Una madre, siete pequeños y grandes desafíos

  • 40% de las mujeres son madres solteras
  • Dos de tres mujeres con hijos no trabajan, no estudian ni busca empleo
  • Uno de cada tres venezolanos se encuentra en inseguridad alimentaria

Johana Medina, madre soltera de 35 años, vive en estado Miranda, Venezuela. Tres de sus pequeñas hijas valientes le ayudan a cargar agua para la casa, mientras, atiende a sus hijos más pequeños. De acuerdo al último censo poblacional de Venezuela del 2011, de 7 millones de hogares encuestados, cuatro de cada diez mujeres en este país son jefas de hogar. La mayor parte de las mamás en Venezuela son madres solteras. Esta joven mujer forma parte de esta mayoría. Ella, es jefe de familia de 7 hijos y 1 nieto.

madre venezolana con sus hijas

El sustento económico de esta madre, es la ganancia que obtiene por limpiezas de casas esporádicamente y la modesta mesada que recibe del padre de su última hija de 2 años. De esa provisión, alimenta a todos.

El Instituto Nacional de Estadísticas, en el 2011 publicó un informe que muestra una tasa de actividad laboral de madres de apenas un 37,6%. Es decir: casi dos de tres mujeres con hijos que no trabajan, no estudian ni buscan empleo. Es lo que tradicionalmente se conoce como ama de casa, en esta ama de casa se transformó Johana en medio de todos sus hijos. La cuarentena le imposibilita trabajar, además que su oficio no es prioridad para muchos en estos tiempos. Se complica la situación por tener que lidiar con la ansiedad de sus niños en un espacio pequeño y de un solo ambiente que mide como 5X8 metros aproximadamente.

El Programa Mundial de Alimento (PMA) alerta que uno de cada tres venezolanos (32.3%) se encuentra en una situación de inseguridad alimentaria y necesita de asistencia. La hiperinflación está afectando la capacidad de las familias para obtener alimentos y otras necesidades básicas. El 59% de los hogares tiene ingresos insuficientes para comprar alimentos y el 65% no puede comprar otros artículos esenciales como productos de higiene, ropa y zapatos, según el PMA. Esta familia es la viva representación de estos tristes porcentajes que muestran la calidad de una vida reducida que sobrevive sin satisfacer sus prioridades más básicas.

La falta de agua en el sector es otro problema a superar, por su condición de salud, Johana no puede cargar agua en las adyacencias de su sector. Son sus hijos pequeños quienes suben y bajan con envases plásticos llenos de agua para abastecerse.

“Van a una casa de una vecina que está cerca donde si llega el agua,” dice Johana.

A pesar de la adversidad, esta madre hace el esfuerzo de hacer las cosas bien. También ayuda a sus hijos con las tareas que son enviadas por mensaje de texto.

“Es deficiente por la falta del recurso de internet,” dice Johana.

Sin embargo, hace lo posible esperanzada en que sus hijos puedan estudiar.

El embarazo adolescente y la desnutrición

Rosneibe Rodríguez, de 1 año de edad, es el hijo de Iroska, 16, la segunda hija de Johana. Él fue diagnosticado de desnutrición severa en una jornada médica de salud en mayo en la iglesia Centro Cristiano de Los Teques.

Johana fue complacida por la atención recibida.

“Me gustó mucho que la doctora lo revisara por todos lados, cosas los pediatras hacían antes, pero ya no,” dice Johana.

Iroska tuvo su hijo a la edad de 15 años. Venezuela es el país suramericano con mayor índice de embarazo adolescente, según cifras de 2018 de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) y otras organizaciones de los Naciones Unidas.

Recientemente, en el informe anual de Amnistía Internacional, sobre la situación humanitaria del pais, se  publicó el aumento de los embarazos adolescentes en Venezuela en un 65% desde el año 2015. También se reseñó, que en Venezuela el acceso a los métodos anticonceptivos es extremadamente limitado. Igualmente los derechos a la educación y a la alimentación se ven vulnerados en la vida de esta joven que no ha terminado de crecer y ya es mamá.

Después, Rosneibe fue referido al único hospital de la ciudad. Pero no pudo ser atendido a razón de que los casos de COVID-19 son los únicos que están atendiendo. Así que solamente lo mantuvieron en observación, mientras lo animaron y sus familiares le consiguieran el medicamento que lo podría controlar. Despues de esperar con tanta incertidumbre, Johana se sintió desesperada al ver que su nieto no recibió la atención necesaria.

