Ir al contenido
  • Nuestro Trabajo
    Acción Climática
    • Nación Amazónica
    • Iniciativa Reverdeciendo el Corredor Seco
    • COP30
    Salud y nutrición
    • SUFICIENTE
    Protección y salvaguarda de la niñez
    • Prevención del trabajo infantil
    • Crianza con ternura
    • Género e igualdad
    • Política de protección y salvaguarda
    • Conexión Ternura
    Asuntos humanitarios y emergencias
    • Crisis migratoria
    • Respuesta a desastres
    • Respuesta global contra el hambre
    • COVID-19
    • Crisis humanitaria Haití
    • Coordinación Humanitaria
    Advocacy
    • Participación de niñas, niños y adolescentes
    Agua, saneamiento e higiene
    • AquaNexus
    Fe y desarrollo
    • Canales de esperanza
    • Redes interconfesionales en acción
    • Movilizaciones
    • Regala tu Pan y tu Pez
    Patrocinio
    • Patrocina a un niño
    Educación
    • Unlock Literacy
    • Youth Ready
    • La educación no puede esperar
  • Nosotros
    • Equipo Directivo
    • Socios y Alianzas
    • Rendición de Cuentas
    • Nuestra Visión y Valores
    • Nuestra Historia
    • Trabaja con Nosotros
    • ¿Dónde Estamos?
  • Blog
  • Recursos
    • Advocacy
    • Noticias
    • Historias
    • Publicaciones
  • Patrocina a un niño
    • Patrocina a un niño
    • Quiero ser socio
  • Patrocina a un niño
    • Patrocina a un niño
    • Quiero ser socio

Etiqueta: conferencia ministerial violencia infantil

Niños y niñas de World Vision Latinoamérica y El Caribe alzarán su voz en la 1ra Conferencia Ministerial para Poner Fin a la Violencia contra la Niñez

En medio de la crisis migratoria, brindamos apoyo integral a quienes lo necesitan, independientemente de su origen migratorio, económico, social o étnico.

World Vision abordará riesgos de violencia en niñez afectada por el conflicto y desplazamiento durante histórica Conferencia Inter-Ministerial

Miguel Ángel está “contento” de asistir a los Espacios Amigables de World Vision.

Sin acceso humanitario consistente y un lugar seguro al que ir, esta intensificación del conflicto conducirá a una importante pérdida de vidas y será catastrófica para los niños y niñas de la región.

Otras noticias e historias

World Vision América Latina es una ONG que trabaja por servir y ayudar a las comunidades más vulnerables, enfocando nuestros esfuerzos en niñas, niños y adolescentes a través de diferentes proyectos.

Lanzan llamado urgente para garantizar acceso a agua segura, saneamiento e higiene para salvar vidas de miles de niños y niñas

Comayagua, Honduras — World Vision inauguró hoy en Comayagua, Honduras, el Foro Regional de Agua, Saneamiento e Higiene (WASH), un encuentro que convoca a actores gubernamentales, agencias de cooperación, sector privado y organizaciones de la sociedad civil para abordar los desafíos más urgentes relacionados con el acceso al agua segura, el saneamiento digno y la higiene en América Latina y el Caribe (LAC). 

Durante su discurso inaugural, Joao H. Diniz, Líder Regional de World Vision para LAC, recordó que aún hoy “1.000 niños y niñas mueren cada día en el mundo debido a enfermedades relacionadas con la falta de agua segura, saneamiento e higiene adecuada”, subrayando la urgencia de acelerar las acciones en el sector. 

Aunque América Latina y el Caribe posee algunas de las reservas de agua dulce más importantes del planeta, la región continúa experimentando desigualdades profundas. En su discurso, Diniz enfatizó que “166 millones de personas en nuestra región continúan viviendo sin acceso digno y seguro al agua”, lo que impulsa crisis humanitarias, migratorias y productivas, especialmente en contextos como el Corredor Seco, la Amazonía, Haití y zonas andinas. 

Cuando faltan menos de 4 años para el año 2030, es preciso acelerar por 14 veces las acciones en materia de acceso a agua segura y siete veces las de saneamiento para alcanzar la meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6.0: acceso a agua segura y saneamiento. 

El Hilo Azul: una visión de esperanza y bienestar 

World Vision presentó su estrategia regional “The Blue Thread / El Hilo Azul”, una propuesta que reconoce el acceso a agua, saneamiento e higiene como un catalizador de derechos esenciales, incluyendo alimentación adecuada, salud y nutrición, protección de la niñez, medio ambiente sano, medios de vida resilientes y sostenibles. 

“El agua segura no es solo beber un vaso de agua. Es restaurar ecosistemas, proteger cuencas, generar medios de vida sostenibles, garantizar higiene menstrual, y permitir que mujeres, niños y niñas vivan con dignidad”, afirmó Diniz. 

Quedan 1.422 días para 2030, año establecido para alcanzar el ODS 6: Agua y saneamiento para todos. Sin embargo, reportes internacionales advierten que alcanzar este objetivo requerirá una aceleración significativa, ya que los avances actuales son insuficientes, y la cobertura de servicios gestionados de forma segura “parece cada vez más fuera de alcance” bajo el ritmo actual.  

El foro destaca la importancia de articular a Gobiernos, organismos multilaterales, sector privado, cooperación internacional, comunidades y 0rganizaciones basadas en la fe. 

Diniz subrayó que la colaboración multisectorial es la única vía para garantizar justicia hídrica y bienestar integral para cada niño y niña de la región. 

AQUA Nexus: un vehículo para la acción conjunta 

Durante el evento, World Vision presentó AQUA Nexus, un mecanismo que articulará inversión, soluciones innovadoras y alianzas estratégicas para fortalecer la resiliencia hídrica en comunidades vulnerables de la región, con paquetes a la medida según el donante y las comunidades. 

El Líder Regional cerró su mensaje invitando a los presentes a comprometerse con acciones conjuntas y sostenibles: “Hoy queremos sumar organizaciones dispuestas a regar los sueños de la niñez con financiamiento sostenible, inversiones sensibles a las comunidades y una visión de largo plazo que garantice justicia hídrica en nuestro continente.” 

El foro regional de WASH de World Vision desarrollará tres paneles estratégicos sobre la situación del agua, saneamiento e higiene en LAC, El ecosistema de actores del sector WASH y tendencias, desafíos y oportunidades del financiamiento para WASH. 

Conoce más

Emergencia por lluvias en Colombia deja miles de hogares bajo el agua y a la niñez con clases suspendidas

Bogotá, Colombia.- Las lluvias intensas y atípicas registradas entre el 1 y el 5 de febrero provocaron una de las emergencias más graves de los últimos años en el departamento de Córdoba. Según OCHA el desbordamiento del embalse de Urrá y el aumento súbito de los niveles de los ríos Sinú y San Jorge generaron inundaciones, crecientes súbitas y deslizamientos que han afectado a más de 37.000 personas (más de 12.000 familias) en al menos 17 municipios, lo que llevó a la Gobernación a declarar la calamidad pública departamental.

La situación ha golpeado con especial fuerza a niñas, niños y adolescentes, quienes hoy enfrentan la pérdida de sus hogares, la interrupción de su vida cotidiana y la suspensión de clases debido a los daños en instituciones educativas, la ocupación de colegios como albergues y las dificultades de acceso por el colapso de vías. En total, al menos 12 centros educativos han resultado afectados en el departamento, según reportes humanitarios.

En Montería, barrios y zonas rurales enteras han tenido que ser evacuadas por el aumento del caudal del río Sinú. Muchas familias han perdido enseres, animales de cría y cultivos, lo que agrava la inseguridad alimentaria y deja a miles de niñas y niños en una situación de alta vulnerabilidad.

Ante esta crisis, World Vision activó su respuesta humanitaria de emergencia en el territorio. En los últimos días, la organización ha apoyado a 70 familias con la entrega de mercados en las comunas 1 y 2 de Montería, priorizando hogares con mayor afectación y presencia de niñas y niños.

Como parte de la respuesta rápida y prioritaria, en los próximos días se estarán entregando 130 paquetes de alimentos adicionales a familias y, especialmente, a la niñez más afectada por las inundaciones.

Asimismo, World Vision realizará acompañamiento en los albergues habilitados por la Alcaldía y otras autoridades, con el fin de apoyar la posible implementación de Espacios Amigables para la Niñez, entornos seguros donde niñas, niños y adolescentes puedan ejercer su derecho al juego, recibir apoyo psicosocial y recuperar una sensación de protección en medio de la emergencia.

“En cada desastre, las niñas y los niños son los más afectados: pierden su escuela, su rutina y muchas veces su sentido de seguridad. Nuestra prioridad es protegerlos y garantizar que tengan acceso a alimentación, cuidado y espacios seguros”, señaló Jairo Vega, Líder de Emergencias de World Vision.

World Vision hace un llamado a la ciudadanía, empresas y aliados a donar para fortalecer la atención humanitaria en Córdoba y Montería. Cada aporte permite llevar alimentos, protección y esperanza a las familias y, especialmente, a las niñas, niños y adolescentes que hoy enfrentan esta crisis.

Para donar y apoyar esta emergencia: https://worldvision.co/sociosconcausa

Conoce más

¿Puede realmente la financiación por carbono sanar el planeta o hay algo más bajo la superficie?

Yukiko Yamada Morović, Directora Técnica de Sostenibilidad Ambiental y Acción Climática (ESCA), reflexiona sobre si los créditos de carbono realmente funcionan y quién se beneficia cuando la naturaleza se convierte en un mercado.

20 de octubre de 2025

Después de una larga caminata entre el polvo rojizo y las acacias espinosas del sur de Etiopía, conocí a Abreham, un agricultor forestal que vive al pie de las colinas de Humbo. Su familia estuvo al borde del exilio, empujada por la sequía, el hambre y la lenta muerte de su tierra ancestral. Habían empacado sus pocas pertenencias, preparándose para abandonar el bosque que había sustentado a generaciones. Y entonces, de forma inesperada, la tierra empezó a respirar de nuevo.

El punto de inflexión llegó con el Proyecto de Regeneración Natural Asistida de Humbo de World Vision, la primera iniciativa de restauración de tierras a gran escala en África bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. A través de la Regeneración Natural Asistida por Agricultores (FMNR) —una técnica aparentemente simple de proteger y podar tocones de árboles para fomentar su rebrote— la comunidad descubrió que la sanación no comenzaba con excavadoras, sino con sus propias manos, paciencia y perseverancia silenciosa. Cada retoño que emergía del polvo se convirtió en testimonio del trabajo y amor de personas que cuidaban la tierra, demostrando que la restauración es tanto un acto de devoción como de diseño.

Abreham, una agricultora forestal que vive al pie de las colinas de Humbo, en el sur de Etiopía, sonríe a la cámara junto a su hija Lidiya.
Abreham, una agricultora forestal que vive al pie de las colinas de Humbo, en el sur de Etiopía, sonríe a la cámara junto a su hija Lidiya.

Cuando el bosque volvió a la vida

En pocos años, el paisaje de Humbo se transformó. Los arbustos se convirtieron en árboles, y los árboles en un bosque próspero. El proyecto puso en restauración más de 2,700 hectáreas de tierra degradada, redujo las emisiones de carbono y ofreció a las familias una alternativa a dejar sus hogares.

Se estima que el proyecto reducirá 880,000 toneladas de CO₂, el equivalente a sacar 190,000 automóviles de circulación durante un año. Las comunidades locales ahora obtienen ingresos gracias a medios de vida diversificados, cooperativas y la venta de créditos de carbono, un mecanismo de mercado global que recompensa la protección ambiental.

Sin embargo, uno podría preguntarse… ¿realmente esto equilibra la balanza?

 

Cuando la “financiación climática” se enfrenta a la realidad

Etiopía ha perdido casi una quinta parte de su cobertura forestal en solo 25 años, impulsada por la expansión agrícola, la demanda de leña y la presión poblacional. Estas cifras suelen parecer abstractas… hasta que te paras, como yo lo hice, junto a Lidiya, la hija de Abreham. Cuando le pregunté qué era lo que más disfrutaba del bosque, sonrió y dijo: “Me encanta correr entre los árboles, comer bayas silvestres y ver a los pájaros”. Fue un momento de claridad silenciosa, un recordatorio de que detrás de cada hectárea restaurada hay una historia de infancia, esperanza y pertenencia.

Aun así, aunque el proyecto Humbo demuestra lo que es posible cuando las comunidades lideran, hay una verdad incómoda en el centro de esta narrativa: la financiación por carbono, aunque prometedora, puede convertirse fácilmente en algo transaccional. Cuando se “compensa” una tonelada de carbono en Etiopía para que las emisiones puedan continuar en otra parte del mundo, podríamos estar comprando consuelo moral, no cambio sistémico.

Aunque los defensores de los mercados de carbono destacan su potencial económico, la distribución de beneficios sigue siendo desigual. Comunidades como la de Humbo —las que protegen los bosques, miden los retoños y asumen los riesgos— a menudo reciben solo una fracción de los ingresos. La pregunta que persiste: ¿pueden coexistir la justicia y el carbono en la misma contabilidad?

Cultivo de khat en ladera/ WV21122098/ Etiopía/2025

La promesa y la paradoja de la COP30

Mientras el mundo dirige su mirada hacia la COP30 en Belém, Brasil, las expectativas no podrían ser más altas… ni el riesgo de repetición más grande. Aunque la retórica sobre “transiciones justas” y “financiación inclusiva” suena cada vez más fuerte, la realidad vivida por comunidades como la de Humbo sigue siendo frágil.

Este es un momento para que los gobiernos, inversionistas privados y socios para el desarrollo se pregunten no solo cuánto carbono se puede comercializar, sino cuántas vidas se pueden transformar realmente.

