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La infancia migrante no puede esperar

Por Fabiola Rueda,  
Coordinadora de la Respuesta Multipaís “Esperanza sin Fronteras” – World Vision América Latina y el Caribe 

La Respuesta Multipaís nos ha mostrado que la movilidad humana en América Latina y el Caribe no puede abordarse como una crisis pasajera. Lo que continuamos enfrentando es un desafío prolongado y estructural que transforma vidas, desborda sistemas y nos interpela como región. En medio de esa realidad, hay una verdad que duele: las niñas, niños y adolescentes migrantes siguen siendo los más olvidados. El contexto global incrementa su vulnerabilidad, al limitar el acceso a servicios básicos esenciales que aseguran su supervivencia y protección.   

Nuestro más reciente informe de situación, correspondiente al último trimestre de 2024, recoge historias, cifras y aprendizajes que reflejan la complejidad del contexto, pero también las posibilidades que emergen cuando se trabaja con visión y compromiso. Desde World Vision, no solo medimos resultados, sembramos esperanza. Y esa esperanza tiene rostro: el de Marianny, joven madre venezolana que hoy lidera su emprendimiento; el de Luis, que dejó atrás un sueño para sostener a otros; el de Zinahy, que alza su voz como joven migrante en Ecuador. 

Sí, los desafíos humanitarios se han intensificado. 

Las rutas migratorias son más peligrosas, aumentan los flujos de niñez no acompañada, y los sistemas de protección en los países de acogida están sobrecargados. A esto se suma la reducción drástica del financiamiento internacional, que amenaza la continuidad de programas esenciales. Lo vemos cada día: niñas y niños que no acceden a alimentación, educación, salud ni documentación. Cada servicio suspendido representa una puerta cerrada al futuro. 

Pero rendirnos ante esta realidad sería aceptar que no hay nada que podamos cambiar. Y eso no es una opción. 

Por eso, desde Esperanza sin Fronteras, proponemos trabajo en el desarrollo de las comunidades migrantes y de acogida que reconoce la urgencia sin apagar la posibilidad. Que vea en la migración no solo dolor, sino también reconstrucción. Que entienda que proteger a la niñez migrante no es un gesto de caridad, sino una apuesta por un futuro común, más justo y humano. 

Nuestros equipos en ocho países siguen, a menor escala, implementando acciones de protección, inclusión socioeconómica, salud y nutrición. Acompañamos procesos de regularización, fortalecemos capacidades locales y apostamos por innovaciones como el piloto Rutas de Esperanza, que articula asistencia humanitaria y desarrollo en contextos de tránsito y retorno. Lo hacemos no solo con recursos, sino con la convicción de que cada niña y niño merece crecer con seguridad, arraigo y dignidad.  

El camino no es fácil. Hay incertidumbre, restricciones y urgencias. Pero hay también comunidad, redes, organizaciones de fe, jóvenes que lideran, docentes que se capacitan, familias que se reinventan. Eso también es la migración: no solo tránsito, sino tejido. 

A seis años de nuestra respuesta multipaís, reafirmamos nuestra promesa: caminar junto a la niñez migrante, más allá de las fronteras. No dejaremos de insistir, de adaptarnos, de sumar aliados, de escuchar. World Vision sigue presente en estos territorios. Apelamos a la solidaridad internacional para continuar visibilizando esta realidad y apoyando a las necesidades humanitarias más urgentes. 

Porque cuando protegemos a una niña o a un niño en movilidad, no solo salvamos una vida. Estamos construyendo el futuro que todos merecemos. 

Día de la Madre Tierra: Proteger la creación es proteger a la niñez

El vínculo entre justicia climática, fe y protección de la infancia en América Latina 

Cada 22 de abril, el mundo celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, una jornada que nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el planeta, denunciar los impactos de la crisis ambiental y promover un cambio profundo hacia una economía más justa, sostenible y respetuosa con la creación. 

En medio de sequías extremas, deforestación acelerada, contaminación de los ríos y desplazamientos forzados, la Madre Tierra nos lanza un grito urgente: la casa común está en peligro. Y aunque todas y todos sentimos sus efectos, hay una población especialmente vulnerable a esta crisis: los niños y niñas. 

Crisis climática y niñez: una emergencia silenciosa 

Según Naciones Unidas, más de un millón de especies están en peligro de extinción, y cada año perdemos 10 millones de hectáreas de bosques. Los impactos no son sólo ambientales, sino profundamente humanos. 

World Vision advierte que mil millones de niñas y niños viven en países en riesgo extremo por desastres ambientales. Estos fenómenos climáticos —sequías, huracanes, inundaciones— destruyen escuelas, contaminan fuentes de agua, arrasan cosechas y obligan a miles de familias a migrar. Entre 2016 y 2021, más de 43 millones de niños fueron desplazados por causas climáticas. 

