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Violencia y hambre: las secuelas de la crisis humanitaria en Venezuela

Caracas, Venezuela.- World Vision llevó a cabo una evaluación rápida entre el 6 y el 13 de enero entre hogares de Venezuela para evaluar el impacto de la actual crisis social en la vida de los niños y sus familias. Los resultados revelan un aumento significativo de la inseguridad alimentaria, el malestar emocional entre los niños y el debilitamiento de los entornos protectores en un contexto marcado por altos niveles de estrés y preocupación.

El fuerte aumento de los precios agrava el hambre

Aunque el 65 % de los hogares encuestados afirmaron poder satisfacer sus necesidades alimentarias básicas, un preocupante 34 % indicaron que al menos un miembro de la familia se acostaba sin comer.

Además, el 54,8 % de los adultos afirmaron haber reducido el tamaño de las porciones o la frecuencia de las comidas para dar prioridad a la alimentación de los niños y los ancianos, lo que constituye una clara prueba del estrés nutricional.

En enero, los precios de los alimentos se dispararon y la tendencia empeoró tras los recientes acontecimientos militares. Un kilogramo de carne de vaca que en diciembre se vendía por unos 12 dólares, ahora se vende en algunos establecimientos por hasta 25 dólares. Del mismo modo, el precio de una bolsa de 900 g de leche en polvo se duplicó, pasando de 11 dólares en diciembre a 20 dólares en enero.

El Fondo Monetario Internacional estimó que la inflación en Venezuela alcanzará el 548 % en 2025 y que la devaluación de la moneda será del 414,39 %, dos factores que afectan directamente al coste de la cesta básica de alimentos.

«Los recursos de las familias, ya sean alimentos o dinero, se están agotando, y la inflación persistente está agravando aún más la ya deteriorada situación nutricional de los niños en el país», afirmó Shirley Hidalgo, directora de operaciones de World Vision para Venezuela y Colombia, donde 7 de cada 10 hogares viven en la pobreza.

Por esta razón, World Vision hace un llamado urgente para garantizar la financiación humanitaria y el acceso seguro necesarios para reforzar la seguridad alimentaria y la protección de los niños y las familias en Venezuela.

Debilitamiento de los entornos protectores

La evaluación de World Vision también revela una relación directa entre el clima de incertidumbre y el aumento de las tensiones en los hogares. El 26 % de las familias informaron haber sufrido incidentes de violencia doméstica durante el período de evaluación.

«Cuando los recursos emocionales de los cuidadores se agotan debido al estrés, algunos reaccionan con violencia hacia los miembros más vulnerables del hogar», subrayó Hidalgo. El hecho de que este porcentaje se haya registrado en un período tan corto indica una violencia aguda, lo que supone un riesgo crítico para la protección de los niños, según el estudio.

World Vision insta a la comunidad internacional a reforzar los mecanismos de protección infantil, ampliar el apoyo psicosocial a las familias y los niños, y garantizar la financiación necesaria para prestar ayuda humanitaria, dando prioridad a la seguridad, la nutrición y el bienestar emocional de los niños en Venezuela.

Niños que muestran signos de trauma y ansiedad reactiva

La inestabilidad también está afectando a la salud mental de las niñas, niños y adolescentes. El 56 % declaró haber experimentado angustia emocional, que se manifestaba en forma de trastornos del sueño, ansiedad y desregulación alimentaria, incluida la pérdida de apetito.
La rapidez con la que aparecieron estos síntomas sugiere la exposición a acontecimientos traumáticos de alta intensidad en un breve periodo de tiempo.

Se denunciaron casos de violencia física o verbal contra los niños por parte de sus cuidadores incluso en las primeras 72 horas del periodo de evaluación, lo que refleja cómo la tensión social y geopolítica se traduce directamente en la dinámica familiar.

La organización reitera su compromiso de seguir vigilando la situación y apoyando a las comunidades más vulnerables mediante programas humanitarios y de protección.

