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Etiqueta: brasil

World Vision Brasil ayudará a 200,000 niños en emergencia por inundaciones en Rio Grande do Sul

Inundaciones en Rio Grande do Sul, Brasil.

La organización instalará dos espacios seguros centrados en la protección infantil y seguridad, apoyo psicosocial y otros esenciales.

Informe de situación: Esperanza Sin Fronteras, Diciembre 2023

Familia migrante beneficiada por el proyecto Esperanza Sin Fronteras de World Vision.

En medio de la crisis migratoria, brindamos apoyo integral a quienes lo necesitan, independientemente de su origen migratorio, económico, social o étnico.

Lanzan consulta regional sobre el derecho humano a la alimentación y el cambio climático

Cultivo de frijol en Honduras.

La consulta, abierta hasta el 30 de abril, espera recabar la voz de niños y niñas y sus familias en Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guatemala, Haití y México.

Taissa: un viaje de esperanza y compromiso medioambiental hacia la COP28

Taissa rumbo a la COP28

Gracias a su activismo, Taissa es una de las adolescentes respaldadas por World Vision para participar en EAU en eventos relacionados a la cumbre climática COP28

World Vision reconoce a empresas socialmente responsables

Sembrando Esperanza, evento de World Vision y empresas españolas.

Sembrando Esperanza: iniciativa reconoce el aporte del sector privado español a la sostenibilidad ambiental y social de comunidades vulnerables en Latinoamérica.

Incendios, pérdidas de cultivos y hambre se extienden por territorios Amazónicos

Sequía afecta a la Amazonía.

Más de 600.000 personas en Brasil y 200.000 en Perú sufren los efectos de la peor sequía en 127 años.

World Vision advierte de la inminente crisis alimentaria en la cuenca del Amazonas debido a El Niño

Vista aéra de casas en la amazonía brasileña.

Poblaciones amazónicas en Perú y Brasil sin capacidad para transportar agua y alimentos debido la sequía

La determinación de Lara: persigue sus sueños en el fútbol

Lara juega al fútbol en Brasil.

Lara es una de las 160 niñas que son atendidas por el proyecto Fútbol de Ellas, de World Vision Brasil, en Recife (PE).

Lusmara, Amarilys y Belzabeth, ángeles de esperanza en Brasil

Lusmara, Amarilys y Belzabeth llevan esperanza.

A través de su labor con World Vision, estas mujeres venezolanas están extendiendo amor y solidaridad a sus compatriotas en momentos de necesidad.

Espacios de esperanza para la niñez migrante en Pacaraima

Niños en Espacios Amigables en Pacaraima.

Esta iniciativa busca la integración y la convivencia pacífica entre propios y extranjeros en Pacaraima.

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Otras noticias e historias

World Vision América Latina es una ONG que trabaja por servir y ayudar a las comunidades más vulnerables, enfocando nuestros esfuerzos en niñas, niños y adolescentes a través de diferentes proyectos.

¿Puede realmente la financiación por carbono sanar el planeta o hay algo más bajo la superficie?

Yukiko Yamada Morović, Directora Técnica de Sostenibilidad Ambiental y Acción Climática (ESCA), reflexiona sobre si los créditos de carbono realmente funcionan y quién se beneficia cuando la naturaleza se convierte en un mercado.

20 de octubre de 2025

Después de una larga caminata entre el polvo rojizo y las acacias espinosas del sur de Etiopía, conocí a Abreham, un agricultor forestal que vive al pie de las colinas de Humbo. Su familia estuvo al borde del exilio, empujada por la sequía, el hambre y la lenta muerte de su tierra ancestral. Habían empacado sus pocas pertenencias, preparándose para abandonar el bosque que había sustentado a generaciones. Y entonces, de forma inesperada, la tierra empezó a respirar de nuevo.

El punto de inflexión llegó con el Proyecto de Regeneración Natural Asistida de Humbo de World Vision, la primera iniciativa de restauración de tierras a gran escala en África bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. A través de la Regeneración Natural Asistida por Agricultores (FMNR) —una técnica aparentemente simple de proteger y podar tocones de árboles para fomentar su rebrote— la comunidad descubrió que la sanación no comenzaba con excavadoras, sino con sus propias manos, paciencia y perseverancia silenciosa. Cada retoño que emergía del polvo se convirtió en testimonio del trabajo y amor de personas que cuidaban la tierra, demostrando que la restauración es tanto un acto de devoción como de diseño.

Abreham, una agricultora forestal que vive al pie de las colinas de Humbo, en el sur de Etiopía, sonríe a la cámara junto a su hija Lidiya.
Abreham, una agricultora forestal que vive al pie de las colinas de Humbo, en el sur de Etiopía, sonríe a la cámara junto a su hija Lidiya.

Cuando el bosque volvió a la vida

En pocos años, el paisaje de Humbo se transformó. Los arbustos se convirtieron en árboles, y los árboles en un bosque próspero. El proyecto puso en restauración más de 2,700 hectáreas de tierra degradada, redujo las emisiones de carbono y ofreció a las familias una alternativa a dejar sus hogares.

Se estima que el proyecto reducirá 880,000 toneladas de CO₂, el equivalente a sacar 190,000 automóviles de circulación durante un año. Las comunidades locales ahora obtienen ingresos gracias a medios de vida diversificados, cooperativas y la venta de créditos de carbono, un mecanismo de mercado global que recompensa la protección ambiental.

Sin embargo, uno podría preguntarse… ¿realmente esto equilibra la balanza?

 

Cuando la “financiación climática” se enfrenta a la realidad

Etiopía ha perdido casi una quinta parte de su cobertura forestal en solo 25 años, impulsada por la expansión agrícola, la demanda de leña y la presión poblacional. Estas cifras suelen parecer abstractas… hasta que te paras, como yo lo hice, junto a Lidiya, la hija de Abreham. Cuando le pregunté qué era lo que más disfrutaba del bosque, sonrió y dijo: “Me encanta correr entre los árboles, comer bayas silvestres y ver a los pájaros”. Fue un momento de claridad silenciosa, un recordatorio de que detrás de cada hectárea restaurada hay una historia de infancia, esperanza y pertenencia.

Aun así, aunque el proyecto Humbo demuestra lo que es posible cuando las comunidades lideran, hay una verdad incómoda en el centro de esta narrativa: la financiación por carbono, aunque prometedora, puede convertirse fácilmente en algo transaccional. Cuando se “compensa” una tonelada de carbono en Etiopía para que las emisiones puedan continuar en otra parte del mundo, podríamos estar comprando consuelo moral, no cambio sistémico.

Aunque los defensores de los mercados de carbono destacan su potencial económico, la distribución de beneficios sigue siendo desigual. Comunidades como la de Humbo —las que protegen los bosques, miden los retoños y asumen los riesgos— a menudo reciben solo una fracción de los ingresos. La pregunta que persiste: ¿pueden coexistir la justicia y el carbono en la misma contabilidad?

Cultivo de khat en ladera/ WV21122098/ Etiopía/2025

La promesa y la paradoja de la COP30

Mientras el mundo dirige su mirada hacia la COP30 en Belém, Brasil, las expectativas no podrían ser más altas… ni el riesgo de repetición más grande. Aunque la retórica sobre “transiciones justas” y “financiación inclusiva” suena cada vez más fuerte, la realidad vivida por comunidades como la de Humbo sigue siendo frágil.

Este es un momento para que los gobiernos, inversionistas privados y socios para el desarrollo se pregunten no solo cuánto carbono se puede comercializar, sino cuántas vidas se pueden transformar realmente.

La historia de Humbo ofrece una pista: el cambio real comienza cuando se transfiere la propiedad, cuando son los agricultores locales —y no los mercados internacionales— quienes deciden el destino de sus bosques.

 

Reimaginar la financiación por carbono más allá de los indicadores

El éxito de Humbo es innegable. Las tasas de pobreza han disminuido, la fertilidad del suelo ha mejorado y niñas como Lidiya vuelven a crecer rodeadas de árboles en lugar de polvo. Sin embargo, debemos resistir la tentación de romantizar. Por cada Humbo, hay docenas de proyectos que se estancan cuando se acaba la financiación de los donantes, donde la “participación comunitaria” existe más en los informes que en la práctica.

Repensar esta perspectiva nos lleva a una verdad: las soluciones basadas en la naturaleza no pueden prosperar si se desconectan de enfoques centrados en la justicia. El carbono no debe convertirse en la nueva moneda de la desigualdad: comercializada, especulada y acaparada. Más bien, debe representar una inversión compartida en la supervivencia de la humanidad, medida no solo en toneladas, sino en confianza.

Un momento para replantear

De cara a la COP30, los gobiernos, las instituciones globales y los actores del mercado de carbono deben garantizar que las soluciones climáticas estén centradas en la niñez, impulsadas por las comunidades y guiadas por la justicia. De lo contrario, la próxima generación heredará un mundo más verde… pero no necesariamente más justo.

Porque si bien es fácil medir el carbono, es mucho más difícil —y urgente— medir la equidad.

Yukiko Yamada Morović es Directora Técnica de Sostenibilidad Ambiental y Acción Climática en World Vision, donde lidera la estrategia global de la organización para abordar los desafíos ambientales y climáticos que afectan a la niñez en comunidades vulnerables. Con más de 20 años de experiencia en desarrollo internacional, contribuye activamente al diálogo climático y de sostenibilidad global a través de plataformas como el Consejo Global del Futuro del Foro Económico Mundial y el Consejo de Mujeres de Faith for Earth de UNEP.

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World Vision Haití moviliza respuesta de emergencia ante la intensificación del huracán Melissa

Puerto Príncipe, Haití – 27 de octubre de 2025. 

A medida que el huracán Melissa se fortalece y alcanza la categoría 5, la más alta en la escala de Saffir-Simpson, World Vision Haití está ampliando rápidamente su respuesta de emergencia para proteger a los niños, niñas y familias vulnerables en los departamentos afectados del país. 

El 25 de octubre, el Gobierno de Haití elevó el nivel de alerta a rojo para los departamentos de Grand’Anse y Sud, el nivel más alto de advertencia. Los departamentos de Sudeste, Nippes y Oeste permanecen en alerta naranja, mientras las autoridades instan a las comunidades a seguir las orientaciones oficiales y evitar las zonas de alto riesgo. 

En el sur, 124 familias que viven en zonas precarias de Les Cayes, Île-à-Vache y Coteaux comenzaron a trasladarse a refugios de emergencia desde el 24 de octubre. Las escuelas del Gran Sur han suspendido clases debido al mal tiempo y a su uso como albergues temporales. 

Según el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC), se prevé que las condiciones meteorológicas inestables persistan, con lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos de tierra en las zonas costeras y montañosas. 

Hasta el momento se han reportado tres fallecidos y una persona gravemente herida tras un deslizamiento de tierra en Fontamara, Puerto Príncipe. Varios ríos se han desbordado en distintos departamentos, causando daños en viviendas, carreteras e infraestructura crítica. 

Los medios de vida agrícolas también están bajo grave amenaza. Las fuertes lluvias y vientos han dañado cultivos, bloqueado el acceso a tierras y mercados, y afectado las actividades pesqueras a lo largo de la costa sur. En Mapou (Sudeste), se han perdido 15 hectáreas de maíz. Estos impactos ponen en riesgo la próxima temporada agrícola de invierno y podrían profundizar la inseguridad alimentaria. 

De acuerdo con el análisis del IPC de octubre de 2025, más de 1.4 millones de personas en los departamentos afectados ya se encuentran en Crisis (Fase 3 del IPC) y 350,000 en Emergencia (Fase 4 del IPC). Sin una intervención urgente, la tormenta podría empujar a más familias hacia una situación de mayor vulnerabilidad. 

