Tegucigalpa, Honduras | World Vision.- Mi nombre es Jefferson Alexander Pineda, tengo 21 años y vivo en la colonia Berlín de Tegucigalpa, Honduras. Hoy quiero compartir mi historia.
Desde muy pequeño entendí que la vida no iba a ser fácil. Tenía apenas 8 o 9 años cuando empecé a trabajar, primero ayudando en casa y luego acompañando a mi abuelo en trabajos de construcción. Así fui aprendiendo el oficio de ayudante de albañil, paso a paso, mientras también intentaba mantenerme en la escuela. Trabajar desde niño no fue una opción, fue una necesidad, pero también se convirtió en una escuela de vida: me enseñó responsabilidad, esfuerzo y a no rendirme.
En medio de ese camino, hubo momentos en los que pensé que mi educación había terminado. Me dijeron que no podría seguir estudiando y que mi límite sería el séptimo grado. Sin embargo, mi historia cambió cuando conocí el proyecto RISE de World Vision, a través de la metodología Youth Ready.

Gracias a ese apoyo, no solo retomé mis estudios, sino que hoy ya llevo dos años consecutivos con una beca completa. Actualmente estoy en noveno grado, avanzando con la convicción de que sí es posible construir un futuro diferente. Esta oportunidad llegó en un momento clave, cuando incluso algunos centros educativos no me aceptaban por mi edad; RISE me abrió una puerta que parecía cerrada.
Vivo con mi hermana y mis abuelos, quienes han sido un pilar fundamental en mi vida. Mi mamá, que migró por motivos económicos en busca de mejores oportunidades, siempre me ha guiado con sus consejos. Mi abuela me brinda sabiduría y ánimo, y mi abuelo, a sus 80 años, sigue trabajando conmigo, enseñándome cada día el valor del esfuerzo honrado. Juntos seguimos adelante, apoyándonos como familia.
Además de los retos económicos, también enfrento un desafío de salud. Actualmente utilizo una traqueotomía que me ayuda a respirar y a mantenerme activo.

Aunque los médicos han dicho que podría ser permanente, existe la posibilidad de una operación en el futuro. A pesar de esto, no me detengo: sigo estudiando, sigo trabajando y sigo luchando por mis metas.
Hoy tengo claro hacia dónde quiero ir. Me visualizo graduado como bachiller en Ciencias y Humanidades, trabajando en una buena empresa, apoyando a mi familia y construyendo un futuro estable. Sueño con poder adquirir un terreno propio y levantar un proyecto de vida que le dé seguridad a los míos.
A otros jóvenes que atraviesan dificultades, quiero decirles algo: no se rindan. No importa cuán difícil parezca el camino, siempre hay una oportunidad para salir adelante. Aprovechen cada espacio de formación, cada programa que les permita crecer. Y a las familias, les digo: acompañen a sus hijos, crean en ellos, porque ese apoyo puede cambiarlo todo.
Mi historia es prueba de que, aun en medio de las dificultades, el trabajo, la fe y una oportunidad pueden transformar una vida. Hoy sigo avanzando, paso a paso, con la certeza de que el esfuerzo vale la pena y que el futuro sí puede ser diferente.