Historias

«Solo pudimos rescatar a nuestros niños»: la historia de una madre que sobrevivió a las inundaciones en Córdoba

Córdoba, Colombia | World Vision.- Cuando Diana Sánchez recuerda la madrugada del 1 de febrero, su voz aún se quiebra. Han pasado varios meses desde aquella noche, pero las imágenes permanecen intactas en su memoria,

¿La lluvia comenzó como cualquier otra. Desde la noche anterior, el agua caía con fuerza sobre el corregimiento El Guineo, Córdoba. Diana, de 30 años, observaba preocupada cómo las horas avanzaban sin que el aguacero diera tregua. Vivía cerca de una quebrada y, aunque años atrás había experimentado inundaciones, nunca imaginó que enfrentaría una emergencia de tal magnitud.

A las cinco de la mañana, los golpes desesperados en la puerta la despertaron. Eran sus vecinos. «Se van a inundar, salgan, viene la inundación».

Cuando intentó reaccionar, el agua ya había entrado a su vivienda. «Fue algo catastrófico. Ver cómo las cosas que consigues con tanto trabajo y esfuerzo se iban delante de tus ojos, fue muy doloroso», recuerda.

En cuestión de minutos, la casa quedó bajo el agua. Las camas, los electrodomésticos, los utensilios de cocina y buena parte de los bienes que había construido para sus hijos quedaron destruidos. Ella solo pensaba en una cosa: ponerlos a salvo.

«Solamente pudimos rescatar a nuestros niños y sacarlos a un lugar seguro. Perdimos absolutamente todo.»

Diana es madre de dos hijos: un bebé de siete meses y un niño de siete años. Como muchas madres de la región, trabaja todos los días para sacar adelante a su familia. Se define como una mujer emprendedora, luchadora y convencida de que el esfuerzo abre caminos para las nuevas generaciones.

Tras la emergencia, tuvo que abandonar su hogar y trasladarse junto a sus hijos a casas de familiares. Durante semanas vivieron lejos de su comunidad mientras esperaban que las condiciones permitieran regresar.

«Ha sido duro. No ha sido fácil. Recordar es volver a vivir lo que pasó», afirma.

Sin embargo, en medio de las pérdidas también encontró apoyo de World Vision. Diana recuerda especialmente los espacios donde las familias pudieron compartir sus experiencias, hablar de sus emociones y comenzar a sanar las heridas que dejó la emergencia.

«No solamente recibimos alimentos y elementos de aseo. También recibimos apoyo para el alma. Un acompañamiento que necesitábamos para seguir adelante», explica.

La historia de Diana es una de los cientos que surgieron tras las inundaciones que afectaron a comunidades del norte de Córdoba. Frente a la magnitud de la emergencia, World Vision activó una respuesta humanitaria enfocada en proteger a las familias más afectadas y contribuir a su recuperación.

La organización llegó a las comunidades con asistencia alimentaria, kits de higiene, acceso a agua segura y espacios de protección y apoyo psicosocial, reconociendo que la recuperación no solo implica reconstruir viviendas y bienes materiales, sino también fortalecer la esperanza, la resiliencia y el bienestar de quienes han vivido una situación de crisis,

En articulación con el Departamento de Estado de Estados Unidos, se entregaron 2.950 kits de alimentos y 2.950 kits de higiene durante dos meses en los municipios de Ayapel y Canalete, apoyando a hogares que enfrentaban las consecuencias de la emergencia.

Las familias también participaron en talleres de protección, fortaleciendo conocimientos y herramientas para el cuidado y bienestar de niñas, niños y adolescentes en contextos de crisis.

Adicionalmente, se donaron cinco filtros de agua comunitarios en instituciones educativas, contribuyendo al acceso a agua segura para niñas, niños y comunidades educativas afectadas por las inundaciones.

Estas acciones fueron posibles gracias al trabajo conjunto entre autoridades locales, líderes comunitarios y organizaciones comprometidas con la recuperación de los territorios.

Hoy, Diana continúa reconstruyendo su vida. Aunque el recuerdo de aquella madrugada permanece, también conserva la esperanza.

«Me mantengo con buena energía, actitud positiva y confiada en que vienen cosas grandes», dice con una sonrisa.

