embarazada y debido a complicaciones de salud, fue ingresada de emergencia al hospital local y luego trasladada a Montería, donde lamentablemente falleció. 

Mientras tanto, Kaosi y Aissatha, expuestos a un entorno incierto y sin protección familiar, fueron temporalmente cuidados por una mujer migrante en la playa de Necoclí. Al reconocer que no podía asumir esa responsabilidad, acudió a la Comisaría de Familia, que activó los protocolos de protección. Así, los niños fueron acogidos por el sistema de bienestar infantil colombiano y llevados a un hogar sustituto. 

Este caso no es aislado. Cada vez más niñas, niños y adolescentes migran solos o quedan bajo el cuidado de personas que no tienen vínculos ni responsabilidad reales con ellos. Decisiones tomadas por adultos —muchas veces desde el dolor, la desesperación o la falta de oportunidades— terminan exponiéndolos a riesgos extremos: violencia, abuso, explotación, separación, enfermedades, y en el peor de los casos, la muerte. 

La historia de Therese cambió de rumbo gracias al trabajo articulado de múltiples actores. La Comisaría de Familia, el consulado de Brasil, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y World Vision Colombia, con el apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos a través de PRM, trabajaron juntos para lograr la reunificación. El proyecto Más Allá de las Fronteras brindó acompañamiento psicosocial, orientación legal, hospedaje, alimentación y la gestión del transporte humanitario necesario para que Therese pudiera reencontrarse con sus hijos. 

Jessica, trabajadora humanitaria de World Vision, acompañó cada paso del proceso. Estuvo allí cuando Therese abrazó a sus hijos por primera vez después de meses de incertidumbre. Tras una noche de descanso en Bogotá, la familia tomó un vuelo de regreso a São Paulo, donde les esperaba Thierno, la actual pareja de Therese.

La historia de esta familia nos recuerda que, para las niñas y niños migrantes, el cuidado familiar no siempre es el que se conoce como tradicional. A veces es la mamá que cruza el océano para reencontrarse con sus hijos. Otras veces es una mujer migrante que, sin tener vínculos de sangre, protege a quienes han quedado solos. Y muchas veces, es el sistema de protección y las organizaciones humanitarias quienes se convierten en ese soporte necesario. 

En el marco del Día de la Familia, esta historia nos invita a reflexionar sobre el poder restaurador del vínculo familiar en medio de la adversidad. Para miles de niñas y niños en situación de movilidad, la familia, propia o la que se forma en el camino, es el refugio que puede marcar la diferencia entre la desprotección y la esperanza. En palabras de Therese, al llegar nuevamente a casa junto a sus hijos: “Yo estoy agradecida con tantos ángeles que en Colombia me dieron una mano y lograron que regresará a Brasil junto con mis hijos. Solo busco ahora seguir trabajando, cuidando y amando a mi familia en esta ciudad que una vez más me recibe”. 
 

La reunificación de esta familia fue posible gracias a la articulación interinstitucional y al compromiso de quienes creemos que ninguna niña o niño debería vivir sin protección. Pero la realidad es que la mayoría de las historias no tienen este final. Por eso, desde la Respuesta Multipaís a la Crisis Migratoria de World Vision “Esperanza sin Fronteras” seguimos trabajando para prevenir estos riesgos desde los lugares de origen y en las comunidades de acogida, brindando medios de vida dignos, acceso a información segura y respuestas humanitarias oportunas que coloquen a la niñez migrante en el centro. 

Nota editorial: Esta historia fue adaptada por el equipo de Comunicaciones de la Respuesta Multipaís Esperanza sin Fronteras con motivo del Día de la Familia 2025. Su versión original, escrita por Felipe Martín, fue publicada en el Informe de Gestión 2024 de World Vision Colombia (págs. 22–23). 

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Más que una comida: cómo la alimentación escolar está nutriendo futuros en América Latina

En aulas desde el Amazonas hasta los Andes, las comidas escolares están transformando vidas en silencio. Lo que comenzó como una intervención nutricional básica se ha convertido en un salvavidas esencial para millones de niñas, niños, familias y comunidades en toda América Latina—ayudándoles a permanecer en la escuela, mantenerse saludables y conservar la esperanza. A través de una red de programas nacionales y alianzas con la sociedad civil, incluidas aquellas lideradas por World Vision, la alimentación escolar es ahora un pilar de las políticas educativas y sociales en países como Venezuela, Brasil, Guatemala y Perú.

