Historias

Carretilla de Esperanza: La Lucha por la Supervivencia y la Resiliencia

Fernanda despierta cada día con la incertidumbre pegada al pecho, pero sin permitir que el
miedo la detenga. Es madre, esposa y vendedora ambulante en la zona Fronteriza entre
República Dominicana y Haití, donde la falta de empleo y oportunidades ahogan a muchos.

Con su carretilla llena de ropa de segunda mano, recorre las calles bajo el sol abrasador con la esperanza de vender lo suficiente para llevar alimento a su hogar.

Algunos días son buenos, pero en su mayoría, vuelve a casa con los bolsillos casi vacíos, sin
haber conseguido siquiera para una botella de agua. Sin embargo, no se permite el lujo de rendirse. Sabe que su familia depende de su esfuerzo.

Su esposo solo consigue trabajo en tiempos de zafra, cuando la cosecha de arroz le permite
proveer momentáneamente. Pero fuera de esa temporada, la vida se vuelve aún más cuesta arriba. La escasez aprieta, le necesidad se presenta.

Fernanda es consciente de su realidad. No niega que hay días duros, pero los acepta con la
esperanza de que vendrán tiempos mejores. Mientras sus 4 hijos estudian, ella empuja su
carretilla con la determinación de quien sabe que no puede detenerse. Sueña con un pequeño establecimiento propio, con ver a sus hijos crecer sanos, con valores, con oportunidades que
a ella le fueron negadas.

Cada paso que da es un acto de resistencia, cada venta una pequeña victoria. Su carretilla no solo lleva ropa; carga también su esperanza, su lucha y el amor inmenso por su familia, que la mantiene de pie.

Entre dos infiernos: violencia de pandillas y deportaciones forzadas

En la luz gris del amanecer, vinieron por Rosemerline. Una mujer embarazada de 24 años, frágil y olvidada en un mundo que alguna vez prometió refugio. Fue detenida. Sus captores no mostraron respeto por su humanidad, solo una eficiencia brutal para expulsarla. Un camión la llevó de regreso a Haití, como en una jaula, sofocante.

“Me llevaron a las 5 de la mañana”, susurró Rosemerline, con la voz temblorosa bajo el peso de una historia vieja y familiar. “Llegamos a la 1 de la tarde”. Nueve horas—apretados unos contra otros, sin espacio para respirar, sin espacio para moverse. Como si el tiempo se hubiera doblado sobre sí mismo, dibujando una línea continua entre el presente y los horrores del pasado. No había aire, ni agua, ni dignidad—solo cuerpos, apilados como carga, olvidados.

“No podía respirar”, dijo, con la voz quebrada. No hubo misericordia para las madres, ni consideración por la vida que crecía dentro de ella. En ese camión, no importaba si una mujer llevaba un bebé en el vientre o en los brazos—las familias eran separadas, despojadas de lo poco que les quedaba de humanidad.

“Te llevan tengas zapatos o no”, dijo. “Estés vestida o medio desnuda, no les importa.” Las palabras cayeron como piedras, pesadas y duras, resonando a través de los siglos. Mujeres, niños, hombres—descalzos, rotos, encadenados. Los captores de Rosemerline arrancaban personas de sus hogares, indiferentes a sus gritos, transportándolos como mercancía, como propiedad—ahora atrapados por cadenas invisibles de indiferencia y deshumanización.

Las carreteras de República Dominicana, sinuosas y rugosas, se convirtieron en el “pasaje medio” de Rosemerline—un calvario de dolor y pérdida. Las condiciones sufridas fueron una violación a los derechos humanos—una crueldad familiar, disfrazada con otro nombre. Al ser descargados, arrojados al costado, Rosemerline quedó enfrentando el amargo sabor del abandono, sus sueños magullados por la dureza de la realidad. Ella, como las mujeres y hombres antes que ella, como los 11,000 deportados esta semana, fue tratada como si no fuera plenamente humana—como si su existencia fuera una carga que debía ser descartada, sus sueños desechados junto con su dignidad.