Su historia es un recordatorio de la fuerza de las comunidades cordobesas y de cómo, incluso después de perderlo todo, la solidaridad puede convertirse en el primer paso para volver a empezar.

Nunca es tarde para estudiar: Jefferson desafía los límites a través de Youth Ready

Tegucigalpa, Honduras | World Vision.- Mi nombre es Jefferson Alexander Pineda, tengo 21 años y vivo en la colonia Berlín de Tegucigalpa, Honduras. Hoy quiero compartir mi historia.

Desde muy pequeño entendí que la vida no iba a ser fácil. Tenía apenas 8 o 9 años cuando empecé a trabajar, primero ayudando en casa y luego acompañando a mi abuelo en trabajos de construcción. Así fui aprendiendo el oficio de ayudante de albañil, paso a paso, mientras también intentaba mantenerme en la escuela. Trabajar desde niño no fue una opción, fue una necesidad, pero también se convirtió en una escuela de vida: me enseñó responsabilidad, esfuerzo y a no rendirme.

En medio de ese camino, hubo momentos en los que pensé que mi educación había terminado. Me dijeron que no podría seguir estudiando y que mi límite sería el séptimo grado. Sin embargo, mi historia cambió cuando conocí el proyecto RISE de World Vision, a través de la metodología Youth Ready.

Gracias a ese apoyo, no solo retomé mis estudios, sino que hoy ya llevo dos años consecutivos con una beca completa. Actualmente estoy en noveno grado, avanzando con la convicción de que sí es posible construir un futuro diferente. Esta oportunidad llegó en un momento clave, cuando incluso algunos centros educativos no me aceptaban por mi edad; RISE me abrió una puerta que parecía cerrada.

Vivo con mi hermana y mis abuelos, quienes han sido un pilar fundamental en mi vida. Mi mamá, que migró por motivos económicos en busca de mejores oportunidades, siempre me ha guiado con sus consejos. Mi abuela me brinda sabiduría y ánimo, y mi abuelo, a sus 80 años, sigue trabajando conmigo, enseñándome cada día el valor del esfuerzo honrado. Juntos seguimos adelante, apoyándonos como familia.

Además de los retos económicos, también enfrento un desafío de salud. Actualmente utilizo una traqueotomía que me ayuda a respirar y a mantenerme activo.

Aunque los médicos han dicho que podría ser permanente, existe la posibilidad de una operación en el futuro. A pesar de esto, no me detengo: sigo estudiando, sigo trabajando y sigo luchando por mis metas.

Hoy tengo claro hacia dónde quiero ir. Me visualizo graduado como bachiller en Ciencias y Humanidades, trabajando en una buena empresa, apoyando a mi familia y construyendo un futuro estable. Sueño con poder adquirir un terreno propio y levantar un proyecto de vida que le dé seguridad a los míos.

A otros jóvenes que atraviesan dificultades, quiero decirles algo: no se rindan. No importa cuán difícil parezca el camino, siempre hay una oportunidad para salir adelante. Aprovechen cada espacio de formación, cada programa que les permita crecer. Y a las familias, les digo: acompañen a sus hijos, crean en ellos, porque ese apoyo puede cambiarlo todo.

Mi historia es prueba de que, aun en medio de las dificultades, el trabajo, la fe y una oportunidad pueden transformar una vida. Hoy sigo avanzando, paso a paso, con la certeza de que el esfuerzo vale la pena y que el futuro sí puede ser diferente.

De la escasez a la esperanza: Cómo el agua segura transformó la vida de Dariani en Guatemala

De la escasez a la esperanza: cómo el agua segura transformó la vida de Dariani en Guatemala

Ciudad de Guatemala, Guatemala | World Vision.- Durante décadas, el agua en Concepción Chiquirichapa, Guatemala, llegaba solo una vez al día, si es que llegaba. Las familias vivían en una escasez severa y se veían obligadas a recorrer largas distancias para recoger lo poco que podían de un tanque comunitario. Para muchos hogares, el agua no se medía en litros, sino en minutos y en esfuerzo.