Los programas de alimentación escolar de World Vision aseguran que niñas y niños en comunidades vulnerables reciban la nutrición necesaria para tener éxito. Esta labor forma parte esencial de nuestra campaña global ENOUGH, que busca eliminar el hambre y la malnutrición infantil garantizando que cada niña y niño tenga acceso a los alimentos que necesita para desarrollar un cuerpo y mente saludables.

En Venezuela, World Vision, en alianza con el Programa Mundial de Alimentos (WFP), ha ampliado la alimentación escolar a 542 escuelas en cinco estados. El programa beneficia a más de 78,000 niñas y niños mediante una combinación de entregas de alimentos frescos, comidas en el lugar y suplementos fortificados como el Super Cereal. El impacto se ve no solo en la mejora de la nutrición, sino también en entornos escolares revitalizados. En Barinas, las comidas se preparan y sirven diariamente en escuelas como Don Rómulo Gallegos, mientras que mejoras en las cocinas, como en el CEI Josefa Camejo en Falcón, han contribuido a una mayor seguridad alimentaria y calidad de las comidas.

El programa de alimentación escolar de Brasil, conocido como PNAE (Programa Nacional de Alimentación Escolar), es uno de los más antiguos del mundo. Asegura que niñas y niños en la educación pública accedan a comidas que reflejen tanto sus necesidades nutricionales como sus preferencias culturales. World Vision Brasil ha centrado sus esfuerzos en la participación juvenil, apoyando el monitoreo y la incidencia liderada por adolescentes. En 2024, como parte de la iniciativa “Amplificando las Voces de la Niñez Digitalmente (ACVD)”, jóvenes redactaron una carta solicitando mayor transparencia en la entrega de alimentos escolares. Esta carta fue entregada directamente a funcionarios gubernamentales durante la Cumbre del G20 en Río de Janeiro, destacando la importancia de la participación juvenil en los servicios públicos.

El cambio de políticas ha sido clave en Guatemala. En 2017, el gobierno aprobó una Ley de Alimentación Escolar pionera, que fue fortalecida en 2021. Esta reforma incrementó el financiamiento diario por estudiante de Q4.00 a Q6.00 (aproximadamente de US$0.52 a US$0.78) y amplió la cobertura a 3.6 millones de niñas y niños, incluyendo niveles de educación inicial y secundaria básica. World Vision Guatemala desempeñó un papel clave en el proceso legislativo, brindando insumos durante los debates y abogando por una inversión sostenida en la nutrición infantil. Hoy, su trabajo también incluye la mejora de infraestructura de agua y saneamiento en escuelas, equipamiento de cocinas y talleres de preparación de alimentos para madres y padres con ingredientes locales.

En Perú, está ocurriendo otro tipo de transformación: una que pone a las niñas y niños en el centro de la política alimentaria. A través de una iniciativa de participación ciudadana llamada “Voz y Acción Ciudadana”, niñas, niños y adolescentes han sido capacitados para evaluar y proponer mejoras al programa nacional de alimentación escolar, ahora conocido como Wasi Mikuna. En 2024, esta movilización alcanzó a más de 21,000 estudiantes, madres, padres y docentes. Líderes juveniles organizaron consultas públicas, visitaron centros de almacenamiento y se reunieron con autoridades para compartir sus propuestas. Estos esfuerzos llevaron a un compromiso formal del gobierno para mejorar la capacitación de manipuladores de alimentos, aumentar la transparencia y desarrollar materiales comunicacionales adecuados para niñas y niños sobre los servicios nutricionales.

Todos estos programas comparten una visión: la alimentación escolar no se trata solo de calmar el hambre. Se trata de participación, dignidad, potencial e igualdad de oportunidades. Para muchas niñas y niños, la jornada escolar es el único momento del día en que pueden contar con una comida nutritiva. Para familias que enfrentan inflación, sequía o desplazamiento, esta certeza diaria representa un alivio tangible. Y para los gobiernos, la alimentación escolar ha demostrado ser una herramienta eficaz para mejorar los resultados educativos y, al mismo tiempo, fortalecer las economías locales mediante la compra de alimentos a pequeños productores y la generación de empleo en la cadena de suministro.

Sin embargo, el trabajo está lejos de haber terminado. En toda la región, los programas enfrentan desafíos, desde presupuestos insuficientes hasta dificultades logísticas en zonas remotas. El cambio climático, el aumento del costo de los alimentos y la inestabilidad política amenazan con revertir los avances logrados en la última década. En este contexto, el rol de los socios internacionales sigue siendo vital, no solo como implementadores, sino como defensores, conectores y amplificadores de las voces locales.

