Historias
“Me preocupan todos los riesgos que tenemos por la falta de agua”
Belén, de 12 años, habita en una zona urbana en el Corredor Seco Centroamericano en El Salvador. En este video, ella alza su voz ante los desafíos que enfrenta su familia y su comunidad por la escasez de agua.
“En mi colonia tenemos agua de grifo en las casas y nos racionan el agua y cae solo dos veces a la semana”, dice.
Conoce más sobre el Corredor Seco y de la iniciativa de World Vision para impactar positivamente la vida de 10 millones de personas en esta región.
Sin agua y sin comida, cada día es un reto
Carlitos es un niño de Guatemala que habita en el Corredor Seco Centroamericano, una región altamente afectada por el cambio climático. En este video nos cuenta cómo es vivir aquí y cuáles son los desafíos que tienen él y su familia para conseguir agua y alimentos.
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Lusmara, Amarilys y Belzabeth, ángeles de esperanza en Brasil
Conoce a tres increíbles mujeres migrantes venezolanas, Lusmara, Amarilys y Belzabeth, quienes se han convertido en verdaderos ángeles de esperanza en Brasil. A través de su labor con World Vision, están extendiendo amor y solidaridad a sus compatriotas en momentos de necesidad.
¡Descubre cómo su experiencia y corazón bondadoso están marcando la diferencia!
Espacios de esperanza para la niñez migrante en Pacaraima
En el norte de Brasil, en la frontera con Venezuela, Pacaraima es el punto de encuentro entre dos realidades, dos culturas y dos idiomas. En medio de un flujo constante de migrantes venezolanos que cruzan la frontera en busca de un futuro mejor, Pacaraima se ha convertido en un símbolo de esperanza y desafío. Aquí, “Esperanza sin fronteras” de Visão Mundial Brasil ha levantado seis “Espacios Amigables para la niñez migrante”. Esta iniciativa busca la integración y la convivencia pacífica entre propios y extranjeros.
Pacaraima es la puerta de ingreso más transitada de migrantes venezolanos hacia Brasil. Esta situación representa desafíos para una ciudad de más de 18 mil habitantes (dato a 2021) y que recibe diariamente a más de 500 personas. Uno de los efectos de este flujo humano constante dio paso a asentamientos espontáneos, donde las familias a menudo se encuentran viviendo en condiciones precarias y careciendo de servicios básicos como agua, saneamiento, alimentación, salud, vivienda, entre otros.
Niñas, niños y adolescentes, que representan aproximadamente la mitad de la población migrante en estos asentamientos, son particularmente vulnerables a esta situación. Muchos de ellos enfrentan dificultades para acceder a la educación. La falta de documentación, revalidación de estudios o los escasos recursos de sus familias para costear los gastos escolares son barreras que amenazan con limitar sus oportunidades y comprometer su futuro.

En este contexto, los Espacios Amigables para la niñez migrante han surgido como un refugio de apoyo y esperanza. Estos lugares, establecidos por el proyecto “Esperanza sin fronteras” de Visão Mundial Brasil, en colaboración con socios locales, buscan llenar los vacíos que existen en la atención y el apoyo educativo. Más allá de ser unas aulas, estos espacios son lugares de encuentro, aprendizaje y crecimiento.
Dentro de estos Espacios Amigables, niñas, niños y adolescentes pueden participar en actividades educativas, recreativas y emocionales diseñadas para ayudarlos a enfrentar los desafíos que tienen. Aquí, pueden aprender portugués, que es esencial para su proceso de integración. También pueden participar en actividades recreativas que les permiten expresarse, liberar tensiones y forjar amistades con otros niños que comparten sus experiencias.
“Aquí les ayudamos con sus tareas y les entregamos materiales escolares. Tenemos tiempo para aprender con juegos las costumbres de nuestro nuevo país y también recordamos juegos de Venezuela. Queremos que los niños no se olviden de su país”, dice Juliannys Villarroel, madre migrante voluntaria que apoya en uno de los espacios amigables de World Vision en Pacaraima.
La migración es un proceso que puede generar estrés, ansiedad y un sentido de pérdida en niñas, niños y adolescentes por eso los Espacios Amigables también brindan apoyo emocional. Estos espacios se han convertido en lugares donde pueden expresar sus sentimientos, compartir sus experiencias y recibir acompañamiento emocional de sus facilitadores.
Las historias de resiliencia emergen de estos espacios. Miguel Ángel, de 9 años, llegó a Pacaraima hace cinco meses con su familia. El niño encontró en el Espacio Amigable de la Niñez Migrante un lugar para aprender sobre nutrición y salud. Con entusiasmo, comparte cómo ahora entiende la importancia de una alimentación equilibrada y las ganas que tiene de preparar un pastel con una receta que le dio su profesora. “Aprendí que los grupos alimenticios más importante son los carbohidratos, las proteínas, los vegetales y las frutas. A mí y mis hermanos nos gustan mucho las frutas que comemos aquí (en el espacio amigable). Además, estoy contento porque aquí tengo tres comidas al día, algo que no pasaba en mi país”, dice el niño.
Estos espacios no solo están marcando una diferencia en la vida de niñas, niños y adolescentes, también están contribuyendo a la construcción de un sentido de comunidad y pertenencia. En medio de la incertidumbre y el cambio, los Espacios Amigables se han convertido en un punto de encuentro donde la niñez migrante puede encontrar consuelo, apoyo mutuo y la oportunidad de construir un futuro más prometedor.