Sin embargo, en medio de la desesperanza asfixiante, Rosemerline se aferra a la esperanza. Su espíritu, aunque golpeado, se niega a quebrarse. Habiendo estudiado artes culinarias, imagina un futuro donde pueda construir un negocio, donde sus manos puedan crear en lugar de estar atadas. Sus circunstancias son duras—su madre ha fallecido, su padre es ciego, sus hermanos están escondidos en las colinas, huyendo del asedio de las pandillas en Arcahaie. Pero incluso ahora, con el peso de sus luchas, Rosemerline sueña.

“Para quedarme en mi país, sueño con tener un negocio”, dice, sus palabras son una rebelión silenciosa contra las fuerzas que buscan desarraigar su vida. Planea terminar sus estudios de secundaria después de dar a luz, recuperar el futuro que le fue robado. Hace un llamado al gobierno haitiano, suplicando por un mundo donde los jóvenes puedan vivir con dignidad, donde el empleo y la seguridad les den razones para quedarse en casa, sin la vergüenza de la deportación pendiendo sobre sus cabezas.

Su fe, inquebrantable ante sus pruebas, la ancla en medio de la tormenta. “Recen para que los bandidos bajen las armas”, suplica, creyendo en el poder de la oración para mover montañas. “Dios lo puede todo. Cuando recen, pídanle a Dios que limpie nuestro país, que nos una.”

El viaje de Rosemerline es un espejo que refleja los horrores del pasado y las injusticias del presente. Mientras ella se aferra a la esperanza, se nos llama a actuar, para asegurar que su historia —y las de tantos otros— no se pierdan en la indiferencia de la historia.

World Vision se solidariza con Rosemerline y con los incontables atrapados entre dos infiernos: entre la violencia de las pandillas y la brutalidad de las deportaciones forzadas. Juntos, hacemos un llamado a la comunidad internacional, al gobierno haitiano y a la Iglesia a asumir el desafío. Es hora de romper las cadenas —las antiguas y las nuevas— y trabajar por un Haití donde cada vida sea tratada con la dignidad y el respeto que merece.

Glenys, la cocinera y emprendedora venezolana que logró surgir en Cerro Chuño

Glenys García (42 años) es venezolana y llegó a Chile en noviembre del 2021 junto a su marido, tres hijos y una nieta. Con su familia arribó directamente al asentamiento irregular de Cerro Chuño en la comuna de Arica, en el norte del país, logrando contar con un espacio donde residir con los ahorros que tenían. Los dos hijos adolescentes entraron al colegio, y su hija más grande apoyaba en labores de cuidado.

Si bien su marido empezó trabajado en pequeñas labores de construcción, Gladys se dio cuenta que también era necesario que ella misma aportara a la economía del hogar, por lo tanto, cuando una vecina la motivó a vender desayunos para los vecinos de la población, ella se motivó. Utilizó los conocimientos que tenía sobre cocina y todo lo que le quedó de sus ahorros para construir un pequeño puesto de comida que inició con un toldo donde vendía desayunos con empanadas venezolanas.

Una vez que logró establecerse y comenzar con su emprendimiento, la vecina que inicialmente la había apoyado le solicitó irse del lugar, ya que ella también puso su propio negocio y no la quería cerca ya que le afectaba su clientela. Por lo que Gladys tuvo que buscar un lugar diferente donde pudiera continuar con su local de comida.

UN APOYO PARA CRECER

Fue en esos meses cuando se encontró con la organización internacional World Vision, quienes se encontraban apoyando líneas de emprendimiento. Al principio, fue beneficiaria de cash transfer para comprar mercadería para su negocio, luego recibió un taller de empoderamiento para emprendedoras, accedió a cursos de repostería y posteriormente la consideraron para un “capital semilla” recurso que utilizó para continuar comprando materia prima para su local de empanadas.

El impacto que ha tenido en su vida el apoyo de World Vision ha sido significativo en múltiples aspectos. Desde el ámbito económico, ha recibido el respaldo necesario para fortalecer su emprendimiento a través del “capital semilla”, y más allá de lo monetario, los conocimientos adquiridos en los talleres han sido una herramienta invaluable en su desarrollo personal y familiar, cuenta Glenys. Un ejemplo es el taller de empoderamiento que la ayudó a comprender y manejar mejor sus emociones y poder aplicarlo con sus propios hijos en el hogar. El curso de marketing, cuenta, la ayudó a fortalecer sus conocimientos y administrar mejor sus recursos.