No es casualidad que gran parte del progreso en estos países haya ocurrido donde las niñas, niños y sus comunidades han estado directamente involucrados. Ya sea a través del monitoreo juvenil en Brasil y Perú, o mediante talleres de cocina dirigidos por madres y padres en Guatemala, estos programas tienen éxito porque se enraízan en la experiencia vivida de quienes los reciben.

Con la atención global puesta en la próxima Cumbre Mundial de Alimentación Escolar en Brasil este septiembre, existe una oportunidad —y una responsabilidad— de que donantes, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil reafirmen su compromiso con la alimentación escolar.

Asegurar que cada niña y niño tenga acceso a una comida escolar nutritiva no es caridad. Es una cuestión de justicia, equidad y política pública inteligente.

Porque al final, una comida escolar nunca es solo un plato de comida. Es un voto de confianza en el futuro de una niña o un niño.

Para más información, visita nuestro sitio sobre Alimentación Escolar: https://www.wvi.org/ENOUGH/school-meals

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Reconstruyendo Caminos de Esperanza en el Catatumbo

En el municipio de Hacarí, en la región del Catatumbo, una zona profundamente impactada por el conflicto armado y la crisis humanitaria, la señora Albanedes vive una historia de valentía y superación. Ella es una mujer colombiana de 45 años, madre de dos hijos y quien también cuida de su madre de 84 años. Su vida ha estado marcada por el desplazamiento forzado y las amenazas que la obligaron a abandonar su hogar en abril de 2024.

 

Hacarí, como otros municipios del Catatumbo, enfrenta retos inmensos debido a la presencia de grupos armados ilegales o no estatales, el desplazamiento masivo y la precariedad económica. Las familias en esta región a menudo viven bajo constantes amenazas y con acceso limitado a servicios esenciales como salud, educación y alimentación. Esta situación se ve agravada por la falta de acompañamiento de las instituciones para atender las necesidades de las víctimas del conflicto.

 

Esta historia es un reflejo de esta realidad. Tras ser desplazada, declaró su situación ante el Ministerio Público, pero hasta hace poco no había recibido ningún tipo de ayuda. Sin ingresos para cubrir el arriendo y con recursos limitados para alimentar a su familia, su situación era crítica, al punto de que solo podían comer una o dos veces al día.

 

Sin embargo, el apoyo llegó cuando la Secretaria de Gobierno del municipio de Hacarí compartió los datos de contacto de Albanedes con el especialista jurídico de World Vision, a través del proyecto A Tu Lado, financiado por La Unión Europea y desarrollado en colaboración con HIAS, Profamilia y Aldeas Infantiles SOS.

 

Tras una entrevista inicial, el equipo del proyecto identificó sus necesidades urgentes y le brindó orientación jurídica sobre las rutas disponibles para las víctimas de violencias basadas en género y desplazamiento forzado. Además, se activó un fondo de emergencia que cubrió un mes de alojamiento y un kit de alimentación, lo que le permitió estabilizar temporalmente su situación  recibiendo asistencia humanitaria en salud y servicios de protección.

 

Gracias a esta intervención, Albanedes pudo trasladarse a la ciudad de Ocaña, en Norte de Santander, donde comenzó a trabajar en un restaurante. Este empleo le ha permitido cubrir las necesidades básicas de su familia, mientras sus hijos continúan con sus estudios en segundo y once grado. Aunque su situación ha mejorado, su sueño sigue siendo retornar a su amado municipio de Hacarí.

 

El caso de Albanedes es un ejemplo del impacto transformador que puede tener una intervención oportuna y bien articulada. El proyecto “A Tu Lado”, al brindar asistencia humanitaria en salud, protección y apoyo psicosocial, ha salvado vidas y permitido a cientos de participantes recuperar su dignidad y reconstruir sus vidas en medio de la adversidad.

 

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El Sabor de la Esperanza: Moisés, una historia de resiliencia e inspiración

Moisés llegó a Ecuador en 2018, a los 23 años, buscando una vida mejor para él y su familia. Al principio, no tenía experiencia laboral ni la documentación necesaria para trabajar de manera formal en el país. Esta situación, también significó dejar atrás sus sueños de ser futbolista profesional, una meta que se había trazado desde que lo convocaron a las divisiones inferiores de la selección venezolana. La falta de oportunidades para continuar en su carrera deportiva y la necesidad de adaptarse rápidamente lo llevaron a encontrar un empleo en un restaurante, donde comenzó a aprender los fundamentos de la cocina.