La historia de Humbo ofrece una pista: el cambio real comienza cuando se transfiere la propiedad, cuando son los agricultores locales —y no los mercados internacionales— quienes deciden el destino de sus bosques.

 

Reimaginar la financiación por carbono más allá de los indicadores

El éxito de Humbo es innegable. Las tasas de pobreza han disminuido, la fertilidad del suelo ha mejorado y niñas como Lidiya vuelven a crecer rodeadas de árboles en lugar de polvo. Sin embargo, debemos resistir la tentación de romantizar. Por cada Humbo, hay docenas de proyectos que se estancan cuando se acaba la financiación de los donantes, donde la “participación comunitaria” existe más en los informes que en la práctica.

Repensar esta perspectiva nos lleva a una verdad: las soluciones basadas en la naturaleza no pueden prosperar si se desconectan de enfoques centrados en la justicia. El carbono no debe convertirse en la nueva moneda de la desigualdad: comercializada, especulada y acaparada. Más bien, debe representar una inversión compartida en la supervivencia de la humanidad, medida no solo en toneladas, sino en confianza.

Un momento para replantear

De cara a la COP30, los gobiernos, las instituciones globales y los actores del mercado de carbono deben garantizar que las soluciones climáticas estén centradas en la niñez, impulsadas por las comunidades y guiadas por la justicia. De lo contrario, la próxima generación heredará un mundo más verde… pero no necesariamente más justo.

Porque si bien es fácil medir el carbono, es mucho más difícil —y urgente— medir la equidad.

Yukiko Yamada Morović es Directora Técnica de Sostenibilidad Ambiental y Acción Climática en World Vision, donde lidera la estrategia global de la organización para abordar los desafíos ambientales y climáticos que afectan a la niñez en comunidades vulnerables. Con más de 20 años de experiencia en desarrollo internacional, contribuye activamente al diálogo climático y de sostenibilidad global a través de plataformas como el Consejo Global del Futuro del Foro Económico Mundial y el Consejo de Mujeres de Faith for Earth de UNEP.

Conoce más

World Vision Haití moviliza respuesta de emergencia ante la intensificación del huracán Melissa

Puerto Príncipe, Haití – 27 de octubre de 2025. 

A medida que el huracán Melissa se fortalece y alcanza la categoría 5, la más alta en la escala de Saffir-Simpson, World Vision Haití está ampliando rápidamente su respuesta de emergencia para proteger a los niños, niñas y familias vulnerables en los departamentos afectados del país. 

El 25 de octubre, el Gobierno de Haití elevó el nivel de alerta a rojo para los departamentos de Grand’Anse y Sud, el nivel más alto de advertencia. Los departamentos de Sudeste, Nippes y Oeste permanecen en alerta naranja, mientras las autoridades instan a las comunidades a seguir las orientaciones oficiales y evitar las zonas de alto riesgo. 

En el sur, 124 familias que viven en zonas precarias de Les Cayes, Île-à-Vache y Coteaux comenzaron a trasladarse a refugios de emergencia desde el 24 de octubre. Las escuelas del Gran Sur han suspendido clases debido al mal tiempo y a su uso como albergues temporales. 

Según el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC), se prevé que las condiciones meteorológicas inestables persistan, con lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos de tierra en las zonas costeras y montañosas. 

Hasta el momento se han reportado tres fallecidos y una persona gravemente herida tras un deslizamiento de tierra en Fontamara, Puerto Príncipe. Varios ríos se han desbordado en distintos departamentos, causando daños en viviendas, carreteras e infraestructura crítica. 

Los medios de vida agrícolas también están bajo grave amenaza. Las fuertes lluvias y vientos han dañado cultivos, bloqueado el acceso a tierras y mercados, y afectado las actividades pesqueras a lo largo de la costa sur. En Mapou (Sudeste), se han perdido 15 hectáreas de maíz. Estos impactos ponen en riesgo la próxima temporada agrícola de invierno y podrían profundizar la inseguridad alimentaria. 

De acuerdo con el análisis del IPC de octubre de 2025, más de 1.4 millones de personas en los departamentos afectados ya se encuentran en Crisis (Fase 3 del IPC) y 350,000 en Emergencia (Fase 4 del IPC). Sin una intervención urgente, la tormenta podría empujar a más familias hacia una situación de mayor vulnerabilidad. 

World Vision Haití ha activado su Equipo de Gestión de Incidentes (IMT) a nivel nacional y regional, y está coordinando estrechamente con la Dirección General de Protección Civil (DGPC) y otros socios humanitarios. Los suministros de ayuda previamente posicionados están listos para atender a 3,000 hogares, incluyendo kits de higiene, utensilios de cocina y materiales para refugio. Los equipos de respuesta rápida permanecen en alerta para desplegarse tan pronto las condiciones lo permitan. 

Para cubrir las necesidades inmediatas, World Vision Haití ha asignado USD 300,000 de su Fondo Nacional de Preparación y Respuesta ante Emergencias (NEPRF). La organización está gestionando apoyo con la Alianza y los donantes para asegurar financiamiento flexible y oportuno que permita ampliar la respuesta. Las campañas de recaudación de fondos se definirán tras las evaluaciones rápidas de necesidades y la coordinación con las autoridades nacionales. 

“Los niños y las familias en Haití enfrentan crisis que se agravan unas sobre otras”, señaló Lesly Michaud, Director del Programa País. “Estamos comprometidos a acompañar a las comunidades durante esta tormenta y después de ella, asegurando que reciban el apoyo necesario para recuperarse y reconstruir sus vidas.” 

World Vision Haití continuará monitoreando de cerca la situación, manteniendo su enfoque en proteger a los más vulnerables, restaurar los medios de vida y fortalecer la resiliencia a largo plazo. 

 

Contacto de prensa: 

Guy F. Vital-Herne 

Gerente de Comunicaciones y Relaciones con Iglesias 

World Vision International Haití 

guy_vital-herne@wvi.org 
+509 3711-1653 

 

Conoce más

Personas desplazadas en Haití: voz, derechos y dignidad

En Haití, más de 1.3 millones de personas —entre ellas niñas, niños, mujeres y personas con discapacidad— viven hoy desplazadas dentro de su propio país. Han sido forzadas a abandonar sus hogares por la violencia armada que, desde hace años, ha despojado a comunidades enteras de su seguridad, sus medios de vida y su esperanza.

El informe “Personas desplazadas internamente: voz, derechos y dignidad”, elaborado por World Vision Haití, revela la dura realidad de quienes buscan refugio en albergues improvisados en la Meseta Central y otras regiones del país. Las cifras muestran una emergencia prolongada: el 96% de las personas encuestadas afirma haber huido por la violencia; el 86% vive atrapado en la incertidumbre desde hace meses; y más de la mitad carece de acceso seguro al agua, al saneamiento y a los servicios básicos de salud.

Niñas y niños ven interrumpido su derecho a la educación; las mujeres enfrentan riesgos constantes de violencia física y sexual; y las familias, sin recursos ni estabilidad, dependen completamente de la asistencia humanitaria para sobrevivir.

Ante esta crisis silenciosa, World Vision reafirma su compromiso con las personas desplazadas y hace un llamado urgente a las autoridades nacionales, a la comunidad internacional y a la sociedad civil para restaurar sus derechos, proteger su dignidad y construir caminos de esperanza y resiliencia.

Lee el informe completo y únete al llamado por un Haití donde cada persona pueda vivir con seguridad, justicia y dignidad:

Descargar informe en español
Descargar informe en inglés
Conoce más

BITÁCORA DE ESPERANZA: Una respuesta que traspasó fronteras

Durante seis años, Esperanza sin Fronteras marcó un antes y un después en la protección de la niñez migrante en América Latina y el Caribe.
Más de un millón de atenciones, cientos de alianzas locales y miles de historias de resiliencia dan forma a esta bitácora viva que celebra la fe, la dignidad y la esperanza.

En este informe, World Vision comparte los aprendizajes, innovaciones y testimonios que surgieron de una de las respuestas humanitarias más significativas de la región.
No es solo un cierre: es un legado que continúa floreciendo en cada comunidad, iglesia y familia que decidió abrir sus puertas para acompañar a quienes cruzan fronteras buscando un futuro mejor.

Descargar informe en español
Descargar informe en inglés
Conoce más

Reclutamiento y desplazamiento infantil en Colombia: la realidad de la niñez en Catatumbo

Bogotá, Colombia.- La violencia volvió a recrudecer con fuerza a mediados de enero de 2025 y, desde entonces, el Catatumbo no ha tenido respiro. El territorio continúa siendo uno de los puntos más críticos de seguridad del país, un lugar donde el conflicto armado no es un recuerdo del pasado, sino una realidad que se vive día a día. 

 Como ocurre en cada escalada del conflicto, la niñez vuelve  a ser una de las poblaciones más afectadas. 

Los enfrentamientos armados incrementaron las condiciones de vulnerabilidad de niñas y niños que tuvieron que abandonar sus hogares junto con sus familias, sin garantías para la atención de sus necesidades básicas de alimentación, alojamiento, recreación y educación. A esto se sumaron riesgos graves y persistentes, como el reclutamiento uso y utilización de niñas y niños por parte de grupos al margen de la ley. 

 A un año de esta situación, la situación no se detiene. 

Recuerdo alistar mi maleta, mi cámara, leer los reportes y, junto al equipo, entender que íbamos a cubrir una situación de emergencia humanitaria donde niñas, niños y adolescentes estaban siendo profundamente afectados. Lamentablemente, no era la primera vez. Como equipo de comunicaciones, ya sabíamos que en la historia de nuestro país estas emergencias no terminan; se repiten, cambian de territorio, pero conservan el mismo dolor y sufrimiento. 

 Fue allí donde conocí a Sami*. *Nombre cambiado por protección* 

Sami, como muchas otras niñas y niños desplazados por la violencia, se encontraba en un alojamiento temporal improvisado. Con algunos materiales (plásticos, telas, palo) las familias habían construido cambuches, pequeños espacios para separarse unas de otras y protegerse de la intemperie. En medio de ese contexto, Sami participaba en un espacio de protección que World Vision, junto a otras organizaciones de cooperación, estaban ofreciendo. 

Recuerdo que se acercó a preguntarme por mi cámara. Se la mostré, la sostuvo con cuidado y me ayudó a tomar algunas fotos del espacio. Después, sin que yo se lo pidiera, empezó a contarme su historia. 

Me dijo que su casa era grande y de madera. Que dormía bien y comía bien. Pero que un día escuchó que tenían que irse de la finca a la que habían llegado apenas unos meses atrás. Salieron rápido. Iba con su papá, su mamá y un vecino en un carro. Me contó que su tía estaba en Venezuela y que no era la primera vez que iban de un lugar a otro: venían de Venezuela a Colombia buscando un mejor futuro.  

Junto con un colega del equipo de protección le hicimos una pregunta que solemos hacer a las niña y niños:
¿Qué es lo que más quieres? 

Pensamos que nos hablaría de un juguete, de algo que había dejado atrás. Pero su respuesta nos sobrecogió profundamente:
“Que se acabe la violencia” 

Después nos contó que en el refugio jugaba con otras niñas y niños que había conocido al llegar. Estaba en segundo de primaria y no había podido regresar a su casa. Hubo un silencio largo. Pensé que la conversación había terminado, pero Sami añadió:
“Otro sueño que tengo es volver a mi casa, a mi colegio, estar con mis amigos y con mi familia unida”. 

Sami tiene aproximadamente 10 años.  

“Tengo el corazón solamente roto” 

En otro de los albergues conocí a Mar*. Era un espacio más pequeño, con muchas niñas y niños de primera infancia e infancia. Mar me mostró su muñeca y me preguntó si era linda. Recuerdo que le dije que sí y que me gustaba mucho su peinado. 

 Me contó que vivía en El Tarra. “Tuve este problema, me echaron del Catatumbo” me dijo con una naturalidad, que dolía; continúa diciendo “Llegó una gente a la casa y nos dijeron que había que desalojar, que eso se iba a prender”. 

 Dejaron todo: sus cosas, su ropa, sus cuadernos. Mar había llegado al albergue apenas una semana antes de nuestra intervención. Le pregunté cómo se sentía.
“Ya me amañé acá” respondió “hay más niños” 

Luego, con una sinceridad desarmante, añadió: “Me siento un poco triste y un poco feliz”.

 Venía con su papá, su mamá y su hermana. Me dijo que lo más difícil fue dejarlo todo, especialmente sus estudios. Antes de despedirse, una vez me contó de su familia y de la actividad que habían hecho con otros niños, recuerdo que me miró y dijo una frase que aún resuena en mi:
—Tengo el corazón solamente roto. 

 Mar tenía 13 años cuando hablé con ella.  

Mar y Sami son el reflejo de la niñez en contextos de conflicto 

Las historias de Mar y Sami no son casos aislados. Son el reflejo de miles de niñas, niños y adolescentes cuya infancia ha sido interrumpida por la violencia. Según UNICEF, en la región del Catatumbo más de 20.000 niñas, niños y adolescentes han sido desplazados por el conflicto armado, obligados a huir de sus hogares y a enfrentar un futuro marcado por la incertidumbre, la deserción escolar y la ruptura de sus entornos protectores. 

Detrás de cada cifra hay una historia que duele. El desplazamiento no solo implica perder una casa; significa perder rutinas, vínculos, seguridad y, muchas veces, la posibilidad de soñar sin miedo. 

 Día de las Manos Rojas: decir no a una niñez en guerra 

Cada 12 de febrero, el mundo conmemora el Día de las Manos Rojas, una fecha que nos recuerda el compromiso global de rechazar el reclutamiento, uso y utilización de niñas, niños y adolescentes en los conflictos armados. La mano pintada de rojo es un símbolo de denuncia y como ejercicio de memoria y de resistencia frente a una violencia que sigue arrebatando historias. 

