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Un llamado para proteger la acción humanitaria ante las amenazas crecientes y los recortes mundiales de ayuda | Día Mundial de la Ayuda Humanitaria 2025

Londres/Ginebra, 14 de agosto de 2025  

El Día Mundial de la Ayuda Humanitaria 2025 llega en un momento crítico para la comunidad humanitaria mundial. El tema de este año, #ActForHumanity, subraya una triple crisis: la violencia en aumento contra los trabajadores humanitarios, la crisis de legitimidad y los recortes de financiación sin precedentes que han sacudido el sistema humanitario global y, como resultado, amenazan los cimientos mismos de la respuesta humanitaria. 

Trabajadores humanitarios bajo ataque 

En 2024, 383 trabajadores humanitarios¹ fueron asesinados en el cumplimiento de su deber, una cifra récord. Hasta agosto de 2025, otros 248 han perdido la vida, siendo el personal nacional el más afectado en contextos de alto riesgo como Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Líbano, los Territorios Palestinos Ocupados, Myanmar, Ucrania y Siria. El 2025 ya apunta a ser aún peor. Si la tendencia actual continúa, este año se convertirá en el más letal registrado para el personal humanitario. 

Esta alarmante trayectoria exige una acción urgente. Es imperativo que los gobiernos y actores armados cumplan con la Resolución 2730 (2024) del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la Protección de los Trabajadores Humanitarios, y se comprometan con la próxima Declaración para la Protección del Personal Humanitario. Esto reforzaría la necesidad de investigaciones, rendición de cuentas y respeto del Derecho Internacional Humanitario, poniendo fin a la impunidad por ataques contra trabajadores humanitarios y garantizando un acceso seguro y sin trabas a las poblaciones necesitadas. 

 

¹ Nota: estas cifras provienen de la Base de Datos de Seguridad de los Trabajadores Humanitarios. Las cifras podrían ajustarse ligeramente para la publicación oficial anual de la UNOCHA el 19 de agosto, Día Mundial de la Ayuda Humanitaria. 

 

Recortes globales de financiación: una crisis silenciosa 

La violencia no es la única amenaza. El sector humanitario enfrenta una severa contracción financiera. 

El informe más reciente de World Vision, “Hunger, Harm and Hard Choices”, revela el devastador impacto que los recortes en la financiación humanitaria están teniendo en niños desplazados y sus familias en 13 países afectados por crisis. Las familias que sufrieron recortes en la asistencia alimentaria fueron las más vulnerables; tenían 5,4 veces más probabilidades de padecer inseguridad alimentaria moderada o grave y reportaron peores resultados educativos y de protección infantil. 

Con la financiación humanitaria global en declive, el impacto sobre los niños más vulnerables y sus familias es grave, desde el desmantelamiento de servicios críticos como salud de emergencia y protección infantil, hasta educación y reducción de riesgos de desastres. 

Según la Perspectiva Humanitaria Global 2025, se requieren 45,48 mil millones de dólares para asistir a 181,2 millones de los 300 millones de personas necesitadas en 72 países. Sin embargo, a mitad de año, solo se ha reportado el 16,8% de esa financiación, 7,64 mil millones de dólares, lo que representa una caída del 40% en comparación con el mismo período de 2024. 

En respuesta, actores humanitarios en todo el sistema, incluidas agencias de la ONU, ONGI y organizaciones locales, se han visto obligados a reducir drásticamente operaciones y “hiperpriorizar”. Esto no es una elección estratégica, sino un reflejo del fracaso sistémico para cubrir las crecientes necesidades globales. La brecha entre las necesidades urgentes y los recursos está dejando atrás a decenas de millones de personas, poniendo en duda la capacidad de la comunidad internacional para responder. 

“El Día Mundial de la Ayuda Humanitaria es cuando honramos a quienes sirven en los lugares más peligrosos del mundo”, dijo Isabel Gomes, Líder Global de Gestión de Desastres de World Vision International. “Pero mientras la violencia amenaza su seguridad, los recortes presupuestarios amenazan su capacidad de servir. Cuando recortas la financiación, recortas la ayuda crítica a niños y familias que viven en desesperación.” 