World Vision Haití ha activado su Equipo de Gestión de Incidentes (IMT) a nivel nacional y regional, y está coordinando estrechamente con la Dirección General de Protección Civil (DGPC) y otros socios humanitarios. Los suministros de ayuda previamente posicionados están listos para atender a 3,000 hogares, incluyendo kits de higiene, utensilios de cocina y materiales para refugio. Los equipos de respuesta rápida permanecen en alerta para desplegarse tan pronto las condiciones lo permitan. 

Para cubrir las necesidades inmediatas, World Vision Haití ha asignado USD 300,000 de su Fondo Nacional de Preparación y Respuesta ante Emergencias (NEPRF). La organización está gestionando apoyo con la Alianza y los donantes para asegurar financiamiento flexible y oportuno que permita ampliar la respuesta. Las campañas de recaudación de fondos se definirán tras las evaluaciones rápidas de necesidades y la coordinación con las autoridades nacionales. 

“Los niños y las familias en Haití enfrentan crisis que se agravan unas sobre otras”, señaló Lesly Michaud, Director del Programa País. “Estamos comprometidos a acompañar a las comunidades durante esta tormenta y después de ella, asegurando que reciban el apoyo necesario para recuperarse y reconstruir sus vidas.” 

World Vision Haití continuará monitoreando de cerca la situación, manteniendo su enfoque en proteger a los más vulnerables, restaurar los medios de vida y fortalecer la resiliencia a largo plazo. 

 

Contacto de prensa: 

Guy F. Vital-Herne 

Gerente de Comunicaciones y Relaciones con Iglesias 

World Vision International Haití 

guy_vital-herne@wvi.org 
+509 3711-1653 

 

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Personas desplazadas en Haití: voz, derechos y dignidad

En Haití, más de 1.3 millones de personas —entre ellas niñas, niños, mujeres y personas con discapacidad— viven hoy desplazadas dentro de su propio país. Han sido forzadas a abandonar sus hogares por la violencia armada que, desde hace años, ha despojado a comunidades enteras de su seguridad, sus medios de vida y su esperanza.

El informe “Personas desplazadas internamente: voz, derechos y dignidad”, elaborado por World Vision Haití, revela la dura realidad de quienes buscan refugio en albergues improvisados en la Meseta Central y otras regiones del país. Las cifras muestran una emergencia prolongada: el 96% de las personas encuestadas afirma haber huido por la violencia; el 86% vive atrapado en la incertidumbre desde hace meses; y más de la mitad carece de acceso seguro al agua, al saneamiento y a los servicios básicos de salud.

Niñas y niños ven interrumpido su derecho a la educación; las mujeres enfrentan riesgos constantes de violencia física y sexual; y las familias, sin recursos ni estabilidad, dependen completamente de la asistencia humanitaria para sobrevivir.

Ante esta crisis silenciosa, World Vision reafirma su compromiso con las personas desplazadas y hace un llamado urgente a las autoridades nacionales, a la comunidad internacional y a la sociedad civil para restaurar sus derechos, proteger su dignidad y construir caminos de esperanza y resiliencia.

Lee el informe completo y únete al llamado por un Haití donde cada persona pueda vivir con seguridad, justicia y dignidad:

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BITÁCORA DE ESPERANZA: Una respuesta que traspasó fronteras

Durante seis años, Esperanza sin Fronteras marcó un antes y un después en la protección de la niñez migrante en América Latina y el Caribe.
Más de un millón de atenciones, cientos de alianzas locales y miles de historias de resiliencia dan forma a esta bitácora viva que celebra la fe, la dignidad y la esperanza.

En este informe, World Vision comparte los aprendizajes, innovaciones y testimonios que surgieron de una de las respuestas humanitarias más significativas de la región.
No es solo un cierre: es un legado que continúa floreciendo en cada comunidad, iglesia y familia que decidió abrir sus puertas para acompañar a quienes cruzan fronteras buscando un futuro mejor.

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Meliponicultura en la Amazonía: un modelo para combatir la pobreza y preservar el bosque

La Amazonía ecuatoriana, una región de inmensa biodiversidad pero afectada por una pobreza rural que supera el 60%, ha encontrado en la meliponicultura —la cría de abejas nativas sin aguijón (meliponas)— una poderosa herramienta de desarrollo sostenible y conservación.

World Vision, en alianza con jóvenes líderes como Jefferson y Aide del Hospital de Abejas Sin Aguijón (HASA), ha impulsado esta actividad que no solo protege especies vitales para la polinización, sino que ofrece una fuente de ingresos sostenible a más de 200 familias rurales.

Las abejas meliponas, al ser polinizadoras esenciales y producir miel con propiedades medicinales de alta demanda, atacan directamente la inseguridad alimentaria y generan recursos que las familias invierten en la nutrición, educación y salud infantil.

Esteban Lasso, director país de World Vision Ecuador, subraya que este enfoque trasciende el asistencialismo:

«La meliponicultura es un ejemplo perfecto: es técnicamente viable, económicamente rentable, culturalmente apropiada y ambientalmente sostenible. Asegura que los niños tengan acceso a nutrientes de alta calidad, al mismo tiempo que genera ingresos para sus familias.»

Este modelo demuestra que es posible generar desarrollo económico sin destruir el capital natural, promoviendo el cuidado y la regeneración del bosque.

Lea la nota completa y conozca cómo la meliponicultura está rompiendo el ciclo de la pobreza y regenerando la Amazonía ecuatoriana:

Meliponicultura en la Amazonía: un modelo para combatir la pobreza y preservar el bosque – Infobae

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EcoTernura: El Compromiso de World Vision para Proteger la Niñez y la Naturaleza

World Vision impulsa EcoTernura, una iniciativa que busca fomentar una participación activa de la niñez en la protección del medio ambiente. Este programa se fundamenta en la idea de que el cuidado del corazón es inseparable del cuidado de la Creación, promoviendo una relación de amor y respeto por todo lo creado.

La iniciativa, implementada en más de 10 países de Latinoamérica y el Caribe, busca proteger el desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes al asegurar entornos naturales saludables y promover prácticas de amor y reciprocidad con la naturaleza.

Según Griselma Granert, asesora regional de Niñez en Desarrollo para América Latina y el Caribe de World Vision, el programa se basa en una perspectiva teológica que considera el cuidado de la Creación como un «compromiso sagrado»:

«No se trata de sembrar árboles o reciclar, la iniciativa implica un compromiso que emana del corazón para cuidar y cultivar, más que como un mandato para ser ejecutado.»

El objetivo es claro: preparar a la niñez para que sea una generación transformadora que impulse la sostenibilidad, reconociendo el papel interdependiente de todas las formas de vida.

Vea la entrevista completa sobre la iniciativa EcoTernura y el compromiso de World Vision con la niñez y la naturaleza en la región:

World Vision – EcoTernura: Compromiso Sagrado que Emana del Corazón

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Cómo Judenie escapa de las sombras de la violencia

Wista, una madre de 47 años, y su hija Judenie, de 5, vivían con miedo constante tras el anuncio de un inminente ataque por parte de bandas locales. Wista, una comerciante a pequeña escala, se vio obligada a abandonar su medio de vida cuando las pandillas comenzaron a aterrorizar a su comunidad. A pesar de su conocimiento del negocio y su dedicación para mantener a su familia, no tuvo otra opción más que dejarlo todo atrás.

“Tenía un pequeño negocio que me dio World Vision. Pero cuando la gente decía que las pandillas tomarían la ciudad, me dio mucho miedo seguir. Las pandillas hicieron que fuera demasiado peligroso. No tuve opción, tuve que irme”, cuenta. El camino hacia un lugar seguro no fue fácil. A cada paso, el trayecto se volvía más peligroso. Wista y Judenie enfrentaron dificultades insoportables, pero su voluntad de sobrevivir las impulsó a seguir adelante.

Wista describe su difícil travesía: “El camino era duro. La niña caminó y caminó por millas, pero encontró fuerza en Dios para continuar. Yo sentía dolor. Cruzamos ríos en una pequeña canoa, y después seguimos a pie. Tomamos dos motocicletas, pero se accidentaron en el camino y casi chocamos contra las piedras. Todos los demás también tuvieron que caminar.”

Mientras viajaban, el corazón de Wista se llenaba de tristeza. El viaje parecía interminable, y a menudo sentía que no podía continuar. “Me sentía tan triste”, dice. “Quería acostarme entre los arbustos y dormir para siempre. Pero seguía pensando en mi hija y en la necesidad de protegerla.”

Tras una larga y agotadora caminata, finalmente llegaron a un refugio, pero la condición de Wista empeoró. No podía comer ni beber, y se sentía físicamente agotada por el estrés del viaje. “Cuando llegué al centro de refugiados, estaba con tanto dolor”, recuerda Wista. “Me dolía la cabeza, no podía comer. Ni siquiera podía beber agua. Dejé todo atrás en mi casa.”

La pequeña Judenie recuerda su escuela y a los amigos que tanto la extrañan. Sufrió al ver a su madre y a otros familiares tratando de esconderse entre los arbustos. Ella dice: “Estaba asustada y cansada, pero mamá dijo que teníamos que movernos.” “Solo quiero volver a mi escuela y jugar con mis amigos”, dice la hija de Wista.

Aunque escaparon de la violencia, Wista y Judenie quedaron marcadas por las cicatrices de su traumático viaje. Wista, aún lidiando con el impacto emocional y físico de la travesía, reflexiona sobre cómo afectó sus vidas. “Dejé todo atrás. Lo único que quería era proteger a mi hija y sobrevivir. Pero nunca imaginé lo duro que sería el camino.”

En su nuevo refugio, Wista y Judenie aún sienten el peso de todo lo que perdieron, pero se aferran a la esperanza de que, con el tiempo, podrán reconstruir sus vidas y salir adelante tras la devastación. La familia de Wista enfrentaba lo imposible, sobreviviendo a pesar de la violencia y del peligroso recorrido, en su búsqueda por un lugar seguro y una vida mejor, lejos de las pandillas que amenazaban con destruir su comunidad.

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Volver a abrazarlos: una historia de reunificación, dolor y esperanza

Volver a abrazarlos: una historia de reunificación, dolor y esperanza

Therese llegó a Colombia con el corazón encogido y una urgencia que ninguna madre debería enfrentar: reencontrarse con sus hijos menores, Kaosi y Aissatha, quienes estaban bajo custodia del Estado colombiano. Aunque su hogar está en São Paulo, Brasil, su viaje a Colombia fue abrupto. Vino desde Guinea, su país natal, tras recibir una noticia devastadora que cambió para siempre el rumbo de su familia. 

Meses atrás, Therese había viajado a Guinea por unos días para visitar a su madre enferma y nietos. Mientras tanto, su hija mayor, Sia Bah, tomó una decisión que marcó el destino de todos: salir de Brasil con sus hermanos menores, con la esperanza de llegar a Estados Unidos. Lo hizo sin autorización, sin documentación vigente, sin recursos y sin condiciones mínimas de protección. Su deseo era encontrar un lugar donde pudieran tener una vida mejor, pero eligió una de las rutas más peligrosas del continente. 

La familia llegó hasta Necoclí, en la costa caribeña de Colombia, uno de los últimos puntos antes de enfrentar el Tapón del Darién: una selva inhóspita, sin ley, donde cientos de personas han desaparecido. Fue ahí donde los planes se detuvieron. Sia Bah, se enteró que estaba embarazada y debido a complicaciones de salud, fue ingresada de emergencia al hospital local y luego trasladada a Montería, donde lamentablemente falleció. 