Por otro lado, el poder participar en los talleres no solo le ha brindado herramientas y conocimientos valiosos, sino que también ha sido una puerta de entrada para su integración en la sociedad. A través de estos espacios ha tenido la oportunidad de conocer a personas solidarias y generosas que con su apoyo y buena voluntad han contribuido a su crecimiento y bienestar, ya que con estos encuentros y con la ayuda de WV ha podido crear una red de apoyo que le brinda confianza y seguridad. También al compartir su experiencia con otras personas en situaciones similares, ha creado lazos de amistad y colaboración que la motivan a seguir adelante y así mismo ir dando consejos o recomendaciones a quienes están en su misma situación.

UN EJEMPLO PARA OTRAS MUJERES

Glenys cuenta que una dificultad que ha tenido en su experiencia de migrar ha sido enfrentarse a la soledad en un país que no es el suyo, lo que se suma al deseo recurrente de regresar a su patria. Sin embargo, es consciente de que por ahora esa no es una opción, por lo que sigue adelante, adaptándose a su nueva realidad y buscando oportunidades para salir adelante junto a su familia.

Poco a poco, su emprendimiento ha ido creciendo con la ayuda no solo de World Vision, sino también de su marido y su familia. Con los recursos adquiridos, logró construir un pequeño local con material ligero, compró un horno, y ahora además de empanadas, vende pastelitos venezolanos, jugos naturales, y bebidas. Felizmente ha logrado reconocimiento entre sus vecinos y clientes. A través de su negocio, no solo ha logrado estabilidad y autonomía para ella y su familia, sino que también ha encontrado una manera de integrarse en su nuevo entorno, compartiendo su gastronomía y conectando con otras personas su cultura a través de la comida.

 

Con esfuerzo, valentía y mucho trabajo, Glenys transformó sus habilidades en la cocina en un emprendimiento. Aprendió, se adaptó, pidió ayuda cuando fue necesario y nunca dejó de creer en sí misma. Hoy, su negocio no solo es un éxito, sino que también es un ejemplo de inspiración para muchas otras mujeres que, como ella, buscan una oportunidad para salir adelante en un país desconocido y desafiante.

Trayendo esperanza a Haití en tiempos de desesperanza

Haití ha estado experimentando un levantamiento violento desde febrero de 2024, cuando las bandas armadas comenzaron a atacar la capital, Puerto Príncipe. Como resultado, más de un millón de niños están fuera de la escuela. Más de 5.4 millones de personas sufren hambre debido al aumento drástico de los precios de los alimentos (por ejemplo, el precio del arroz ha aumentado un 75.5%). Más de un millón de personas han huido de sus hogares en busca de seguridad, y solo el 22% de los centros de salud en la capital funcionan parcialmente. Muchas embajadas, agencias y organizaciones no gubernamentales (ONG) han suspendido temporalmente sus operaciones. La situación es crítica, pero la Oficina Regional de América Latina y el Caribe (LACRO) no ha detenido sus actividades desde que la crisis se intensificó. En cambio, hemos adaptado continuamente nuestras operaciones para seguir atendiendo a los niños más vulnerables, mientras garantizamos la seguridad de nuestro personal.

En la capital, Puerto Príncipe, hemos colaborado con socios locales para asistir a mujeres que han sido víctimas de la violencia de las bandas. Trabajamos con mujeres como Ana*, de Carrefour-Feuilles, cuyo esposo fue quemado vivo mientras intentaba proteger a su familia cuando una banda atacó su hogar. También con Mama, de Cité Soleil, cuyo esposo murió por una bala perdida y luego quedó embarazada tras ser violada por tres hombres. Ana y Mama luchan por sobrevivir después de huir a campamentos empobrecidos para personas desplazadas internamente (IDP, por sus siglas en inglés).