El sistema humanitario entero está en riesgo. Miles de empleos humanitarios ya se han perdido. Programas completos a nivel nacional están detenidos. El sector pasa de la recuperación y la resiliencia a la mera supervivencia. 

“Debemos enfrentar una dura realidad,” añadió Gomes. “Los trabajadores humanitarios están menos protegidos que nunca y los sistemas que sostienen están siendo desmantelados. Sin una acción urgente, el costo se medirá no solo en empleos perdidos, sino en vidas perdidas.” 

Crisis de legitimidad: la erosión de la confianza 

Más allá de la violencia y la financiación, los actores humanitarios enfrentan una crisis de legitimidad. Las comunidades cuestionan cada vez más los motivos, la eficacia y la relevancia de los esfuerzos humanitarios. Cuando la ayuda se percibe como politizada y de arriba hacia abajo, pierde autoridad moral, socavando el acceso y la protección. 

A pesar de la evidencia abrumadora de que invertir en la niñez genera beneficios a largo plazo—hasta 10 dólares por cada dólar invertido, la ayuda global para la infancia está en declive. En 2023, según el informe «ODA at the Crossroads« de World Vision, solo el 11,5% de la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) se destinó a iniciativas centradas en la infancia, frente al 13% del año anterior. Esta caída se produce en un momento en que los niños sufren de manera desproporcionada las crisis globales—desde conflictos y choques climáticos hasta hambre y desplazamiento. La tendencia refleja una preocupante erosión de la solidaridad internacional y la confianza en el sistema humanitario, justo cuando más se necesita. 

La base de la acción humanitaria es la confianza y la rendición de cuentas. Cuando la confianza en los sistemas humanitarios disminuye, los trabajadores en primera línea enfrentan mayores riesgos, la confianza de los donantes se debilita y la efectividad de toda la respuesta se ve comprometida. 

Esperanza valiente: reconstruir la acción humanitaria en medio de la crisis 

En la última década, World Vision ha aumentado en un 188% su inversión en contextos frágiles. En 2024, se destinaron 744 millones de dólares a programas innovadores en los ámbitos humanitario, de desarrollo y de paz en 22 de los países y regiones subnacionales más frágiles donde opera. 

En el año fiscal 2024, World Vision alcanzó el mayor número de niños vulnerables en un solo año en su historia de gestión de desastres. Más de 35 millones de personas, incluidos 19 millones de niños, en 65 países, participaron en programas humanitarios de la organización. 

Actualmente, World Vision prioriza la recaudación de fondos para diez países gravemente afectados por recortes: Afganistán, República Democrática del Congo, Haití, Líbano, Malí, Myanmar, Somalia, Sudán del Sur, Sudán y Siria—donde la reducción de programas pone en riesgo servicios vitales mientras las necesidades humanitarias siguen siendo críticas. 

“A medida que se redefine la arquitectura humanitaria y cambia el panorama de financiación, nuestro compromiso inquebrantable de servir a los más vulnerables sigue firme”, afirmó Gomes. “Junto con donantes institucionales, organizaciones basadas en la fe, corporaciones, gobiernos y otros socios, debemos reimaginar el sistema humanitario como descentralizado, inclusivo y responsable, donde el poder se comparta, los recursos sean flexibles y las comunidades vulnerables estén en el centro de la toma de decisiones.” 

Contactos: 
Para entrevistas con los medios, comunicarse con Annila Harris, Asesora Senior de Comunicaciones y Participación Humanitaria 

Correo electrónico: annila_harris@wvi.org 

World Vision es una organización humanitaria cristiana dedicada a trabajar con niños, familias y sus comunidades para que alcancen su máximo potencial, abordando las causas profundas de la pobreza y la injusticia. World Vision sirve a todas las personas, sin distinción de religión, raza, etnia o género. Realiza esfuerzos humanitarios que salvan vidas gracias a la inversión de numerosos socios, incluidos donantes institucionales, organizaciones basadas en la fe, corporaciones y gobiernos. Para más información, visite www.wvi.org. 