Este trabajo, que en un principio parecía un paso en falso, resultó ser una bendición. Moisés adquirió valiosas habilidades y conocimientos en el sector gastronómico, lo que más tarde lo inspiró a abrir su propio negocio. Con sacrificio, ahorró un poco de dinero y decidió abrir un pequeño local de comida venezolana en Portoviejo. Lo llamó “Localito” porque era realmente pequeño.  Al principio, las ventas eran bajas porque la gastronomía venezolana no era tan conocida, pero con el tiempo, la calidad de su comida y la autenticidad de sus platos atrajeron a más clientes.

Sin embargo, la llegada de la pandemia cambió todo. Los restaurantes tuvieron que cerrar sus puertas y las ventas cayeron drásticamente. Moisés, sin embargo, no se dio por vencido. Decidió adaptarse a la situación, comenzando a ofrecer entregas a domicilio. Este cambio de estrategia permitió que su negocio siguiera en pie, aunque las dificultades persistían.

Tiempo después, una amiga de Moisés, Corina, quien participó en los talleres de emprendimiento de World Vision Ecuador lo invitó a unirse. Gracias a la insistencia y persistencia de su amiga participó en los talleres que ofrece la organización donde aprendió sobre las herramientas necesarias para mejorar la gestión de sus negocios, desde el manejo de las finanzas hasta las estrategias de crecimiento. «La verdad, no sabía hacer bien los cálculos, y administrar el dinero no era mi fortaleza», comenta Moisés. Sin embargo, al asistir a estos talleres, aprendió a estructurar mejor su negocio y a optimizar sus operaciones.

Motivado por sus nuevas habilidades y conocimiento, Moisés se animó a participar en un concurso de capital semilla organizado por World Vision. Este concurso es parte del proyecto VRF, el cual busca apoyar a los emprendedores migrantes y de comunidades de acogida que desean hacer crecer sus negocios, especialmente aquellos que enfrentan barreras debido a su estatus migratorio o falta de recursos.

Jordan, promotor de World Vision Ecuador, explica que cada año se realiza una convocatoria en la que emprendedores pueden presentar sus planes de negocio. «En la convocatoria que se presentó Moisés planificamos la participación de diez emprendedores, pero le dimos un giro al concurso porque había mucho potencial. Así que con los planes de negocios y las solicitudes que recibimos, fuimos dando el capital semilla conforme lo requería cada uno de los emprendedores seleccionados», comenta Jordan. De este modo, World Vision no solo selecciona a los emprendedores con mayor potencial, sino que también ajusta el apoyo financiero según las necesidades específicas de cada uno.

En esta convocatoria participaron 20 emprendedores, entre ellos Moisés, quienes fueron evaluados en base a su plan de negocios, su capacidad de implementación y el impacto que su emprendimiento podría tener en la comunidad. Moisés presentó un proyecto sólido y bien estructurado que combinaba su experiencia en la cocina con un enfoque innovador hacia la gastronomía venezolana y fue seleccionado para recibir el capital semilla.

Gracias a este apoyo financiero, Moisés pudo expandir su negocio, mejorar su infraestructura y aumentar su presencia digital. Además, durante este proceso, Moisés se asoció con Corina, la amiga que le presentó a World Vision, quién había comenzado su propio emprendimiento en el área de entregas a domicilio. Juntos, crearon un equipo que no solo ayudó a crecer sus respectivos negocios, sino que también da empleo a más de 10 personas, tanto migrantes como ecuatorianos.

La historia de Moisés es un claro ejemplo de cómo el acceso a recursos y el apoyo adecuado pueden cambiar el rumbo de un negocio, especialmente cuando se trata de emprendedores en situaciones vulnerables. A través de la convocatoria de capital semilla de World Vision, muchos otros emprendedores migrantes han tenido la oportunidad de presentar sus proyectos, recibir formación y, en muchos casos, acceder a los recursos necesarios para llevar sus ideas al siguiente nivel. “Algo muy importante es que, luego de recibir las capacitaciones y el capital semilla, el acompañamiento de World Vision ha sido vital para mi negocio y mi crecimiento personal. Les agradezco mucho por su apoyo y confianza”, concluye Moisés.

El éxito de Moisés no solo radica en lo que ha logrado para él, sino también en cómo ha logrado compartir la gastronomía venezolana con la comunidad ecuatoriana, crear empleo y aportar a la economía local. La historia de Moisés es un testimonio claro de la importancia del apoyo a los emprendedores migrantes, y cómo, con el respaldo adecuado, es posible transformar una adversidad en una oportunidad para el crecimiento y la inclusión socioeconómica.

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