Estos espacios son un testimonio del poder de la comunidad y la resiliencia humana. A medida que estas niñas, niños y adolescentes continúan en su viaje de adaptación y crecimiento, los Espacios Amigables les brindan un refugio donde pueden cultivar la esperanza y forjar un futuro lleno de posibilidades.
Josi: ¡De mayor quiero ser jugadora!
Espontánea, a los 10 años, Josi siempre tiene una respuesta o un comentario en la punta de la lengua. Cursando el 5to grado de la escuela primaria, ya tiene una materia favorita en la escuela: matemáticas. Fuera de las clases, juega con muñecas, al fútbol y le encanta hacer trenzas, “lo aprendí en YouTube y se las hago a mis hermanas”, dice.
Pero hace algún tiempo, el juego callejero se convirtió en una nueva pasión. Josi es una de las 160 niñas atendidas por el proyecto Futebol Delas, de World Vision Brasil en Recife (PE). La iniciativa utiliza el deporte como herramienta para combatir la violencia de género y, además de actividades físicas con las niñas, ofrece talleres y formación informativa en escuelas públicas de 4 comunidades de la ciudad.
El proyecto es una asociación entre la organización con Mastercard y el Consejo Municipal de Defensa de los Derechos del Niño y del Adolescente de Recife (COMDICA). Para World Vision, la asociación responde a una demanda urgente de la sociedad. Trabajando el tema Violencia de Género desde edades tempranas, el proyecto quiere demostrar que es posible cambiar la realidad de estas futuras mujeres, fortaleciendo este mensaje en sus comunidades y, desde ellas, amplificando esta transformación a otras personas.
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Josi es la quinta hija de Alex y Jocasta, que tienen al pequeño Alessandro, de 8 años. La familia conoció a World Vision Brasil en el momento más crítico de la pandemia, cuando se vio luchando por mantener sus provisiones y su hogar. Su situación ya es desafiante debido a sus dos hijas con necesidades especiales y, al no tener un ingreso fijo, contar con el apoyo de la organización fue fundamental para atravesar este período.
Hoy, la familia vive días mejores e insiste en incluir a sus niños en las diversas iniciativas que ofrece World Vision Brasil. El más reciente de los proyectos acaba de brindar una oportunidad que ellos no podían imaginar: después de un proceso de selección con decenas de chicas de Futebol Delas, Josi fue elegida para protagonizar la nueva campaña de Mastercard por la Copa Mundial Femenina, que arranca el día 20.
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Con todos los gastos pagados, Josi partió con su padre y el equipo de World Vision Brasil hasta Curitiba (PR), donde se han grabado las escenas de la campaña. Toda la experiencia, en sí mismo ya era un parteaguas para ella. “¡La primera vez que viajé en avión!”, dijo emocionada. En Curitiba, el contacto con el clima más frío, las comidas que nunca había probado y, viviendo días como un artista, le deparó buenos recuerdos.
«Es muy diferente, pero me ha gustado». Feliz, Josi ponía atención a las directrices de la producción. La grabación duró mucho, pero Josi casi no podía esperar a la escena principal: “Quiero jugar a la pelota”, decía durante los descansos de la grabación. La escena más esperada se registró con la presencia de otras chicas, ya acostumbradas a esta rutina de focos. El resultado final ya se puede ver.
Orgulloso, el padre, Alexsandro, siguió todo de cerca y se preocupó de mostrar a los otros niños que sí se puede. “Estoy muy agradecido por estos días, por todo el cuidado que World Vision nos ha brindado a mí y a mi familia desde siempre, y especialmente aquí en estos últimos días. No veo la hora de ver a Josi en la tele”, declaró. Como organización, World Vision quiere ver a Josi en la televisión, en el fútbol y donde quiera que ella desee estar.
Esmeralda, la defensora de los derechos de la niñez en Costa Rica
Esmeralda, una estudiante de ciencias políticas en la Universidad de Costa Rica, ha dedicado su joven vida a luchar por los derechos de niñas, niños y adolescentes. Es una figura ejemplar de valentía y pasión, comprometida con la eliminación de las violencias que, tristemente, muchos de estos jóvenes enfrentan a diario.
De niña, Esmeralda jugaba con sus primos y aprendió a ser fuerte y valiente, a pesar de que ellos siempre estaban dispuestos a defenderla. Esas lecciones de infancia le han servido para enfrentar los desafíos de su labor como defensora de los derechos humanos.
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Esmeralda se considera una guerrera en la lucha contra la violencia hacia niñas, niños y adolescentes. Cree firmemente que, al erradicar estas violencias, podemos construir sociedades basadas en el respeto y la protección de estos grupos vulnerables.
Y aunque su camino no ha estado exento de obstáculos, como el adultocentrismo y la falta de recursos, estos desafíos solo han reforzado su determinación. Se siente inspirada por las experiencias que ha compartido con otros jóvenes y se emociona al pensar en la adolescente que una vez le dijo que aspiraba a ser como ella.
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Mirando hacia el futuro, Esmeralda espera continuar su labor de incidencia mientras concluye su carrera universitaria. Suena con colaborar con ONG’s a nivel profesional y, quizás, incluso fundar su propia organización para empoderar a niñas, niños y adolescentes con las herramientas necesarias para vivir vidas plenas y seguras.
Para Esmeralda, la bondad, la valentía, la pasión, la creación y la construcción no son solo palabras; son los pilares de su compromiso con un mundo mejor. Su historia es un recordatorio de que todos y todas tenemos el poder de hacer una diferencia y de que ninguna acción es demasiado pequeña para generar un cambio real.