Más allá de la supervivencia: Garantizar el derecho a la alimentación frente a los recortes globales en la ayuda humanitaria

Por Amanda Rives, Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos, Gestión de Desastres, World Vision

Julio de 2025

El hambre se intensifica a nivel mundial a medida que las crisis provocadas por el ser humano se multiplican. A pesar de que la alimentación, la protección y la asistencia humanitaria son derechos humanos universales, el número de personas que no logran obtener alimentos suficientes y nutritivos sigue aumentando.

En 2024, en 26 crisis nutricionales, cerca de 38 millones de niñas y niños menores de cinco años sufrieron desnutrición aguda, y más de 295 millones de personas en 53 países enfrentaron inseguridad alimentaria aguda. Esta tendencia preocupante refleja un aumento constante desde 2016.

La Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC), principal herramienta de análisis multiactor para la toma de decisiones humanitarias en torno a la alimentación, indica que la inseguridad alimentaria aguda ocurre cuando se interrumpen las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, uso y estabilidad de los alimentos. Esto conlleva a una escasez severa de alimentos, malnutrición, y al uso de estrategias irreversibles como el matrimonio infantil o la venta de medios de subsistencia.

A medida que los conflictos, la inestabilidad económica y los eventos climáticos extremos destruyen sistemas alimentarios y medios de vida, la necesidad de asistencia alimentaria humanitaria y de inversiones sostenibles en seguridad alimentaria aumenta rápidamente. Sin embargo, los recortes en la financiación humanitaria global están desmantelando las redes de seguridad de las que dependen millones de familias en crisis.

A mayo de 2025, la financiación para el sector de seguridad alimentaria alcanzaba solo 1.900 millones de dólares, frente a los 12.400 millones requeridos para satisfacer las necesidades humanitarias globales.

 

El hambre es una falla colectiva, no un fenómeno natural

Las crisis alimentarias actuales no son desastres naturales inevitables, sino resultado de una falla colectiva del sistema internacional. La negligencia frente al cambio climático, los conflictos prolongados y el debilitamiento de los marcos diplomáticos han expuesto a millones de personas en contextos frágiles. Los instrumentos legales internacionales diseñados para proteger a los civiles y garantizar el acceso humanitario son violados con impunidad.

Cada año, World Vision presenta un informe que documenta los impactos de los vacíos en la asistencia alimentaria para las niñas, niños y familias más vulnerables, especialmente en contextos de conflicto armado, cambio climático y crisis prolongadas. Este año, el estudio se centró en 13 países e incluyó los testimonios de personas desplazadas y comunidades de acogida, que enfrentan juntas las múltiples implicaciones del hambre.

El informe confirma que los efectos del aumento de la inseguridad alimentaria son devastadores, generalizados y profundizados por la reducción de la asistencia disponible.

Todos tienen derecho a la alimentación y a la asistencia humanitaria

El derecho a la alimentación está respaldado por múltiples marcos legales reconocidos internacionalmente. El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 reconoce el derecho fundamental de toda persona a estar libre de hambre, mientras que la Convención sobre los Derechos del Niño establece que todos los niños y niñas tienen derecho a una alimentación adecuada y nutritiva.

En 2018, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 2417, que condena el uso del hambre como arma de guerra. La resolución insta a todas las partes en conflicto a proteger a la población civil y a no dañar instalaciones necesarias para la producción y distribución de alimentos.

A pesar de las omisiones actuales, el Derecho Internacional Humanitario (DIH) reconoce el derecho de la población civil en contextos de conflicto a recibir asistencia humanitaria, y exige a las partes en conflicto garantizar el acceso sin restricciones.

Por tanto, proteger a los civiles, ofrecer asistencia y promover la seguridad alimentaria no son actos de caridad: son obligaciones legales que deben cumplirse para garantizar los derechos de quienes viven en crisis.