Hemos acompañado a miles de familias desplazadas como las de Ana y Mama en su proceso de recuperación del trauma, brindándoles apoyo psicosocial y asistencia por un total de 1.4 millones de dólares en transferencias de efectivo multipropósito, para ayudarles a cubrir sus necesidades básicas diarias y apoyar su camino hacia la recuperación. Muchas mujeres han utilizado el dinero para alimentar a sus hijos y comenzar una nueva vida, estableciendo pequeños negocios que les proporcionan una fuente de ingresos estable.

Fuera de Puerto Príncipe, hemos logrado evitar la interrupción de todos nuestros programas de campo gracias a la preposición de capacidades ministeriales y recursos en puntos estratégicos antes de que la crisis estallara, cuando las tendencias de seguridad indicaban un posible deterioro en la capital. Nuestro efectivo monitoreo del contexto y años de experiencia en la gestión de crisis en contextos frágiles nos han permitido ajustar nuestras operaciones de manera preventiva, descentralizando algunas decisiones operativas y redirigiendo inventarios críticos. Las familias de los niños más vulnerables han reconocido nuestro trabajo de resiliencia económica, viendo un aumento promedio del 40% en sus ingresos familiares.

Nuestro monitoreo continuo indica que la crisis de las bandas continuará e incluso se intensificará en los próximos meses. Para asegurar que podamos seguir brindando esperanza e impacto en uno de los países más frágiles y vulnerables del mundo, seguimos adaptando nuestras operaciones, actualizando nuestros planes de continuidad operativa y contingencia de seguridad, y aprovechando nuestra presencia en toda la isla.

Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de las personas.

Por Julie Lee, Directora del Clúster del Caribe, LACRO Campaña: LACRO

Alexandra, madre haitiana afectada por la violencia de pandillas.

Desplazamiento y resiliencia: La crisis humanitaria de Haití a través de los ojos de Alexandra

En medio de la creciente violencia y la inseguridad, la familia de Alexandra, como tantas otras en Haití, se encontró inmersa en el epicentro de una crisis humanitaria. Su lucha por sobrevivir refleja la realidad de miles, incluso cientos de miles, que han sido desplazados por el conflicto armado y la agitación política, con sus vidas pendiendo de un hilo mientras el país se tambalea al borde del colapso.

A raíz de la turbulencia que azotó su vecindario –atrapados en el fuego cruzado de la violencia de pandillas y la inseguridad–, Alexandra y su familia se vieron obligados a abandonar su hogar en Petion-Ville y emprendieron un angustioso viaje en busca de seguridad y estabilidad.

La travesía de Alexandra refleja la cruda realidad que enfrentan muchos en Haití, donde las pandillas en guerra controlan las calles, y el simple hecho de ir al mercado se convierte en un desafío difícil. «No podemos salir. No podemos ir a los mercados. No teníamos suficiente comida para comer», relata Alexandra.

Huir de la violencia significaba emprender un peligroso viaje, confiar en el transporte público, atravesar caminos controlados por grupos armados y tener fe en poder llegar hasta el refugio más seguro. Con su esposo e hijo a su lado, Alexandra navegó entre la incertidumbre, sin saber qué les esperaría al otro lado.

A medida que la crisis se desarrolla, el éxodo en Puerto Príncipe continúa sin cesar, con alrededor de 95,000 personas que han huido de la ciudad en el último mes, buscando desesperadamente seguridad. La mayoría se dirige hacia los departamentos de Grand Sud, mientras que un número creciente busca refugio en la isla de La Gonâve –donde opera World Vision– y en la frontera entre Haití y la República Dominicana.

Sin embargo, incluso mientras huyen, el espectro de la deportación es inminente, con más de 4,500 personas expulsadas de la frontera por las autoridades dominicanas solo en marzo. A pesar de la continua agitación, la OIM informó que los países vecinos devolvieron forzosamente a 13,000 migrantes a Haití en marzo. Eso supone un aumento del 46 por ciento en comparación con el mes anterior.

Mientras tanto, la situación humanitaria sigue deteriorándose, con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) advirtiendo sobre una inminente crisis alimentaria. La insuficiente ingesta de alimentos, la disminución de los ingresos y el aumento de los precios de los alimentos han dejado a millones en riesgo de hambre. Productos alimenticios básicos como arroz, frijoles, leche y huevos se han vuelto cada vez más escasos, exacerbando una situación ya grave.