Para Dariani, de 10 años y estudiante de cuarto grado, la crónica escasez de agua marcaba la vida diaria de su hogar, afectándola tanto a ella como a sus hermanos: Santos (13), Karen (6) y Auri (4). Antes de que saliera el sol, a menudo desde las 5:00 a.m., Dariani se despertaba para acompañar a su madre, Estela, en una larga caminata para recolectar agua en pesados cántaros. El trayecto era agotador y doloroso. Cargar los recipientes les lastimaba las manos y la espalda, y el regreso a casa dejaba muy poco tiempo para descansar o para que Dariani se preparara para la escuela.

«Me cansaba mucho», dice Dariani. «Caminábamos un montón solo para traer un par de tinajas, y el agua se acababa en solo una hora».

Al no haber suficiente agua en casa, el aseo personal y el lavado de la ropa eran limitados. A veces, Dariani tenía que usar la misma ropa durante varios días. En la escuela, sufría de burlas por parte de compañeros de clase que no entendían su situación. Le decían palabras hirientes, asumiendo que era descuidada, «pero la verdad es que no teníamos agua en la casa», explica Dariani.

La falta de agua afectaba más que la higiene, también les quitaba tiempo para aprender y jugar. Dariani entendía el agua como algo más que un recurso: era el tiempo que perdía para estudiar y la energía que necesitaba para disfrutar de la escuela. Además, consumir agua no segura afectaba gravemente la salud de la familia. «Una vez, mi hermana y yo nos enfermamos mucho», recuerda Dariani. «Mi hermanita menor tuvo que ir a la clínica y necesitó oxígeno».

Todo empezó a cambiar cuando World Vision, a través del programa de Patrocinio, junto con los líderes locales, la municipalidad y el Club Rotario, implementaron un proyecto de agua en la comunidad. Ahora, casi todos los hogares tienen acceso a agua segura, lo que ha traído alivio y transformación a familias como la de Dariani.

«Antes tardábamos 45 minutos caminando para ir a traer agua», comenta Estela. «Ahora ya no hacemos eso. Tenemos agua corriente aquí mismo en nuestro patio y nuestras vidas son diferentes. Podemos bañarnos o lavarnos el cabello todos los días si queremos».

Las mañanas se han transformado. En lugar de empezar el día en la oscuridad y el cansancio, Estela prepara el desayuno y despierta a sus hijas e hijo para que puedan lavarse la cara y alistarse para la escuela. «Antes, las niñas se iban a la escuela despeinadas y con el tiempo justo», dice. «Ahora van limpias y preparadas».

El impacto ha ido más allá de la salud y las rutinas. Al tener acceso al agua en casa, Estela ya no tiene que gastar dinero comprándola. «Ahora puedo ahorrar un poco y comprar alimentos como tomates», comparte. «También puedo pasar más tiempo con mis hijas».

Los días de Dariani ahora comienzan con tiempo para ella, en lugar de presiones. Puede bañarse, disfrutar del desayuno, preparar su mochila y llegar a la escuela con confianza y lista para aprender. Le encantan las matemáticas, la computación y sus clases del idioma Mam. Además, disfruta mucho el recreo: correr, saltar la cuerda, jugar con muñecas y perseguir a Félix, su cachorrito, cuando regresa a casa.

Tener agua se siente como una oración respondida para Dariani y Estela.

Dariani también ha aprendido sobre responsabilidad. Su madre le enseñó que el agua es un tesoro que debe usarse con sabiduría. Ahora, Dariani les recuerda a sus compañeros de clase que no la desperdicien y sueña con un futuro donde ninguna niña ni niño tenga que pasar por las dificultades que ella vivió. Espera continuar con sus estudios y, algún día, ayudar a las personas que no tienen acceso a agua limpia, especialmente a la niñez con discapacidad.

Para Dariani y su familia, el agua significa vida y salud. Lo que antes traía dificultades, hoy se ha convertido en una fuente de protección, dignidad y renovada esperanza.

Sobre el proyecto de agua

El proyecto de agua llegó a la comunidad el 19 de agosto de 2025, mediante la construcción de tanques de distribución, incluyendo uno edificado en una zona elevada para garantizar el acceso a todos los hogares participantes. Hoy en día, las familias disponen de agua segura diariamente de forma directa en sus patios, gracias al bombeo desde los tanques compartidos hacia cada vivienda.