 

El conflicto armado es el principal detonante del hambre

La violencia y la inseguridad son las principales causas de las crisis alimentarias. En 2024, 139,8 millones de personas que viven en zonas de conflicto experimentaron altos niveles de inseguridad alimentaria aguda.

A pesar de las garantías del Derecho Internacional Humanitario y la Resolución 2417, se confirmó hambruna en Sudán en 2024, y se considera inminente en lugares como Gaza, Haití, Malí y Sudán del Sur.

Los conflictos destruyen cultivos, carreteras, reservas alimentarias, viviendas e infraestructuras esenciales. Millones de personas se ven forzadas a huir, pierden todo y quedan desconectadas de recursos básicos.

Asimismo, más del 71% de las personas refugiadas en el mundo son acogidas por países de ingresos bajos y medios, lo que pone una presión inmensa sobre comunidades que ya enfrentan pobreza, cambio climático e inestabilidad política.

 

Los recortes en raciones socavan el bienestar y aumentan la dependencia

La asistencia alimentaria está dirigida a las personas más vulnerables, como aquellas desplazadas o atrapadas en zonas de conflicto, sin libertad de movimiento, sin ingresos ni opciones de subsistencia.

Por eso, los recortes en raciones son devastadores.

El informe de World Vision revela que el 45% de las familias encuestadas experimentaron recortes en la asistencia alimentaria antes de enero de 2025. Estas familias eran 5,4 veces más propensas a enfrentar inseguridad alimentaria aguda.

Tanto las personas desplazadas como las comunidades de acogida expresan el deseo de ser autosuficientes, de dejar atrás la lucha diaria por sobrevivir y construir un futuro.

Pero los recortes profundizan la dependencia. Lo que antes apenas alcanzaba para sobrevivir, hoy ni siquiera cubre lo básico. Muchas familias se ven forzadas a tomar decisiones a corto plazo que pueden perjudicar el desarrollo y la protección de sus hijas e hijos.

 

¿Qué podemos hacer para garantizar el derecho a la alimentación?

  • Invertir en seguridad alimentaria como base para el bienestar integral de niñas, niños y familias.
  • Asegurar que las acciones humanitarias e iniciativas de incidencia estén basadas en derechos y en marcos legales vinculantes.
  • Escuchar a las comunidades afectadas por el hambre, e invertir en resiliencia y autosuficiencia, no solo en la sobrevivencia.
  • Apoyar los mecanismos positivos de afrontamiento, y fortalecer lo que las comunidades ya hacen para cuidarse.
  • Implementar intervenciones comprobadas, como transferencias en efectivo, alimentación escolar, inclusión financiera, desarrollo de habilidades y apoyo psicosocial.
  • Promover la paz, proteger a la población civil y exigir rendición de cuentas ante violaciones al Derecho Internacional Humanitario.

La comunidad internacional debe renovar su compromiso para acabar con el hambre

Cuando los actores internacionales no cumplen sus obligaciones en materia de protección y asistencia, las consecuencias recaen en las personas más vulnerables: niñas, niños y familias atrapadas en crisis.

Tal como muestra el informe de World Vision, tener acceso a alimentos suficientes no es solo una necesidad biológica. Es la base para la educación, la protección infantil, la salud mental y la estabilidad económica.

La asistencia alimentaria no debe centrarse únicamente en sobrevivir. Debe ser el primer paso hacia la resiliencia, la autosuficiencia y una libertad duradera del hambre.

Es momento de actuar con urgencia, valentía y compromiso. Debemos abordar las causas estructurales del hambre, proteger a la población civil, fortalecer los sistemas alimentarios y hacer realidad el derecho a la alimentación.

No es una opción. Es nuestro deber.

 

Sobre la autora
Amanda Rives es Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos para la Gestión de Desastres de World Vision. Anteriormente, fue Directora Regional de Incidencia y Política para Medio Oriente y Europa del Este, y lideró programas de protección infantil en América Latina y el Caribe. Es reconocida con el Hunger Leadership Award 2025 del Congresional Hunger Center por su liderazgo en seguridad alimentaria en contextos humanitarios. Es ex voluntaria del Peace Corps, Mickey Leland Hunger Fellow, y cuenta con títulos en relaciones internacionales por George Washington University y desarrollo internacional por American University.