Además, el cambio climático multiplica el hambre. Ya hay 148 millones de niñas y niños con desnutrición crónica en el mundo, y se estima que 80 millones de personas adicionales podrían pasar hambre hacia mediados de siglo si no actuamos. 

La Amazonía y el Corredor Seco: Territorios clave para la vida 

 World Vision trabaja en dos de los paisajes más afectados por el cambio climático en América Latina, donde la niñez se encuentra en situación de mayor vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos: la Amazonía y el Corredor Seco Centroamericano. 

Amazonía: el bioma sagrado que arde 

 La Iniciativa Climática Amazónica tiene como objetivo proteger a la niñez indígena, tradicional y originaria en países como Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Esta iniciativa se enfoca en garantizar el acceso de los niños y niñas a servicios vitales como el agua, en apoyar la restauración de ecosistemas degradados por parte de las comunidades locales y en promover sistemas agroalimentarios sostenibles y eficientes, que reduzcan la presión sobre el ecosistema. 

Colocando siempre en el centro las voces de la niñez y de las comunidades indígenas, tradicionales y locales, World Vision reconoce que solo poniendo a las personas —y en especial a los niños y niñas— como prioridad, es posible imaginar una Amazonía en pie. De esta manera, se busca preservar tanto las maravillas de la Creación de Dios como el futuro de cada niño que la habita. 

Corredor Seco: Esperanza y oportunidades para soñar en casa 

En Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, el Corredor Seco sufre una grave crisis hídrica y alimentaria que forza a las personas a dejar sus hogares en búsqueda de condiciones aptas para vivir. World Vision promueve la seguridad hídrica desde una visión de cuenca hídrica, la gestión y restauración de los recursos naturales como motor del desarrollo económico y el fortalecimiento de las capacidades de afrontar, resistir y reponerse a los eventos climáticos extremos para generar condiciones ideales para que cada niña y niño pueda tener oportunidades y esperanza en sus comunidades de origen.Las organizaciones basadas en la fe nos permite llegar donde nadie más llega y actuar donde se encuentran las personas con mayor vulnerabilidad en los rincones más profundos de Centro América. 

Ecoternura: cuando el cuidado de la creación nace del amor 

En este contexto, emerge un concepto transformador: ECOTERNURA. No se trata solo de reciclar o sembrar árboles. La ecoternura es un vínculo profundo de amor, respeto y reciprocidad entre la niñez y la naturaleza. Es un compromiso espiritual y comunitario que nace del asombro y la conexión sagrada con la creación de Dios. 

“El Señor Dios puso al hombre en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis 2:15).  

Desde esta mirada teológica, la naturaleza no es un recurso para explotar, sino un don sagrado que debe ser honrado. La niñez —con su curiosidad, ternura y sentido de justicia— se convierte en guardiana profética de la tierra. En cada juego en el bosque, en cada defensa del río limpio, niñas y niños plantan semillas de esperanza. 

La fe como motor de justicia climática 

Frente a esta crisis, la fe puede y debe ser un catalizador poderoso de acción ambiental. Las religiones del mundo comparten valores de cuidado, compasión y justicia. Desde el mandato bíblico de cuidar la creación (Génesis 1:28) hasta los principios de dharma, ahimsa y zakat, hay un llamado común: proteger la tierra es proteger la vida. 

World Vision trabaja con líderes religiosos de distintas confesiones para: 

  • Educar a las comunidades sobre justicia ambiental desde una base espiritual 
     
  • Movilizar recursos de fe, para restaurar ecosistemas 
     
  • Promover prácticas sostenibles en templos, parroquias y mezquitas 
     
  • Incidir en políticas públicas con una voz moral y profética 
     
  • Unir fuerzas interreligiosas en campañas como la coalición Faith for Earth de la ONU. 

Proteger a la Madre Tierra es amar a la niñez 

En este Día de la Madre Tierra, recordemos que el cuidado del planeta no es solo un tema ambiental, sino profundamente espiritual, ético y social. Si queremos que los niños y niñas crezcan con dignidad, salud y esperanza, necesitamos actuar ya. 

Desde la Amazonía hasta el Corredor Seco, desde las iglesias rurales hasta los centros urbanos, cada acción cuenta: sembrar un árbol, defender un río, enseñar a un niño sobre la belleza de la creación, alzar la voz por políticas justas. 

Porque al cuidar de la tierra, cuidamos del jardín que Dios nos confió y de la niñez que él ama profundamente. 