El proyecto beneficia a 540 hogares y a 3,182 personas, de las cuales cerca del 40% son niñas y niños. Este logro es el resultado de la colaboración entre los líderes comunitarios, la municipalidad, World Vision y el Club Rotario, demostrando cómo la cooperación institucional puede entregar soluciones sostenibles a las comunidades.

Sobre el PDA (Programa de Desarrollo de Área)

El Programa de Desarrollo de Área Concepción Chiquirichapa, financiado por WVUS, cuenta con 3,606 niñas y niños registrados. Se implementa en el municipio de Concepción Chiquirichapa, ubicado en el departamento de Quetzaltenango, Guatemala. El contexto del programa es predominantemente rural, caracterizado por comunidades indígenas donde la agricultura es la principal fuente de sustento familiar. Los hogares enfrentan desafíos asociados a limitaciones económicas, acceso restringido a servicios básicos y vulnerabilidades sociales que afectan directamente el bienestar de la niñez.

Las intervenciones se ejecutan a través de capacitaciones comunitarias, apoyo técnico y la promoción del liderazgo juvenil. El programa busca fortalecer el acceso a una educación de calidad, promover oportunidades económicas para las familias, mejorar el acceso a los servicios de salud y fomentar entornos protectores donde las niñas, niños y adolescentes puedan desarrollarse plenamente.

Complementariamente, el programa impulsa la participación activa de las y los adolescentes en redes juveniles y procesos de liderazgo comunitario, fortaleciendo sus habilidades sociales, autoestima y capacidad de incidencia en sus comunidades. A través del Patrocinio de Niños, el programa implementa espacios de participación infantil, redes, mentorías comunitarias y formación en valores y liderazgo. Estas iniciativas permiten a la niñez desarrollar habilidades sociales, autoestima y sentido de pertenencia, al tiempo que consolidan su relación con la comunidad y con los patrocinadores que apoyan su desarrollo.

Un talento que no conoce de fronteras: el camino de resiliencia de una líder colombo-venezolana

Bogotá, Colombia | World Vision.- Mi nombre es Daniela López y soy orgullosamente colombo-venezolana. Nací en el estado Táchira, una región fronteriza que me enseñó, desde muy temprano, que la diversidad cultural y el espíritu de lucha son motores de cambio. Allí aprendí una lección que hoy guía mi vida: las circunstancias no definen nuestro destino, lo que realmente lo marca es nuestra capacidad de levantarnos y seguir adelante con esperanza.

En 2018, tomé la decisión de migrar a Colombia. Como tantos otros jóvenes, llegué con una maleta cargada de sueños y una convicción inquebrantable: la educación sería mi herramienta para transformar mi realidad. Adaptarme a un nuevo país implicó empezar de cero, pero también fue la oportunidad perfecta para demostrar que el talento y la determinación no conocen fronteras.

Actualmente curso séptimo semestre de Ingeniería de Sistemas, una carrera donde descubrí que la tecnología no es solo código, sino una poderosa arquitectura para crear soluciones que impacten la vida de las personas. Complementando esta visión técnica, obtuve un Global MBA en la Escuela de Negocios de Barcelona (ENEB), lo que me permitió integrar la innovación y el emprendimiento con un liderazgo estratégico.

Sin embargo, mi verdadera «primera escuela» fue el tatami. La lucha deportiva me forjó en la disciplina, la resistencia y la fortaleza mental. Cada competencia me recordó que el éxito se construye con esfuerzo constante y con la valentía de levantarse después de cada caída. Esos valores deportivos son los que hoy aplico en cada proyecto académico y profesional.

Transformando comunidades y cerrando brechas

Mi compromiso va más allá del crecimiento individual, creo firmemente en el impacto social colectivo. Por ello, participo activamente en espacios de liderazgo global y nacional:

  • Global Youth Alliance: Desde la junta directiva, coordino iniciativas de educación y emprendimiento para fortalecer a las nuevas generaciones de líderes.