La Amazonía y la niñez en el centro de la lucha contra los plásticos

Este 5 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente bajo el lema “Sin contaminación por plásticos”. Y en ningún lugar este llamado cobra más urgencia que en la Amazonía, una región de vital importancia ecológica y hogar de millones de niñas, niños y adolescentes. A través de su iniciativa climática con enfoque en la niñez, World Vision hace un llamado a actuar con urgencia: proteger la Amazonía es proteger a la infancia.

Un ecosistema sofocado por el plástico

La Amazonía, que representa el 40% del territorio sudamericano, está hoy gravemente amenazada por la contaminación plástica. Se estima que cada año se vierten entre 8 y 12 millones de toneladas de plásticos a sus ríos, provenientes de desechos urbanos, bolsas, turismo descontrolado y residuos agrícolas. Estos plásticos tardan cientos de años en degradarse, liberando microplásticos que contaminan los suelos, los peces y, finalmente, a las personas.

Solo en Leticia (Colombia), se generan unas 700 toneladas de residuos al mes, de las cuales el 60% son plásticos, muy por encima del promedio nacional del 30%. De ese total, solo el 1.4% es reciclado. Una parte importante de estos desechos termina en el río Amazonas, uno de los más contaminados del planeta y responsable de verter plástico al océano Atlántico.

Niños y niñas: los más afectados

La contaminación plástica no solo daña ecosistemas, también pone en riesgo la salud de la población, especialmente la más joven. En Ecuador, un estudio de la Universidad Estatal Amazónica reveló la presencia de microplásticos en peces de río destinados al consumo humano, incluso dentro de áreas protegidas como el Parque Nacional Yasuní. Estas partículas pueden atravesar tejidos, alterar hormonas y poner en riesgo la salud a largo plazo.

Para las comunidades amazónicas, el río es una fuente de agua, alimentación y vida. Cuando el plástico entra en ese sistema, también entra en el cuerpo de los niños. Y eso es inaceptable.

50 años de avances… y deudas pendientes

Desde su creación en 1972, el Día Mundial del Medio Ambiente se ha convertido en una plataforma global para responder a la llamada triple crisis planetaria: calentamiento global, pérdida de biodiversidad y contaminación. Aunque se ha avanzado en conciencia pública y acuerdos internacionales, aún persisten desafíos: urbanización sin planificación, políticas lentas y escasa implementación local.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) recuerda que el 40% del plástico global es de un solo uso, que menos del 10% se recicla, y que más de 11 millones de toneladas terminan cada año en ríos, lagos y océanos.

La respuesta: transformar el sistema, proteger a la infancia

World Vision, a través de su Iniciativa Amazonas, trabaja para enfrentar esta crisis de manera estructural. La organización promueve acciones en gestión de residuos, protección de fuentes hídricas, educación ambiental y participación comunitaria en los países amazónicos.

La apuesta es clara: poner a la niñez en el centro de las soluciones climáticas. Escuchar sus voces, proteger su salud, garantizar su acceso a un ambiente sano y resiliente, y transformar las políticas públicas con datos, evidencia y participación local.

¿Qué podemos hacer?

El lema global del día mundial del medio ambiente de este año, invita a repensar nuestra relación con el plástico bajo cinco principios: rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y repensar. Pero más allá del comportamiento individual, se necesita acción colectiva:

  • Gobiernos que prioricen la gestión de residuos en la Amazonía.

  • Empresas que dejen atrás los plásticos de un solo uso.

  • Inversiones que fortalezcan el reciclaje y la economía circular.

  • Comunidades organizadas para proteger sus territorios.