Seguridad alimentaria y fe: El mandato de Dios para alimentar a los necesitados

La inseguridad alimentaria afecta a millones de personas en América Latina y el Caribe. Un 19% de la población ha experimentado dificultades para alimentarse según el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2024. Frente a esta realidad, es fundamental que la iglesia responda con acciones concretas, guiadas por la fe. 

El concepto de seguridad alimentaria está profundamente arraigado en las Escrituras. En Génesis 1:29-30, Dios establece la tierra como fuente de alimento para toda la creación, pero también nos da el mandato de ser mayordomos responsables. Sin embargo, el hambre persiste debido a la injusticia y la falta de distribución adecuada de los recursos. Como cristianos, debemos abogar por un sistema alimentario justo, como se menciona en el marco bíblico-teológico de la seguridad alimentaria. 

El Salmo 104:27-28 nos recuerda que todas las criaturas esperan de Dios su sustento: “Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo.” Este versículo nos llama a ser parte de esa provisión, distribuyendo los recursos que Dios ha puesto a nuestro alcance. 

La campaña Regala tu pez y tu pan es una manera tangible de responder a este llamado. Al donar alimentos y participar en las actividades de la iglesia, no solo satisfacemos una necesidad física, sino que también somos testigos de la justicia y el amor de Dios en acción. 

La inseguridad alimentaria es un desafío que podemos enfrentar con fe y acción. Al seguir el mandato de Dios, la iglesia puede ser un faro de esperanza y justicia en la lucha contra el hambre en toda la región. 

Multiplicando esperanza: La iglesia como agente de cambio en la lucha contra el hambre

El hambre es uno de los desafíos más grandes que enfrenta América Latina y el Caribe. Según la ONU, más de 43 millones de personas en la región están en situación de inseguridad alimentaria severa. Esta realidad nos recuerda las palabras de Santiago 5:1-6, que nos exhortan a no ignorar la injusticia: “El clamor de los segadores ha llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.” 

Como iglesia, no podemos permanecer indiferentes ante esta crisis. En Marcos 6:41-43, vemos cómo Jesús multiplicó los panes y peces para alimentar a una multitud. Este milagro nos enseña que lo poco que tenemos puede ser multiplicado para bendecir a muchos, siempre que lo pongamos en manos de Dios y lo compartamos con una actitud de generosidad. 

La campaña Regala tu pez y tu pan nos invita a seguir este ejemplo bíblico. Al donar alimentos, estamos sembrando esperanza en una región donde millones de personas sufren de inseguridad alimentaria. Cada pequeño gesto es una respuesta al mandato de Jesús de alimentar al hambriento (Mateo 25:35). 

La iglesia tiene el poder de ser un agente de cambio en la lucha contra el hambre en América Latina y el Caribe. Siguiendo el ejemplo de Jesús, nuestras acciones pueden multiplicar la esperanza y hacer una diferencia en la vida de muchas familias. 

El llamado bíblico a combatir el hambre en América Latina y el Caribe

El hambre sigue siendo una realidad devastadora en América Latina y el Caribe. Según el informe Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2024, alrededor de 43.2 millones de personas en la región enfrentan inseguridad alimentaria severa, y más de 131 millones sufren inseguridad alimentaria moderada o severa. Esta crisis ha empeorado debido a factores económicos, climáticos y políticos. 

Como cristianos, tenemos un mandato claro: ser la mano extendida de Dios en tiempos de necesidad. La Biblia nos llama a ser agentes de justicia y solidaridad. En Deuteronomio 15:7-11, se nos recuerda: “Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre.” Este llamado no es opcional, sino un mandato para ser generosos y justos, asegurando que nadie quede sin su «pan de cada día.» 

Jesús mismo nos mostró el poder de la generosidad y la multiplicación en la alimentación de los 5.000 (Mateo 14:13-21). En este milagro, Jesús tomó lo poco que se ofreció y lo multiplicó para alimentar a una multitud. De la misma manera, nuestras donaciones de alimentos pueden parecer pequeñas, pero en manos de Jesús y de la comunidad, pueden transformar vidas. 

La inseguridad alimentaria en la región es una urgencia que debemos enfrentar desde la fe. Como iglesia, podemos ser un agente de cambio, siguiendo el ejemplo de Jesús al compartir lo que tenemos y multiplicar la esperanza en nuestra comunidad. 

Día mundial del agua: Una oportunidad para transformar la vida de millones

El 22 de marzo es una fecha clave para reconocer la urgencia de proteger y gestionar de manera sostenible uno de los recursos más vitales del planeta: el agua. En este Día Mundial del Agua, recordamos que la crisis hídrica amenaza la vida de millones de personas y pone en riesgo el equilibrio de nuestros ecosistemas y el futuro de la humanidad. 