Mientras tanto, Kaosi y Aissatha, expuestos a un entorno incierto y sin protección familiar, fueron temporalmente cuidados por una mujer migrante en la playa de Necoclí. Al reconocer que no podía asumir esa responsabilidad, acudió a la Comisaría de Familia, que activó los protocolos de protección. Así, los niños fueron acogidos por el sistema de bienestar infantil colombiano y llevados a un hogar sustituto. 

Este caso no es aislado. Cada vez más niñas, niños y adolescentes migran solos o quedan bajo el cuidado de personas que no tienen vínculos ni responsabilidad reales con ellos. Decisiones tomadas por adultos —muchas veces desde el dolor, la desesperación o la falta de oportunidades— terminan exponiéndolos a riesgos extremos: violencia, abuso, explotación, separación, enfermedades, y en el peor de los casos, la muerte. 

La historia de Therese cambió de rumbo gracias al trabajo articulado de múltiples actores. La Comisaría de Familia, el consulado de Brasil, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y World Vision Colombia, con el apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos a través de PRM, trabajaron juntos para lograr la reunificación. El proyecto Más Allá de las Fronteras brindó acompañamiento psicosocial, orientación legal, hospedaje, alimentación y la gestión del transporte humanitario necesario para que Therese pudiera reencontrarse con sus hijos. 

Jessica, trabajadora humanitaria de World Vision, acompañó cada paso del proceso. Estuvo allí cuando Therese abrazó a sus hijos por primera vez después de meses de incertidumbre. Tras una noche de descanso en Bogotá, la familia tomó un vuelo de regreso a São Paulo, donde les esperaba Thierno, la actual pareja de Therese.

La historia de esta familia nos recuerda que, para las niñas y niños migrantes, el cuidado familiar no siempre es el que se conoce como tradicional. A veces es la mamá que cruza el océano para reencontrarse con sus hijos. Otras veces es una mujer migrante que, sin tener vínculos de sangre, protege a quienes han quedado solos. Y muchas veces, es el sistema de protección y las organizaciones humanitarias quienes se convierten en ese soporte necesario. 

En el marco del Día de la Familia, esta historia nos invita a reflexionar sobre el poder restaurador del vínculo familiar en medio de la adversidad. Para miles de niñas y niños en situación de movilidad, la familia, propia o la que se forma en el camino, es el refugio que puede marcar la diferencia entre la desprotección y la esperanza. En palabras de Therese, al llegar nuevamente a casa junto a sus hijos: “Yo estoy agradecida con tantos ángeles que en Colombia me dieron una mano y lograron que regresará a Brasil junto con mis hijos. Solo busco ahora seguir trabajando, cuidando y amando a mi familia en esta ciudad que una vez más me recibe”. 
 

La reunificación de esta familia fue posible gracias a la articulación interinstitucional y al compromiso de quienes creemos que ninguna niña o niño debería vivir sin protección. Pero la realidad es que la mayoría de las historias no tienen este final. Por eso, desde la Respuesta Multipaís a la Crisis Migratoria de World Vision “Esperanza sin Fronteras” seguimos trabajando para prevenir estos riesgos desde los lugares de origen y en las comunidades de acogida, brindando medios de vida dignos, acceso a información segura y respuestas humanitarias oportunas que coloquen a la niñez migrante en el centro. 

Nota editorial: Esta historia fue adaptada por el equipo de Comunicaciones de la Respuesta Multipaís Esperanza sin Fronteras con motivo del Día de la Familia 2025. Su versión original, escrita por Felipe Martín, fue publicada en el Informe de Gestión 2024 de World Vision Colombia (págs. 22–23). 

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Más que una comida: cómo la alimentación escolar está nutriendo futuros en América Latina

En aulas desde el Amazonas hasta los Andes, las comidas escolares están transformando vidas en silencio. Lo que comenzó como una intervención nutricional básica se ha convertido en un salvavidas esencial para millones de niñas, niños, familias y comunidades en toda América Latina—ayudándoles a permanecer en la escuela, mantenerse saludables y conservar la esperanza. A través de una red de programas nacionales y alianzas con la sociedad civil, incluidas aquellas lideradas por World Vision, la alimentación escolar es ahora un pilar de las políticas educativas y sociales en países como Venezuela, Brasil, Guatemala y Perú.

Los programas de alimentación escolar de World Vision aseguran que niñas y niños en comunidades vulnerables reciban la nutrición necesaria para tener éxito. Esta labor forma parte esencial de nuestra campaña global ENOUGH, que busca eliminar el hambre y la malnutrición infantil garantizando que cada niña y niño tenga acceso a los alimentos que necesita para desarrollar un cuerpo y mente saludables.

En Venezuela, World Vision, en alianza con el Programa Mundial de Alimentos (WFP), ha ampliado la alimentación escolar a 542 escuelas en cinco estados. El programa beneficia a más de 78,000 niñas y niños mediante una combinación de entregas de alimentos frescos, comidas en el lugar y suplementos fortificados como el Super Cereal. El impacto se ve no solo en la mejora de la nutrición, sino también en entornos escolares revitalizados. En Barinas, las comidas se preparan y sirven diariamente en escuelas como Don Rómulo Gallegos, mientras que mejoras en las cocinas, como en el CEI Josefa Camejo en Falcón, han contribuido a una mayor seguridad alimentaria y calidad de las comidas.

El programa de alimentación escolar de Brasil, conocido como PNAE (Programa Nacional de Alimentación Escolar), es uno de los más antiguos del mundo. Asegura que niñas y niños en la educación pública accedan a comidas que reflejen tanto sus necesidades nutricionales como sus preferencias culturales. World Vision Brasil ha centrado sus esfuerzos en la participación juvenil, apoyando el monitoreo y la incidencia liderada por adolescentes. En 2024, como parte de la iniciativa “Amplificando las Voces de la Niñez Digitalmente (ACVD)”, jóvenes redactaron una carta solicitando mayor transparencia en la entrega de alimentos escolares. Esta carta fue entregada directamente a funcionarios gubernamentales durante la Cumbre del G20 en Río de Janeiro, destacando la importancia de la participación juvenil en los servicios públicos.

El cambio de políticas ha sido clave en Guatemala. En 2017, el gobierno aprobó una Ley de Alimentación Escolar pionera, que fue fortalecida en 2021. Esta reforma incrementó el financiamiento diario por estudiante de Q4.00 a Q6.00 (aproximadamente de US$0.52 a US$0.78) y amplió la cobertura a 3.6 millones de niñas y niños, incluyendo niveles de educación inicial y secundaria básica. World Vision Guatemala desempeñó un papel clave en el proceso legislativo, brindando insumos durante los debates y abogando por una inversión sostenida en la nutrición infantil. Hoy, su trabajo también incluye la mejora de infraestructura de agua y saneamiento en escuelas, equipamiento de cocinas y talleres de preparación de alimentos para madres y padres con ingredientes locales.

En Perú, está ocurriendo otro tipo de transformación: una que pone a las niñas y niños en el centro de la política alimentaria. A través de una iniciativa de participación ciudadana llamada “Voz y Acción Ciudadana”, niñas, niños y adolescentes han sido capacitados para evaluar y proponer mejoras al programa nacional de alimentación escolar, ahora conocido como Wasi Mikuna. En 2024, esta movilización alcanzó a más de 21,000 estudiantes, madres, padres y docentes. Líderes juveniles organizaron consultas públicas, visitaron centros de almacenamiento y se reunieron con autoridades para compartir sus propuestas. Estos esfuerzos llevaron a un compromiso formal del gobierno para mejorar la capacitación de manipuladores de alimentos, aumentar la transparencia y desarrollar materiales comunicacionales adecuados para niñas y niños sobre los servicios nutricionales.

Todos estos programas comparten una visión: la alimentación escolar no se trata solo de calmar el hambre. Se trata de participación, dignidad, potencial e igualdad de oportunidades. Para muchas niñas y niños, la jornada escolar es el único momento del día en que pueden contar con una comida nutritiva. Para familias que enfrentan inflación, sequía o desplazamiento, esta certeza diaria representa un alivio tangible. Y para los gobiernos, la alimentación escolar ha demostrado ser una herramienta eficaz para mejorar los resultados educativos y, al mismo tiempo, fortalecer las economías locales mediante la compra de alimentos a pequeños productores y la generación de empleo en la cadena de suministro.

Sin embargo, el trabajo está lejos de haber terminado. En toda la región, los programas enfrentan desafíos, desde presupuestos insuficientes hasta dificultades logísticas en zonas remotas. El cambio climático, el aumento del costo de los alimentos y la inestabilidad política amenazan con revertir los avances logrados en la última década. En este contexto, el rol de los socios internacionales sigue siendo vital, no solo como implementadores, sino como defensores, conectores y amplificadores de las voces locales.

No es casualidad que gran parte del progreso en estos países haya ocurrido donde las niñas, niños y sus comunidades han estado directamente involucrados. Ya sea a través del monitoreo juvenil en Brasil y Perú, o mediante talleres de cocina dirigidos por madres y padres en Guatemala, estos programas tienen éxito porque se enraízan en la experiencia vivida de quienes los reciben.

Con la atención global puesta en la próxima Cumbre Mundial de Alimentación Escolar en Brasil este septiembre, existe una oportunidad —y una responsabilidad— de que donantes, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil reafirmen su compromiso con la alimentación escolar.

Asegurar que cada niña y niño tenga acceso a una comida escolar nutritiva no es caridad. Es una cuestión de justicia, equidad y política pública inteligente.

Porque al final, una comida escolar nunca es solo un plato de comida. Es un voto de confianza en el futuro de una niña o un niño.

Para más información, visita nuestro sitio sobre Alimentación Escolar: https://www.wvi.org/ENOUGH/school-meals

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Reconstruyendo Caminos de Esperanza en el Catatumbo

En el municipio de Hacarí, en la región del Catatumbo, una zona profundamente impactada por el conflicto armado y la crisis humanitaria, la señora Albanedes vive una historia de valentía y superación. Ella es una mujer colombiana de 45 años, madre de dos hijos y quien también cuida de su madre de 84 años. Su vida ha estado marcada por el desplazamiento forzado y las amenazas que la obligaron a abandonar su hogar en abril de 2024.

 

Hacarí, como otros municipios del Catatumbo, enfrenta retos inmensos debido a la presencia de grupos armados ilegales o no estatales, el desplazamiento masivo y la precariedad económica. Las familias en esta región a menudo viven bajo constantes amenazas y con acceso limitado a servicios esenciales como salud, educación y alimentación. Esta situación se ve agravada por la falta de acompañamiento de las instituciones para atender las necesidades de las víctimas del conflicto.

 

Esta historia es un reflejo de esta realidad. Tras ser desplazada, declaró su situación ante el Ministerio Público, pero hasta hace poco no había recibido ningún tipo de ayuda. Sin ingresos para cubrir el arriendo y con recursos limitados para alimentar a su familia, su situación era crítica, al punto de que solo podían comer una o dos veces al día.

 

Sin embargo, el apoyo llegó cuando la Secretaria de Gobierno del municipio de Hacarí compartió los datos de contacto de Albanedes con el especialista jurídico de World Vision, a través del proyecto A Tu Lado, financiado por La Unión Europea y desarrollado en colaboración con HIAS, Profamilia y Aldeas Infantiles SOS.

 

Tras una entrevista inicial, el equipo del proyecto identificó sus necesidades urgentes y le brindó orientación jurídica sobre las rutas disponibles para las víctimas de violencias basadas en género y desplazamiento forzado. Además, se activó un fondo de emergencia que cubrió un mes de alojamiento y un kit de alimentación, lo que le permitió estabilizar temporalmente su situación  recibiendo asistencia humanitaria en salud y servicios de protección.