Cuidar la Amazonía es cuidar a quienes la habitan

La Amazonía no es solo biodiversidad. Es hogar. Es futuro. Es infancia. Hoy, en el Día Mundial del Medio Ambiente, recordamos que la lucha contra el plástico es también una lucha por la salud, la dignidad y la esperanza de millones de niñas y niños amazónicos. No podemos dejar que su hogar se ahogue en plástico. El momento de actuar es ahora.

Menstruación, inequidades y barreras

Menstruar con dignidad aún es un privilegio para muchas niñas y adolescentes en América Latina. En Perú, por ejemplo, una de cada tres estudiantes falta al colegio durante su periodo; mientras que más de la mitad de estudiantes en Ecuador no ha recibido una clase sobre salud menstrual. Lejos de ser un tema privado o “íntimo”, estamos ante una muestra clara de desigualdad, que deriva en exclusión social. Hablar de menstruación, brindar información en los entornos más cercanos y garantizar acceso a productos adecuados no es –ni debe ser- un lujo: sino debe ser entendida como una condición básica que, unida al acceso a los servicios de salud, contribuyan al bienestar integral de niñas y adolescentes desde la perspectiva de los DDHH.  

Apenas 9 de 31 países de la región consideran los productos de gestión menstrual como artículos de primera necesidad, limitando el acceso principalmente a quienes viven en situación de pobreza y zonas rurales, que también enfrentan otros retos asociados como la falta de saneamiento adecuado: cerca de 106 millones de personas no cuenta con acceso a un baño digno en sus casas. La menstruación es un tema no solo a manejar en el ámbito privado, sino también de trabajarlo en la agenda educativa y de salud, y por tanto, en la esfera pública. 

Lejos de ser una experiencia natural, muchas veces se vive con temor, vergüenza o silencio. En el caso de Kiara, una adolescente de 17 años de Amazonía, su primer periodo fue “de todo un poco. Miedo más que nada”. Como ella, 10% de niñas y adolescentes en Perú pensaron que se habían hecho un daño grave y que incluso estaban muriendo. Muchas faltan a la escuela por miedo a mancharse, por dolor o simplemente por no saber cómo sobrellevar la menstruación. En países como Bolivia, más de la mitad de los adolescentes afirma no recibir ningún tipo de charla o educación sobre los cambios de la pubertad. Estas ausencias tienen efectos profundos: limitan su aprendizaje y lesionan su autoestima. 

El común de la región es que no hay políticas que garanticen el acceso gratuito a productos de gestión menstrual. En Chile, a modo de ejemplo, esto afecta principalmente a las personas de bajos recursos, dentro de las que se encuentran adolescentes migrantes, que recurren a opciones inseguras, exponiéndose a infecciones por no poder costear toallas higiénicas o copas menstruales. En campamentos o viviendas sin agua potable, algo tan natural como la menstruación se convierte en un desafío diario que atenta contra los derechos y dignidad de niñas y adolescentes. 

Hablar de menstruación en la esfera pública es urgente. Asegurar el acceso de productos de higiene menstrual a bajo costo o gratuito; capacitación docente sobre salud menstrual en las escuelas; y la mejora en el acceso a saneamiento en contextos de vulnerabilidad son pasos fundamentales para disminuir el estigma asociado a la menstruación y que requiere de la acción de los Estados. Si cada mes una niña falta a clases, si siente vergüenza o se enfrenta a burlas, le estamos diciendo que su cuerpo menstruante es el problema. 

El Día Mundial de la Higiene Menstrual (28 de mayo) es una oportunidad para poner este tema sobre la mesa y sobre las agendas de nuestros países, sin eufemismos ni tabúes. La menstruación no debe ser un motivo de exclusión, y hablar de ella no puede seguir siendo un privilegio de unas pocas. Menstruar no es un problema. Lo que lo es -y lo seguirá siendo- es la falta de políticas públicas educativas y de salud que la aborden desde una perspectiva de igualdad de género e inclusión social.
 