En Colombia, esta conmemoración cobra un significado urgente. Los riesgos de reclutamiento, uso y utilización de la niñez persisten, especialmente en contextos de desplazamiento, confinamiento y pobreza. Levantar la mano roja es decir con firmeza: Nunca más niñas y niños en la guerra. 

 Llamado urgente a la acción humanitaria 

Las voces de Sami y Mar, junto con las cifras que evidencian la magnitud de la crisis, nos interpelan como sociedad. Proteger a la niñez debe ser una prioridad humanitaria inaplazable. 

Es urgente garantizar: 

  • Acceso a alimentación, salud y educación para la niñez desplazada. 
  • Espacios seguros y acompañamiento psicosocial que atiendan las heridas visibles e invisibles que deja el conflicto. 
  • Acciones contundentes de prevención del reclutamiento, uso, utilización y otras formas de violencia contra la niñez. 
  • Una respuesta coordinada y sostenida que ponga en el centro la dignidad y los derechos de las niñas y los niños. 

 Como dijo Sami, lo que toda niña y todo niño desea es sencillo y profundo: vivir sin miedo. Ese sueño no debería ser un anhelo, sino un derecho garantizado. 

Mientras el conflicto persista, seguir contando estas historias es una forma de resistencia. No para normalizarlas, sino para insistir una y otra vez en que la niñez merece crecer en paz. 

Por: Linda Daniela Cruz.

Conoce más

¿Obligará finalmente la COP30 al mundo a mirar a los niños y niñas de la Amazonía?

Para João Diniz, Líder Regional para América Latina y el Caribe en World Vision, los niños y niñas de la Amazonía están en el epicentro de la crisis climática, y su futuro es inseparable del destino del planeta.

Este año, la COP30, la conferencia mundial sobre cambio climático se celebrará en Belém, en pleno corazón de la Amazonía, una región tan vital que a menudo se le llama “los pulmones de la Tierra”. Sin embargo, detrás de las grandes promesas y las negociaciones clave, se esconde una paradoja inquietante: el lugar que albergará las conversaciones más urgentes sobre el clima es también uno de los más difíciles para crecer siendo niño.

La Amazonía debería ser un paraíso, un aula viva de ríos, bosques y vida desbordante. Pero para millones de niños y niñas, se ha convertido en un lugar de privaciones y peligro. Más de la mitad de las familias de la región viven en pobreza multidimensional, y el 45% enfrenta inseguridad alimentaria. Uno de cada cuatro niños sufre desnutrición crónica y, en algunas comunidades, hasta el 80% carece de acceso a agua potable y saneamiento.

A esto se suman profundas fracturas sociales: en varias zonas, dos de cada tres niños han sido víctimas de violencia física o psicológica; el embarazo adolescente afecta a más del 37% de las niñas entre 15 y 19 años; y el trabajo infantil en menores de 15 años alcanza hasta el 36%. Para todos ellos, la crisis climática no es un concepto abstracto: es la fiebre tras una picadura de mosquito, la tos provocada por el aire contaminado, el miedo de que la próxima inundación arrase con su escuela.

 

Más allá del dosel del bosque

Podría decirse que la preocupación global por la Amazonía suele centrarse en el carbono, los árboles y la biodiversidad, causas nobles, aunque incompletas. Si bien esa atención es valiosa, a menudo deja de lado una dimensión crucial: las vidas que transcurren bajo ese dosel. Para las comunidades indígenas, con demasiada frecuencia marginadas, la naturaleza es mucho más que un recurso: los bosques, ríos, montañas y mares son ancestros vivos, guardianes de historias, espiritualidad e identidad. Romper ese lazo no es solo destruir un ecosistema, sino borrar un legado donde el ser humano y la Tierra coexisten como uno solo.

La pobreza, la violencia y los desastres climáticos no solo coexisten, colisionan. El colapso ambiental magnifica la fragilidad social, erosionando los cimientos mismos de la infancia. Sin una inversión decidida, esta generación no heredará un bosque lleno de vida, sino un legado de pérdida.

 

 

 

La oportunidad y la responsabilidad

El país anfitrión, Brasil, ha propuesto el “Fondo Bosques Tropicales para Siempre”, con una meta de USD $125 mil millones, diseñado para sostener la conservación a través de retornos de inversión. Sin duda, se trata de una propuesta audaz y visionaria. Pero cabe preguntarse: ¿llegarán esos fondos a los niños y niñas que viven en estos bosques? En las últimas dos décadas, solo el 2.4% del financiamiento climático multilateral ha tenido como objetivo directo a la infancia. Este descuido es tan injusto como miope.

Invertir en resiliencia centrada en la niñez es una estrategia inteligente. Fortalecer servicios esenciales como agua, saneamiento, salud y educación ante los impactos climáticos beneficia a comunidades enteras. Escuelas resistentes a inundaciones, clínicas que permanecen abiertas durante las sequías y sistemas de protección que resguardan a la niñez de la violencia garantizan que la acción climática se traduzca en supervivencia humana.

 

Tres cambios urgentes para una Amazonía viva

Redefinir el futuro de la Amazonía implica invertir en servicios públicos bien financiados y resilientes al clima. La salud, la educación, el agua y la protección no son mejoras opcionales, sino salvavidas fundamentales para la niñez. A medida que aumentan los impactos climáticos, la falta de fondos suficientes para adaptación y para responder a pérdidas y daños deja a los niños cada vez más expuestos. Ellos son quienes menos han contribuido a la emergencia climática, pero sufren sus peores consecuencias. El financiamiento climático debe ser sensible a la niñez y liderado localmente, garantizando inversiones que fortalezcan los sistemas de los que dependen su seguridad, bienestar y futuro.

Igualmente, crucial es asegurar que los niños, niñas y jóvenes en especial los indígenas y los más marginados, participen activamente en la construcción de su futuro, como recomienda la CMNUCC. Sus voces transmiten la urgencia de la experiencia vivida, y su conocimiento encierra la sabiduría de generaciones que han cuidado del bosque mucho antes de que existieran las cumbres climáticas. Empoderarlos es invertir en la solución climática más poderosa de la Amazonía: su gente.

 

Un espejo para el mundo

Datos recientes de satélites muestran que las alertas por degradación forestal aumentaron un 44% entre 2023 y 2024, lo que representa un asombroso 163% de aumento desde 2022. Solo el año pasado se dañaron más de 25,000 kilómetros cuadrados de bosque, dos tercios a causa del fuego. Los ríos se están secando, la contaminación va en aumento y los ecosistemas colapsan. La Amazonía lucha por respirar, y también lo hacen sus niños y niñas. Su posible colapso podría liberar hasta 300 mil millones de toneladas de carbono, haciendo inalcanzable la meta de 2 °C del Acuerdo de París, y mucho más aún la de 1.5 °C. El mensaje es claro: el destino de los niños de la Amazonía y el del planeta son uno solo.

Cuando se inaugure la COP30, los delegados debatirán sobre emisiones, financiamiento y marcos de acción. Pero antes del primer discurso, deben hacerse una pregunta más simple: ¿estamos priorizando a la infancia con la misma urgencia con la que tratamos de reducir las emisiones?

Porque si los niños y niñas de la Amazonía no pueden respirar aire limpio, beber agua segura o caminar a la escuela sin miedo, entonces ninguno de nosotros podrá hablar de verdadero progreso.

Sobre João Diniz

Con más de 35 años de experiencia en liderazgo estratégico, desarrollo de recursos y gestión organizacional, João Diniz es un destacado ejecutivo de World Vision. Actualmente se desempeña como Líder Regional para América Latina y el Caribe, brindando liderazgo visionario en toda la región.

Ha ocupado varios cargos senior dentro de World Vision International, incluyendo Director Global de Asuntos Estratégicos, Ministeriales y Financieros (con sede en Nairobi, Kenia) y Director Regional de Estrategia para América Latina y el Caribe (con sede en San José, Costa Rica). En Brasil, fue Director Nacional y anteriormente lideró las áreas de Desarrollo Económico, Mercadeo y Recaudación de Fondos.

Es ingeniero agrónomo con estudios de posgrado en Agricultura Tropical y una maestría en Administración de Empresas con especialización en Gestión Financiera por la Universidad Federal de Pernambuco, Brasil.

Conoce más

¿Pueden las abejas salvar a los niños de la Amazonía? Lo que he aprendido de las alas más pequeñas de la esperanza

He trabajado en el ámbito humanitario y de desarrollo el tiempo suficiente como para reconocer cuándo un proyecto simplemente funciona y cuándo realmente transforma. Lo que está ocurriendo en lo profundo de la Amazonía ecuatoriana pertenece, sin duda, a esta última categoría.

En un país donde el 70.3 % de las familias rurales viven por debajo del umbral de pobreza, se está gestando una revolución silenciosa. No está liderada por expertos internacionales ni por tecnologías sofisticadas, sino por jóvenes… y por el delicado zumbido de las abejas nativas sin aguijón.

La práctica, conocida como meliponicultura, puede sonar modesta. Pero, como he presenciado en primera fila, su impacto es profundo. Estas abejas —pequeñas, sin aguijón, y a menudo ignoradas— están transformando la manera en que las familias alimentan a sus hijos, preservan sus bosques y recuperan su dignidad.

Jefferson muestra con orgullo la gama de productos que ha elaborado utilizando la miel que ha recolectado, combinando tradición con creatividad/ Ecuador/2025.
Jefferson muestra con orgullo la gama de productos que ha elaborado utilizando la miel que ha recolectado, combinando tradición con creatividad/ Ecuador/2025.

 

Una tradición que se vuelve movimiento

Hace poco visité una pequeña comunidad donde conocí a Jeferson, un joven de 29 años que encarna la promesa de esta nueva generación. Junto a su pareja, Aide, ha convertido un rincón sencillo del bosque en un santuario vibrante, lleno de vida y propósito.

“Al principio, era solo algo que hacían mis abuelos”, me dijo, sosteniendo con delicadeza una de sus colmenas artesanales. “Pero ahora sabemos que estas abejas son vida. Nos dan medicina, ingresos y, lo más importante, enseñan a nuestros hijos que si cuidamos a las abejas, el bosque nos cuida a nosotros”.

Es una filosofía poderosa, que encierra más verdad que muchos marcos de política pública que he visto. Gracias a su iniciativa, Jeferson ha inspirado a más de 200 familias a tener colmenas de meliponas, produciendo miel tanto para el consumo familiar como para la venta. Cada colmena es un pequeño acto de resistencia contra el hambre, un compromiso silencioso con la regeneración por encima de la extracción.

Lo que realmente significa sostenibilidad

A menudo hablamos de sostenibilidad en términos abstractos: estrategias, marcos, indicadores. Pero en la Amazonía, la sostenibilidad tiene rostro, tiene latido, y a veces… tiene alas diminutas.

La meliponicultura, en mi opinión, es una de esas intervenciones poco comunes: técnicamente viable, económicamente sólida, culturalmente enraizada y ambientalmente regenerativa. Genera ingresos sin destruir los ecosistemas. Refuerza la seguridad alimentaria mientras conserva la biodiversidad. Familias que antes enfrentaban la desnutrición ahora producen miel rica en nutrientes, polen con propiedades medicinales y propóleos cotizados en los mercados internacionales.

Es un modelo elegante: simple, escalable y sostenible en el sentido más genuino. Pero más allá de eso, devuelve el orgullo. Les dice a las comunidades que su herencia no es un obstáculo para el progreso, sino su base.

Primer plano de los recipientes de miel de abejas sin aguijón dentro de una colmena de madera, donde Jefferson recolecta miel/Ecuador/2025.
Primer plano de los recipientes de miel de abejas sin aguijón dentro de una colmena de madera, donde Jefferson recolecta miel/Ecuador/2025.

Repensar cómo hacemos desarrollo

Hasta cierto punto, el éxito de este modelo desafía a todos los que trabajamos en el sector humanitario y de desarrollo. Nos obliga a enfrentar una verdad incómoda: durante décadas hemos tratado el conocimiento local como algo secundario, algo que se debe “integrar” en lugar de liderar.

Aunque bien intencionado, el modelo tradicional de ayuda a menudo ignora lo que tiene justo enfrente: comunidades que ya poseen las soluciones, y que solo esperan ser reconocidas y apoyadas.

Por eso, en World Vision Ecuador, nuestro trabajo en la Amazonía no se trata de entregar ayuda, sino de restaurar la capacidad de acción. No vemos la meliponicultura como caridad; la vemos como una estrategia. Forma parte de un ecosistema más amplio que incluye turismo comunitario, agricultura sostenible y medios de vida artesanales, todos ellos redefiniendo lo que puede ser la prosperidad en las zonas rurales.

Porque, al final, la pregunta no es cómo ayudar, sino cómo hacernos a un lado y permitir que las comunidades lideren.

El sonido del futuro

Cuando escucho el suave zumbido de las abejas en un meliponario, no oigo solo a la naturaleza en acción. Escucho el susurro del cambio: jóvenes construyendo futuros económicamente viables y ecológicamente responsables.

He visto a niños trazar con sus pequeños dedos la arquitectura de una colmena, mientras escuchan a Jeferson explicar cómo la colonia sobrevive gracias al equilibrio y la cooperación. Es una lección de biología, sí… pero también una lección moral. Un recordatorio de que el bosque, al igual que la humanidad, solo prospera cuando cada parte sostiene al conjunto.

A los formuladores de políticas, gobiernos y socios para el desarrollo, les diría esto:

Cuando tratamos a la naturaleza como algo que podemos dar por sentado, el costo nunca es lejano; se propaga por toda la red de la vida, alterando ecosistemas, medios de subsistencia y ese delicado equilibrio que nos sostiene a todos. Las soluciones al hambre, la pobreza y la pérdida ambiental no siempre están en nuevas tecnologías o expertos externos.