 

Gracias a esta intervención, Albanedes pudo trasladarse a la ciudad de Ocaña, en Norte de Santander, donde comenzó a trabajar en un restaurante. Este empleo le ha permitido cubrir las necesidades básicas de su familia, mientras sus hijos continúan con sus estudios en segundo y once grado. Aunque su situación ha mejorado, su sueño sigue siendo retornar a su amado municipio de Hacarí.

 

El caso de Albanedes es un ejemplo del impacto transformador que puede tener una intervención oportuna y bien articulada. El proyecto “A Tu Lado”, al brindar asistencia humanitaria en salud, protección y apoyo psicosocial, ha salvado vidas y permitido a cientos de participantes recuperar su dignidad y reconstruir sus vidas en medio de la adversidad.

 

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El Sabor de la Esperanza: Moisés, una historia de resiliencia e inspiración

Moisés llegó a Ecuador en 2018, a los 23 años, buscando una vida mejor para él y su familia. Al principio, no tenía experiencia laboral ni la documentación necesaria para trabajar de manera formal en el país. Esta situación, también significó dejar atrás sus sueños de ser futbolista profesional, una meta que se había trazado desde que lo convocaron a las divisiones inferiores de la selección venezolana. La falta de oportunidades para continuar en su carrera deportiva y la necesidad de adaptarse rápidamente lo llevaron a encontrar un empleo en un restaurante, donde comenzó a aprender los fundamentos de la cocina.

Este trabajo, que en un principio parecía un paso en falso, resultó ser una bendición. Moisés adquirió valiosas habilidades y conocimientos en el sector gastronómico, lo que más tarde lo inspiró a abrir su propio negocio. Con sacrificio, ahorró un poco de dinero y decidió abrir un pequeño local de comida venezolana en Portoviejo. Lo llamó “Localito” porque era realmente pequeño.  Al principio, las ventas eran bajas porque la gastronomía venezolana no era tan conocida, pero con el tiempo, la calidad de su comida y la autenticidad de sus platos atrajeron a más clientes.

Sin embargo, la llegada de la pandemia cambió todo. Los restaurantes tuvieron que cerrar sus puertas y las ventas cayeron drásticamente. Moisés, sin embargo, no se dio por vencido. Decidió adaptarse a la situación, comenzando a ofrecer entregas a domicilio. Este cambio de estrategia permitió que su negocio siguiera en pie, aunque las dificultades persistían.

Tiempo después, una amiga de Moisés, Corina, quien participó en los talleres de emprendimiento de World Vision Ecuador lo invitó a unirse. Gracias a la insistencia y persistencia de su amiga participó en los talleres que ofrece la organización donde aprendió sobre las herramientas necesarias para mejorar la gestión de sus negocios, desde el manejo de las finanzas hasta las estrategias de crecimiento. «La verdad, no sabía hacer bien los cálculos, y administrar el dinero no era mi fortaleza», comenta Moisés. Sin embargo, al asistir a estos talleres, aprendió a estructurar mejor su negocio y a optimizar sus operaciones.

Motivado por sus nuevas habilidades y conocimiento, Moisés se animó a participar en un concurso de capital semilla organizado por World Vision. Este concurso es parte del proyecto VRF, el cual busca apoyar a los emprendedores migrantes y de comunidades de acogida que desean hacer crecer sus negocios, especialmente aquellos que enfrentan barreras debido a su estatus migratorio o falta de recursos.

Jordan, promotor de World Vision Ecuador, explica que cada año se realiza una convocatoria en la que emprendedores pueden presentar sus planes de negocio. «En la convocatoria que se presentó Moisés planificamos la participación de diez emprendedores, pero le dimos un giro al concurso porque había mucho potencial. Así que con los planes de negocios y las solicitudes que recibimos, fuimos dando el capital semilla conforme lo requería cada uno de los emprendedores seleccionados», comenta Jordan. De este modo, World Vision no solo selecciona a los emprendedores con mayor potencial, sino que también ajusta el apoyo financiero según las necesidades específicas de cada uno.

En esta convocatoria participaron 20 emprendedores, entre ellos Moisés, quienes fueron evaluados en base a su plan de negocios, su capacidad de implementación y el impacto que su emprendimiento podría tener en la comunidad. Moisés presentó un proyecto sólido y bien estructurado que combinaba su experiencia en la cocina con un enfoque innovador hacia la gastronomía venezolana y fue seleccionado para recibir el capital semilla.

Gracias a este apoyo financiero, Moisés pudo expandir su negocio, mejorar su infraestructura y aumentar su presencia digital. Además, durante este proceso, Moisés se asoció con Corina, la amiga que le presentó a World Vision, quién había comenzado su propio emprendimiento en el área de entregas a domicilio. Juntos, crearon un equipo que no solo ayudó a crecer sus respectivos negocios, sino que también da empleo a más de 10 personas, tanto migrantes como ecuatorianos.

La historia de Moisés es un claro ejemplo de cómo el acceso a recursos y el apoyo adecuado pueden cambiar el rumbo de un negocio, especialmente cuando se trata de emprendedores en situaciones vulnerables. A través de la convocatoria de capital semilla de World Vision, muchos otros emprendedores migrantes han tenido la oportunidad de presentar sus proyectos, recibir formación y, en muchos casos, acceder a los recursos necesarios para llevar sus ideas al siguiente nivel. “Algo muy importante es que, luego de recibir las capacitaciones y el capital semilla, el acompañamiento de World Vision ha sido vital para mi negocio y mi crecimiento personal. Les agradezco mucho por su apoyo y confianza”, concluye Moisés.

El éxito de Moisés no solo radica en lo que ha logrado para él, sino también en cómo ha logrado compartir la gastronomía venezolana con la comunidad ecuatoriana, crear empleo y aportar a la economía local. La historia de Moisés es un testimonio claro de la importancia del apoyo a los emprendedores migrantes, y cómo, con el respaldo adecuado, es posible transformar una adversidad en una oportunidad para el crecimiento y la inclusión socioeconómica.

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Carretilla de Esperanza: La Lucha por la Supervivencia y la Resiliencia

Fernanda despierta cada día con la incertidumbre pegada al pecho, pero sin permitir que el
miedo la detenga. Es madre, esposa y vendedora ambulante en la zona Fronteriza entre
República Dominicana y Haití, donde la falta de empleo y oportunidades ahogan a muchos.

Con su carretilla llena de ropa de segunda mano, recorre las calles bajo el sol abrasador con la esperanza de vender lo suficiente para llevar alimento a su hogar.

Algunos días son buenos, pero en su mayoría, vuelve a casa con los bolsillos casi vacíos, sin
haber conseguido siquiera para una botella de agua. Sin embargo, no se permite el lujo de rendirse. Sabe que su familia depende de su esfuerzo.

Su esposo solo consigue trabajo en tiempos de zafra, cuando la cosecha de arroz le permite
proveer momentáneamente. Pero fuera de esa temporada, la vida se vuelve aún más cuesta arriba. La escasez aprieta, le necesidad se presenta.

Fernanda es consciente de su realidad. No niega que hay días duros, pero los acepta con la
esperanza de que vendrán tiempos mejores. Mientras sus 4 hijos estudian, ella empuja su
carretilla con la determinación de quien sabe que no puede detenerse. Sueña con un pequeño establecimiento propio, con ver a sus hijos crecer sanos, con valores, con oportunidades que
a ella le fueron negadas.

Cada paso que da es un acto de resistencia, cada venta una pequeña victoria. Su carretilla no solo lleva ropa; carga también su esperanza, su lucha y el amor inmenso por su familia, que la mantiene de pie.

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Violencia y hambre: las secuelas de la crisis humanitaria en Venezuela

Caracas, Venezuela.- World Vision llevó a cabo una evaluación rápida entre el 6 y el 13 de enero entre hogares de Venezuela para evaluar el impacto de la actual crisis social en la vida de los niños y sus familias. Los resultados revelan un aumento significativo de la inseguridad alimentaria, el malestar emocional entre los niños y el debilitamiento de los entornos protectores en un contexto marcado por altos niveles de estrés y preocupación.

El fuerte aumento de los precios agrava el hambre

Aunque el 65 % de los hogares encuestados afirmaron poder satisfacer sus necesidades alimentarias básicas, un preocupante 34 % indicaron que al menos un miembro de la familia se acostaba sin comer.

Además, el 54,8 % de los adultos afirmaron haber reducido el tamaño de las porciones o la frecuencia de las comidas para dar prioridad a la alimentación de los niños y los ancianos, lo que constituye una clara prueba del estrés nutricional.

En enero, los precios de los alimentos se dispararon y la tendencia empeoró tras los recientes acontecimientos militares. Un kilogramo de carne de vaca que en diciembre se vendía por unos 12 dólares, ahora se vende en algunos establecimientos por hasta 25 dólares. Del mismo modo, el precio de una bolsa de 900 g de leche en polvo se duplicó, pasando de 11 dólares en diciembre a 20 dólares en enero.

El Fondo Monetario Internacional estimó que la inflación en Venezuela alcanzará el 548 % en 2025 y que la devaluación de la moneda será del 414,39 %, dos factores que afectan directamente al coste de la cesta básica de alimentos.

«Los recursos de las familias, ya sean alimentos o dinero, se están agotando, y la inflación persistente está agravando aún más la ya deteriorada situación nutricional de los niños en el país», afirmó Shirley Hidalgo, directora de operaciones de World Vision para Venezuela y Colombia, donde 7 de cada 10 hogares viven en la pobreza.

Por esta razón, World Vision hace un llamado urgente para garantizar la financiación humanitaria y el acceso seguro necesarios para reforzar la seguridad alimentaria y la protección de los niños y las familias en Venezuela.

Debilitamiento de los entornos protectores

La evaluación de World Vision también revela una relación directa entre el clima de incertidumbre y el aumento de las tensiones en los hogares. El 26 % de las familias informaron haber sufrido incidentes de violencia doméstica durante el período de evaluación.

«Cuando los recursos emocionales de los cuidadores se agotan debido al estrés, algunos reaccionan con violencia hacia los miembros más vulnerables del hogar», subrayó Hidalgo. El hecho de que este porcentaje se haya registrado en un período tan corto indica una violencia aguda, lo que supone un riesgo crítico para la protección de los niños, según el estudio.

World Vision insta a la comunidad internacional a reforzar los mecanismos de protección infantil, ampliar el apoyo psicosocial a las familias y los niños, y garantizar la financiación necesaria para prestar ayuda humanitaria, dando prioridad a la seguridad, la nutrición y el bienestar emocional de los niños en Venezuela.

Niños que muestran signos de trauma y ansiedad reactiva

La inestabilidad también está afectando a la salud mental de las niñas, niños y adolescentes. El 56 % declaró haber experimentado angustia emocional, que se manifestaba en forma de trastornos del sueño, ansiedad y desregulación alimentaria, incluida la pérdida de apetito.
La rapidez con la que aparecieron estos síntomas sugiere la exposición a acontecimientos traumáticos de alta intensidad en un breve periodo de tiempo.

Se denunciaron casos de violencia física o verbal contra los niños por parte de sus cuidadores incluso en las primeras 72 horas del periodo de evaluación, lo que refleja cómo la tensión social y geopolítica se traduce directamente en la dinámica familiar.

La organización reitera su compromiso de seguir vigilando la situación y apoyando a las comunidades más vulnerables mediante programas humanitarios y de protección.