Cristina Carvallo 

Especialista de Género e Inclusión Social de World Vision Bloque Andino + Chile 

Más que una comida: cómo la alimentación escolar está nutriendo futuros en América Latina

En aulas desde el Amazonas hasta los Andes, las comidas escolares están transformando vidas en silencio. Lo que comenzó como una intervención nutricional básica se ha convertido en un salvavidas esencial para millones de niñas, niños, familias y comunidades en toda América Latina—ayudándoles a permanecer en la escuela, mantenerse saludables y conservar la esperanza. A través de una red de programas nacionales y alianzas con la sociedad civil, incluidas aquellas lideradas por World Vision, la alimentación escolar es ahora un pilar de las políticas educativas y sociales en países como Venezuela, Brasil, Guatemala y Perú.

Los programas de alimentación escolar de World Vision aseguran que niñas y niños en comunidades vulnerables reciban la nutrición necesaria para tener éxito. Esta labor forma parte esencial de nuestra campaña global ENOUGH, que busca eliminar el hambre y la malnutrición infantil garantizando que cada niña y niño tenga acceso a los alimentos que necesita para desarrollar un cuerpo y mente saludables.

En Venezuela, World Vision, en alianza con el Programa Mundial de Alimentos (WFP), ha ampliado la alimentación escolar a 542 escuelas en cinco estados. El programa beneficia a más de 78,000 niñas y niños mediante una combinación de entregas de alimentos frescos, comidas en el lugar y suplementos fortificados como el Super Cereal. El impacto se ve no solo en la mejora de la nutrición, sino también en entornos escolares revitalizados. En Barinas, las comidas se preparan y sirven diariamente en escuelas como Don Rómulo Gallegos, mientras que mejoras en las cocinas, como en el CEI Josefa Camejo en Falcón, han contribuido a una mayor seguridad alimentaria y calidad de las comidas.

El programa de alimentación escolar de Brasil, conocido como PNAE (Programa Nacional de Alimentación Escolar), es uno de los más antiguos del mundo. Asegura que niñas y niños en la educación pública accedan a comidas que reflejen tanto sus necesidades nutricionales como sus preferencias culturales. World Vision Brasil ha centrado sus esfuerzos en la participación juvenil, apoyando el monitoreo y la incidencia liderada por adolescentes. En 2024, como parte de la iniciativa “Amplificando las Voces de la Niñez Digitalmente (ACVD)”, jóvenes redactaron una carta solicitando mayor transparencia en la entrega de alimentos escolares. Esta carta fue entregada directamente a funcionarios gubernamentales durante la Cumbre del G20 en Río de Janeiro, destacando la importancia de la participación juvenil en los servicios públicos.

El cambio de políticas ha sido clave en Guatemala. En 2017, el gobierno aprobó una Ley de Alimentación Escolar pionera, que fue fortalecida en 2021. Esta reforma incrementó el financiamiento diario por estudiante de Q4.00 a Q6.00 (aproximadamente de US$0.52 a US$0.78) y amplió la cobertura a 3.6 millones de niñas y niños, incluyendo niveles de educación inicial y secundaria básica. World Vision Guatemala desempeñó un papel clave en el proceso legislativo, brindando insumos durante los debates y abogando por una inversión sostenida en la nutrición infantil. Hoy, su trabajo también incluye la mejora de infraestructura de agua y saneamiento en escuelas, equipamiento de cocinas y talleres de preparación de alimentos para madres y padres con ingredientes locales.

En Perú, está ocurriendo otro tipo de transformación: una que pone a las niñas y niños en el centro de la política alimentaria. A través de una iniciativa de participación ciudadana llamada “Voz y Acción Ciudadana”, niñas, niños y adolescentes han sido capacitados para evaluar y proponer mejoras al programa nacional de alimentación escolar, ahora conocido como Wasi Mikuna. En 2024, esta movilización alcanzó a más de 21,000 estudiantes, madres, padres y docentes. Líderes juveniles organizaron consultas públicas, visitaron centros de almacenamiento y se reunieron con autoridades para compartir sus propuestas. Estos esfuerzos llevaron a un compromiso formal del gobierno para mejorar la capacitación de manipuladores de alimentos, aumentar la transparencia y desarrollar materiales comunicacionales adecuados para niñas y niños sobre los servicios nutricionales.

