Quito, Ecuador | World Vision.- Esteban Lasso, Director Nacional de World Vision Ecuador comparte cómo las abejas nativas sin aguijón en la Amazonía ecuatoriana están haciendo mucho más que producir miel: están transformando vidas, restaurando la dignidad y redefiniendo el verdadero significado del desarrollo sostenible.
He trabajado en el ámbito humanitario y de desarrollo el tiempo suficiente para reconocer cuándo un proyecto simplemente funciona y cuándo es verdaderamente transformador. Lo que está sucediendo en lo profundo de la Amazonía de Ecuador pertenece, sin duda alguna, a esto último.
Allí, en un país donde el 70,3% de las familias rurales viven por debajo de la línea de pobreza, se está gestando una revolución silenciosa. No está liderada por expertos globales ni por tecnología sofisticada, sino por jóvenes y el delicado zumbido de las abejas nativas sin aguijón.
La práctica, conocida como meliponicultura, puede sonar modesta. Sin embargo, como he sido testigo de primera mano, su impacto es profundo. Estas abejas —diminutas, sin aguijón y a menudo pasadas por alto— están rediseñando la forma en que las familias alimentan a sus hijas e hijos, preservan sus bosques y reclaman su dignidad.

Una tradición que se convierte en movimiento
No hace mucho, visité una pequeña comunidad donde conocí a Jeferson, un joven de 29 años que encarna la promesa de esta nueva generación. Junto a su pareja, Aide, ha transformado una simple parcela de bosque en un santuario vibrante, lleno de vida y propósito.
«Al principio, era solo algo que hacían mis abuelos», me dijo, sosteniendo una de sus colmenas hechas a mano con una delicadeza sorprendente. «Pero ahora sabemos que estas abejas son vida. Nos dan medicina, ingresos y, lo más importante, les enseñan a nuestras niñas y niños que si protegemos a las abejas, el bosque nos protege a nosotros».
Es una filosofía poderosa, una que encierra más verdad que la mayoría de los marcos teóricos e institucionales que he visto. A través de su iniciativa, Jeferson ha inspirado a más de 200 familias a albergar colmenas de meliponas, produciendo miel tanto para sus mesas como para la venta. Cada colmena es un pequeño acto de resistencia contra el hambre, un compromiso silencioso con la regeneración por encima de la extracción.
Cómo se ve la verdadera sostenibilidad
A menudo hablamos de sostenibilidad en términos abstractos: estrategias, marcos de trabajo, indicadores. Pero en lugares como la Amazonía, la sostenibilidad tiene un rostro, un latido y, a veces, un par de alas diminutas.
La meliponicultura es, a mi parecer, un tipo de intervención poco común: técnicamente viable, económicamente sólida, culturalmente arraigada y ambientalmente regenerativa. Proporciona ingresos sin destruir los ecosistemas; fortalece la seguridad alimentaria al tiempo que preserva la biodiversidad. Las familias que antes se enfrentaban a la desnutrición ahora producen una miel rica en nutrientes, polen con propiedades medicinales y propóleo cotizado en los mercados globales.
Es un modelo elegante: simple, escalable y sostenible en el sentido más real de la palabra. Pero más allá de eso, restaura el orgullo. Le dice a las comunidades que su herencia ancestral no es una barrera para el progreso, sino su base fundamental.

Redefiniendo cómo «hacemos» el desarrollo
Hasta cierto punto, el éxito de este enfoque nos desafía a todos los que trabajamos en los sectores humanitario y de desarrollo. Nos obliga a confrontar una verdad incómoda: hemos pasado décadas tratando el conocimiento local como algo secundario, algo que debe ser «integrado» en lugar de permitir que guíe el proceso.
Aunque el modelo de ayuda tradicional resulta persuasivo, a menudo pasa por alto lo que está justo frente a nosotros: comunidades que ya poseen las soluciones y que solo esperan reconocimiento y apoyo.
Por eso, en World Vision Ecuador, nuestra labor en la Amazonía no se trata de entregar asistencia, sino de restaurar la autonomía. No vemos a la meliponicultura como caridad; la vemos como una estrategia. Forma parte de un ecosistema más amplio de turismo comunitario, agricultura sostenible y medios de vida artesanales que redefinen cómo puede ser la prosperidad rural.
Porque, en última instancia, la pregunta no es cómo ayudar, sino cómo quitarnos del camino y permitir que las comunidades lideren.

El sonido del futuro
Cuando escucho el suave zumbido de las abejas en un meliponario, no solo escucho a la naturaleza trabajar. Escucho el murmullo del cambio; el de jóvenes construyendo futuros que son tanto económicamente viables como ecológicamente sostenibles.
He visto a niñas y niños seguir la arquitectura de una colmena con sus pequeños dedos, escuchando atentos mientras Jeferson explica cómo la colonia sobrevive a través del equilibrio y la cooperación. Es una lección de biología, sí, pero también una lección moral. Un recordatorio de que el bosque, al igual que la humanidad, prospera solo cuando cada parte sostiene al todo.
A los tomadores de decisiones, gobiernos y socios para el desarrollo, les diría esto:
Cuando tratamos a la naturaleza como algo que podemos dar por sentado, el costo nunca se queda lejos; se extiende a través de toda la red de la vida, alterando ecosistemas, medios de subsistencia y el frágil equilibrio que nos sostiene a todos. Las soluciones al hambre, la pobreza y el deterioro ambiental no siempre se encuentran en las nuevas tecnologías o en la experiencia externa.
La Amazonía no necesita ser salvada. Necesita ser escuchada, recibir inversión y ser respetada.
Entonces, ¿pueden las abejas salvar a las niñas y niños de la Amazonía? Quizás no solas. Pero ciertamente pueden mostrarnos el camino para lograrlo.
Y eso, para mí, es el sonido de la esperanza.
Sobre el autor: Esteban Lasso Peña es Director País de World Vision en Ecuador, con más de 32 años de experiencia en desarrollo internacional. A lo largo de su trayectoria, Esteban ha construido alianzas sólidas y liderado programas enfocados en mejorar el bienestar de las niñas, niños y familias en contextos vulnerables. Su amplia experiencia en desarrollo, diplomacia y gestión de medios ha impulsado un impacto duradero y fortalecido la colaboración intersectorial para promover oportunidades para la niñez.