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AQUA NEXUS RESUMEN 2026-2030

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Declaración de Belém sobre el Hambre, la Pobreza y la Acción Climática Centrada en las Personas

Elaborada en colaboración con el Consejo de Campeones de la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza, la “Declaración de Belém sobre el Hambre, la Pobreza y la Acción Climática Centrada en las Personas” afirma que la resiliencia climática es inseparable de la justicia social, y que el desarrollo sostenible requiere garantizar el derecho humano a la alimentación. La Declaración será adoptada formalmente en la Cumbre de Líderes de la COP30 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

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BITÁCORA DE ESPERANZA: Una respuesta que traspasó fronteras

Durante seis años, Esperanza sin Fronteras marcó un antes y un después en la protección de la niñez migrante en América Latina y el Caribe.
Más de un millón de atenciones, cientos de alianzas locales y miles de historias de resiliencia dan forma a esta bitácora viva que celebra la fe, la dignidad y la esperanza.

En este informe, World Vision comparte los aprendizajes, innovaciones y testimonios que surgieron de una de las respuestas humanitarias más significativas de la región.
No es solo un cierre: es un legado que continúa floreciendo en cada comunidad, iglesia y familia que decidió abrir sus puertas para acompañar a quienes cruzan fronteras buscando un futuro mejor.

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Un llamado para proteger la acción humanitaria ante las amenazas crecientes y los recortes mundiales de ayuda | Día Mundial de la Ayuda Humanitaria 2025

Londres/Ginebra, 14 de agosto de 2025  

El Día Mundial de la Ayuda Humanitaria 2025 llega en un momento crítico para la comunidad humanitaria mundial. El tema de este año, #ActForHumanity, subraya una triple crisis: la violencia en aumento contra los trabajadores humanitarios, la crisis de legitimidad y los recortes de financiación sin precedentes que han sacudido el sistema humanitario global y, como resultado, amenazan los cimientos mismos de la respuesta humanitaria. 

Trabajadores humanitarios bajo ataque 

En 2024, 383 trabajadores humanitarios¹ fueron asesinados en el cumplimiento de su deber, una cifra récord. Hasta agosto de 2025, otros 248 han perdido la vida, siendo el personal nacional el más afectado en contextos de alto riesgo como Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Líbano, los Territorios Palestinos Ocupados, Myanmar, Ucrania y Siria. El 2025 ya apunta a ser aún peor. Si la tendencia actual continúa, este año se convertirá en el más letal registrado para el personal humanitario. 

Esta alarmante trayectoria exige una acción urgente. Es imperativo que los gobiernos y actores armados cumplan con la Resolución 2730 (2024) del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la Protección de los Trabajadores Humanitarios, y se comprometan con la próxima Declaración para la Protección del Personal Humanitario. Esto reforzaría la necesidad de investigaciones, rendición de cuentas y respeto del Derecho Internacional Humanitario, poniendo fin a la impunidad por ataques contra trabajadores humanitarios y garantizando un acceso seguro y sin trabas a las poblaciones necesitadas. 

 

¹ Nota: estas cifras provienen de la Base de Datos de Seguridad de los Trabajadores Humanitarios. Las cifras podrían ajustarse ligeramente para la publicación oficial anual de la UNOCHA el 19 de agosto, Día Mundial de la Ayuda Humanitaria. 

 

Recortes globales de financiación: una crisis silenciosa 

La violencia no es la única amenaza. El sector humanitario enfrenta una severa contracción financiera. 

El informe más reciente de World Vision, “Hunger, Harm and Hard Choices”, revela el devastador impacto que los recortes en la financiación humanitaria están teniendo en niños desplazados y sus familias en 13 países afectados por crisis. Las familias que sufrieron recortes en la asistencia alimentaria fueron las más vulnerables; tenían 5,4 veces más probabilidades de padecer inseguridad alimentaria moderada o grave y reportaron peores resultados educativos y de protección infantil. 

Con la financiación humanitaria global en declive, el impacto sobre los niños más vulnerables y sus familias es grave, desde el desmantelamiento de servicios críticos como salud de emergencia y protección infantil, hasta educación y reducción de riesgos de desastres. 

Según la Perspectiva Humanitaria Global 2025, se requieren 45,48 mil millones de dólares para asistir a 181,2 millones de los 300 millones de personas necesitadas en 72 países. Sin embargo, a mitad de año, solo se ha reportado el 16,8% de esa financiación, 7,64 mil millones de dólares, lo que representa una caída del 40% en comparación con el mismo período de 2024. 

En respuesta, actores humanitarios en todo el sistema, incluidas agencias de la ONU, ONGI y organizaciones locales, se han visto obligados a reducir drásticamente operaciones y “hiperpriorizar”. Esto no es una elección estratégica, sino un reflejo del fracaso sistémico para cubrir las crecientes necesidades globales. La brecha entre las necesidades urgentes y los recursos está dejando atrás a decenas de millones de personas, poniendo en duda la capacidad de la comunidad internacional para responder. 

“El Día Mundial de la Ayuda Humanitaria es cuando honramos a quienes sirven en los lugares más peligrosos del mundo”, dijo Isabel Gomes, Líder Global de Gestión de Desastres de World Vision International. “Pero mientras la violencia amenaza su seguridad, los recortes presupuestarios amenazan su capacidad de servir. Cuando recortas la financiación, recortas la ayuda crítica a niños y familias que viven en desesperación.” 

El sistema humanitario entero está en riesgo. Miles de empleos humanitarios ya se han perdido. Programas completos a nivel nacional están detenidos. El sector pasa de la recuperación y la resiliencia a la mera supervivencia. 

“Debemos enfrentar una dura realidad,” añadió Gomes. “Los trabajadores humanitarios están menos protegidos que nunca y los sistemas que sostienen están siendo desmantelados. Sin una acción urgente, el costo se medirá no solo en empleos perdidos, sino en vidas perdidas.” 

Crisis de legitimidad: la erosión de la confianza 

Más allá de la violencia y la financiación, los actores humanitarios enfrentan una crisis de legitimidad. Las comunidades cuestionan cada vez más los motivos, la eficacia y la relevancia de los esfuerzos humanitarios. Cuando la ayuda se percibe como politizada y de arriba hacia abajo, pierde autoridad moral, socavando el acceso y la protección. 

A pesar de la evidencia abrumadora de que invertir en la niñez genera beneficios a largo plazo—hasta 10 dólares por cada dólar invertido, la ayuda global para la infancia está en declive. En 2023, según el informe «ODA at the Crossroads« de World Vision, solo el 11,5% de la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) se destinó a iniciativas centradas en la infancia, frente al 13% del año anterior. Esta caída se produce en un momento en que los niños sufren de manera desproporcionada las crisis globales—desde conflictos y choques climáticos hasta hambre y desplazamiento. La tendencia refleja una preocupante erosión de la solidaridad internacional y la confianza en el sistema humanitario, justo cuando más se necesita. 

La base de la acción humanitaria es la confianza y la rendición de cuentas. Cuando la confianza en los sistemas humanitarios disminuye, los trabajadores en primera línea enfrentan mayores riesgos, la confianza de los donantes se debilita y la efectividad de toda la respuesta se ve comprometida. 

Esperanza valiente: reconstruir la acción humanitaria en medio de la crisis 

En la última década, World Vision ha aumentado en un 188% su inversión en contextos frágiles. En 2024, se destinaron 744 millones de dólares a programas innovadores en los ámbitos humanitario, de desarrollo y de paz en 22 de los países y regiones subnacionales más frágiles donde opera. 

En el año fiscal 2024, World Vision alcanzó el mayor número de niños vulnerables en un solo año en su historia de gestión de desastres. Más de 35 millones de personas, incluidos 19 millones de niños, en 65 países, participaron en programas humanitarios de la organización. 

Actualmente, World Vision prioriza la recaudación de fondos para diez países gravemente afectados por recortes: Afganistán, República Democrática del Congo, Haití, Líbano, Malí, Myanmar, Somalia, Sudán del Sur, Sudán y Siria—donde la reducción de programas pone en riesgo servicios vitales mientras las necesidades humanitarias siguen siendo críticas. 

“A medida que se redefine la arquitectura humanitaria y cambia el panorama de financiación, nuestro compromiso inquebrantable de servir a los más vulnerables sigue firme”, afirmó Gomes. “Junto con donantes institucionales, organizaciones basadas en la fe, corporaciones, gobiernos y otros socios, debemos reimaginar el sistema humanitario como descentralizado, inclusivo y responsable, donde el poder se comparta, los recursos sean flexibles y las comunidades vulnerables estén en el centro de la toma de decisiones.” 

Contactos: 
Para entrevistas con los medios, comunicarse con Annila Harris, Asesora Senior de Comunicaciones y Participación Humanitaria 

Correo electrónico: annila_harris@wvi.org 

World Vision es una organización humanitaria cristiana dedicada a trabajar con niños, familias y sus comunidades para que alcancen su máximo potencial, abordando las causas profundas de la pobreza y la injusticia. World Vision sirve a todas las personas, sin distinción de religión, raza, etnia o género. Realiza esfuerzos humanitarios que salvan vidas gracias a la inversión de numerosos socios, incluidos donantes institucionales, organizaciones basadas en la fe, corporaciones y gobiernos. Para más información, visite www.wvi.org. 

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Más allá de la supervivencia: Garantizar el derecho a la alimentación frente a los recortes globales en la ayuda humanitaria

Por Amanda Rives, Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos, Gestión de Desastres, World Vision

Julio de 2025

El hambre se intensifica a nivel mundial a medida que las crisis provocadas por el ser humano se multiplican. A pesar de que la alimentación, la protección y la asistencia humanitaria son derechos humanos universales, el número de personas que no logran obtener alimentos suficientes y nutritivos sigue aumentando.

En 2024, en 26 crisis nutricionales, cerca de 38 millones de niñas y niños menores de cinco años sufrieron desnutrición aguda, y más de 295 millones de personas en 53 países enfrentaron inseguridad alimentaria aguda. Esta tendencia preocupante refleja un aumento constante desde 2016.

La Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC), principal herramienta de análisis multiactor para la toma de decisiones humanitarias en torno a la alimentación, indica que la inseguridad alimentaria aguda ocurre cuando se interrumpen las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, uso y estabilidad de los alimentos. Esto conlleva a una escasez severa de alimentos, malnutrición, y al uso de estrategias irreversibles como el matrimonio infantil o la venta de medios de subsistencia.

A medida que los conflictos, la inestabilidad económica y los eventos climáticos extremos destruyen sistemas alimentarios y medios de vida, la necesidad de asistencia alimentaria humanitaria y de inversiones sostenibles en seguridad alimentaria aumenta rápidamente. Sin embargo, los recortes en la financiación humanitaria global están desmantelando las redes de seguridad de las que dependen millones de familias en crisis.

A mayo de 2025, la financiación para el sector de seguridad alimentaria alcanzaba solo 1.900 millones de dólares, frente a los 12.400 millones requeridos para satisfacer las necesidades humanitarias globales.

 

El hambre es una falla colectiva, no un fenómeno natural

Las crisis alimentarias actuales no son desastres naturales inevitables, sino resultado de una falla colectiva del sistema internacional. La negligencia frente al cambio climático, los conflictos prolongados y el debilitamiento de los marcos diplomáticos han expuesto a millones de personas en contextos frágiles. Los instrumentos legales internacionales diseñados para proteger a los civiles y garantizar el acceso humanitario son violados con impunidad.

Cada año, World Vision presenta un informe que documenta los impactos de los vacíos en la asistencia alimentaria para las niñas, niños y familias más vulnerables, especialmente en contextos de conflicto armado, cambio climático y crisis prolongadas. Este año, el estudio se centró en 13 países e incluyó los testimonios de personas desplazadas y comunidades de acogida, que enfrentan juntas las múltiples implicaciones del hambre.

El informe confirma que los efectos del aumento de la inseguridad alimentaria son devastadores, generalizados y profundizados por la reducción de la asistencia disponible.