La Amazonía no necesita que la salven. Necesita que la escuchen, que la financien y que la respeten.

Entonces, ¿pueden las abejas salvar a los niños de la Amazonía? Tal vez no por sí solas.
Pero sin duda pueden mostrarnos el camino.

Y eso, para mí, es el sonido de la esperanza.

Conoce más

Cómo Judenie escapa de las sombras de la violencia

Wista, una madre de 47 años, y su hija Judenie, de 5, vivían con miedo constante tras el anuncio de un inminente ataque por parte de bandas locales. Wista, una comerciante a pequeña escala, se vio obligada a abandonar su medio de vida cuando las pandillas comenzaron a aterrorizar a su comunidad. A pesar de su conocimiento del negocio y su dedicación para mantener a su familia, no tuvo otra opción más que dejarlo todo atrás.

“Tenía un pequeño negocio que me dio World Vision. Pero cuando la gente decía que las pandillas tomarían la ciudad, me dio mucho miedo seguir. Las pandillas hicieron que fuera demasiado peligroso. No tuve opción, tuve que irme”, cuenta. El camino hacia un lugar seguro no fue fácil. A cada paso, el trayecto se volvía más peligroso. Wista y Judenie enfrentaron dificultades insoportables, pero su voluntad de sobrevivir las impulsó a seguir adelante.

Wista describe su difícil travesía: “El camino era duro. La niña caminó y caminó por millas, pero encontró fuerza en Dios para continuar. Yo sentía dolor. Cruzamos ríos en una pequeña canoa, y después seguimos a pie. Tomamos dos motocicletas, pero se accidentaron en el camino y casi chocamos contra las piedras. Todos los demás también tuvieron que caminar.”

Mientras viajaban, el corazón de Wista se llenaba de tristeza. El viaje parecía interminable, y a menudo sentía que no podía continuar. “Me sentía tan triste”, dice. “Quería acostarme entre los arbustos y dormir para siempre. Pero seguía pensando en mi hija y en la necesidad de protegerla.”

Tras una larga y agotadora caminata, finalmente llegaron a un refugio, pero la condición de Wista empeoró. No podía comer ni beber, y se sentía físicamente agotada por el estrés del viaje. “Cuando llegué al centro de refugiados, estaba con tanto dolor”, recuerda Wista. “Me dolía la cabeza, no podía comer. Ni siquiera podía beber agua. Dejé todo atrás en mi casa.”

La pequeña Judenie recuerda su escuela y a los amigos que tanto la extrañan. Sufrió al ver a su madre y a otros familiares tratando de esconderse entre los arbustos. Ella dice: “Estaba asustada y cansada, pero mamá dijo que teníamos que movernos.” “Solo quiero volver a mi escuela y jugar con mis amigos”, dice la hija de Wista.

Aunque escaparon de la violencia, Wista y Judenie quedaron marcadas por las cicatrices de su traumático viaje. Wista, aún lidiando con el impacto emocional y físico de la travesía, reflexiona sobre cómo afectó sus vidas. “Dejé todo atrás. Lo único que quería era proteger a mi hija y sobrevivir. Pero nunca imaginé lo duro que sería el camino.”

En su nuevo refugio, Wista y Judenie aún sienten el peso de todo lo que perdieron, pero se aferran a la esperanza de que, con el tiempo, podrán reconstruir sus vidas y salir adelante tras la devastación. La familia de Wista enfrentaba lo imposible, sobreviviendo a pesar de la violencia y del peligroso recorrido, en su búsqueda por un lugar seguro y una vida mejor, lejos de las pandillas que amenazaban con destruir su comunidad.

Conoce más

Volver a abrazarlos: una historia de reunificación, dolor y esperanza

Volver a abrazarlos: una historia de reunificación, dolor y esperanza

Therese llegó a Colombia con el corazón encogido y una urgencia que ninguna madre debería enfrentar: reencontrarse con sus hijos menores, Kaosi y Aissatha, quienes estaban bajo custodia del Estado colombiano. Aunque su hogar está en São Paulo, Brasil, su viaje a Colombia fue abrupto. Vino desde Guinea, su país natal, tras recibir una noticia devastadora que cambió para siempre el rumbo de su familia. 

Meses atrás, Therese había viajado a Guinea por unos días para visitar a su madre enferma y nietos. Mientras tanto, su hija mayor, Sia Bah, tomó una decisión que marcó el destino de todos: salir de Brasil con sus hermanos menores, con la esperanza de llegar a Estados Unidos. Lo hizo sin autorización, sin documentación vigente, sin recursos y sin condiciones mínimas de protección. Su deseo era encontrar un lugar donde pudieran tener una vida mejor, pero eligió una de las rutas más peligrosas del continente. 

La familia llegó hasta Necoclí, en la costa caribeña de Colombia, uno de los últimos puntos antes de enfrentar el Tapón del Darién: una selva inhóspita, sin ley, donde cientos de personas han desaparecido. Fue ahí donde los planes se detuvieron. Sia Bah, se enteró que estaba embarazada y debido a complicaciones de salud, fue ingresada de emergencia al hospital local y luego trasladada a Montería, donde lamentablemente falleció. 

Mientras tanto, Kaosi y Aissatha, expuestos a un entorno incierto y sin protección familiar, fueron temporalmente cuidados por una mujer migrante en la playa de Necoclí. Al reconocer que no podía asumir esa responsabilidad, acudió a la Comisaría de Familia, que activó los protocolos de protección. Así, los niños fueron acogidos por el sistema de bienestar infantil colombiano y llevados a un hogar sustituto. 

Este caso no es aislado. Cada vez más niñas, niños y adolescentes migran solos o quedan bajo el cuidado de personas que no tienen vínculos ni responsabilidad reales con ellos. Decisiones tomadas por adultos —muchas veces desde el dolor, la desesperación o la falta de oportunidades— terminan exponiéndolos a riesgos extremos: violencia, abuso, explotación, separación, enfermedades, y en el peor de los casos, la muerte. 

La historia de Therese cambió de rumbo gracias al trabajo articulado de múltiples actores. La Comisaría de Familia, el consulado de Brasil, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y World Vision Colombia, con el apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos a través de PRM, trabajaron juntos para lograr la reunificación. El proyecto Más Allá de las Fronteras brindó acompañamiento psicosocial, orientación legal, hospedaje, alimentación y la gestión del transporte humanitario necesario para que Therese pudiera reencontrarse con sus hijos. 

Jessica, trabajadora humanitaria de World Vision, acompañó cada paso del proceso. Estuvo allí cuando Therese abrazó a sus hijos por primera vez después de meses de incertidumbre. Tras una noche de descanso en Bogotá, la familia tomó un vuelo de regreso a São Paulo, donde les esperaba Thierno, la actual pareja de Therese.

La historia de esta familia nos recuerda que, para las niñas y niños migrantes, el cuidado familiar no siempre es el que se conoce como tradicional. A veces es la mamá que cruza el océano para reencontrarse con sus hijos. Otras veces es una mujer migrante que, sin tener vínculos de sangre, protege a quienes han quedado solos. Y muchas veces, es el sistema de protección y las organizaciones humanitarias quienes se convierten en ese soporte necesario. 

En el marco del Día de la Familia, esta historia nos invita a reflexionar sobre el poder restaurador del vínculo familiar en medio de la adversidad. Para miles de niñas y niños en situación de movilidad, la familia, propia o la que se forma en el camino, es el refugio que puede marcar la diferencia entre la desprotección y la esperanza. En palabras de Therese, al llegar nuevamente a casa junto a sus hijos: “Yo estoy agradecida con tantos ángeles que en Colombia me dieron una mano y lograron que regresará a Brasil junto con mis hijos. Solo busco ahora seguir trabajando, cuidando y amando a mi familia en esta ciudad que una vez más me recibe”. 
 

La reunificación de esta familia fue posible gracias a la articulación interinstitucional y al compromiso de quienes creemos que ninguna niña o niño debería vivir sin protección. Pero la realidad es que la mayoría de las historias no tienen este final. Por eso, desde la Respuesta Multipaís a la Crisis Migratoria de World Vision “Esperanza sin Fronteras” seguimos trabajando para prevenir estos riesgos desde los lugares de origen y en las comunidades de acogida, brindando medios de vida dignos, acceso a información segura y respuestas humanitarias oportunas que coloquen a la niñez migrante en el centro. 

Nota editorial: Esta historia fue adaptada por el equipo de Comunicaciones de la Respuesta Multipaís Esperanza sin Fronteras con motivo del Día de la Familia 2025. Su versión original, escrita por Felipe Martín, fue publicada en el Informe de Gestión 2024 de World Vision Colombia (págs. 22–23). 

Conoce más

Más que una comida: cómo la alimentación escolar está nutriendo futuros en América Latina

En aulas desde el Amazonas hasta los Andes, las comidas escolares están transformando vidas en silencio. Lo que comenzó como una intervención nutricional básica se ha convertido en un salvavidas esencial para millones de niñas, niños, familias y comunidades en toda América Latina—ayudándoles a permanecer en la escuela, mantenerse saludables y conservar la esperanza. A través de una red de programas nacionales y alianzas con la sociedad civil, incluidas aquellas lideradas por World Vision, la alimentación escolar es ahora un pilar de las políticas educativas y sociales en países como Venezuela, Brasil, Guatemala y Perú.

Los programas de alimentación escolar de World Vision aseguran que niñas y niños en comunidades vulnerables reciban la nutrición necesaria para tener éxito. Esta labor forma parte esencial de nuestra campaña global ENOUGH, que busca eliminar el hambre y la malnutrición infantil garantizando que cada niña y niño tenga acceso a los alimentos que necesita para desarrollar un cuerpo y mente saludables.

En Venezuela, World Vision, en alianza con el Programa Mundial de Alimentos (WFP), ha ampliado la alimentación escolar a 542 escuelas en cinco estados. El programa beneficia a más de 78,000 niñas y niños mediante una combinación de entregas de alimentos frescos, comidas en el lugar y suplementos fortificados como el Super Cereal. El impacto se ve no solo en la mejora de la nutrición, sino también en entornos escolares revitalizados. En Barinas, las comidas se preparan y sirven diariamente en escuelas como Don Rómulo Gallegos, mientras que mejoras en las cocinas, como en el CEI Josefa Camejo en Falcón, han contribuido a una mayor seguridad alimentaria y calidad de las comidas.

El programa de alimentación escolar de Brasil, conocido como PNAE (Programa Nacional de Alimentación Escolar), es uno de los más antiguos del mundo. Asegura que niñas y niños en la educación pública accedan a comidas que reflejen tanto sus necesidades nutricionales como sus preferencias culturales. World Vision Brasil ha centrado sus esfuerzos en la participación juvenil, apoyando el monitoreo y la incidencia liderada por adolescentes. En 2024, como parte de la iniciativa “Amplificando las Voces de la Niñez Digitalmente (ACVD)”, jóvenes redactaron una carta solicitando mayor transparencia en la entrega de alimentos escolares. Esta carta fue entregada directamente a funcionarios gubernamentales durante la Cumbre del G20 en Río de Janeiro, destacando la importancia de la participación juvenil en los servicios públicos.

El cambio de políticas ha sido clave en Guatemala. En 2017, el gobierno aprobó una Ley de Alimentación Escolar pionera, que fue fortalecida en 2021. Esta reforma incrementó el financiamiento diario por estudiante de Q4.00 a Q6.00 (aproximadamente de US$0.52 a US$0.78) y amplió la cobertura a 3.6 millones de niñas y niños, incluyendo niveles de educación inicial y secundaria básica. World Vision Guatemala desempeñó un papel clave en el proceso legislativo, brindando insumos durante los debates y abogando por una inversión sostenida en la nutrición infantil. Hoy, su trabajo también incluye la mejora de infraestructura de agua y saneamiento en escuelas, equipamiento de cocinas y talleres de preparación de alimentos para madres y padres con ingredientes locales.

En Perú, está ocurriendo otro tipo de transformación: una que pone a las niñas y niños en el centro de la política alimentaria. A través de una iniciativa de participación ciudadana llamada “Voz y Acción Ciudadana”, niñas, niños y adolescentes han sido capacitados para evaluar y proponer mejoras al programa nacional de alimentación escolar, ahora conocido como Wasi Mikuna. En 2024, esta movilización alcanzó a más de 21,000 estudiantes, madres, padres y docentes. Líderes juveniles organizaron consultas públicas, visitaron centros de almacenamiento y se reunieron con autoridades para compartir sus propuestas. Estos esfuerzos llevaron a un compromiso formal del gobierno para mejorar la capacitación de manipuladores de alimentos, aumentar la transparencia y desarrollar materiales comunicacionales adecuados para niñas y niños sobre los servicios nutricionales.

Todos estos programas comparten una visión: la alimentación escolar no se trata solo de calmar el hambre. Se trata de participación, dignidad, potencial e igualdad de oportunidades. Para muchas niñas y niños, la jornada escolar es el único momento del día en que pueden contar con una comida nutritiva. Para familias que enfrentan inflación, sequía o desplazamiento, esta certeza diaria representa un alivio tangible. Y para los gobiernos, la alimentación escolar ha demostrado ser una herramienta eficaz para mejorar los resultados educativos y, al mismo tiempo, fortalecer las economías locales mediante la compra de alimentos a pequeños productores y la generación de empleo en la cadena de suministro.