Agua en emergencia: Datos que no podemos ignorar 

El agua atraviesa cada dimensión del desarrollo humano. Sin ella, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se vuelven inalcanzables. Hoy, cerca de 2,000 millones de personas carecen de acceso a agua potable segura y 3,600 millones no cuentan con servicios de saneamiento adecuados. Además, 9 de cada 10 desastres naturales están vinculados al agua, ya sea por exceso, escasez o contaminación. 

La crisis es tangible y se agrava con el cambio climático. En 2023, los glaciares perdieron más de 600 gigatoneladas de agua, la mayor pérdida registrada en 50 años. Este deshielo acelerado contribuye al aumento del nivel del mar y amenaza a casi 2,000 millones de personas que dependen del agua de montaña para su vida diaria. 

En América Latina y el Caribe, la paradoja es evidente: somos una región con abundancia de agua —alberga cerca de un tercio de los recursos hídricos del mundo— pero también somos una de las más afectadas por la desigualdad en el acceso y por la mala gestión. México, por ejemplo, enfrenta una crisis sin precedentes en la Ciudad de México, donde el sistema hídrico no logra abastecer a más de 22 millones de personas. 

Cuando el agua es vida y oportunidad para todos 

El agua es un factor determinante para la salud, la educación y la equidad de género. Según el Banco Mundial, cerca de 500 millones de mujeres y niñas en el mundo carecen de espacios seguros para gestionar su menstruación, lo que limita su participación plena en la vida pública. Además, la falta de agua segura impide que millones de niñas y niños estudien en condiciones saludables y dignas. 

El rostro latinoamericano de la crisis 

En América Latina y el Caribe, la crisis hídrica tiene impactos alarmantes: 

  • Amazonía: Más de 420,000 niñas y niños de Brasil, Colombia y Perú han sido afectados por la sequía más severa en 120 años, lo que ha forzado el cierre de escuelas y centros de salud. 
  • México: En 2023, el país vivió su año más seco y más del 55% de su territorio enfrentó sequías extremas. 
  • Ecuador: La dependencia de la energía hidroeléctrica dejó al país vulnerable, y una fuerte sequía desató una crisis energética nacional. 

Nuestra respuesta: La misión de World Vision 

Frente a este panorama, World Vision Latinoamérica y El Caribe se ha comprometido a garantizar el derecho al agua de las comunidades más vulnerables, especialmente de la niñez. Aquí algunos de nuestros logros más recientes: 

  • México: Rehabilitación de sistemas de agua dañados por huracanes, instalación de captadores de lluvia y potabilizadoras, junto a procesos de incidencia para proteger el derecho al agua de la niñez. 
     
  • Guatemala: Implementación de proyectos de agua y saneamiento en comunidades, escuelas y centros de salud, acompañados de capacitaciones en higiene y liderazgo comunitario. 
     
  • República Dominicana: Instalación de sistemas de agua potable en 30 escuelas tras el huracán Fiona, beneficiando a más de 4,500 niños y niñas. 
     
  • Honduras: Proyectos que llevarán agua limpia a 650,000 personas en zonas rurales antes de 2027, fortaleciendo juntas de agua y promoviendo la protección de fuentes hídricas. 
     
  • El Salvador: Fortalecimiento de la gestión WASH en comunidades y espacios educativos, junto con UNICEF, para garantizar agua segura en contextos de emergencia. 
     
  • Venezuela: Instalación de una planta purificadora de agua en un colegio, beneficiando a casi 900 personas, además de talleres y entrega de filtros para 330 familias. 
     
  • Colombia: Implementación de sistemas de tratamiento de agua en La Guajira junto al Ministerio de Vivienda, mejorando el acceso al agua para comunidades rurales. 
     
  • Ecuador: Por primera vez en 63 años, la comunidad de Campococha cuenta con acceso a agua segura gracias a un esfuerzo conjunto entre World Vision y las familias locales, mejorando la salud y bienestar de niñas y niños. 
     
  • Perú: En la cuenca amazónica, la falta de agua sigue limitando el derecho de niñas y niños a un aprendizaje digno y saludable, por eso seguimos movilizando a personas para apoyar soluciones. 
     

El agua es vida, pero también es justicia 

El agua es mucho más que un recurso: es un derecho humano. Desde World Vision, creemos que cada gota invertida en acceso, saneamiento e higiene es una semilla de vida, de salud, de igualdad y de dignidad. Por ello, también abogamos por políticas públicas inclusivas, inversión en infraestructura sostenible y soluciones comunitarias para que nadie quede atrás. 

En este Día Mundial del Agua, decimos Suficiente a la injusticia hídrica. Nos unimos a la misión de garantizar que cada niña y cada niño pueda beber, aprender y crecer con acceso seguro y digno al agua.