Todos tienen derecho a la alimentación y a la asistencia humanitaria

El derecho a la alimentación está respaldado por múltiples marcos legales reconocidos internacionalmente. El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 reconoce el derecho fundamental de toda persona a estar libre de hambre, mientras que la Convención sobre los Derechos del Niño establece que todos los niños y niñas tienen derecho a una alimentación adecuada y nutritiva.

En 2018, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 2417, que condena el uso del hambre como arma de guerra. La resolución insta a todas las partes en conflicto a proteger a la población civil y a no dañar instalaciones necesarias para la producción y distribución de alimentos.

A pesar de las omisiones actuales, el Derecho Internacional Humanitario (DIH) reconoce el derecho de la población civil en contextos de conflicto a recibir asistencia humanitaria, y exige a las partes en conflicto garantizar el acceso sin restricciones.

Por tanto, proteger a los civiles, ofrecer asistencia y promover la seguridad alimentaria no son actos de caridad: son obligaciones legales que deben cumplirse para garantizar los derechos de quienes viven en crisis.

 

El conflicto armado es el principal detonante del hambre

La violencia y la inseguridad son las principales causas de las crisis alimentarias. En 2024, 139,8 millones de personas que viven en zonas de conflicto experimentaron altos niveles de inseguridad alimentaria aguda.

A pesar de las garantías del Derecho Internacional Humanitario y la Resolución 2417, se confirmó hambruna en Sudán en 2024, y se considera inminente en lugares como Gaza, Haití, Malí y Sudán del Sur.

Los conflictos destruyen cultivos, carreteras, reservas alimentarias, viviendas e infraestructuras esenciales. Millones de personas se ven forzadas a huir, pierden todo y quedan desconectadas de recursos básicos.

Asimismo, más del 71% de las personas refugiadas en el mundo son acogidas por países de ingresos bajos y medios, lo que pone una presión inmensa sobre comunidades que ya enfrentan pobreza, cambio climático e inestabilidad política.

 

Los recortes en raciones socavan el bienestar y aumentan la dependencia

La asistencia alimentaria está dirigida a las personas más vulnerables, como aquellas desplazadas o atrapadas en zonas de conflicto, sin libertad de movimiento, sin ingresos ni opciones de subsistencia.

Por eso, los recortes en raciones son devastadores.

El informe de World Vision revela que el 45% de las familias encuestadas experimentaron recortes en la asistencia alimentaria antes de enero de 2025. Estas familias eran 5,4 veces más propensas a enfrentar inseguridad alimentaria aguda.

Tanto las personas desplazadas como las comunidades de acogida expresan el deseo de ser autosuficientes, de dejar atrás la lucha diaria por sobrevivir y construir un futuro.

Pero los recortes profundizan la dependencia. Lo que antes apenas alcanzaba para sobrevivir, hoy ni siquiera cubre lo básico. Muchas familias se ven forzadas a tomar decisiones a corto plazo que pueden perjudicar el desarrollo y la protección de sus hijas e hijos.

 

¿Qué podemos hacer para garantizar el derecho a la alimentación?

  • Invertir en seguridad alimentaria como base para el bienestar integral de niñas, niños y familias.
  • Asegurar que las acciones humanitarias e iniciativas de incidencia estén basadas en derechos y en marcos legales vinculantes.
  • Escuchar a las comunidades afectadas por el hambre, e invertir en resiliencia y autosuficiencia, no solo en la sobrevivencia.
  • Apoyar los mecanismos positivos de afrontamiento, y fortalecer lo que las comunidades ya hacen para cuidarse.
  • Implementar intervenciones comprobadas, como transferencias en efectivo, alimentación escolar, inclusión financiera, desarrollo de habilidades y apoyo psicosocial.
  • Promover la paz, proteger a la población civil y exigir rendición de cuentas ante violaciones al Derecho Internacional Humanitario.

La comunidad internacional debe renovar su compromiso para acabar con el hambre

Cuando los actores internacionales no cumplen sus obligaciones en materia de protección y asistencia, las consecuencias recaen en las personas más vulnerables: niñas, niños y familias atrapadas en crisis.

Tal como muestra el informe de World Vision, tener acceso a alimentos suficientes no es solo una necesidad biológica. Es la base para la educación, la protección infantil, la salud mental y la estabilidad económica.

La asistencia alimentaria no debe centrarse únicamente en sobrevivir. Debe ser el primer paso hacia la resiliencia, la autosuficiencia y una libertad duradera del hambre.

Es momento de actuar con urgencia, valentía y compromiso. Debemos abordar las causas estructurales del hambre, proteger a la población civil, fortalecer los sistemas alimentarios y hacer realidad el derecho a la alimentación.

No es una opción. Es nuestro deber.

 

Sobre la autora
Amanda Rives es Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos para la Gestión de Desastres de World Vision. Anteriormente, fue Directora Regional de Incidencia y Política para Medio Oriente y Europa del Este, y lideró programas de protección infantil en América Latina y el Caribe. Es reconocida con el Hunger Leadership Award 2025 del Congresional Hunger Center por su liderazgo en seguridad alimentaria en contextos humanitarios. Es ex voluntaria del Peace Corps, Mickey Leland Hunger Fellow, y cuenta con títulos en relaciones internacionales por George Washington University y desarrollo internacional por American University.

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Más allá de la supervivencia: Garantizar el derecho a la alimentación frente a los recortes globales en la ayuda humanitaria

Por Amanda Rives, Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos, Gestión de Desastres, World Vision

Julio de 2025

El hambre se intensifica a nivel mundial a medida que las crisis provocadas por el ser humano se multiplican. A pesar de que la alimentación, la protección y la asistencia humanitaria son derechos humanos universales, el número de personas que no logran obtener alimentos suficientes y nutritivos sigue aumentando.

En 2024, en 26 crisis nutricionales, cerca de 38 millones de niñas y niños menores de cinco años sufrieron desnutrición aguda, y más de 295 millones de personas en 53 países enfrentaron inseguridad alimentaria aguda. Esta tendencia preocupante refleja un aumento constante desde 2016.

La Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC), principal herramienta de análisis multiactor para la toma de decisiones humanitarias en torno a la alimentación, indica que la inseguridad alimentaria aguda ocurre cuando se interrumpen las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, uso y estabilidad de los alimentos. Esto conlleva a una escasez severa de alimentos, malnutrición, y al uso de estrategias irreversibles como el matrimonio infantil o la venta de medios de subsistencia.

A medida que los conflictos, la inestabilidad económica y los eventos climáticos extremos destruyen sistemas alimentarios y medios de vida, la necesidad de asistencia alimentaria humanitaria y de inversiones sostenibles en seguridad alimentaria aumenta rápidamente. Sin embargo, los recortes en la financiación humanitaria global están desmantelando las redes de seguridad de las que dependen millones de familias en crisis.

A mayo de 2025, la financiación para el sector de seguridad alimentaria alcanzaba solo 1.900 millones de dólares, frente a los 12.400 millones requeridos para satisfacer las necesidades humanitarias globales.

 

El hambre es una falla colectiva, no un fenómeno natural

Las crisis alimentarias actuales no son desastres naturales inevitables, sino resultado de una falla colectiva del sistema internacional. La negligencia frente al cambio climático, los conflictos prolongados y el debilitamiento de los marcos diplomáticos han expuesto a millones de personas en contextos frágiles. Los instrumentos legales internacionales diseñados para proteger a los civiles y garantizar el acceso humanitario son violados con impunidad.

Cada año, World Vision presenta un informe que documenta los impactos de los vacíos en la asistencia alimentaria para las niñas, niños y familias más vulnerables, especialmente en contextos de conflicto armado, cambio climático y crisis prolongadas. Este año, el estudio se centró en 13 países e incluyó los testimonios de personas desplazadas y comunidades de acogida, que enfrentan juntas las múltiples implicaciones del hambre.

El informe confirma que los efectos del aumento de la inseguridad alimentaria son devastadores, generalizados y profundizados por la reducción de la asistencia disponible.

Todos tienen derecho a la alimentación y a la asistencia humanitaria

El derecho a la alimentación está respaldado por múltiples marcos legales reconocidos internacionalmente. El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 reconoce el derecho fundamental de toda persona a estar libre de hambre, mientras que la Convención sobre los Derechos del Niño establece que todos los niños y niñas tienen derecho a una alimentación adecuada y nutritiva.

En 2018, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 2417, que condena el uso del hambre como arma de guerra. La resolución insta a todas las partes en conflicto a proteger a la población civil y a no dañar instalaciones necesarias para la producción y distribución de alimentos.

A pesar de las omisiones actuales, el Derecho Internacional Humanitario (DIH) reconoce el derecho de la población civil en contextos de conflicto a recibir asistencia humanitaria, y exige a las partes en conflicto garantizar el acceso sin restricciones.

Por tanto, proteger a los civiles, ofrecer asistencia y promover la seguridad alimentaria no son actos de caridad: son obligaciones legales que deben cumplirse para garantizar los derechos de quienes viven en crisis.

 

El conflicto armado es el principal detonante del hambre

La violencia y la inseguridad son las principales causas de las crisis alimentarias. En 2024, 139,8 millones de personas que viven en zonas de conflicto experimentaron altos niveles de inseguridad alimentaria aguda.

A pesar de las garantías del Derecho Internacional Humanitario y la Resolución 2417, se confirmó hambruna en Sudán en 2024, y se considera inminente en lugares como Gaza, Haití, Malí y Sudán del Sur.

Los conflictos destruyen cultivos, carreteras, reservas alimentarias, viviendas e infraestructuras esenciales. Millones de personas se ven forzadas a huir, pierden todo y quedan desconectadas de recursos básicos.

Asimismo, más del 71% de las personas refugiadas en el mundo son acogidas por países de ingresos bajos y medios, lo que pone una presión inmensa sobre comunidades que ya enfrentan pobreza, cambio climático e inestabilidad política.

 

Los recortes en raciones socavan el bienestar y aumentan la dependencia

La asistencia alimentaria está dirigida a las personas más vulnerables, como aquellas desplazadas o atrapadas en zonas de conflicto, sin libertad de movimiento, sin ingresos ni opciones de subsistencia.

Por eso, los recortes en raciones son devastadores.

El informe de World Vision revela que el 45% de las familias encuestadas experimentaron recortes en la asistencia alimentaria antes de enero de 2025. Estas familias eran 5,4 veces más propensas a enfrentar inseguridad alimentaria aguda.

Tanto las personas desplazadas como las comunidades de acogida expresan el deseo de ser autosuficientes, de dejar atrás la lucha diaria por sobrevivir y construir un futuro.

Pero los recortes profundizan la dependencia. Lo que antes apenas alcanzaba para sobrevivir, hoy ni siquiera cubre lo básico. Muchas familias se ven forzadas a tomar decisiones a corto plazo que pueden perjudicar el desarrollo y la protección de sus hijas e hijos.

 

¿Qué podemos hacer para garantizar el derecho a la alimentación?

  • Invertir en seguridad alimentaria como base para el bienestar integral de niñas, niños y familias.
  • Asegurar que las acciones humanitarias e iniciativas de incidencia estén basadas en derechos y en marcos legales vinculantes.
  • Escuchar a las comunidades afectadas por el hambre, e invertir en resiliencia y autosuficiencia, no solo en la sobrevivencia.
  • Apoyar los mecanismos positivos de afrontamiento, y fortalecer lo que las comunidades ya hacen para cuidarse.
  • Implementar intervenciones comprobadas, como transferencias en efectivo, alimentación escolar, inclusión financiera, desarrollo de habilidades y apoyo psicosocial.
  • Promover la paz, proteger a la población civil y exigir rendición de cuentas ante violaciones al Derecho Internacional Humanitario.