Sin embargo, el trabajo está lejos de haber terminado. En toda la región, los programas enfrentan desafíos, desde presupuestos insuficientes hasta dificultades logísticas en zonas remotas. El cambio climático, el aumento del costo de los alimentos y la inestabilidad política amenazan con revertir los avances logrados en la última década. En este contexto, el rol de los socios internacionales sigue siendo vital, no solo como implementadores, sino como defensores, conectores y amplificadores de las voces locales.

No es casualidad que gran parte del progreso en estos países haya ocurrido donde las niñas, niños y sus comunidades han estado directamente involucrados. Ya sea a través del monitoreo juvenil en Brasil y Perú, o mediante talleres de cocina dirigidos por madres y padres en Guatemala, estos programas tienen éxito porque se enraízan en la experiencia vivida de quienes los reciben.

Con la atención global puesta en la próxima Cumbre Mundial de Alimentación Escolar en Brasil este septiembre, existe una oportunidad —y una responsabilidad— de que donantes, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil reafirmen su compromiso con la alimentación escolar.

Asegurar que cada niña y niño tenga acceso a una comida escolar nutritiva no es caridad. Es una cuestión de justicia, equidad y política pública inteligente.

Porque al final, una comida escolar nunca es solo un plato de comida. Es un voto de confianza en el futuro de una niña o un niño.

Para más información, visita nuestro sitio sobre Alimentación Escolar: https://www.wvi.org/ENOUGH/school-meals

Conoce más

Violencia y hambre: las secuelas de la crisis humanitaria en Venezuela

Caracas, Venezuela.- World Vision llevó a cabo una evaluación rápida entre el 6 y el 13 de enero entre hogares de Venezuela para evaluar el impacto de la actual crisis social en la vida de los niños y sus familias. Los resultados revelan un aumento significativo de la inseguridad alimentaria, el malestar emocional entre los niños y el debilitamiento de los entornos protectores en un contexto marcado por altos niveles de estrés y preocupación.

El fuerte aumento de los precios agrava el hambre

Aunque el 65 % de los hogares encuestados afirmaron poder satisfacer sus necesidades alimentarias básicas, un preocupante 34 % indicaron que al menos un miembro de la familia se acostaba sin comer.

Además, el 54,8 % de los adultos afirmaron haber reducido el tamaño de las porciones o la frecuencia de las comidas para dar prioridad a la alimentación de los niños y los ancianos, lo que constituye una clara prueba del estrés nutricional.

En enero, los precios de los alimentos se dispararon y la tendencia empeoró tras los recientes acontecimientos militares. Un kilogramo de carne de vaca que en diciembre se vendía por unos 12 dólares, ahora se vende en algunos establecimientos por hasta 25 dólares. Del mismo modo, el precio de una bolsa de 900 g de leche en polvo se duplicó, pasando de 11 dólares en diciembre a 20 dólares en enero.

El Fondo Monetario Internacional estimó que la inflación en Venezuela alcanzará el 548 % en 2025 y que la devaluación de la moneda será del 414,39 %, dos factores que afectan directamente al coste de la cesta básica de alimentos.

«Los recursos de las familias, ya sean alimentos o dinero, se están agotando, y la inflación persistente está agravando aún más la ya deteriorada situación nutricional de los niños en el país», afirmó Shirley Hidalgo, directora de operaciones de World Vision para Venezuela y Colombia, donde 7 de cada 10 hogares viven en la pobreza.

Por esta razón, World Vision hace un llamado urgente para garantizar la financiación humanitaria y el acceso seguro necesarios para reforzar la seguridad alimentaria y la protección de los niños y las familias en Venezuela.

Debilitamiento de los entornos protectores

La evaluación de World Vision también revela una relación directa entre el clima de incertidumbre y el aumento de las tensiones en los hogares. El 26 % de las familias informaron haber sufrido incidentes de violencia doméstica durante el período de evaluación.

«Cuando los recursos emocionales de los cuidadores se agotan debido al estrés, algunos reaccionan con violencia hacia los miembros más vulnerables del hogar», subrayó Hidalgo. El hecho de que este porcentaje se haya registrado en un período tan corto indica una violencia aguda, lo que supone un riesgo crítico para la protección de los niños, según el estudio.

World Vision insta a la comunidad internacional a reforzar los mecanismos de protección infantil, ampliar el apoyo psicosocial a las familias y los niños, y garantizar la financiación necesaria para prestar ayuda humanitaria, dando prioridad a la seguridad, la nutrición y el bienestar emocional de los niños en Venezuela.

Niños que muestran signos de trauma y ansiedad reactiva

La inestabilidad también está afectando a la salud mental de las niñas, niños y adolescentes. El 56 % declaró haber experimentado angustia emocional, que se manifestaba en forma de trastornos del sueño, ansiedad y desregulación alimentaria, incluida la pérdida de apetito.
La rapidez con la que aparecieron estos síntomas sugiere la exposición a acontecimientos traumáticos de alta intensidad en un breve periodo de tiempo.

Se denunciaron casos de violencia física o verbal contra los niños por parte de sus cuidadores incluso en las primeras 72 horas del periodo de evaluación, lo que refleja cómo la tensión social y geopolítica se traduce directamente en la dinámica familiar.

La organización reitera su compromiso de seguir vigilando la situación y apoyando a las comunidades más vulnerables mediante programas humanitarios y de protección.

Conoce más

AQUA NEXUS RESUMEN 2026-2030

Descargar documeno Inglés
Descargar documento Español
Conoce más

Declaración de Belém sobre el Hambre, la Pobreza y la Acción Climática Centrada en las Personas

Elaborada en colaboración con el Consejo de Campeones de la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza, la “Declaración de Belém sobre el Hambre, la Pobreza y la Acción Climática Centrada en las Personas” afirma que la resiliencia climática es inseparable de la justicia social, y que el desarrollo sostenible requiere garantizar el derecho humano a la alimentación. La Declaración será adoptada formalmente en la Cumbre de Líderes de la COP30 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Descargar
Conoce más

BITÁCORA DE ESPERANZA: Una respuesta que traspasó fronteras

Durante seis años, Esperanza sin Fronteras marcó un antes y un después en la protección de la niñez migrante en América Latina y el Caribe.
Más de un millón de atenciones, cientos de alianzas locales y miles de historias de resiliencia dan forma a esta bitácora viva que celebra la fe, la dignidad y la esperanza.

En este informe, World Vision comparte los aprendizajes, innovaciones y testimonios que surgieron de una de las respuestas humanitarias más significativas de la región.
No es solo un cierre: es un legado que continúa floreciendo en cada comunidad, iglesia y familia que decidió abrir sus puertas para acompañar a quienes cruzan fronteras buscando un futuro mejor.

Descargar informe en español
Descargar informe en inglés
Conoce más

Un llamado para proteger la acción humanitaria ante las amenazas crecientes y los recortes mundiales de ayuda | Día Mundial de la Ayuda Humanitaria 2025

Londres/Ginebra, 14 de agosto de 2025  

El Día Mundial de la Ayuda Humanitaria 2025 llega en un momento crítico para la comunidad humanitaria mundial. El tema de este año, #ActForHumanity, subraya una triple crisis: la violencia en aumento contra los trabajadores humanitarios, la crisis de legitimidad y los recortes de financiación sin precedentes que han sacudido el sistema humanitario global y, como resultado, amenazan los cimientos mismos de la respuesta humanitaria. 

Trabajadores humanitarios bajo ataque 

En 2024, 383 trabajadores humanitarios¹ fueron asesinados en el cumplimiento de su deber, una cifra récord. Hasta agosto de 2025, otros 248 han perdido la vida, siendo el personal nacional el más afectado en contextos de alto riesgo como Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Líbano, los Territorios Palestinos Ocupados, Myanmar, Ucrania y Siria. El 2025 ya apunta a ser aún peor. Si la tendencia actual continúa, este año se convertirá en el más letal registrado para el personal humanitario. 

Esta alarmante trayectoria exige una acción urgente. Es imperativo que los gobiernos y actores armados cumplan con la Resolución 2730 (2024) del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la Protección de los Trabajadores Humanitarios, y se comprometan con la próxima Declaración para la Protección del Personal Humanitario. Esto reforzaría la necesidad de investigaciones, rendición de cuentas y respeto del Derecho Internacional Humanitario, poniendo fin a la impunidad por ataques contra trabajadores humanitarios y garantizando un acceso seguro y sin trabas a las poblaciones necesitadas. 

 

¹ Nota: estas cifras provienen de la Base de Datos de Seguridad de los Trabajadores Humanitarios. Las cifras podrían ajustarse ligeramente para la publicación oficial anual de la UNOCHA el 19 de agosto, Día Mundial de la Ayuda Humanitaria. 

 

Recortes globales de financiación: una crisis silenciosa 

La violencia no es la única amenaza. El sector humanitario enfrenta una severa contracción financiera. 

El informe más reciente de World Vision, “Hunger, Harm and Hard Choices”, revela el devastador impacto que los recortes en la financiación humanitaria están teniendo en niños desplazados y sus familias en 13 países afectados por crisis. Las familias que sufrieron recortes en la asistencia alimentaria fueron las más vulnerables; tenían 5,4 veces más probabilidades de padecer inseguridad alimentaria moderada o grave y reportaron peores resultados educativos y de protección infantil. 

Con la financiación humanitaria global en declive, el impacto sobre los niños más vulnerables y sus familias es grave, desde el desmantelamiento de servicios críticos como salud de emergencia y protección infantil, hasta educación y reducción de riesgos de desastres. 

Según la Perspectiva Humanitaria Global 2025, se requieren 45,48 mil millones de dólares para asistir a 181,2 millones de los 300 millones de personas necesitadas en 72 países. Sin embargo, a mitad de año, solo se ha reportado el 16,8% de esa financiación, 7,64 mil millones de dólares, lo que representa una caída del 40% en comparación con el mismo período de 2024. 

En respuesta, actores humanitarios en todo el sistema, incluidas agencias de la ONU, ONGI y organizaciones locales, se han visto obligados a reducir drásticamente operaciones y “hiperpriorizar”. Esto no es una elección estratégica, sino un reflejo del fracaso sistémico para cubrir las crecientes necesidades globales. La brecha entre las necesidades urgentes y los recursos está dejando atrás a decenas de millones de personas, poniendo en duda la capacidad de la comunidad internacional para responder. 

“El Día Mundial de la Ayuda Humanitaria es cuando honramos a quienes sirven en los lugares más peligrosos del mundo”, dijo Isabel Gomes, Líder Global de Gestión de Desastres de World Vision International. “Pero mientras la violencia amenaza su seguridad, los recortes presupuestarios amenazan su capacidad de servir. Cuando recortas la financiación, recortas la ayuda crítica a niños y familias que viven en desesperación.” 

El sistema humanitario entero está en riesgo. Miles de empleos humanitarios ya se han perdido. Programas completos a nivel nacional están detenidos. El sector pasa de la recuperación y la resiliencia a la mera supervivencia. 

“Debemos enfrentar una dura realidad,” añadió Gomes. “Los trabajadores humanitarios están menos protegidos que nunca y los sistemas que sostienen están siendo desmantelados. Sin una acción urgente, el costo se medirá no solo en empleos perdidos, sino en vidas perdidas.” 

Crisis de legitimidad: la erosión de la confianza 

Más allá de la violencia y la financiación, los actores humanitarios enfrentan una crisis de legitimidad. Las comunidades cuestionan cada vez más los motivos, la eficacia y la relevancia de los esfuerzos humanitarios. Cuando la ayuda se percibe como politizada y de arriba hacia abajo, pierde autoridad moral, socavando el acceso y la protección. 

A pesar de la evidencia abrumadora de que invertir en la niñez genera beneficios a largo plazo—hasta 10 dólares por cada dólar invertido, la ayuda global para la infancia está en declive. En 2023, según el informe «ODA at the Crossroads« de World Vision, solo el 11,5% de la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) se destinó a iniciativas centradas en la infancia, frente al 13% del año anterior. Esta caída se produce en un momento en que los niños sufren de manera desproporcionada las crisis globales—desde conflictos y choques climáticos hasta hambre y desplazamiento. La tendencia refleja una preocupante erosión de la solidaridad internacional y la confianza en el sistema humanitario, justo cuando más se necesita. 

La base de la acción humanitaria es la confianza y la rendición de cuentas. Cuando la confianza en los sistemas humanitarios disminuye, los trabajadores en primera línea enfrentan mayores riesgos, la confianza de los donantes se debilita y la efectividad de toda la respuesta se ve comprometida. 

Esperanza valiente: reconstruir la acción humanitaria en medio de la crisis 

En la última década, World Vision ha aumentado en un 188% su inversión en contextos frágiles. En 2024, se destinaron 744 millones de dólares a programas innovadores en los ámbitos humanitario, de desarrollo y de paz en 22 de los países y regiones subnacionales más frágiles donde opera. 

En el año fiscal 2024, World Vision alcanzó el mayor número de niños vulnerables en un solo año en su historia de gestión de desastres. Más de 35 millones de personas, incluidos 19 millones de niños, en 65 países, participaron en programas humanitarios de la organización. 

Actualmente, World Vision prioriza la recaudación de fondos para diez países gravemente afectados por recortes: Afganistán, República Democrática del Congo, Haití, Líbano, Malí, Myanmar, Somalia, Sudán del Sur, Sudán y Siria—donde la reducción de programas pone en riesgo servicios vitales mientras las necesidades humanitarias siguen siendo críticas. 

“A medida que se redefine la arquitectura humanitaria y cambia el panorama de financiación, nuestro compromiso inquebrantable de servir a los más vulnerables sigue firme”, afirmó Gomes. “Junto con donantes institucionales, organizaciones basadas en la fe, corporaciones, gobiernos y otros socios, debemos reimaginar el sistema humanitario como descentralizado, inclusivo y responsable, donde el poder se comparta, los recursos sean flexibles y las comunidades vulnerables estén en el centro de la toma de decisiones.” 