En medio de la inseguridad alimentaria, otra crisis acecha: la desnutrición aguda. Según el análisis de desnutrición aguda del IPC, cerca de 277,000 niños enfrentan o se espera que enfrenten desnutrición aguda, con una serie de factores que contribuyen, incluyendo la inseguridad, brotes de cólera, mala calidad de los alimentos y acceso limitado a agua limpia.

Llegar a su nueva comunidad trajo un sentido de alivio, un respiro entre el miedo constante que sentían en Petion-Ville. «Me siento más segura aquí. Siento que puedo salir y comprar cosas. No tengo miedo«, admite Alexandra, agradecida por la apariencia de normalidad que han encontrado en medio del caos.

World Vision entrega ayuda humanitaria en Haití.

Sin embargo, pese a la sensación de seguridad, la incertidumbre es grande. Para Alexandra y muchos otros como ella, la lucha por la supervivencia continúa. «La mayor dificultad para nosotros es la comida y el alojamiento», comparte, destacando los desafíos marcados que acompañan al desplazamiento.

El acceso a necesidades básicas como alimentos, agua limpia y atención médica sigue siendo esquivo. «El mayor problema para mí es el acceso a la salud«, lamenta Alexandra, «ni siquiera hay un centro de salud aquí», subrayando la necesidad urgente de servicios de atención médica accesibles y fuentes de agua limpia para prevenir la propagación de enfermedades.

Alexandra y su familia tuvieron la fortuna de recibir apoyo de World Vision, que llegó a 380 personas desplazadas y sus familias con kits de higiene, juegos de cocina y kits de refugio tanto en Puerto Príncipe como en Programas de Área en todo Haití. Y aunque la asistencia multipropósito en efectivo se entregará a 1,000 familias desplazadas en Puerto Príncipe durante abril y mayo, nuestros esfuerzos solos no son suficientes

La comunidad internacional debe intensificar y responder a los llamados de una nación en crisis, ofreciendo apoyo y solidaridad a aquellos que han quedado para soportar el peso de la violencia y la inseguridad. Solo entonces Haití podrá comenzar a reconstruir y recuperar la esperanza.

Mientras Haití lucha con una crisis humanitaria en aumento, la historia de Alexandra nos recuerda con fuerza el costo humano del conflicto y la inestabilidad. Su resiliencia es un testimonio del espíritu indomable del pueblo haitiano, que persevera a pesar de las probabilidades en su contra.

Conoce más de la crisis humanitaria en Haití y cómo puedes unirte a World Vision para llevar agua, alimentación y protección a la niñez y familias en Haití

Migrantes en el refugio La Soledad de Ciudad de México.

«La Soledad: La iglesia de los Migrantes en Ciudad de México»

Escrita por: Gabriela Becerra Sánchez / Imágenes y audio: Ariana Aguilar Zárate

«Que Dios bendiga lo que caiga a la barriga» fue la frase con la que Claudia Torres, voluntaria del refugio La Soledad, concluyó su oración por el desayuno de más de 60 personas migrantes que esperaron en fila desde muy temprano la mañana del pasado 5 de marzo. A La Soledad llegan a diario cientos de personas de distintas partes del mundo para recibir alimentos, asistencia médica, asesoría legal, asearse y descansar.

El refugio funciona en las instalaciones de la iglesia del mismo nombre, colindante al icónico y ‘bravo’ barrio de Tepito, en Ciudad de México. Desde hace algunos años el párroco de La Soledad, Padre Benito Torres, ya no celebra misas, únicamente ofrece un servicio dominical. La iglesia se ha convertido en un inmenso dormitorio comunal. Ahora, su misión es acoger a todos los migrantes, incluidas más de 400 personas que permanecen en carpas en la plaza junto al santuario. Su cercanía a las oficinas de migración de Estados Unidos hace que este lugar sea hogar de muchas personas que esperan por un mensaje de texto del CBP One, la aplicación móvil del gobierno americano que recibe solicitudes de asilo.