La comunidad internacional debe renovar su compromiso para acabar con el hambre

Cuando los actores internacionales no cumplen sus obligaciones en materia de protección y asistencia, las consecuencias recaen en las personas más vulnerables: niñas, niños y familias atrapadas en crisis.

Tal como muestra el informe de World Vision, tener acceso a alimentos suficientes no es solo una necesidad biológica. Es la base para la educación, la protección infantil, la salud mental y la estabilidad económica.

La asistencia alimentaria no debe centrarse únicamente en sobrevivir. Debe ser el primer paso hacia la resiliencia, la autosuficiencia y una libertad duradera del hambre.

Es momento de actuar con urgencia, valentía y compromiso. Debemos abordar las causas estructurales del hambre, proteger a la población civil, fortalecer los sistemas alimentarios y hacer realidad el derecho a la alimentación.

No es una opción. Es nuestro deber.

 

Sobre la autora
Amanda Rives es Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos para la Gestión de Desastres de World Vision. Anteriormente, fue Directora Regional de Incidencia y Política para Medio Oriente y Europa del Este, y lideró programas de protección infantil en América Latina y el Caribe. Es reconocida con el Hunger Leadership Award 2025 del Congresional Hunger Center por su liderazgo en seguridad alimentaria en contextos humanitarios. Es ex voluntaria del Peace Corps, Mickey Leland Hunger Fellow, y cuenta con títulos en relaciones internacionales por George Washington University y desarrollo internacional por American University.

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La Amazonía y la niñez en el centro de la lucha contra los plásticos

Este 5 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente bajo el lema “Sin contaminación por plásticos”. Y en ningún lugar este llamado cobra más urgencia que en la Amazonía, una región de vital importancia ecológica y hogar de millones de niñas, niños y adolescentes. A través de su iniciativa climática con enfoque en la niñez, World Vision hace un llamado a actuar con urgencia: proteger la Amazonía es proteger a la infancia.

Un ecosistema sofocado por el plástico

La Amazonía, que representa el 40% del territorio sudamericano, está hoy gravemente amenazada por la contaminación plástica. Se estima que cada año se vierten entre 8 y 12 millones de toneladas de plásticos a sus ríos, provenientes de desechos urbanos, bolsas, turismo descontrolado y residuos agrícolas. Estos plásticos tardan cientos de años en degradarse, liberando microplásticos que contaminan los suelos, los peces y, finalmente, a las personas.

Solo en Leticia (Colombia), se generan unas 700 toneladas de residuos al mes, de las cuales el 60% son plásticos, muy por encima del promedio nacional del 30%. De ese total, solo el 1.4% es reciclado. Una parte importante de estos desechos termina en el río Amazonas, uno de los más contaminados del planeta y responsable de verter plástico al océano Atlántico.

Niños y niñas: los más afectados

La contaminación plástica no solo daña ecosistemas, también pone en riesgo la salud de la población, especialmente la más joven. En Ecuador, un estudio de la Universidad Estatal Amazónica reveló la presencia de microplásticos en peces de río destinados al consumo humano, incluso dentro de áreas protegidas como el Parque Nacional Yasuní. Estas partículas pueden atravesar tejidos, alterar hormonas y poner en riesgo la salud a largo plazo.

Para las comunidades amazónicas, el río es una fuente de agua, alimentación y vida. Cuando el plástico entra en ese sistema, también entra en el cuerpo de los niños. Y eso es inaceptable.

50 años de avances… y deudas pendientes

Desde su creación en 1972, el Día Mundial del Medio Ambiente se ha convertido en una plataforma global para responder a la llamada triple crisis planetaria: calentamiento global, pérdida de biodiversidad y contaminación. Aunque se ha avanzado en conciencia pública y acuerdos internacionales, aún persisten desafíos: urbanización sin planificación, políticas lentas y escasa implementación local.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) recuerda que el 40% del plástico global es de un solo uso, que menos del 10% se recicla, y que más de 11 millones de toneladas terminan cada año en ríos, lagos y océanos.

La respuesta: transformar el sistema, proteger a la infancia

World Vision, a través de su Iniciativa Amazonas, trabaja para enfrentar esta crisis de manera estructural. La organización promueve acciones en gestión de residuos, protección de fuentes hídricas, educación ambiental y participación comunitaria en los países amazónicos.

La apuesta es clara: poner a la niñez en el centro de las soluciones climáticas. Escuchar sus voces, proteger su salud, garantizar su acceso a un ambiente sano y resiliente, y transformar las políticas públicas con datos, evidencia y participación local.

¿Qué podemos hacer?

El lema global del día mundial del medio ambiente de este año, invita a repensar nuestra relación con el plástico bajo cinco principios: rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y repensar. Pero más allá del comportamiento individual, se necesita acción colectiva:

  • Gobiernos que prioricen la gestión de residuos en la Amazonía.

  • Empresas que dejen atrás los plásticos de un solo uso.

  • Inversiones que fortalezcan el reciclaje y la economía circular.

  • Comunidades organizadas para proteger sus territorios.

Cuidar la Amazonía es cuidar a quienes la habitan

La Amazonía no es solo biodiversidad. Es hogar. Es futuro. Es infancia. Hoy, en el Día Mundial del Medio Ambiente, recordamos que la lucha contra el plástico es también una lucha por la salud, la dignidad y la esperanza de millones de niñas y niños amazónicos. No podemos dejar que su hogar se ahogue en plástico. El momento de actuar es ahora.

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Menstruación, inequidades y barreras

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Menstruar con dignidad aún es un privilegio para muchas niñas y adolescentes en América Latina. En Perú, por ejemplo, una de cada tres estudiantes falta al colegio durante su periodo; mientras que más de la mitad de estudiantes en Ecuador no ha recibido una clase sobre salud menstrual. Lejos de ser un tema privado o “íntimo”, estamos ante una muestra clara de desigualdad, que deriva en exclusión social. Hablar de menstruación, brindar información en los entornos más cercanos y garantizar acceso a productos adecuados no es –ni debe ser- un lujo: sino debe ser entendida como una condición básica que, unida al acceso a los servicios de salud, contribuyan al bienestar integral de niñas y adolescentes desde la perspectiva de los DDHH.  

Apenas 9 de 31 países de la región consideran los productos de gestión menstrual como artículos de primera necesidad, limitando el acceso principalmente a quienes viven en situación de pobreza y zonas rurales, que también enfrentan otros retos asociados como la falta de saneamiento adecuado: cerca de 106 millones de personas no cuenta con acceso a un baño digno en sus casas. La menstruación es un tema no solo a manejar en el ámbito privado, sino también de trabajarlo en la agenda educativa y de salud, y por tanto, en la esfera pública. 

Lejos de ser una experiencia natural, muchas veces se vive con temor, vergüenza o silencio. En el caso de Kiara, una adolescente de 17 años de Amazonía, su primer periodo fue “de todo un poco. Miedo más que nada”. Como ella, 10% de niñas y adolescentes en Perú pensaron que se habían hecho un daño grave y que incluso estaban muriendo. Muchas faltan a la escuela por miedo a mancharse, por dolor o simplemente por no saber cómo sobrellevar la menstruación. En países como Bolivia, más de la mitad de los adolescentes afirma no recibir ningún tipo de charla o educación sobre los cambios de la pubertad. Estas ausencias tienen efectos profundos: limitan su aprendizaje y lesionan su autoestima. 

El común de la región es que no hay políticas que garanticen el acceso gratuito a productos de gestión menstrual. En Chile, a modo de ejemplo, esto afecta principalmente a las personas de bajos recursos, dentro de las que se encuentran adolescentes migrantes, que recurren a opciones inseguras, exponiéndose a infecciones por no poder costear toallas higiénicas o copas menstruales. En campamentos o viviendas sin agua potable, algo tan natural como la menstruación se convierte en un desafío diario que atenta contra los derechos y dignidad de niñas y adolescentes. 

Hablar de menstruación en la esfera pública es urgente. Asegurar el acceso de productos de higiene menstrual a bajo costo o gratuito; capacitación docente sobre salud menstrual en las escuelas; y la mejora en el acceso a saneamiento en contextos de vulnerabilidad son pasos fundamentales para disminuir el estigma asociado a la menstruación y que requiere de la acción de los Estados. Si cada mes una niña falta a clases, si siente vergüenza o se enfrenta a burlas, le estamos diciendo que su cuerpo menstruante es el problema. 

El Día Mundial de la Higiene Menstrual (28 de mayo) es una oportunidad para poner este tema sobre la mesa y sobre las agendas de nuestros países, sin eufemismos ni tabúes. La menstruación no debe ser un motivo de exclusión, y hablar de ella no puede seguir siendo un privilegio de unas pocas. Menstruar no es un problema. Lo que lo es -y lo seguirá siendo- es la falta de políticas públicas educativas y de salud que la aborden desde una perspectiva de igualdad de género e inclusión social.
 

Cristina Carvallo 

Especialista de Género e Inclusión Social de World Vision Bloque Andino + Chile 

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Cómo Judenie escapa de las sombras de la violencia

Wista, una madre de 47 años, y su hija Judenie, de 5, vivían con miedo constante tras el anuncio de un inminente ataque por parte de bandas locales. Wista, una comerciante a pequeña escala, se vio obligada a abandonar su medio de vida cuando las pandillas comenzaron a aterrorizar a su comunidad. A pesar de su conocimiento del negocio y su dedicación para mantener a su familia, no tuvo otra opción más que dejarlo todo atrás.

“Tenía un pequeño negocio que me dio World Vision. Pero cuando la gente decía que las pandillas tomarían la ciudad, me dio mucho miedo seguir. Las pandillas hicieron que fuera demasiado peligroso. No tuve opción, tuve que irme”, cuenta. El camino hacia un lugar seguro no fue fácil. A cada paso, el trayecto se volvía más peligroso. Wista y Judenie enfrentaron dificultades insoportables, pero su voluntad de sobrevivir las impulsó a seguir adelante.

Wista describe su difícil travesía: “El camino era duro. La niña caminó y caminó por millas, pero encontró fuerza en Dios para continuar. Yo sentía dolor. Cruzamos ríos en una pequeña canoa, y después seguimos a pie. Tomamos dos motocicletas, pero se accidentaron en el camino y casi chocamos contra las piedras. Todos los demás también tuvieron que caminar.”

Mientras viajaban, el corazón de Wista se llenaba de tristeza. El viaje parecía interminable, y a menudo sentía que no podía continuar. “Me sentía tan triste”, dice. “Quería acostarme entre los arbustos y dormir para siempre. Pero seguía pensando en mi hija y en la necesidad de protegerla.”

Tras una larga y agotadora caminata, finalmente llegaron a un refugio, pero la condición de Wista empeoró. No podía comer ni beber, y se sentía físicamente agotada por el estrés del viaje. “Cuando llegué al centro de refugiados, estaba con tanto dolor”, recuerda Wista. “Me dolía la cabeza, no podía comer. Ni siquiera podía beber agua. Dejé todo atrás en mi casa.”

La pequeña Judenie recuerda su escuela y a los amigos que tanto la extrañan. Sufrió al ver a su madre y a otros familiares tratando de esconderse entre los arbustos. Ella dice: “Estaba asustada y cansada, pero mamá dijo que teníamos que movernos.” “Solo quiero volver a mi escuela y jugar con mis amigos”, dice la hija de Wista.

Aunque escaparon de la violencia, Wista y Judenie quedaron marcadas por las cicatrices de su traumático viaje. Wista, aún lidiando con el impacto emocional y físico de la travesía, reflexiona sobre cómo afectó sus vidas. “Dejé todo atrás. Lo único que quería era proteger a mi hija y sobrevivir. Pero nunca imaginé lo duro que sería el camino.”