Contactos: 
Para entrevistas con los medios, comunicarse con Annila Harris, Asesora Senior de Comunicaciones y Participación Humanitaria 

Correo electrónico: annila_harris@wvi.org 

World Vision es una organización humanitaria cristiana dedicada a trabajar con niños, familias y sus comunidades para que alcancen su máximo potencial, abordando las causas profundas de la pobreza y la injusticia. World Vision sirve a todas las personas, sin distinción de religión, raza, etnia o género. Realiza esfuerzos humanitarios que salvan vidas gracias a la inversión de numerosos socios, incluidos donantes institucionales, organizaciones basadas en la fe, corporaciones y gobiernos. Para más información, visite www.wvi.org. 

Conoce más

Más allá de la supervivencia: Garantizar el derecho a la alimentación frente a los recortes globales en la ayuda humanitaria

Por Amanda Rives, Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos, Gestión de Desastres, World Vision

Julio de 2025

El hambre se intensifica a nivel mundial a medida que las crisis provocadas por el ser humano se multiplican. A pesar de que la alimentación, la protección y la asistencia humanitaria son derechos humanos universales, el número de personas que no logran obtener alimentos suficientes y nutritivos sigue aumentando.

En 2024, en 26 crisis nutricionales, cerca de 38 millones de niñas y niños menores de cinco años sufrieron desnutrición aguda, y más de 295 millones de personas en 53 países enfrentaron inseguridad alimentaria aguda. Esta tendencia preocupante refleja un aumento constante desde 2016.

La Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC), principal herramienta de análisis multiactor para la toma de decisiones humanitarias en torno a la alimentación, indica que la inseguridad alimentaria aguda ocurre cuando se interrumpen las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, uso y estabilidad de los alimentos. Esto conlleva a una escasez severa de alimentos, malnutrición, y al uso de estrategias irreversibles como el matrimonio infantil o la venta de medios de subsistencia.

A medida que los conflictos, la inestabilidad económica y los eventos climáticos extremos destruyen sistemas alimentarios y medios de vida, la necesidad de asistencia alimentaria humanitaria y de inversiones sostenibles en seguridad alimentaria aumenta rápidamente. Sin embargo, los recortes en la financiación humanitaria global están desmantelando las redes de seguridad de las que dependen millones de familias en crisis.

A mayo de 2025, la financiación para el sector de seguridad alimentaria alcanzaba solo 1.900 millones de dólares, frente a los 12.400 millones requeridos para satisfacer las necesidades humanitarias globales.

 

El hambre es una falla colectiva, no un fenómeno natural

Las crisis alimentarias actuales no son desastres naturales inevitables, sino resultado de una falla colectiva del sistema internacional. La negligencia frente al cambio climático, los conflictos prolongados y el debilitamiento de los marcos diplomáticos han expuesto a millones de personas en contextos frágiles. Los instrumentos legales internacionales diseñados para proteger a los civiles y garantizar el acceso humanitario son violados con impunidad.

Cada año, World Vision presenta un informe que documenta los impactos de los vacíos en la asistencia alimentaria para las niñas, niños y familias más vulnerables, especialmente en contextos de conflicto armado, cambio climático y crisis prolongadas. Este año, el estudio se centró en 13 países e incluyó los testimonios de personas desplazadas y comunidades de acogida, que enfrentan juntas las múltiples implicaciones del hambre.

El informe confirma que los efectos del aumento de la inseguridad alimentaria son devastadores, generalizados y profundizados por la reducción de la asistencia disponible.

Todos tienen derecho a la alimentación y a la asistencia humanitaria

El derecho a la alimentación está respaldado por múltiples marcos legales reconocidos internacionalmente. El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 reconoce el derecho fundamental de toda persona a estar libre de hambre, mientras que la Convención sobre los Derechos del Niño establece que todos los niños y niñas tienen derecho a una alimentación adecuada y nutritiva.

En 2018, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 2417, que condena el uso del hambre como arma de guerra. La resolución insta a todas las partes en conflicto a proteger a la población civil y a no dañar instalaciones necesarias para la producción y distribución de alimentos.

A pesar de las omisiones actuales, el Derecho Internacional Humanitario (DIH) reconoce el derecho de la población civil en contextos de conflicto a recibir asistencia humanitaria, y exige a las partes en conflicto garantizar el acceso sin restricciones.

Por tanto, proteger a los civiles, ofrecer asistencia y promover la seguridad alimentaria no son actos de caridad: son obligaciones legales que deben cumplirse para garantizar los derechos de quienes viven en crisis.

 

El conflicto armado es el principal detonante del hambre

La violencia y la inseguridad son las principales causas de las crisis alimentarias. En 2024, 139,8 millones de personas que viven en zonas de conflicto experimentaron altos niveles de inseguridad alimentaria aguda.

A pesar de las garantías del Derecho Internacional Humanitario y la Resolución 2417, se confirmó hambruna en Sudán en 2024, y se considera inminente en lugares como Gaza, Haití, Malí y Sudán del Sur.

Los conflictos destruyen cultivos, carreteras, reservas alimentarias, viviendas e infraestructuras esenciales. Millones de personas se ven forzadas a huir, pierden todo y quedan desconectadas de recursos básicos.

Asimismo, más del 71% de las personas refugiadas en el mundo son acogidas por países de ingresos bajos y medios, lo que pone una presión inmensa sobre comunidades que ya enfrentan pobreza, cambio climático e inestabilidad política.

 

Los recortes en raciones socavan el bienestar y aumentan la dependencia

La asistencia alimentaria está dirigida a las personas más vulnerables, como aquellas desplazadas o atrapadas en zonas de conflicto, sin libertad de movimiento, sin ingresos ni opciones de subsistencia.

Por eso, los recortes en raciones son devastadores.

El informe de World Vision revela que el 45% de las familias encuestadas experimentaron recortes en la asistencia alimentaria antes de enero de 2025. Estas familias eran 5,4 veces más propensas a enfrentar inseguridad alimentaria aguda.

Tanto las personas desplazadas como las comunidades de acogida expresan el deseo de ser autosuficientes, de dejar atrás la lucha diaria por sobrevivir y construir un futuro.

Pero los recortes profundizan la dependencia. Lo que antes apenas alcanzaba para sobrevivir, hoy ni siquiera cubre lo básico. Muchas familias se ven forzadas a tomar decisiones a corto plazo que pueden perjudicar el desarrollo y la protección de sus hijas e hijos.

 

¿Qué podemos hacer para garantizar el derecho a la alimentación?

  • Invertir en seguridad alimentaria como base para el bienestar integral de niñas, niños y familias.
  • Asegurar que las acciones humanitarias e iniciativas de incidencia estén basadas en derechos y en marcos legales vinculantes.
  • Escuchar a las comunidades afectadas por el hambre, e invertir en resiliencia y autosuficiencia, no solo en la sobrevivencia.
  • Apoyar los mecanismos positivos de afrontamiento, y fortalecer lo que las comunidades ya hacen para cuidarse.
  • Implementar intervenciones comprobadas, como transferencias en efectivo, alimentación escolar, inclusión financiera, desarrollo de habilidades y apoyo psicosocial.
  • Promover la paz, proteger a la población civil y exigir rendición de cuentas ante violaciones al Derecho Internacional Humanitario.

La comunidad internacional debe renovar su compromiso para acabar con el hambre

Cuando los actores internacionales no cumplen sus obligaciones en materia de protección y asistencia, las consecuencias recaen en las personas más vulnerables: niñas, niños y familias atrapadas en crisis.

Tal como muestra el informe de World Vision, tener acceso a alimentos suficientes no es solo una necesidad biológica. Es la base para la educación, la protección infantil, la salud mental y la estabilidad económica.

La asistencia alimentaria no debe centrarse únicamente en sobrevivir. Debe ser el primer paso hacia la resiliencia, la autosuficiencia y una libertad duradera del hambre.

Es momento de actuar con urgencia, valentía y compromiso. Debemos abordar las causas estructurales del hambre, proteger a la población civil, fortalecer los sistemas alimentarios y hacer realidad el derecho a la alimentación.

No es una opción. Es nuestro deber.

 

Sobre la autora
Amanda Rives es Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos para la Gestión de Desastres de World Vision. Anteriormente, fue Directora Regional de Incidencia y Política para Medio Oriente y Europa del Este, y lideró programas de protección infantil en América Latina y el Caribe. Es reconocida con el Hunger Leadership Award 2025 del Congresional Hunger Center por su liderazgo en seguridad alimentaria en contextos humanitarios. Es ex voluntaria del Peace Corps, Mickey Leland Hunger Fellow, y cuenta con títulos en relaciones internacionales por George Washington University y desarrollo internacional por American University.

Conoce más

¿Obligará finalmente la COP30 al mundo a mirar a los niños y niñas de la Amazonía?

Para João Diniz, Líder Regional para América Latina y el Caribe en World Vision, los niños y niñas de la Amazonía están en el epicentro de la crisis climática, y su futuro es inseparable del destino del planeta.

Este año, la COP30, la conferencia mundial sobre cambio climático se celebrará en Belém, en pleno corazón de la Amazonía, una región tan vital que a menudo se le llama “los pulmones de la Tierra”. Sin embargo, detrás de las grandes promesas y las negociaciones clave, se esconde una paradoja inquietante: el lugar que albergará las conversaciones más urgentes sobre el clima es también uno de los más difíciles para crecer siendo niño.

La Amazonía debería ser un paraíso, un aula viva de ríos, bosques y vida desbordante. Pero para millones de niños y niñas, se ha convertido en un lugar de privaciones y peligro. Más de la mitad de las familias de la región viven en pobreza multidimensional, y el 45% enfrenta inseguridad alimentaria. Uno de cada cuatro niños sufre desnutrición crónica y, en algunas comunidades, hasta el 80% carece de acceso a agua potable y saneamiento.

A esto se suman profundas fracturas sociales: en varias zonas, dos de cada tres niños han sido víctimas de violencia física o psicológica; el embarazo adolescente afecta a más del 37% de las niñas entre 15 y 19 años; y el trabajo infantil en menores de 15 años alcanza hasta el 36%. Para todos ellos, la crisis climática no es un concepto abstracto: es la fiebre tras una picadura de mosquito, la tos provocada por el aire contaminado, el miedo de que la próxima inundación arrase con su escuela.

 

Más allá del dosel del bosque

Podría decirse que la preocupación global por la Amazonía suele centrarse en el carbono, los árboles y la biodiversidad, causas nobles, aunque incompletas. Si bien esa atención es valiosa, a menudo deja de lado una dimensión crucial: las vidas que transcurren bajo ese dosel. Para las comunidades indígenas, con demasiada frecuencia marginadas, la naturaleza es mucho más que un recurso: los bosques, ríos, montañas y mares son ancestros vivos, guardianes de historias, espiritualidad e identidad. Romper ese lazo no es solo destruir un ecosistema, sino borrar un legado donde el ser humano y la Tierra coexisten como uno solo.

La pobreza, la violencia y los desastres climáticos no solo coexisten, colisionan. El colapso ambiental magnifica la fragilidad social, erosionando los cimientos mismos de la infancia. Sin una inversión decidida, esta generación no heredará un bosque lleno de vida, sino un legado de pérdida.

 

 

 

La oportunidad y la responsabilidad

El país anfitrión, Brasil, ha propuesto el “Fondo Bosques Tropicales para Siempre”, con una meta de USD $125 mil millones, diseñado para sostener la conservación a través de retornos de inversión. Sin duda, se trata de una propuesta audaz y visionaria. Pero cabe preguntarse: ¿llegarán esos fondos a los niños y niñas que viven en estos bosques? En las últimas dos décadas, solo el 2.4% del financiamiento climático multilateral ha tenido como objetivo directo a la infancia. Este descuido es tan injusto como miope.

Invertir en resiliencia centrada en la niñez es una estrategia inteligente. Fortalecer servicios esenciales como agua, saneamiento, salud y educación ante los impactos climáticos beneficia a comunidades enteras. Escuelas resistentes a inundaciones, clínicas que permanecen abiertas durante las sequías y sistemas de protección que resguardan a la niñez de la violencia garantizan que la acción climática se traduzca en supervivencia humana.

 

Tres cambios urgentes para una Amazonía viva

Redefinir el futuro de la Amazonía implica invertir en servicios públicos bien financiados y resilientes al clima. La salud, la educación, el agua y la protección no son mejoras opcionales, sino salvavidas fundamentales para la niñez. A medida que aumentan los impactos climáticos, la falta de fondos suficientes para adaptación y para responder a pérdidas y daños deja a los niños cada vez más expuestos. Ellos son quienes menos han contribuido a la emergencia climática, pero sufren sus peores consecuencias. El financiamiento climático debe ser sensible a la niñez y liderado localmente, garantizando inversiones que fortalezcan los sistemas de los que dependen su seguridad, bienestar y futuro.

Igualmente, crucial es asegurar que los niños, niñas y jóvenes en especial los indígenas y los más marginados, participen activamente en la construcción de su futuro, como recomienda la CMNUCC. Sus voces transmiten la urgencia de la experiencia vivida, y su conocimiento encierra la sabiduría de generaciones que han cuidado del bosque mucho antes de que existieran las cumbres climáticas. Empoderarlos es invertir en la solución climática más poderosa de la Amazonía: su gente.

 

Un espejo para el mundo

Datos recientes de satélites muestran que las alertas por degradación forestal aumentaron un 44% entre 2023 y 2024, lo que representa un asombroso 163% de aumento desde 2022. Solo el año pasado se dañaron más de 25,000 kilómetros cuadrados de bosque, dos tercios a causa del fuego. Los ríos se están secando, la contaminación va en aumento y los ecosistemas colapsan. La Amazonía lucha por respirar, y también lo hacen sus niños y niñas. Su posible colapso podría liberar hasta 300 mil millones de toneladas de carbono, haciendo inalcanzable la meta de 2 °C del Acuerdo de París, y mucho más aún la de 1.5 °C. El mensaje es claro: el destino de los niños de la Amazonía y el del planeta son uno solo.

