¿Obligará finalmente la COP30 al mundo a mirar a los niños y niñas de la Amazonía?

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Para João Diniz, Líder Regional para América Latina y el Caribe en World Vision, los niños y niñas de la Amazonía están en el epicentro de la crisis climática, y su futuro es inseparable del destino del planeta.

Este año, la COP30, la conferencia mundial sobre cambio climático se celebrará en Belém, en pleno corazón de la Amazonía, una región tan vital que a menudo se le llama “los pulmones de la Tierra”. Sin embargo, detrás de las grandes promesas y las negociaciones clave, se esconde una paradoja inquietante: el lugar que albergará las conversaciones más urgentes sobre el clima es también uno de los más difíciles para crecer siendo niño.

La Amazonía debería ser un paraíso, un aula viva de ríos, bosques y vida desbordante. Pero para millones de niños y niñas, se ha convertido en un lugar de privaciones y peligro. Más de la mitad de las familias de la región viven en pobreza multidimensional, y el 45% enfrenta inseguridad alimentaria. Uno de cada cuatro niños sufre desnutrición crónica y, en algunas comunidades, hasta el 80% carece de acceso a agua potable y saneamiento.

A esto se suman profundas fracturas sociales: en varias zonas, dos de cada tres niños han sido víctimas de violencia física o psicológica; el embarazo adolescente afecta a más del 37% de las niñas entre 15 y 19 años; y el trabajo infantil en menores de 15 años alcanza hasta el 36%. Para todos ellos, la crisis climática no es un concepto abstracto: es la fiebre tras una picadura de mosquito, la tos provocada por el aire contaminado, el miedo de que la próxima inundación arrase con su escuela.

 

Más allá del dosel del bosque

Podría decirse que la preocupación global por la Amazonía suele centrarse en el carbono, los árboles y la biodiversidad, causas nobles, aunque incompletas. Si bien esa atención es valiosa, a menudo deja de lado una dimensión crucial: las vidas que transcurren bajo ese dosel. Para las comunidades indígenas, con demasiada frecuencia marginadas, la naturaleza es mucho más que un recurso: los bosques, ríos, montañas y mares son ancestros vivos, guardianes de historias, espiritualidad e identidad. Romper ese lazo no es solo destruir un ecosistema, sino borrar un legado donde el ser humano y la Tierra coexisten como uno solo.

La pobreza, la violencia y los desastres climáticos no solo coexisten, colisionan. El colapso ambiental magnifica la fragilidad social, erosionando los cimientos mismos de la infancia. Sin una inversión decidida, esta generación no heredará un bosque lleno de vida, sino un legado de pérdida.

 

 

 

La oportunidad y la responsabilidad

El país anfitrión, Brasil, ha propuesto el “Fondo Bosques Tropicales para Siempre”, con una meta de USD $125 mil millones, diseñado para sostener la conservación a través de retornos de inversión. Sin duda, se trata de una propuesta audaz y visionaria. Pero cabe preguntarse: ¿llegarán esos fondos a los niños y niñas que viven en estos bosques? En las últimas dos décadas, solo el 2.4% del financiamiento climático multilateral ha tenido como objetivo directo a la infancia. Este descuido es tan injusto como miope.

Invertir en resiliencia centrada en la niñez es una estrategia inteligente. Fortalecer servicios esenciales como agua, saneamiento, salud y educación ante los impactos climáticos beneficia a comunidades enteras. Escuelas resistentes a inundaciones, clínicas que permanecen abiertas durante las sequías y sistemas de protección que resguardan a la niñez de la violencia garantizan que la acción climática se traduzca en supervivencia humana.

 

Tres cambios urgentes para una Amazonía viva

Redefinir el futuro de la Amazonía implica invertir en servicios públicos bien financiados y resilientes al clima. La salud, la educación, el agua y la protección no son mejoras opcionales, sino salvavidas fundamentales para la niñez. A medida que aumentan los impactos climáticos, la falta de fondos suficientes para adaptación y para responder a pérdidas y daños deja a los niños cada vez más expuestos. Ellos son quienes menos han contribuido a la emergencia climática, pero sufren sus peores consecuencias. El financiamiento climático debe ser sensible a la niñez y liderado localmente, garantizando inversiones que fortalezcan los sistemas de los que dependen su seguridad, bienestar y futuro.

Igualmente, crucial es asegurar que los niños, niñas y jóvenes en especial los indígenas y los más marginados, participen activamente en la construcción de su futuro, como recomienda la CMNUCC. Sus voces transmiten la urgencia de la experiencia vivida, y su conocimiento encierra la sabiduría de generaciones que han cuidado del bosque mucho antes de que existieran las cumbres climáticas. Empoderarlos es invertir en la solución climática más poderosa de la Amazonía: su gente.

 

Un espejo para el mundo

Datos recientes de satélites muestran que las alertas por degradación forestal aumentaron un 44% entre 2023 y 2024, lo que representa un asombroso 163% de aumento desde 2022. Solo el año pasado se dañaron más de 25,000 kilómetros cuadrados de bosque, dos tercios a causa del fuego. Los ríos se están secando, la contaminación va en aumento y los ecosistemas colapsan. La Amazonía lucha por respirar, y también lo hacen sus niños y niñas. Su posible colapso podría liberar hasta 300 mil millones de toneladas de carbono, haciendo inalcanzable la meta de 2 °C del Acuerdo de París, y mucho más aún la de 1.5 °C. El mensaje es claro: el destino de los niños de la Amazonía y el del planeta son uno solo.

Cuando se inaugure la COP30, los delegados debatirán sobre emisiones, financiamiento y marcos de acción. Pero antes del primer discurso, deben hacerse una pregunta más simple: ¿estamos priorizando a la infancia con la misma urgencia con la que tratamos de reducir las emisiones?

Porque si los niños y niñas de la Amazonía no pueden respirar aire limpio, beber agua segura o caminar a la escuela sin miedo, entonces ninguno de nosotros podrá hablar de verdadero progreso.

Sobre João Diniz

Con más de 35 años de experiencia en liderazgo estratégico, desarrollo de recursos y gestión organizacional, João Diniz es un destacado ejecutivo de World Vision. Actualmente se desempeña como Líder Regional para América Latina y el Caribe, brindando liderazgo visionario en toda la región.

Ha ocupado varios cargos senior dentro de World Vision International, incluyendo Director Global de Asuntos Estratégicos, Ministeriales y Financieros (con sede en Nairobi, Kenia) y Director Regional de Estrategia para América Latina y el Caribe (con sede en San José, Costa Rica). En Brasil, fue Director Nacional y anteriormente lideró las áreas de Desarrollo Económico, Mercadeo y Recaudación de Fondos.

Es ingeniero agrónomo con estudios de posgrado en Agricultura Tropical y una maestría en Administración de Empresas con especialización en Gestión Financiera por la Universidad Federal de Pernambuco, Brasil.