En su nuevo refugio, Wista y Judenie aún sienten el peso de todo lo que perdieron, pero se aferran a la esperanza de que, con el tiempo, podrán reconstruir sus vidas y salir adelante tras la devastación. La familia de Wista enfrentaba lo imposible, sobreviviendo a pesar de la violencia y del peligroso recorrido, en su búsqueda por un lugar seguro y una vida mejor, lejos de las pandillas que amenazaban con destruir su comunidad.

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Volver a abrazarlos: una historia de reunificación, dolor y esperanza

Volver a abrazarlos: una historia de reunificación, dolor y esperanza

Therese llegó a Colombia con el corazón encogido y una urgencia que ninguna madre debería enfrentar: reencontrarse con sus hijos menores, Kaosi y Aissatha, quienes estaban bajo custodia del Estado colombiano. Aunque su hogar está en São Paulo, Brasil, su viaje a Colombia fue abrupto. Vino desde Guinea, su país natal, tras recibir una noticia devastadora que cambió para siempre el rumbo de su familia. 

Meses atrás, Therese había viajado a Guinea por unos días para visitar a su madre enferma y nietos. Mientras tanto, su hija mayor, Sia Bah, tomó una decisión que marcó el destino de todos: salir de Brasil con sus hermanos menores, con la esperanza de llegar a Estados Unidos. Lo hizo sin autorización, sin documentación vigente, sin recursos y sin condiciones mínimas de protección. Su deseo era encontrar un lugar donde pudieran tener una vida mejor, pero eligió una de las rutas más peligrosas del continente. 

La familia llegó hasta Necoclí, en la costa caribeña de Colombia, uno de los últimos puntos antes de enfrentar el Tapón del Darién: una selva inhóspita, sin ley, donde cientos de personas han desaparecido. Fue ahí donde los planes se detuvieron. Sia Bah, se enteró que estaba embarazada y debido a complicaciones de salud, fue ingresada de emergencia al hospital local y luego trasladada a Montería, donde lamentablemente falleció. 

Mientras tanto, Kaosi y Aissatha, expuestos a un entorno incierto y sin protección familiar, fueron temporalmente cuidados por una mujer migrante en la playa de Necoclí. Al reconocer que no podía asumir esa responsabilidad, acudió a la Comisaría de Familia, que activó los protocolos de protección. Así, los niños fueron acogidos por el sistema de bienestar infantil colombiano y llevados a un hogar sustituto. 

Este caso no es aislado. Cada vez más niñas, niños y adolescentes migran solos o quedan bajo el cuidado de personas que no tienen vínculos ni responsabilidad reales con ellos. Decisiones tomadas por adultos —muchas veces desde el dolor, la desesperación o la falta de oportunidades— terminan exponiéndolos a riesgos extremos: violencia, abuso, explotación, separación, enfermedades, y en el peor de los casos, la muerte. 

La historia de Therese cambió de rumbo gracias al trabajo articulado de múltiples actores. La Comisaría de Familia, el consulado de Brasil, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y World Vision Colombia, con el apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos a través de PRM, trabajaron juntos para lograr la reunificación. El proyecto Más Allá de las Fronteras brindó acompañamiento psicosocial, orientación legal, hospedaje, alimentación y la gestión del transporte humanitario necesario para que Therese pudiera reencontrarse con sus hijos. 

Jessica, trabajadora humanitaria de World Vision, acompañó cada paso del proceso. Estuvo allí cuando Therese abrazó a sus hijos por primera vez después de meses de incertidumbre. Tras una noche de descanso en Bogotá, la familia tomó un vuelo de regreso a São Paulo, donde les esperaba Thierno, la actual pareja de Therese.

La historia de esta familia nos recuerda que, para las niñas y niños migrantes, el cuidado familiar no siempre es el que se conoce como tradicional. A veces es la mamá que cruza el océano para reencontrarse con sus hijos. Otras veces es una mujer migrante que, sin tener vínculos de sangre, protege a quienes han quedado solos. Y muchas veces, es el sistema de protección y las organizaciones humanitarias quienes se convierten en ese soporte necesario. 

En el marco del Día de la Familia, esta historia nos invita a reflexionar sobre el poder restaurador del vínculo familiar en medio de la adversidad. Para miles de niñas y niños en situación de movilidad, la familia, propia o la que se forma en el camino, es el refugio que puede marcar la diferencia entre la desprotección y la esperanza. En palabras de Therese, al llegar nuevamente a casa junto a sus hijos: “Yo estoy agradecida con tantos ángeles que en Colombia me dieron una mano y lograron que regresará a Brasil junto con mis hijos. Solo busco ahora seguir trabajando, cuidando y amando a mi familia en esta ciudad que una vez más me recibe”. 
 

La reunificación de esta familia fue posible gracias a la articulación interinstitucional y al compromiso de quienes creemos que ninguna niña o niño debería vivir sin protección. Pero la realidad es que la mayoría de las historias no tienen este final. Por eso, desde la Respuesta Multipaís a la Crisis Migratoria de World Vision “Esperanza sin Fronteras” seguimos trabajando para prevenir estos riesgos desde los lugares de origen y en las comunidades de acogida, brindando medios de vida dignos, acceso a información segura y respuestas humanitarias oportunas que coloquen a la niñez migrante en el centro. 

Nota editorial: Esta historia fue adaptada por el equipo de Comunicaciones de la Respuesta Multipaís Esperanza sin Fronteras con motivo del Día de la Familia 2025. Su versión original, escrita por Felipe Martín, fue publicada en el Informe de Gestión 2024 de World Vision Colombia (págs. 22–23). 

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Más que una comida: cómo la alimentación escolar está nutriendo futuros en América Latina

En aulas desde el Amazonas hasta los Andes, las comidas escolares están transformando vidas en silencio. Lo que comenzó como una intervención nutricional básica se ha convertido en un salvavidas esencial para millones de niñas, niños, familias y comunidades en toda América Latina—ayudándoles a permanecer en la escuela, mantenerse saludables y conservar la esperanza. A través de una red de programas nacionales y alianzas con la sociedad civil, incluidas aquellas lideradas por World Vision, la alimentación escolar es ahora un pilar de las políticas educativas y sociales en países como Venezuela, Brasil, Guatemala y Perú.

Los programas de alimentación escolar de World Vision aseguran que niñas y niños en comunidades vulnerables reciban la nutrición necesaria para tener éxito. Esta labor forma parte esencial de nuestra campaña global ENOUGH, que busca eliminar el hambre y la malnutrición infantil garantizando que cada niña y niño tenga acceso a los alimentos que necesita para desarrollar un cuerpo y mente saludables.

En Venezuela, World Vision, en alianza con el Programa Mundial de Alimentos (WFP), ha ampliado la alimentación escolar a 542 escuelas en cinco estados. El programa beneficia a más de 78,000 niñas y niños mediante una combinación de entregas de alimentos frescos, comidas en el lugar y suplementos fortificados como el Super Cereal. El impacto se ve no solo en la mejora de la nutrición, sino también en entornos escolares revitalizados. En Barinas, las comidas se preparan y sirven diariamente en escuelas como Don Rómulo Gallegos, mientras que mejoras en las cocinas, como en el CEI Josefa Camejo en Falcón, han contribuido a una mayor seguridad alimentaria y calidad de las comidas.

El programa de alimentación escolar de Brasil, conocido como PNAE (Programa Nacional de Alimentación Escolar), es uno de los más antiguos del mundo. Asegura que niñas y niños en la educación pública accedan a comidas que reflejen tanto sus necesidades nutricionales como sus preferencias culturales. World Vision Brasil ha centrado sus esfuerzos en la participación juvenil, apoyando el monitoreo y la incidencia liderada por adolescentes. En 2024, como parte de la iniciativa “Amplificando las Voces de la Niñez Digitalmente (ACVD)”, jóvenes redactaron una carta solicitando mayor transparencia en la entrega de alimentos escolares. Esta carta fue entregada directamente a funcionarios gubernamentales durante la Cumbre del G20 en Río de Janeiro, destacando la importancia de la participación juvenil en los servicios públicos.

El cambio de políticas ha sido clave en Guatemala. En 2017, el gobierno aprobó una Ley de Alimentación Escolar pionera, que fue fortalecida en 2021. Esta reforma incrementó el financiamiento diario por estudiante de Q4.00 a Q6.00 (aproximadamente de US$0.52 a US$0.78) y amplió la cobertura a 3.6 millones de niñas y niños, incluyendo niveles de educación inicial y secundaria básica. World Vision Guatemala desempeñó un papel clave en el proceso legislativo, brindando insumos durante los debates y abogando por una inversión sostenida en la nutrición infantil. Hoy, su trabajo también incluye la mejora de infraestructura de agua y saneamiento en escuelas, equipamiento de cocinas y talleres de preparación de alimentos para madres y padres con ingredientes locales.

En Perú, está ocurriendo otro tipo de transformación: una que pone a las niñas y niños en el centro de la política alimentaria. A través de una iniciativa de participación ciudadana llamada “Voz y Acción Ciudadana”, niñas, niños y adolescentes han sido capacitados para evaluar y proponer mejoras al programa nacional de alimentación escolar, ahora conocido como Wasi Mikuna. En 2024, esta movilización alcanzó a más de 21,000 estudiantes, madres, padres y docentes. Líderes juveniles organizaron consultas públicas, visitaron centros de almacenamiento y se reunieron con autoridades para compartir sus propuestas. Estos esfuerzos llevaron a un compromiso formal del gobierno para mejorar la capacitación de manipuladores de alimentos, aumentar la transparencia y desarrollar materiales comunicacionales adecuados para niñas y niños sobre los servicios nutricionales.

Todos estos programas comparten una visión: la alimentación escolar no se trata solo de calmar el hambre. Se trata de participación, dignidad, potencial e igualdad de oportunidades. Para muchas niñas y niños, la jornada escolar es el único momento del día en que pueden contar con una comida nutritiva. Para familias que enfrentan inflación, sequía o desplazamiento, esta certeza diaria representa un alivio tangible. Y para los gobiernos, la alimentación escolar ha demostrado ser una herramienta eficaz para mejorar los resultados educativos y, al mismo tiempo, fortalecer las economías locales mediante la compra de alimentos a pequeños productores y la generación de empleo en la cadena de suministro.

Sin embargo, el trabajo está lejos de haber terminado. En toda la región, los programas enfrentan desafíos, desde presupuestos insuficientes hasta dificultades logísticas en zonas remotas. El cambio climático, el aumento del costo de los alimentos y la inestabilidad política amenazan con revertir los avances logrados en la última década. En este contexto, el rol de los socios internacionales sigue siendo vital, no solo como implementadores, sino como defensores, conectores y amplificadores de las voces locales.

No es casualidad que gran parte del progreso en estos países haya ocurrido donde las niñas, niños y sus comunidades han estado directamente involucrados. Ya sea a través del monitoreo juvenil en Brasil y Perú, o mediante talleres de cocina dirigidos por madres y padres en Guatemala, estos programas tienen éxito porque se enraízan en la experiencia vivida de quienes los reciben.

Con la atención global puesta en la próxima Cumbre Mundial de Alimentación Escolar en Brasil este septiembre, existe una oportunidad —y una responsabilidad— de que donantes, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil reafirmen su compromiso con la alimentación escolar.

Asegurar que cada niña y niño tenga acceso a una comida escolar nutritiva no es caridad. Es una cuestión de justicia, equidad y política pública inteligente.

Porque al final, una comida escolar nunca es solo un plato de comida. Es un voto de confianza en el futuro de una niña o un niño.

Para más información, visita nuestro sitio sobre Alimentación Escolar: https://www.wvi.org/ENOUGH/school-meals

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