Según la Secretaría de Gobernación de México, 782.176 personas en situación migratoria irregular se presentaron ante las autoridades mexicanas al ingresar al país en 2023. Más de la mitad de personas que llegaron al país en condiciones de irregularidad huyen de sus países por situaciones conocidas, pero cada vez más críticas, como: hambre, falta de oportunidades y violencia. Para la mayoría de personas migrantes, México se ha convertido en el tramo más difícil de su travesía, aún más duro que la selva de Darién. Si una persona migrante en situación irregular es capturada la regresan a ciudades sureñas o directamente a la frontera con Guatemala.

Son más de las 10 a.m. y la planificación del albergue se descuadró porque los alimentos llegaron tarde. Sin embargo, eso le da tiempo a Claudia para dar algunos anuncios a sus comensales y contar varios chistes. Además de ser Ingeniero Topógrafo, Claudia es ‘payasita’ de profesión y el buen humor es un excelente recurso para apaciguar los ánimos de la gente agotada e impaciente. «Aquí tenemos de todo (personas) venezolanos, ecuatorianos, haitianos, congoleses, afganos, chinos. Todas las nacionalidades han pasado por aquí» dice la voluntaria. Ante la pregunta de ¿cómo se comunica con personas que hablan otro idioma? responde entre risas: «ahí pongo en práctica mis habilidades de mimo, ese es el lenguaje universal». Sin embargo, destaca que la asistencia cada vez se vuelve más compleja, no solo por el incremento histórico de personas en movilidad en Ciudad de México y el país, sino por los desafíos que representa la convivencia entre diferentes culturas, lenguas, costumbres y cultos.

Miles de niñas y niños migrantes en América Latina y el Caribe enfrentan enormes dificultades debido a la falta de acceso a servicios básicos, como agua e higiene. Esta situación se agrava durante su travesía por las rutas migratorias irregulares, donde se exponen a enfermedades, deshidratación y condiciones insalubres que pueden provocar infecciones gastrointestinales, enfermedades de la piel, enfermedades contagiosas y problemas respiratorios que afectan aún más su salud y bienestar durante su viaje.

World Vision México y UNICEF han unido esfuerzos para abordar esta problemática en La Soledad y desde enero de 2024, articulan acciones de Agua, Saneamiento e Higiene (WASH por sus siglas en inglés). Para Evaristo Alcalá, técnico de WASH de World Vision México, “proporcionar kits de higiene es solo el primer paso; por eso, promovemos la educación y las buenas prácticas de higiene a través de charlas. La verdadera efectividad radica en la complementariedad entre proveer recursos y fomentar el conocimiento, asegurando así un impacto duradero en la salud y el bienestar de las comunidades que atendemos» comenta.

Además, desde diciembre de 2023, World Vision México apoya a este, y a otros 6 albergues de Ciudad de México, con insumos de limpieza, higiene, mantas, kits menstruales, kits de bebé y alimentos. Hasta el momento, 3 500 personas, entre niñas, niños y adultos, han participado de este proyecto.

FAMILIAS MIGRANTES EN BUSCA DE SEGUNDAS Y TERCERAS OPORTUNIDADES

En medio del grupo de migrantes, dos familias acceden a contar sus historias de migración.

Luzmar (28), Valeria (7) y Valentín (4) salieron de Ecuador en octubre de 2023 con destino a Estados Unidos. «Nosotros salimos hace muchos años de Venezuela porque no les pagaban bien a mis papás. Después vivimos en Ecuador por 4 años. Allá (Ecuador) tengo primas» dice Valeria. Al preguntarle, ¿qué fue lo más difícil de su camino? la niña responde sin dudar: «La selva (El Tapón de Darién) es muy difícil, hay montañas de barro. No hay comida. Mi mamá nos preparaba una sopa con lentejas y pasta, nada más. Además, sentía miedo. Yo no vi nada porque mi mamá me tapaba los ojos, pero yo sabía que había muertos» concluye Valeria.

La familia de Valeria y Valentín emigró de Ecuador debido a la ola de violencia que vive el país sudamericano. «Salimos porque había mucha inseguridad, pero hasta el día de hoy no hemos tenido descanso. Todo el camino ha sido muy peligroso. Aún más difícil porque viajamos una familia completa, con 8 niños. Gracias a Dios no nos ha pasado nada. Otras personas han sido secuestradas, violadas y les han robado en el camino, es duro.» dice Luzmar.