“Que dolor e impotencia no poder hacer más por mi nieto, que no pueda conseguir una solución hasta que algún día lo vea un neurólogo,” dice Johana.

El pequeño niño ha presentado ocho episodios fuertes de convulsión. Aún está por conocerse si su condición de desnutrición tenga relación con los episodios neurológicos. Sin embargo, la falta de equipos en los hospitales y de dinero para costear los diferentes exámenes que se requieren, no ha hecho posible llegar a un diagnóstico definitivo.

“Ando loca porque quiero que a ese niño lo vea un neurólogo para saber la razón de las convulsiones que le dan,” Johana dice, desesperadamente entre lágrimas.

Vulnerar el derecho a la salud ha limitado, en los últimos años, su disponibilidad, accesibilidad y aceptabilidad. Esto reduce la calidad de vida del venezolano y suscitando una crisis hospitalaria que está demandando la ayuda humanitaria de otros países.

Sobreviviendo problemas de salúd

La ONG Médicos por la Salud midió el comportamiento de los principales hospitales del país, para finales de 2019. Recogió́ que la mayoría de los hospitales (70%) reportan intermitencia en el servicio de agua. Es decir, gozan del suministro de agua una o dos veces a la semana. El 20% reporta que no tienen agua en la semana y solo el 9% de los hospitales reportan agua de forma regular y directo.

Con respecto a electricidad, en promedio el 6% de los hospitales reportaron fallas en el servicio. El promedio general de fallas eléctricas es mas de 3 veces al mes. Y la tendencia en 2019 es al incremento en la falla de energía. Y han experimentado la fuga del talento humano, como han salido del pais profesionales medicos durante la crisis nacional. Johana enfrenta esta cruda realidad y solo ha podido alimentar un poco mejor al niño con la ayuda recibida por Visión Mundial.

La situación de su nieto no ha sido el único caso de negligencia que ha vivido Johana. Consciente de la cantidad de hijos y de lo difícil que es mantener a todos por igual, decide buscar opciones de esterilización, siendo incluida en un programa de un centro hospitalario público donde estuvo a punto de perder la vida. Este solucionó un problema pero multiplicó otros. Entre ellos el riñón le genera dolencias y efectos secundarios que aún no han podido ser diagnosticados por la falta de recursos para los exámenes médicos.

Tanto Johana como Rosneibe se encuentran en condiciones médicas vulnerables. Y aunque para ella la prioridad es su nieto menor.

¿Qué pasaría si los niños no cuentan con Johana? Quién a pesar de las múltiples adversidades asume una actitud de solucionar sin descanso y atender a sus niños dentro de las limitaciones.

Un poco de ayuda le da salud y esperanza

El beneficio recibido, a través de World Vision le ha servido para invertir en alimentos, pañales, medicamentos, tanto para el niño más vulnerable como para ella. Esto ha contribuido a que Rosneibe comience a recuperarse de su peso fallido de 6Kg a 7Kg. Sin alcanzar aun los 9Kg que corresponden a su edad.

Esta le da un poco de esperanza a la familia, especificamente Jhony, el único hijo varón de Johana. Él tiene 12 años.

“Sueño con que acabe la pandemia para poder jugar béisbol, estudiar y aprender a leer,” dice. Ya que, aunque asiste a un colegio del estado, a su edad no domina la lectura. Y sorprende como reconoce que por ser el varón, en algún momento debe ayudar a su mamá y hermanas. “Quiero estudiar y poder trabajar para ayudar a mamá y a las muchachas.”

Este pequeño recién rompó su brazo cuando intento de divertirse montando en un patín. Ahora lleva un yeso en su mano derecha.

Por fortuna, Jhony fue atendido inmediatamente en el hospital. Pero solamente le brindaron los primeros auxilios, porque no tenian los recursos adequados para hacerle la operación que necesitaba. World Vision le ayudo con varios necesidades como guata, clavos, alambre y yeso, para hacer la operación, pero Jhony tuvo que esperar quince días para estar operado.

“Debía durar un mes hasta que le soldara el hueso, pero por los casos de Covid no le han podido retirar los alambres” dice su mamá.

Johana tiene gratitúd y tristeza. Gratitúd por haber recibido la ayuda de World Vision y la iglesia. Triste porque no está segura de lo que le depara el futuro. Pero se mantiene expectante ante el diagnóstico médico, el futuro de sus hijos y el término de la cuarentena.

«Debo salir para adelante y confiar en Dios,» dice. «No tengo otra opción.»

Nuestro equipo está respondiendo ahora mismo a la crisis global por hambre. Conoce más.