Declaración de Belém sobre el Hambre, la Pobreza y la Acción Climática Centrada en las Personas

Elaborada en colaboración con el Consejo de Campeones de la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza, la “Declaración de Belém sobre el Hambre, la Pobreza y la Acción Climática Centrada en las Personas” afirma que la resiliencia climática es inseparable de la justicia social, y que el desarrollo sostenible requiere garantizar el derecho humano a la alimentación. La Declaración será adoptada formalmente en la Cumbre de Líderes de la COP30 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

BITÁCORA DE ESPERANZA: Una respuesta que traspasó fronteras

Durante seis años, Esperanza sin Fronteras marcó un antes y un después en la protección de la niñez migrante en América Latina y el Caribe.
Más de un millón de atenciones, cientos de alianzas locales y miles de historias de resiliencia dan forma a esta bitácora viva que celebra la fe, la dignidad y la esperanza.

En este informe, World Vision comparte los aprendizajes, innovaciones y testimonios que surgieron de una de las respuestas humanitarias más significativas de la región.
No es solo un cierre: es un legado que continúa floreciendo en cada comunidad, iglesia y familia que decidió abrir sus puertas para acompañar a quienes cruzan fronteras buscando un futuro mejor.

Un llamado para proteger la acción humanitaria ante las amenazas crecientes y los recortes mundiales de ayuda | Día Mundial de la Ayuda Humanitaria 2025

Londres/Ginebra, 14 de agosto de 2025  

El Día Mundial de la Ayuda Humanitaria 2025 llega en un momento crítico para la comunidad humanitaria mundial. El tema de este año, #ActForHumanity, subraya una triple crisis: la violencia en aumento contra los trabajadores humanitarios, la crisis de legitimidad y los recortes de financiación sin precedentes que han sacudido el sistema humanitario global y, como resultado, amenazan los cimientos mismos de la respuesta humanitaria. 

Trabajadores humanitarios bajo ataque 

En 2024, 383 trabajadores humanitarios¹ fueron asesinados en el cumplimiento de su deber, una cifra récord. Hasta agosto de 2025, otros 248 han perdido la vida, siendo el personal nacional el más afectado en contextos de alto riesgo como Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Líbano, los Territorios Palestinos Ocupados, Myanmar, Ucrania y Siria. El 2025 ya apunta a ser aún peor. Si la tendencia actual continúa, este año se convertirá en el más letal registrado para el personal humanitario. 

Esta alarmante trayectoria exige una acción urgente. Es imperativo que los gobiernos y actores armados cumplan con la Resolución 2730 (2024) del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la Protección de los Trabajadores Humanitarios, y se comprometan con la próxima Declaración para la Protección del Personal Humanitario. Esto reforzaría la necesidad de investigaciones, rendición de cuentas y respeto del Derecho Internacional Humanitario, poniendo fin a la impunidad por ataques contra trabajadores humanitarios y garantizando un acceso seguro y sin trabas a las poblaciones necesitadas. 

 

¹ Nota: estas cifras provienen de la Base de Datos de Seguridad de los Trabajadores Humanitarios. Las cifras podrían ajustarse ligeramente para la publicación oficial anual de la UNOCHA el 19 de agosto, Día Mundial de la Ayuda Humanitaria. 

 

Recortes globales de financiación: una crisis silenciosa 

La violencia no es la única amenaza. El sector humanitario enfrenta una severa contracción financiera. 

El informe más reciente de World Vision, “Hunger, Harm and Hard Choices”, revela el devastador impacto que los recortes en la financiación humanitaria están teniendo en niños desplazados y sus familias en 13 países afectados por crisis. Las familias que sufrieron recortes en la asistencia alimentaria fueron las más vulnerables; tenían 5,4 veces más probabilidades de padecer inseguridad alimentaria moderada o grave y reportaron peores resultados educativos y de protección infantil. 

Con la financiación humanitaria global en declive, el impacto sobre los niños más vulnerables y sus familias es grave, desde el desmantelamiento de servicios críticos como salud de emergencia y protección infantil, hasta educación y reducción de riesgos de desastres. 

Según la Perspectiva Humanitaria Global 2025, se requieren 45,48 mil millones de dólares para asistir a 181,2 millones de los 300 millones de personas necesitadas en 72 países. Sin embargo, a mitad de año, solo se ha reportado el 16,8% de esa financiación, 7,64 mil millones de dólares, lo que representa una caída del 40% en comparación con el mismo período de 2024. 