Cuando se inaugure la COP30, los delegados debatirán sobre emisiones, financiamiento y marcos de acción. Pero antes del primer discurso, deben hacerse una pregunta más simple: ¿estamos priorizando a la infancia con la misma urgencia con la que tratamos de reducir las emisiones?

Porque si los niños y niñas de la Amazonía no pueden respirar aire limpio, beber agua segura o caminar a la escuela sin miedo, entonces ninguno de nosotros podrá hablar de verdadero progreso.

Sobre João Diniz

Con más de 35 años de experiencia en liderazgo estratégico, desarrollo de recursos y gestión organizacional, João Diniz es un destacado ejecutivo de World Vision. Actualmente se desempeña como Líder Regional para América Latina y el Caribe, brindando liderazgo visionario en toda la región.

Ha ocupado varios cargos senior dentro de World Vision International, incluyendo Director Global de Asuntos Estratégicos, Ministeriales y Financieros (con sede en Nairobi, Kenia) y Director Regional de Estrategia para América Latina y el Caribe (con sede en San José, Costa Rica). En Brasil, fue Director Nacional y anteriormente lideró las áreas de Desarrollo Económico, Mercadeo y Recaudación de Fondos.

Es ingeniero agrónomo con estudios de posgrado en Agricultura Tropical y una maestría en Administración de Empresas con especialización en Gestión Financiera por la Universidad Federal de Pernambuco, Brasil.

Conoce más

¿Pueden las abejas salvar a los niños de la Amazonía? Lo que he aprendido de las alas más pequeñas de la esperanza

He trabajado en el ámbito humanitario y de desarrollo el tiempo suficiente como para reconocer cuándo un proyecto simplemente funciona y cuándo realmente transforma. Lo que está ocurriendo en lo profundo de la Amazonía ecuatoriana pertenece, sin duda, a esta última categoría.

En un país donde el 70.3 % de las familias rurales viven por debajo del umbral de pobreza, se está gestando una revolución silenciosa. No está liderada por expertos internacionales ni por tecnologías sofisticadas, sino por jóvenes… y por el delicado zumbido de las abejas nativas sin aguijón.

La práctica, conocida como meliponicultura, puede sonar modesta. Pero, como he presenciado en primera fila, su impacto es profundo. Estas abejas —pequeñas, sin aguijón, y a menudo ignoradas— están transformando la manera en que las familias alimentan a sus hijos, preservan sus bosques y recuperan su dignidad.

Jefferson muestra con orgullo la gama de productos que ha elaborado utilizando la miel que ha recolectado, combinando tradición con creatividad/ Ecuador/2025.
Jefferson muestra con orgullo la gama de productos que ha elaborado utilizando la miel que ha recolectado, combinando tradición con creatividad/ Ecuador/2025.

 

Una tradición que se vuelve movimiento

Hace poco visité una pequeña comunidad donde conocí a Jeferson, un joven de 29 años que encarna la promesa de esta nueva generación. Junto a su pareja, Aide, ha convertido un rincón sencillo del bosque en un santuario vibrante, lleno de vida y propósito.

“Al principio, era solo algo que hacían mis abuelos”, me dijo, sosteniendo con delicadeza una de sus colmenas artesanales. “Pero ahora sabemos que estas abejas son vida. Nos dan medicina, ingresos y, lo más importante, enseñan a nuestros hijos que si cuidamos a las abejas, el bosque nos cuida a nosotros”.

Es una filosofía poderosa, que encierra más verdad que muchos marcos de política pública que he visto. Gracias a su iniciativa, Jeferson ha inspirado a más de 200 familias a tener colmenas de meliponas, produciendo miel tanto para el consumo familiar como para la venta. Cada colmena es un pequeño acto de resistencia contra el hambre, un compromiso silencioso con la regeneración por encima de la extracción.

Lo que realmente significa sostenibilidad

A menudo hablamos de sostenibilidad en términos abstractos: estrategias, marcos, indicadores. Pero en la Amazonía, la sostenibilidad tiene rostro, tiene latido, y a veces… tiene alas diminutas.

La meliponicultura, en mi opinión, es una de esas intervenciones poco comunes: técnicamente viable, económicamente sólida, culturalmente enraizada y ambientalmente regenerativa. Genera ingresos sin destruir los ecosistemas. Refuerza la seguridad alimentaria mientras conserva la biodiversidad. Familias que antes enfrentaban la desnutrición ahora producen miel rica en nutrientes, polen con propiedades medicinales y propóleos cotizados en los mercados internacionales.

Es un modelo elegante: simple, escalable y sostenible en el sentido más genuino. Pero más allá de eso, devuelve el orgullo. Les dice a las comunidades que su herencia no es un obstáculo para el progreso, sino su base.

Primer plano de los recipientes de miel de abejas sin aguijón dentro de una colmena de madera, donde Jefferson recolecta miel/Ecuador/2025.
Primer plano de los recipientes de miel de abejas sin aguijón dentro de una colmena de madera, donde Jefferson recolecta miel/Ecuador/2025.

Repensar cómo hacemos desarrollo

Hasta cierto punto, el éxito de este modelo desafía a todos los que trabajamos en el sector humanitario y de desarrollo. Nos obliga a enfrentar una verdad incómoda: durante décadas hemos tratado el conocimiento local como algo secundario, algo que se debe “integrar” en lugar de liderar.

Aunque bien intencionado, el modelo tradicional de ayuda a menudo ignora lo que tiene justo enfrente: comunidades que ya poseen las soluciones, y que solo esperan ser reconocidas y apoyadas.

Por eso, en World Vision Ecuador, nuestro trabajo en la Amazonía no se trata de entregar ayuda, sino de restaurar la capacidad de acción. No vemos la meliponicultura como caridad; la vemos como una estrategia. Forma parte de un ecosistema más amplio que incluye turismo comunitario, agricultura sostenible y medios de vida artesanales, todos ellos redefiniendo lo que puede ser la prosperidad en las zonas rurales.

Porque, al final, la pregunta no es cómo ayudar, sino cómo hacernos a un lado y permitir que las comunidades lideren.

El sonido del futuro

Cuando escucho el suave zumbido de las abejas en un meliponario, no oigo solo a la naturaleza en acción. Escucho el susurro del cambio: jóvenes construyendo futuros económicamente viables y ecológicamente responsables.

He visto a niños trazar con sus pequeños dedos la arquitectura de una colmena, mientras escuchan a Jeferson explicar cómo la colonia sobrevive gracias al equilibrio y la cooperación. Es una lección de biología, sí… pero también una lección moral. Un recordatorio de que el bosque, al igual que la humanidad, solo prospera cuando cada parte sostiene al conjunto.

A los formuladores de políticas, gobiernos y socios para el desarrollo, les diría esto:

Cuando tratamos a la naturaleza como algo que podemos dar por sentado, el costo nunca es lejano; se propaga por toda la red de la vida, alterando ecosistemas, medios de subsistencia y ese delicado equilibrio que nos sostiene a todos. Las soluciones al hambre, la pobreza y la pérdida ambiental no siempre están en nuevas tecnologías o expertos externos.

La Amazonía no necesita que la salven. Necesita que la escuchen, que la financien y que la respeten.

Entonces, ¿pueden las abejas salvar a los niños de la Amazonía? Tal vez no por sí solas.
Pero sin duda pueden mostrarnos el camino.

Y eso, para mí, es el sonido de la esperanza.

Conoce más

El sueño de la infancia es tener vida plena y aire para respirar

Por Thiago Crucciti, Director Nacional de la ONG Visão Mundial 

El mensaje fue simple y devastador en su verdad. 

 
“Ustedes deben unirse para preservar la Amazonía”, dijo Mariana, de 12 años, durante la pre-COP30. Su mensaje, entregado a los negociadores que se preparan para la conferencia global del clima en Belém, resume lo que los discursos adultos muchas veces olvidan: todavía hay una generación que cree que es posible respirar el mañana. 

Lo que debería sonar como un llamado obvio se ha convertido en un grito de urgencia. Brasil llega a la COP30 con la selva tropical más grande del planeta en riesgo y con millones de niños expuestos a la desigualdad. En Amazonas, donde viven 4,32 millones de personas, el 78,7% de los niños y adolescentes están en situación de pobreza, según UNICEF. Aunque el índice ha disminuido con respecto a 2019, cuando era del 88,6%, el panorama sigue siendo alarmante. El mismo territorio que alberga la mayor biodiversidad del planeta y una de las mayores reservas de agua dulce también presenta algunos de los peores índices de inseguridad alimentaria del país, como señala la red Una Concertación por la Amazonía. 

Las cifras reflejan el espejo de nuestras decisiones. A medida que la deforestación avanza, la desigualdad se profundiza. Según el IBGE, Amazonas cayó del puesto 15 al 17 en el ranking de estados con menor desigualdad de ingresos. Al mismo tiempo, las áreas deforestadas aumentaron un 91% en mayo, según el INPE —el segundo peor resultado de la serie histórica para ese mes, con 960 km² de selva devastada. Estos datos no son solo estadísticas ambientales, sino un retrato del abandono colectivo ante un colapso anunciado. 

La destrucción de la selva no es una abstracción ecológica. Es una sentencia social que compromete el futuro de millones de brasileños. Cuando el bosque arde, el aire en las ciudades se vuelve irrespirable, el agua escasea y la infancia pierde su color. Es imposible hablar de neutralidad de carbono sin enfrentar la neutralización de vidas que la crisis climática ya está apagando. 

Más que una conferencia, la COP30 representa una encrucijada. El evento debe marcar un punto de inflexión en la conciencia y en la acción. Gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil deben comprender que no existe una agenda ambiental viable sin justicia social.  

 

 

Las soluciones exigen alianzas concretas entre el sector público y el privado, con inversiones consistentes en adaptación climática, saneamiento, educación y seguridad alimentaria. El discurso sobre sostenibilidad solo será creíble cuando llegue a las orillas de los ríos amazónicos, donde la ausencia del Estado es tan visible como el humo de los incendios. 

Mantener el bosque en pie exige más que contener la deforestación. Es necesario garantizar alternativas reales de desarrollo sostenible para quienes viven en él. Esto significa generar ingresos con dignidad, asegurar una educación de calidad, ampliar el acceso a la salud y colocar a la infancia en el centro de la acción climática. No hay selva viva sin infancia protegida. La Amazonía del futuro solo será posible si está habitada por niñas y niños con sus derechos garantizados, creciendo con seguridad, pertenencia y esperanza. 

El desafío es colectivo. El sector privado necesita ir más allá de la filantropía y asumir compromisos a largo plazo que fortalezcan a las comunidades locales y protejan a la infancia. Por su parte, el poder público debe abandonar la postura reactiva y actuar con planificación, transparencia y prioridad presupuestaria. La Amazonía no es un activo económico ni un símbolo distante. Es el corazón palpitante de un país que insiste en sobrevivir entre el fuego y la esperanza. 

La voz de Mariana no es solo el llamado de una niña, sino el recordatorio de que el futuro aún tiene nombre y edad. Las próximas generaciones no heredarán un planeta sostenible si la protección de los bosques continúa disociada de la protección de las personas. El sueño de un niño es tener vida plena y aire para respirar. Y ese también debería ser el sueño de todos los que estarán reunidos en la COP30. 

 

Conoce más

Actuar por la Humanidad en América Latina y el Caribe: Proteger a quienes protegen

Este 19 de agosto, en el Día Mundial de la Acción Humanitaria, rendimos homenaje a las y los trabajadores humanitarios que, en América Latina y el Caribe, enfrentan diariamente contextos de violencia, desastres y crisis que amenazan la vida de millones de personas. Son ellos quienes, con compromiso y valentía, sostienen las líneas de vida que permiten a las comunidades resistir y reconstruirse.

Nuestra región vive una convergencia sin precedentes de emergencias: la crisis humanitaria de múltiples factores en Haití; los flujos migratorios masivos desde Venezuela y Centroamérica; el impacto creciente de eventos climáticos extremos; y la violencia urbana y rural que afecta gravemente a la niñez y sus familias.

En World Vision, respondemos con acción concreta y consistente. En 2024, nuestras intervenciones humanitarias alcanzaron a más de 3 millones de personas, incluyendo 1,7 millones de niñas y niños.

  • En Haití, enfrentamos la inseguridad alimentaria que afecta al 72% de la niñez, y donde 1 de cada 3 niños ha abandonado la escuela por la violencia armada.
  • En respuesta a migraciones forzadas, brindamos asistencia a más de 450.000 personas en tránsito en países como Colombia, Brasil, Perú, Panamá, Honduras, Guatemala y México.
  • Ante emergencias climáticas, desplegamos ayuda en menos de 72 horas, garantizando acceso a agua segura, refugio temporal y kits de higiene.

Sin embargo, este esfuerzo enfrenta dos amenazas críticas:

  1. Riesgo creciente para el personal humanitario: 2024 fue el año más letal registrado para trabajadores humanitarios, con más de 360 muertes en todo el mundo. La inseguridad limita el acceso y pone en peligro a quienes protegen a otros.
  2. Recortes severos de financiamiento: En 2025, la financiación global para ayuda humanitaria ha caído un 40%. Esto significa menos alimentos, menos atención médica y menos protección para millones de personas vulnerables.

