El propósito que florece en la ruralidad: La historia de Deseret Romero y Youth Ready

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Quito | LA PRENSA DE LARA.- Hay lugares donde los mapas parecen desvanecerse y los caminos se vuelven largos, serpenteantes, rodeados de una calma que a veces se confunde con la falta de oportunidades. En esos entornos rurales, muchas niñas y niños crecen con la idea de que sus sueños deben tener un límite geográfico: la frontera de su propia comunidad. Sin embargo, para Deseret Romero, el origen nunca fue un muro, sino la raíz de una fe inquebrantable.

Deseret no solo habla de geografía cuando se refiere a su hogar, habla de un espacio donde la esperanza se cultiva desde la infancia. «Entendí que, cuando Dios pone un propósito en el corazón de una persona, ningún origen puede definir hasta dónde puede llegar», explica con la seguridad de quien ha caminado el proceso de transformación que propone Youth Ready, la iniciativa estratégica de World Vision.

Durante mucho tiempo, Deseret albergó grandes interrogantes sobre su lugar en el mundo. El cambio llegó cuando se integró a Youth Ready, un modelo de intervención que va más allá de la capacitación técnica convencional. Para ella, este programa fue un catalizador de identidad, un espacio para entender que, antes de construir un futuro profesional, es imperativo descubrir quién se es en esencia.

A través de cada taller y cada desafío planteado por el programa, Deseret fue desmontando la creencia de que ser una mujer joven de una zona rural era una limitación. Al contrario, comprendió que su historia es su mayor activo de liderazgo. «Las jóvenes de comunidades rurales tenemos voz, tenemos ideas y tenemos la capacidad de liderar cambios profundos», afirma, resaltando que el potencial humano no debe quedar confinado por el código postal del lugar de nacimiento.

Uno de los pilares que Deseret destaca de su paso por Youth Ready es el valor de la colectividad. En un entorno donde la soledad puede ser un obstáculo para el emprendimiento, el proyecto fomenta la creación de redes juveniles. Estas conexiones permiten que las historias individuales se entrelacen, creando un ecosistema de apoyo donde las y los jóvenes dejan de sentirse aislados para reconocerse como agentes de cambio global.

«Juntos nos volvemos más fuertes, más valientes y capaces de transformar nuestras realidades», comenta Deseret, subrayando que no importa cuán lejos esté una comunidad en el mapa, siempre habrá otros soñadores trabajando por un futuro mejor bajo la misma visión.