Todos estos programas comparten una visión: la alimentación escolar no se trata solo de calmar el hambre. Se trata de participación, dignidad, potencial e igualdad de oportunidades. Para muchas niñas y niños, la jornada escolar es el único momento del día en que pueden contar con una comida nutritiva. Para familias que enfrentan inflación, sequía o desplazamiento, esta certeza diaria representa un alivio tangible. Y para los gobiernos, la alimentación escolar ha demostrado ser una herramienta eficaz para mejorar los resultados educativos y, al mismo tiempo, fortalecer las economías locales mediante la compra de alimentos a pequeños productores y la generación de empleo en la cadena de suministro.

Sin embargo, el trabajo está lejos de haber terminado. En toda la región, los programas enfrentan desafíos, desde presupuestos insuficientes hasta dificultades logísticas en zonas remotas. El cambio climático, el aumento del costo de los alimentos y la inestabilidad política amenazan con revertir los avances logrados en la última década. En este contexto, el rol de los socios internacionales sigue siendo vital, no solo como implementadores, sino como defensores, conectores y amplificadores de las voces locales.

No es casualidad que gran parte del progreso en estos países haya ocurrido donde las niñas, niños y sus comunidades han estado directamente involucrados. Ya sea a través del monitoreo juvenil en Brasil y Perú, o mediante talleres de cocina dirigidos por madres y padres en Guatemala, estos programas tienen éxito porque se enraízan en la experiencia vivida de quienes los reciben.

Con la atención global puesta en la próxima Cumbre Mundial de Alimentación Escolar en Brasil este septiembre, existe una oportunidad —y una responsabilidad— de que donantes, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil reafirmen su compromiso con la alimentación escolar.

Asegurar que cada niña y niño tenga acceso a una comida escolar nutritiva no es caridad. Es una cuestión de justicia, equidad y política pública inteligente.

Porque al final, una comida escolar nunca es solo un plato de comida. Es un voto de confianza en el futuro de una niña o un niño.

Para más información, visita nuestro sitio sobre Alimentación Escolar: https://www.wvi.org/ENOUGH/school-meals

Informe de situación: Esperanza Sin Fronteras, Octubre – Diciembre 2024

Informe Especial: Niñez Migrante en Riesgo – Respuesta Humanitaria en América Latina

Entre octubre y diciembre de 2024, América Latina vivió un incremento sostenido en los desplazamientos forzados, alcanzando más de 40 millones de personas migrantes en la región. Este fenómeno, impulsado por deportaciones masivas, violencia estructural y rutas cada vez más peligrosas, ha puesto en alerta a los sistemas de protección social. La niñez migrante —que representa hasta un 33% del total migrante— continúa enfrentando riesgos extremos como reclutamiento forzado, trata, desnutrición y exclusión educativa.

Este informe ofrece un análisis profundo sobre la respuesta humanitaria de World Vision a través del programa “Esperanza sin Fronteras”, desplegado en 8 países de América Latina, y presenta cifras impactantes sobre la atención brindada, los desafíos persistentes y las necesidades urgentes de financiamiento y coordinación regional.

¿Por qué leer este informe?

+2.58 millones de personas migrantes y refugiadas han sido atendidas desde 2019.
+134,000 atenciones realizadas solo en el último trimestre de 2024.
• Descripción detallada de la respuesta en protección infantil, salud, inclusión socioeconómica y seguridad alimentaria.
• Análisis de nuevas amenazas como el colapso de servicios básicos, militarización de fronteras y aumento de niñez no acompañada (hasta 500% en México).
• Rutas migratorias críticas: Colombia, Panamá, México, Ecuador, Perú y Brasil.
• Propuestas de acción y llamado urgente a donantes y gobiernos para sostener la ayuda.

Conoce cómo World Vision implementa espacios seguros, asistencia legal, transferencias monetarias y fortalecimiento comunitario, transformando realidades en medio de una de las mayores crisis migratorias del continente.