En respuesta, actores humanitarios en todo el sistema, incluidas agencias de la ONU, ONGI y organizaciones locales, se han visto obligados a reducir drásticamente operaciones y “hiperpriorizar”. Esto no es una elección estratégica, sino un reflejo del fracaso sistémico para cubrir las crecientes necesidades globales. La brecha entre las necesidades urgentes y los recursos está dejando atrás a decenas de millones de personas, poniendo en duda la capacidad de la comunidad internacional para responder. 

“El Día Mundial de la Ayuda Humanitaria es cuando honramos a quienes sirven en los lugares más peligrosos del mundo”, dijo Isabel Gomes, Líder Global de Gestión de Desastres de World Vision International. “Pero mientras la violencia amenaza su seguridad, los recortes presupuestarios amenazan su capacidad de servir. Cuando recortas la financiación, recortas la ayuda crítica a niños y familias que viven en desesperación.” 

El sistema humanitario entero está en riesgo. Miles de empleos humanitarios ya se han perdido. Programas completos a nivel nacional están detenidos. El sector pasa de la recuperación y la resiliencia a la mera supervivencia. 

“Debemos enfrentar una dura realidad,” añadió Gomes. “Los trabajadores humanitarios están menos protegidos que nunca y los sistemas que sostienen están siendo desmantelados. Sin una acción urgente, el costo se medirá no solo en empleos perdidos, sino en vidas perdidas.” 

Crisis de legitimidad: la erosión de la confianza 

Más allá de la violencia y la financiación, los actores humanitarios enfrentan una crisis de legitimidad. Las comunidades cuestionan cada vez más los motivos, la eficacia y la relevancia de los esfuerzos humanitarios. Cuando la ayuda se percibe como politizada y de arriba hacia abajo, pierde autoridad moral, socavando el acceso y la protección. 

A pesar de la evidencia abrumadora de que invertir en la niñez genera beneficios a largo plazo—hasta 10 dólares por cada dólar invertido, la ayuda global para la infancia está en declive. En 2023, según el informe «ODA at the Crossroads« de World Vision, solo el 11,5% de la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) se destinó a iniciativas centradas en la infancia, frente al 13% del año anterior. Esta caída se produce en un momento en que los niños sufren de manera desproporcionada las crisis globales—desde conflictos y choques climáticos hasta hambre y desplazamiento. La tendencia refleja una preocupante erosión de la solidaridad internacional y la confianza en el sistema humanitario, justo cuando más se necesita. 

La base de la acción humanitaria es la confianza y la rendición de cuentas. Cuando la confianza en los sistemas humanitarios disminuye, los trabajadores en primera línea enfrentan mayores riesgos, la confianza de los donantes se debilita y la efectividad de toda la respuesta se ve comprometida. 

Esperanza valiente: reconstruir la acción humanitaria en medio de la crisis 

En la última década, World Vision ha aumentado en un 188% su inversión en contextos frágiles. En 2024, se destinaron 744 millones de dólares a programas innovadores en los ámbitos humanitario, de desarrollo y de paz en 22 de los países y regiones subnacionales más frágiles donde opera. 

En el año fiscal 2024, World Vision alcanzó el mayor número de niños vulnerables en un solo año en su historia de gestión de desastres. Más de 35 millones de personas, incluidos 19 millones de niños, en 65 países, participaron en programas humanitarios de la organización. 

Actualmente, World Vision prioriza la recaudación de fondos para diez países gravemente afectados por recortes: Afganistán, República Democrática del Congo, Haití, Líbano, Malí, Myanmar, Somalia, Sudán del Sur, Sudán y Siria—donde la reducción de programas pone en riesgo servicios vitales mientras las necesidades humanitarias siguen siendo críticas. 

“A medida que se redefine la arquitectura humanitaria y cambia el panorama de financiación, nuestro compromiso inquebrantable de servir a los más vulnerables sigue firme”, afirmó Gomes. “Junto con donantes institucionales, organizaciones basadas en la fe, corporaciones, gobiernos y otros socios, debemos reimaginar el sistema humanitario como descentralizado, inclusivo y responsable, donde el poder se comparta, los recursos sean flexibles y las comunidades vulnerables estén en el centro de la toma de decisiones.” 