  • Red Shiminigüe Sacha: Como cofundadora, trabajo para conectar y empoderar a jóvenes en diversos territorios de Colombia, impulsando su potencial como agentes de cambio.

Hoy, mi mayor apuesta es STEAMie, una plataforma que desarrollo en el marco de una hackathon por el Día Internacional de la Mujer. STEAMie nace para cerrar la brecha de género en las áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas. Queremos inspirar a niñas y mujeres a descubrir que la innovación también les pertenece.

Creo profundamente en el poder de las mujeres y las niñas que encuentran su voz. Mi historia es la de muchas jóvenes migrantes que decidieron no rendirse y apostar por el conocimiento como motor de cambio.

Estoy convencida de que cuando una niña descubre su potencial, no solo transforma su propio destino, cambia el futuro de su familia, de su comunidad y, eventualmente, el de todo un país.

Kimberly, el rostro de una nueva generación de liderazgo en Honduras

Tegucigalpa, Honduras | World Vision.- Kimberly tiene 11 años y vive en La Minita, Teupasenti, junto a sus padres y sus tres hermanas. Es una niña patrocinaday una líder emergente en su escuela y comunidad. En 2025, fue elegida presidenta del gobierno estudiantil de su centro educativo mientras se prepara para comenzar la secundaria el próximo año.

A través de su participación en el programa “Charlemos”, Kimberly aprendió algo que su madre nunca tuvo la oportunidad de comprender a su edad: que la menstruación es una parte natural y saludable del crecimiento.

Antes de esto, las conversaciones sobre la menstruación no eran comunes en su hogar ni en su comunidad. Como muchas niñas, Kimberly podría haber enfrentado confusión, miedo o vergüenza al experimentar cambios en su cuerpo. Su madre, Dania, recuerda haber pasado por eso ella misma, sin información y sin nadie que la guiara.

Dania es una líder activa en su comunidad, se desempeña como secretaria de un grupo de ahorro y como agente de cambio local. Ha desempeñado un papel fundamental para garantizar el acceso a servicios básicos y programas comunitarios, lo que ha transformado la vida diaria de las familias.

Ella recuerda cuando no había agua en su comunidad. Las familias dependían de rutinas largas y físicamente exigentes solo para satisfacer sus necesidades básicas. Las mujeres se levantaban temprano para recoger agua para cocinar y lavar, mientras que los hombres la transportaban usando animales. La escuela local no tenía letrinas ni agua, y las niñas y niños tenían que hacer sus necesidades al aire libre.

Eso ha cambiado. Con el apoyo de World Vision, la comunidad ahora tiene acceso a agua limpia e instalaciones de saneamiento adecuadas. Estas mejoras han tenido un impacto claro en la salud.

A través de «Charlemos», Kimberly obtuvo conocimientos prácticos sobre higiene menstrual, cuidado del cuerpo y autorespeto. Igual de importante es que también aprendió que no hay nada de qué avergonzarse.

Ese conocimiento no se quedó solo con ella. Kimberly comenzó a compartir lo que aprendió con su familia y vecinos, ofreciendo consejos sobre higiene y ayudando a abrir conversaciones que durante mucho tiempo se habían evitado. Al hacerlo, está ayudando a cambiar las actitudes en su comunidad, donde el silencio en torno a la menstruación ha sido común.

Su confianza al hablar de estos temas se refleja en otras áreas de su vida. Se ha convertido en una líder entre sus pares, usando su voz para apoyar y alentar a los demás. Con planes de continuar su educación, Kimberly representa a una nueva generación de niñas que están mejor informadas, más seguras y más preparadas.

Sobre el Programa de Área (PDA)

El Programa de Desarrollo de Área (PDA) Teupasenti está ubicado en el departamento de El Paraíso, en la región suroriental de Honduras, a 92 kilómetros de la capital, Tegucigalpa, y a 34 kilómetros de la frontera con Nicaragua. Actualmente cuenta con 1,925 niñas y niños registrados en el programa de patrocinio.

El PDA implementa un programa integral enfocado en el bienestar y la protección de la niñez, el fortalecimiento familiar y comunitario, y el desarrollo sostenible. El PDA Teupasenti trabaja directamente en 18 comunidades donde se ejecutan cinco proyectos: THRIVE, Cultivando Futuros, Beyond Access, WASH y Ella Lidera.