A México llegaron en noviembre de 2023. No esperaron a la cita para solicitar asilo a Estados Unidos, decidieron avanzar hasta la frontera norte y el 25 de diciembre los devolvieron a Villahermosa, Tabasco al sur del país. Van por su segundo intento de llegar a Estados Unidos, esta vez iniciaron el trámite de asilo. «Los mexicanos son gente buena, pero migración es dura. Ha sido muy difícil. No sé, ¿por qué nos tratan así, no sé qué les hicimos? Tengo miedo de que nuevamente nos atrapen y nos lleven hasta la frontera. Ya no tenemos dinero, pero no puede ser que después de avanzar tanto no llegue a mi destino (Estados Unidos). Yo voy a insistir hasta cruzar» dice la abogada venezolana que busca un mejor futuro para sus hijos.

Junto a Luzmar está Yesmelis (42) y sus hijos, Alejandro (14), Leiru (12) y Chelier (6). Para esta familia todo comenzó en septiembre de 2022, cuando Yesmelis y su esposo decidieron migrar porque sus hijos no pudieron asistir a la escuela por tres años consecutivos debido a su situación económica.

Según la última encuesta ENCOVI 2023, solo 66% de la población entre 3 y 17 años de Venezuela está escolarizada y 40% no asiste a clases con regularidad. La irregularidad en la asistencia escolar, afectada por huelgas y ausencias del personal docente, impacta a aproximadamente 2,6 millones de niños y adolescentes, exacerbando el rezago educativo, especialmente entre los niños de 7 a 11 años.

La selva de Darién fue su primer destino, y cruzarla les tomó nueve días. “Ha sido una de las experiencias más difíciles de mi vida. No se la recomiendo a nadie” comenta Yesmelis. El poco dinero que llevaron se terminó y decidieron quedarse a trabajar, por más de un año, en Costa Rica. En diciembre de 2023, continuaron con el viaje hacia Estados Unidos.

Cerca de llegar a la frontera con Estados Unidos, fueron detenidos y trasladados hasta el sur del país. Nuevamente emprendieron viaje a Ciudad de México y por varios meses están en situación de calle, mientras esperan una cita para solicitar asilo en Estados Unidos. Los estragos de la espera se sienten sobre todo en los niños. “Esto les ha afectado psicológicamente a mis hijos. Yo siento que están muy rebeldes. Ellos no eran así, y me duele verlos que están sufriendo. Yo no tengo ni papá ni mamá a quien dejarlos, por eso decidimos venir a que lucharan con nosotros” dice Yesmelis. La falta de redes de apoyo es una de las vulnerabilidades a las que se enfrentan las familias migrantes.

Valentín y Chelier, los más pequeños de estas familias, ahora son amigos y pasan mucho tiempo jugando. Sin embargo, a pesar de su corta edad, sus ojitos reflejan el cansancio y la desesperanza de una cruzada migratoria interminable. Eso, sin lugar a dudas, es un llamado urgente para todas y todos para que hagamos la diferencia en la vida de las niñas y niños migrantes.

Desde 2019, la Respuesta Multipaís a la Crisis Migratoria “Esperanza sin Fronteras” de World Vision trabaja en Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela para abordar las causas profundas que impulsan la migración irregular. En colaboración con nuestros aliados, hemos establecido un modelo que, no solo responde a las necesidades inmediatas de las personas migrantes y de comunidades de acogida, sino que también busca construir un futuro más esperanzador para quienes han salido de sus hogares en busca de bienestar. A través de nuestros proyectos de Protección, Seguridad Alimentaria y Nutrición, Integración Socioeconómica y Salud Mental hemos brindado más de 2 millones de atenciones a niñas, niños, adolescentes migrantes y sus familias.

Sin embargo, nuestro trabajo está lejos de terminar. Cada día, miles de niñas y niños migrantes enfrentan desafíos mientras luchan por un futuro seguro y digno. Con tu ayuda, podemos continuar brindando esperanza y oportunidades a la niñez migrante en nuestra región. Visita www.worldvisionamericalatina.org y haz tu donación hoy mismo.