Contactos: 
Para entrevistas con los medios, comunicarse con Annila Harris, Asesora Senior de Comunicaciones y Participación Humanitaria 

Correo electrónico: annila_harris@wvi.org 

World Vision es una organización humanitaria cristiana dedicada a trabajar con niños, familias y sus comunidades para que alcancen su máximo potencial, abordando las causas profundas de la pobreza y la injusticia. World Vision sirve a todas las personas, sin distinción de religión, raza, etnia o género. Realiza esfuerzos humanitarios que salvan vidas gracias a la inversión de numerosos socios, incluidos donantes institucionales, organizaciones basadas en la fe, corporaciones y gobiernos. Para más información, visite www.wvi.org. 

Más allá de la supervivencia: Garantizar el derecho a la alimentación frente a los recortes globales en la ayuda humanitaria

Por Amanda Rives, Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos, Gestión de Desastres, World Vision

Julio de 2025

El hambre se intensifica a nivel mundial a medida que las crisis provocadas por el ser humano se multiplican. A pesar de que la alimentación, la protección y la asistencia humanitaria son derechos humanos universales, el número de personas que no logran obtener alimentos suficientes y nutritivos sigue aumentando.

En 2024, en 26 crisis nutricionales, cerca de 38 millones de niñas y niños menores de cinco años sufrieron desnutrición aguda, y más de 295 millones de personas en 53 países enfrentaron inseguridad alimentaria aguda. Esta tendencia preocupante refleja un aumento constante desde 2016.

La Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC), principal herramienta de análisis multiactor para la toma de decisiones humanitarias en torno a la alimentación, indica que la inseguridad alimentaria aguda ocurre cuando se interrumpen las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, uso y estabilidad de los alimentos. Esto conlleva a una escasez severa de alimentos, malnutrición, y al uso de estrategias irreversibles como el matrimonio infantil o la venta de medios de subsistencia.

A medida que los conflictos, la inestabilidad económica y los eventos climáticos extremos destruyen sistemas alimentarios y medios de vida, la necesidad de asistencia alimentaria humanitaria y de inversiones sostenibles en seguridad alimentaria aumenta rápidamente. Sin embargo, los recortes en la financiación humanitaria global están desmantelando las redes de seguridad de las que dependen millones de familias en crisis.

A mayo de 2025, la financiación para el sector de seguridad alimentaria alcanzaba solo 1.900 millones de dólares, frente a los 12.400 millones requeridos para satisfacer las necesidades humanitarias globales.

 

El hambre es una falla colectiva, no un fenómeno natural

Las crisis alimentarias actuales no son desastres naturales inevitables, sino resultado de una falla colectiva del sistema internacional. La negligencia frente al cambio climático, los conflictos prolongados y el debilitamiento de los marcos diplomáticos han expuesto a millones de personas en contextos frágiles. Los instrumentos legales internacionales diseñados para proteger a los civiles y garantizar el acceso humanitario son violados con impunidad.

Cada año, World Vision presenta un informe que documenta los impactos de los vacíos en la asistencia alimentaria para las niñas, niños y familias más vulnerables, especialmente en contextos de conflicto armado, cambio climático y crisis prolongadas. Este año, el estudio se centró en 13 países e incluyó los testimonios de personas desplazadas y comunidades de acogida, que enfrentan juntas las múltiples implicaciones del hambre.

El informe confirma que los efectos del aumento de la inseguridad alimentaria son devastadores, generalizados y profundizados por la reducción de la asistencia disponible.

Todos tienen derecho a la alimentación y a la asistencia humanitaria

El derecho a la alimentación está respaldado por múltiples marcos legales reconocidos internacionalmente. El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 reconoce el derecho fundamental de toda persona a estar libre de hambre, mientras que la Convención sobre los Derechos del Niño establece que todos los niños y niñas tienen derecho a una alimentación adecuada y nutritiva.

En 2018, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 2417, que condena el uso del hambre como arma de guerra. La resolución insta a todas las partes en conflicto a proteger a la población civil y a no dañar instalaciones necesarias para la producción y distribución de alimentos.

A pesar de las omisiones actuales, el Derecho Internacional Humanitario (DIH) reconoce el derecho de la población civil en contextos de conflicto a recibir asistencia humanitaria, y exige a las partes en conflicto garantizar el acceso sin restricciones.

Por tanto, proteger a los civiles, ofrecer asistencia y promover la seguridad alimentaria no son actos de caridad: son obligaciones legales que deben cumplirse para garantizar los derechos de quienes viven en crisis.