A través de estas iniciativas, se trabaja para desarrollar medios de vida sostenibles y seguridad de ingresos para las familias, prevenir el trabajo infantil en comunidades cafetaleras, fortalecer la autoestima, el liderazgo y la participación social y económica de mujeres y niñas, y garantizar el acceso equitativo y sostenible a servicios básicos de agua potable, saneamiento e higiene mediante la construcción y rehabilitación de sistemas de agua. Además, se están construyendo instalaciones de saneamiento escolar que cumplen con los estándares internacionales.

Yolanda impulsa la inclusión juvenil en Honduras

Tegucigalpa, Honduras | World Vision.- Soy Yolanda Gómez, hondureña de 29 años. Desde los tres años vivo con una condición poco común llamada síndrome de Morquio, que afecta mis huesos y mi movilidad. Aunque mi niñez estuvo llena de amor, también enfrenté miedos, inseguridades y momentos en los que sentía que no encajaba. Sin embargo, siempre he creído que Dios tiene un propósito para cada vida. 

En 2016, la partida de mi padre marcó uno de los momentos más difíciles de mi vida. Él era mi guía y mi mayor apoyo. Su ausencia me llevó a pausar mis estudios y a vivir un tiempo de mucha incertidumbre. Pero incluso en medio del dolor, Dios ya estaba preparando nuevos caminos para mí. 

En 2017 conocí el proyecto Youth Ready de World Vision Honduras. Llegué buscando mejorar mis habilidades sociales, pero terminé encontrando algo mucho más grande: un propósito. En 2018 me convertí en voluntaria y tuve la oportunidad de dar palabras de bienvenida a la familia Barret. Ese mismo año retomé mis estudios universitarios y comprendí que siempre hay personas dispuestas a extender una mano cuando decidimos levantarnos. 

En 2019 inicié mi primer empleo en la municipalidad de mi municipio, desempeñándome en funciones dentro de la Biblioteca Municipal, una experiencia que fortaleció mi responsabilidad, mi servicio a la comunidad y mi deseo de seguir creciendo. 

Ya para 2020, en medio de la pandemia, asumí el reto de facilitar la metodología Youth Ready de manera virtual, acompañando a jóvenes en su proceso de formación. Fue un tiempo desafiante, pero también una oportunidad para ver cómo muchos jóvenes comenzaban a creer nuevamente en sus sueños. 

Fue así como 2022 participé desde El Salvador en la reescritura de la metodología Youth Ready con enfoque GESI (Género e Inclusión Social). En 2023 también fui parte del proceso de cofundación del Programa Municipal de Personas con Discapacidad, impulsando espacios de sensibilización sobre inclusión, derechos y participación. También continuo activa en la Red de Empoderamiento Juvenil HN, promoviendo liderazgo juvenil, salud mental, participación y cuidado ambiental. 

En ese sentido, en 2025 tuve la oportunidad de participar en la Cumbre Global de Juventudes de Global Youth Alliance, bajo el lema “Joven presente liderando el cambio”, una experiencia que fortaleció mi visión de liderazgo y compromiso con las juventudes del mundo. Actualmente formo parte de la dirección global en la coordinación de Inclusión Plena y Diversidad dentro de esta plataforma internacional.  

Además, estoy participando activamente en el Consejo Asesor de Juventudes de la ONU Honduras, aportando la voz de la juventud y promoviendo una sociedad más inclusiva y justa. 

Han pasado ocho años desde que me integré a Youth Ready, un camino que me ha permitido crecer, empoderarme y madurar. World Vision llegó a mi vida no solo con un proyecto, sino con una promesa: “No estás sola”. Gracias a cada persona y a los donantes que creyeron en mí, ahora yo también abro puertas para que otros jóvenes descubran que sus vidas tienen valor, que sus sueños importan y que pueden crecer, brillar y volar. 

Hoy miro hacia atrás y reconozco cuánto he crecido. Y con fe en Dios, esperanza en el corazón y la convicción de que cada vida tiene un propósito, puedo decir con certeza: ¡Lo mejor aún está por venir!