Frente a esta realidad, se ha lanzado la Declaración para la Protección del Personal Humanitario. Esta iniciativa busca traducir el compromiso político en medidas prácticas para proteger a quienes operan en contextos frágiles. La Declaración promueve:

  • Adherencia al derecho internacional humanitario.
  • Acceso seguro y sin restricciones a comunidades en crisis.
  • Alineación de protecciones para trabajadores internacionales, nacionales y locales.
  • Rendición de cuentas y justicia ante ataques contra personal humanitario.

Desde World Vision, hacemos un llamado urgente a gobiernos, donantes y aliados multilaterales para que:

  • Garanticen el acceso humanitario sin restricciones.
  • Inviertan en las líneas de vida: alimentación, salud, educación y protección infantil.
  • Refuercen la seguridad y el bienestar del personal humanitario.

Este Día Mundial de la Acción Humanitaria, nuestra invitación es clara: actuemos juntos por la humanidad. América Latina y el Caribe enfrentan desafíos enormes, pero también cuentan con la fuerza y la resiliencia de sus comunidades, y profesionales humanitarios y sociales dedicados. No dejemos que la violencia ni la falta de recursos silencien la esperanza.

#ActForHumanity

Paulo Nacif
Director Regional de Asuntos y Emergencias Humanitarias, World Vision LACRO

Conoce más

Más allá de la supervivencia: Garantizar el derecho a la alimentación frente a los recortes globales en la ayuda humanitaria

Por Amanda Rives, Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos, Gestión de Desastres, World Vision

Julio de 2025

El hambre se intensifica a nivel mundial a medida que las crisis provocadas por el ser humano se multiplican. A pesar de que la alimentación, la protección y la asistencia humanitaria son derechos humanos universales, el número de personas que no logran obtener alimentos suficientes y nutritivos sigue aumentando.

En 2024, en 26 crisis nutricionales, cerca de 38 millones de niñas y niños menores de cinco años sufrieron desnutrición aguda, y más de 295 millones de personas en 53 países enfrentaron inseguridad alimentaria aguda. Esta tendencia preocupante refleja un aumento constante desde 2016.

La Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC), principal herramienta de análisis multiactor para la toma de decisiones humanitarias en torno a la alimentación, indica que la inseguridad alimentaria aguda ocurre cuando se interrumpen las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, uso y estabilidad de los alimentos. Esto conlleva a una escasez severa de alimentos, malnutrición, y al uso de estrategias irreversibles como el matrimonio infantil o la venta de medios de subsistencia.

A medida que los conflictos, la inestabilidad económica y los eventos climáticos extremos destruyen sistemas alimentarios y medios de vida, la necesidad de asistencia alimentaria humanitaria y de inversiones sostenibles en seguridad alimentaria aumenta rápidamente. Sin embargo, los recortes en la financiación humanitaria global están desmantelando las redes de seguridad de las que dependen millones de familias en crisis.

A mayo de 2025, la financiación para el sector de seguridad alimentaria alcanzaba solo 1.900 millones de dólares, frente a los 12.400 millones requeridos para satisfacer las necesidades humanitarias globales.

 

El hambre es una falla colectiva, no un fenómeno natural

Las crisis alimentarias actuales no son desastres naturales inevitables, sino resultado de una falla colectiva del sistema internacional. La negligencia frente al cambio climático, los conflictos prolongados y el debilitamiento de los marcos diplomáticos han expuesto a millones de personas en contextos frágiles. Los instrumentos legales internacionales diseñados para proteger a los civiles y garantizar el acceso humanitario son violados con impunidad.

Cada año, World Vision presenta un informe que documenta los impactos de los vacíos en la asistencia alimentaria para las niñas, niños y familias más vulnerables, especialmente en contextos de conflicto armado, cambio climático y crisis prolongadas. Este año, el estudio se centró en 13 países e incluyó los testimonios de personas desplazadas y comunidades de acogida, que enfrentan juntas las múltiples implicaciones del hambre.

El informe confirma que los efectos del aumento de la inseguridad alimentaria son devastadores, generalizados y profundizados por la reducción de la asistencia disponible.

Todos tienen derecho a la alimentación y a la asistencia humanitaria

El derecho a la alimentación está respaldado por múltiples marcos legales reconocidos internacionalmente. El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 reconoce el derecho fundamental de toda persona a estar libre de hambre, mientras que la Convención sobre los Derechos del Niño establece que todos los niños y niñas tienen derecho a una alimentación adecuada y nutritiva.

En 2018, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 2417, que condena el uso del hambre como arma de guerra. La resolución insta a todas las partes en conflicto a proteger a la población civil y a no dañar instalaciones necesarias para la producción y distribución de alimentos.

A pesar de las omisiones actuales, el Derecho Internacional Humanitario (DIH) reconoce el derecho de la población civil en contextos de conflicto a recibir asistencia humanitaria, y exige a las partes en conflicto garantizar el acceso sin restricciones.

Por tanto, proteger a los civiles, ofrecer asistencia y promover la seguridad alimentaria no son actos de caridad: son obligaciones legales que deben cumplirse para garantizar los derechos de quienes viven en crisis.

 

El conflicto armado es el principal detonante del hambre

La violencia y la inseguridad son las principales causas de las crisis alimentarias. En 2024, 139,8 millones de personas que viven en zonas de conflicto experimentaron altos niveles de inseguridad alimentaria aguda.

A pesar de las garantías del Derecho Internacional Humanitario y la Resolución 2417, se confirmó hambruna en Sudán en 2024, y se considera inminente en lugares como Gaza, Haití, Malí y Sudán del Sur.

Los conflictos destruyen cultivos, carreteras, reservas alimentarias, viviendas e infraestructuras esenciales. Millones de personas se ven forzadas a huir, pierden todo y quedan desconectadas de recursos básicos.

Asimismo, más del 71% de las personas refugiadas en el mundo son acogidas por países de ingresos bajos y medios, lo que pone una presión inmensa sobre comunidades que ya enfrentan pobreza, cambio climático e inestabilidad política.

 

Los recortes en raciones socavan el bienestar y aumentan la dependencia

La asistencia alimentaria está dirigida a las personas más vulnerables, como aquellas desplazadas o atrapadas en zonas de conflicto, sin libertad de movimiento, sin ingresos ni opciones de subsistencia.

Por eso, los recortes en raciones son devastadores.

El informe de World Vision revela que el 45% de las familias encuestadas experimentaron recortes en la asistencia alimentaria antes de enero de 2025. Estas familias eran 5,4 veces más propensas a enfrentar inseguridad alimentaria aguda.

Tanto las personas desplazadas como las comunidades de acogida expresan el deseo de ser autosuficientes, de dejar atrás la lucha diaria por sobrevivir y construir un futuro.

Pero los recortes profundizan la dependencia. Lo que antes apenas alcanzaba para sobrevivir, hoy ni siquiera cubre lo básico. Muchas familias se ven forzadas a tomar decisiones a corto plazo que pueden perjudicar el desarrollo y la protección de sus hijas e hijos.

 

¿Qué podemos hacer para garantizar el derecho a la alimentación?

  • Invertir en seguridad alimentaria como base para el bienestar integral de niñas, niños y familias.
  • Asegurar que las acciones humanitarias e iniciativas de incidencia estén basadas en derechos y en marcos legales vinculantes.
  • Escuchar a las comunidades afectadas por el hambre, e invertir en resiliencia y autosuficiencia, no solo en la sobrevivencia.
  • Apoyar los mecanismos positivos de afrontamiento, y fortalecer lo que las comunidades ya hacen para cuidarse.
  • Implementar intervenciones comprobadas, como transferencias en efectivo, alimentación escolar, inclusión financiera, desarrollo de habilidades y apoyo psicosocial.
  • Promover la paz, proteger a la población civil y exigir rendición de cuentas ante violaciones al Derecho Internacional Humanitario.

La comunidad internacional debe renovar su compromiso para acabar con el hambre

Cuando los actores internacionales no cumplen sus obligaciones en materia de protección y asistencia, las consecuencias recaen en las personas más vulnerables: niñas, niños y familias atrapadas en crisis.

Tal como muestra el informe de World Vision, tener acceso a alimentos suficientes no es solo una necesidad biológica. Es la base para la educación, la protección infantil, la salud mental y la estabilidad económica.

La asistencia alimentaria no debe centrarse únicamente en sobrevivir. Debe ser el primer paso hacia la resiliencia, la autosuficiencia y una libertad duradera del hambre.

Es momento de actuar con urgencia, valentía y compromiso. Debemos abordar las causas estructurales del hambre, proteger a la población civil, fortalecer los sistemas alimentarios y hacer realidad el derecho a la alimentación.

No es una opción. Es nuestro deber.

 

Sobre la autora
Amanda Rives es Directora Senior de Incidencia Externa y Desarrollo de Recursos para la Gestión de Desastres de World Vision. Anteriormente, fue Directora Regional de Incidencia y Política para Medio Oriente y Europa del Este, y lideró programas de protección infantil en América Latina y el Caribe. Es reconocida con el Hunger Leadership Award 2025 del Congresional Hunger Center por su liderazgo en seguridad alimentaria en contextos humanitarios. Es ex voluntaria del Peace Corps, Mickey Leland Hunger Fellow, y cuenta con títulos en relaciones internacionales por George Washington University y desarrollo internacional por American University.

Conoce más

La Amazonía y la niñez en el centro de la lucha contra los plásticos

Este 5 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente bajo el lema “Sin contaminación por plásticos”. Y en ningún lugar este llamado cobra más urgencia que en la Amazonía, una región de vital importancia ecológica y hogar de millones de niñas, niños y adolescentes. A través de su iniciativa climática con enfoque en la niñez, World Vision hace un llamado a actuar con urgencia: proteger la Amazonía es proteger a la infancia.

Un ecosistema sofocado por el plástico

La Amazonía, que representa el 40% del territorio sudamericano, está hoy gravemente amenazada por la contaminación plástica. Se estima que cada año se vierten entre 8 y 12 millones de toneladas de plásticos a sus ríos, provenientes de desechos urbanos, bolsas, turismo descontrolado y residuos agrícolas. Estos plásticos tardan cientos de años en degradarse, liberando microplásticos que contaminan los suelos, los peces y, finalmente, a las personas.

Solo en Leticia (Colombia), se generan unas 700 toneladas de residuos al mes, de las cuales el 60% son plásticos, muy por encima del promedio nacional del 30%. De ese total, solo el 1.4% es reciclado. Una parte importante de estos desechos termina en el río Amazonas, uno de los más contaminados del planeta y responsable de verter plástico al océano Atlántico.

Niños y niñas: los más afectados

La contaminación plástica no solo daña ecosistemas, también pone en riesgo la salud de la población, especialmente la más joven. En Ecuador, un estudio de la Universidad Estatal Amazónica reveló la presencia de microplásticos en peces de río destinados al consumo humano, incluso dentro de áreas protegidas como el Parque Nacional Yasuní. Estas partículas pueden atravesar tejidos, alterar hormonas y poner en riesgo la salud a largo plazo.

Para las comunidades amazónicas, el río es una fuente de agua, alimentación y vida. Cuando el plástico entra en ese sistema, también entra en el cuerpo de los niños. Y eso es inaceptable.

50 años de avances… y deudas pendientes

Desde su creación en 1972, el Día Mundial del Medio Ambiente se ha convertido en una plataforma global para responder a la llamada triple crisis planetaria: calentamiento global, pérdida de biodiversidad y contaminación. Aunque se ha avanzado en conciencia pública y acuerdos internacionales, aún persisten desafíos: urbanización sin planificación, políticas lentas y escasa implementación local.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) recuerda que el 40% del plástico global es de un solo uso, que menos del 10% se recicla, y que más de 11 millones de toneladas terminan cada año en ríos, lagos y océanos.

La respuesta: transformar el sistema, proteger a la infancia

World Vision, a través de su Iniciativa Amazonas, trabaja para enfrentar esta crisis de manera estructural. La organización promueve acciones en gestión de residuos, protección de fuentes hídricas, educación ambiental y participación comunitaria en los países amazónicos.

La apuesta es clara: poner a la niñez en el centro de las soluciones climáticas. Escuchar sus voces, proteger su salud, garantizar su acceso a un ambiente sano y resiliente, y transformar las políticas públicas con datos, evidencia y participación local.

¿Qué podemos hacer?

El lema global del día mundial del medio ambiente de este año, invita a repensar nuestra relación con el plástico bajo cinco principios: rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y repensar. Pero más allá del comportamiento individual, se necesita acción colectiva:

  • Gobiernos que prioricen la gestión de residuos en la Amazonía.

  • Empresas que dejen atrás los plásticos de un solo uso.

  • Inversiones que fortalezcan el reciclaje y la economía circular.

  • Comunidades organizadas para proteger sus territorios.

Cuidar la Amazonía es cuidar a quienes la habitan

La Amazonía no es solo biodiversidad. Es hogar. Es futuro. Es infancia. Hoy, en el Día Mundial del Medio Ambiente, recordamos que la lucha contra el plástico es también una lucha por la salud, la dignidad y la esperanza de millones de niñas y niños amazónicos. No podemos dejar que su hogar se ahogue en plástico. El momento de actuar es ahora.

Conoce más
Facebook X-twitter Instagram Linkedin-in Youtube

somos
world vision

Nosotros

  • Equipo Directivo
  • Socios y Alianzas
  • Rendición de Cuentas
  • Nuestra Visión y Valores
  • Nuestra Historia
  • Trabaja con Nosotros

Políticas y términos

  • Términos y condiciones
  • Políticas de cookies
  • Políticas de privacidad
  • Reporta un incidente

Recursos

  • Contacto
  • Historias
  • Noticias
  • Publicaciones

World Vision América Latina es una ONG que trabaja por servir y ayudar a las comunidades más vulnerables.

© 2025 World Vision Latinoamérica

Diseñado por Newemage