 

El conflicto armado es el principal detonante del hambre

La violencia y la inseguridad son las principales causas de las crisis alimentarias. En 2024, 139,8 millones de personas que viven en zonas de conflicto experimentaron altos niveles de inseguridad alimentaria aguda.

A pesar de las garantías del Derecho Internacional Humanitario y la Resolución 2417, se confirmó hambruna en Sudán en 2024, y se considera inminente en lugares como Gaza, Haití, Malí y Sudán del Sur.

Los conflictos destruyen cultivos, carreteras, reservas alimentarias, viviendas e infraestructuras esenciales. Millones de personas se ven forzadas a huir, pierden todo y quedan desconectadas de recursos básicos.

Asimismo, más del 71% de las personas refugiadas en el mundo son acogidas por países de ingresos bajos y medios, lo que pone una presión inmensa sobre comunidades que ya enfrentan pobreza, cambio climático e inestabilidad política.

 

Los recortes en raciones socavan el bienestar y aumentan la dependencia

La asistencia alimentaria está dirigida a las personas más vulnerables, como aquellas desplazadas o atrapadas en zonas de conflicto, sin libertad de movimiento, sin ingresos ni opciones de subsistencia.

Por eso, los recortes en raciones son devastadores.

El informe de World Vision revela que el 45% de las familias encuestadas experimentaron recortes en la asistencia alimentaria antes de enero de 2025. Estas familias eran 5,4 veces más propensas a enfrentar inseguridad alimentaria aguda.

Tanto las personas desplazadas como las comunidades de acogida expresan el deseo de ser autosuficientes, de dejar atrás la lucha diaria por sobrevivir y construir un futuro.

Pero los recortes profundizan la dependencia. Lo que antes apenas alcanzaba para sobrevivir, hoy ni siquiera cubre lo básico. Muchas familias se ven forzadas a tomar decisiones a corto plazo que pueden perjudicar el desarrollo y la protección de sus hijas e hijos.

 

¿Qué podemos hacer para garantizar el derecho a la alimentación?

  • Invertir en seguridad alimentaria como base para el bienestar integral de niñas, niños y familias.
  • Asegurar que las acciones humanitarias e iniciativas de incidencia estén basadas en derechos y en marcos legales vinculantes.
  • Escuchar a las comunidades afectadas por el hambre, e invertir en resiliencia y autosuficiencia, no solo en la sobrevivencia.
  • Apoyar los mecanismos positivos de afrontamiento, y fortalecer lo que las comunidades ya hacen para cuidarse.
  • Implementar intervenciones comprobadas, como transferencias en efectivo, alimentación escolar, inclusión financiera, desarrollo de habilidades y apoyo psicosocial.
  • Promover la paz, proteger a la población civil y exigir rendición de cuentas ante violaciones al Derecho Internacional Humanitario.

La comunidad internacional debe renovar su compromiso para acabar con el hambre

Cuando los actores internacionales no cumplen sus obligaciones en materia de protección y asistencia, las consecuencias recaen en las personas más vulnerables: niñas, niños y familias atrapadas en crisis.

Tal como muestra el informe de World Vision, tener acceso a alimentos suficientes no es solo una necesidad biológica. Es la base para la educación, la protección infantil, la salud mental y la estabilidad económica.

La asistencia alimentaria no debe centrarse únicamente en sobrevivir. Debe ser el primer paso hacia la resiliencia, la autosuficiencia y una libertad duradera del hambre.

Es momento de actuar con urgencia, valentía y compromiso. Debemos abordar las causas estructurales del hambre, proteger a la población civil, fortalecer los sistemas alimentarios y hacer realidad el derecho a la alimentación.

No es una opción. Es nuestro deber.

 

Sobre la autora
Amanda Rives es Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos para la Gestión de Desastres de World Vision. Anteriormente, fue Directora Regional de Incidencia y Política para Medio Oriente y Europa del Este, y lideró programas de protección infantil en América Latina y el Caribe. Es reconocida con el Hunger Leadership Award 2025 del Congresional Hunger Center por su liderazgo en seguridad alimentaria en contextos humanitarios. Es ex voluntaria del Peace Corps, Mickey Leland Hunger Fellow, y cuenta con títulos en relaciones internacionales por George Washington University y desarrollo internacional por American University.